Mes: noviembre 2017

Reportaje: Molinos

De nuevo teníamos una salida a la carretera con El Jardín de María. En esta ocasión viajábamos a un lugar conocido, como anticipamos en una anterior publicación: Campo de Criptana. No pudimos llegar antes del anochecer por varias circuntancias, pero si se cambian los planes, por lo menos hay que cambiarlos bien.

Baloncesto – ©JMPhotographia

Antes de salir de Rivas tuve tiempo de dar una vueltecita, así que me puse a hacer lo que hago. Finalmente salimos de Rivas-Vaciamadrid sobre las 17.00 del viernes sabedores de que habría tráfico a la salida de Madrid. Es sorprendente cómo Google sabe estas cosas y uno no, y además uno se empecina en emendar la plana a Google y eso siempre acaba saliendo mal. No siempre, pero casi siempre. El caso es que Google me hacía unas rutas muy raras para salir de Madrid, por carreras secundarias entre Rivas y la A-4: tenía sus razones, obviamente.

Al llegar a la A-4 por la M-50 comprendí enseguida el porqué de esas extrañas rutas. Obviamente, ya era tarde. ¡Atasco! Mil coches -mil se queda muy corto- y cientos de camiones rodando a 15 km/h durante un buen rato. Y nosotros entre Pinto y Valdemoro. Mejoró la carretera un poquito después de esa localidad, aunque no llegamos a viajar a un ritmo adecuado en ningún momento, si hay que decir la verdad.

Cansado de ese ritmo de carretera con bastante tráfico decidí salirme de la autovía y coger carreteras más pequeñas (y tranquilas). Ya era de noche y se nos ocurrió ir a El Toboso a visitar a nuestro amigo Víctor, que sabíamos que estaba allí. Víctor es un tipo curioso, ya que es una de las pocas personas que conozco, si no la única, que no tiene teléfono móvil, así que no podíamos localizarle para decirle que íbamos a verle. Así pues, nuestro plan era plantarnos en su pueblo y preguntar. Allí casi todo el pueblo le tenía que conocer, estábamos seguros: es el hijo del peluquero.

Tras dejar la A-4 justo después de pasar Madridejos, cogimos la CM-400 y pasamos por Camuñas y Villafranca de los Caballeros. Allí nos desviamos y tomamos la CM-3130 dejando a nuestra izquierda las lagunas grande y chica y atravesamos Quero y Miguel Esteban mientras a Carlos y a mí la Naturaleza nos llamaba. En Miguel Esteban la nomenclatura de la carretera cambia y pasa a llamarse CM-3162 y El Toboso está ya a un paso. Me gustan las carreteras secundarias, no sé si se nota; y no sé si me gustan más las carreteras secundarias o conducir de noche.

Llegamos a El Toboso y tras mirar las caras de la gente de dos o tres bares desde fuera nos decidimos por entrar en uno llamado Marjal. Allí respondimos a la llamada de la Naturaleza y repusimos fuerzas con unos pichitos de tortilla. Carlos preguntó y ¡zas! a la primera dimos con un hombre llamado Carre que conocía a Víctor. A partir de ahí empezamos un tour por todo el pueblo buscándole: primero en un bar llamado “La Competencia” (no estaba allí); luego en su casa (tampoco estaba allí); finalmente en la peluquería de su padre (¡BINGO!).

Con Víctor y su padre – ©JMPhotographia

Y allí estaba Víctor, en manos de su padre recortándose el pelo. La peluquería era impresionante. Muy pequeña, eso si, pero todo en ella parecía de otro tiempo, clásico, tradicional, austero, casi espartano; con un encanto que sólo puede decirse “de pueblo”. Su padre lleva cortando y arreglando el pelo desde hace más de 60 años. No se sabe la cantidad de cabezas que habrán pasado por sus manos.

De la peluquería volvimos al Marjal, donde volvimos a hidratarnos y endulzarnos la vida. Y allí Carlos se encontró con otro antiguo amigo, Andrew. Un amigo que, curiosamente, estaba allí la primera vez que aparecimos en el Marjal, pero que Carlos no reconoció y Andrew tampoco a Carlos.

En el bar Marjal – ©JMPhotographia

Tras hacer las fotos de rigor volvimos al coche y a la carretera. Campo de Criptana estaba a sólo 14 kilómetros por la TO-2999, una carretera que pierde su buen asfalto y su nombre al entrar en la provincia de Ciudad Real, que media entre El Toboso y Campo de Criptana. Reducimos la velocidad y continuamos por la CR-1101 hasta llegar a la CM-420 que nos llevó en un par de kilómetros a Campo de Criptana.

Nuestro destino final era el Moet Criptana, en el polígono industrial Pozo Hondo. Y ya nos tocaba trabajar: descargar, montar y probar sonido. Volvíamos a ser músicos.

La experiencia que tienen Carlos y David les ayuda y las pruebas de sonido cada vez son más fáciles y más cortas. Tampoco necesitan más. Un ratito de montaje y trabajo y a cenar y descansar un poco hasta el comienzo de la actuación. Aprovechamos y nos fuimos a cenar -dentro del coche, eso si- a la zona en la que están los molinos de viento. Se puede subir allí con el coche. Hacía frío, era noche muy cerrada y las nubes tapaban cualquier Luna que quisiera asomarse.

La cena y los molinos – ©JMPhotographia

Tras descansar volvimos al Moet y Carlos y David se pusieron a tocar. Y yo a hacer fotos. El local es amplio, tiene un espacio para la barra, otro donde hay sillones con mesitas y otro pequeño sitio que es una especie de semiterraza o terraza techada con lona. El público estuvo mayoritariamente en la barra, cantando, bailado y acompañando con las palmas durante buena parte de la hora y tres cuartos que duró el concierto.

Tras él hubo un breve karaoke a cargo de David Hurtado, que se puso su traje de animador de cotarro por un momento. Su lista de reproducción es la adecuada y por eso siempre funciona.

Eran las 3 de la madrugada cuando tras cargar todo en el coche salimos camino hacia Madrid. Da mucha tranquilidad saber que te vas a enfrentar a la noche y no al tráfico de la autopista. Cambiamos de itinerario, ya que en lugar de regresar por la A-4 lo hicimos por la A-3 a través de Miguel Esteban, Quintanar de la Orden, Villanueva de Alcardete, Villamayor de Santiago, Pozorrubio, Horcajo de Santiago y Fuente de Pedro Naharro, hasta llegar a Tarancón.

La actuación – ©JMPhotographia

Llegamos a casa sobre las 4.45 de la madrugada. Pronto volveremos a las andadas por esas mismas carreteras o parecidas para tocar en Alcaraz, provincia de Albacete.

¡Nos vemos!

Revelado digital: La campana de la paz mundial

Hace dos fines de semana visité Alcobendas, un municipio muy cercano al norte de Madrid y, por tanto, muy cercano a mi casa. Salí con la cámara buscando fotos, sin mucha idea de qué quería conseguir. El único objetivo que me puse fue encontrar La Esfera, el teatro en el que se representará el día 25 de noviembre la obra “El país de la luz”, un musical zurzido con las canciones de José María Guzmán, un grande de la música española con el que hace muy poco estuvimos grabando un videoclip en el Parque Quinta de los Molinos de la calle Alcalá.

Eso resultó bastante fácil, ya que La Esfera está ubicada en una de las rotontas -por desgracia en casi todos las ciudades y pueblos las hay a cientos- situadas al norte del Parque Jardín de la Vega.

Tras pasar por un jardín árabe con fuentes dí con una especie de templo japonés con una campana. No lo había visto nunca ni sabía de su existencia, pero tenía posibilidades. Además había allí un fotógrafo haciendo fotos a una chica, si bien era ésta más bien la que dirigía al muchacho indicándole que quería planos contrapicados.

Al regresar a casa y hacer la investigación pude saber que ese monumento se llama “Campana de la paz mundial” y que es una reproducción de una campana tradicional japonesa que se instaló en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, como homenaje a las víctimas de las II Guerra Mundial. El monumento original fue fundido con monedas recogidas por niños de más de sesenta países. En Alcobendas han construido la réplica alrededor de una pagoda japonesa con techo de madera de Valsaín y base de piedra de la sierra de Madrid. La pagoda está sobre un pequeño estanque de fondo empedrado y éste, a su vez, rodeado de césped y plantas ornamentales.

Llevaba en la cámara el Yongnuo 35mm, mi última y modesta adquisición, y me resultó de primeras un tanto complicado hallar la composición. El fondo estaba repleto de árboles y contaba además con el obstáculo de la modelo y el fotógrafo. Al final me sentí cómodo con la posición del sol, el fondo y todos los demás elementos, aunque reconozco que pude haber paseado un poco más, pero estaba en plena hora dorada y pensando en fotografíar otras cosas, por lo que no quise perder más tiempo. Siempre se puede volver allí y buscar otras composiciones.

La foto tal como salió de la cámara es esta:

Imagen RAW. Paso 0

Para comenzar el revelado digital con Lightroom tengo la costumbre adquiridada de subir la saturación del canal azul en la pestaña “Calibración de Cámara”. Subir la saturación del canal azul realmente actúa sobre todos los píxeles, sean azules o de otro color. Con esto conseguimos una saturación general en la imagen que a mí particularmente me gusta mucho, aunque a veces termino transformando el color en blanco y negro. En muchas ocasiones subir la saturación del canal azul exige bajar la saturación del color azul, ya que todo lo que es de este color queda demasiado saturado.

Lo siguiente que hago es mirar si el horizonte está recto. En este caso no lo está, por lo que uso la transformación de nivel en la pestaña”Transformación” y seguidamente activo la corrección de perfil y de color. Por último, antes de terminar este primer paso, realizado un enfoque usando la máscara de enfoque al nivel que más o menos me parece que está bien para esta fotografía.

Transformación, corrección de lente y de perfil y enfoque. Paso 1

Iniciamos el siguiente paso con los ajustes básicos que, como su propio nombre indica, son bastante importantes. Por regla general realizo la exposición en la parte con mayor claridad y en este caso fue el cielo y lo hice sobreexponiendo para poder tener más información en las sombras. Ahora, en el procesado, bajo las altas luces, en este caso en particular bajo todas las altas luces. Después subo las sombras 25 puntos y completo los ajustes subiendo muy levemente los blancos y bajando igual de levemente los negros.

Después paso al parámetro de contraste subiéndolo muy moderadamente, sólo 6 puntos, ya que complemento este parámetro con el de claridad, que subo, como casi siempre, 13 puntos. Para terminar subo la intensidad y bajo la saturación la mitad de lo que he subido la intensidad, más o menos.

Ajustes básicos. Paso 2

Tras hacer esto no estoy contento con la integración del objeto con el fondo y pruebo a pasar la fotografía a blanco y negro. Esto es algo que muchas veces hago: probar a pasar la imagen a blanco y negro y ver si me gusta o me podría gustar el futuro resultado. Y si, me agrada en este caso, ya que creo que la pagoda cobra un poco más de protagonismo. Tras ello trabajo en la direccionalidad de la luz usando un filtro degradado rectangular. La luz llegaba por la parte derecha, por lo que uso un filtro con mayor exposición por la derecha y otro filtro con menor exposición por la izquierda.

En este punto me di cuenta de que la luz del cielo era excesiva y la luz de la pagoda y de los árboles circundantes era mejorable, por lo que bajo la exposición general un poco y utilizo un pincel para subir la exposición en todo lo que no es el cielo.

Blanco y negro, direccionalidad de la luz y retoques de exposición. Paso 3

El siguiente paso, que es el penúltimo, es hacer dodge&burn, esto es, realzar el contraste entre luces y sombras de un modo mucho más local, también con un pincel de ajuste. Trabajo la pagoda, los reflejos del agua y los setos y alguna parte de los árboles. Por último, doy un poco de luz al hombre que pasea por ahí y que vemos de espaldas.

Dodge&Burn. Paso 4

El último paso es trabajar la curva de tonos. Como estamos trabajando en blanco y negro me gusta aumentar el contraste. Normalmente uso el contraste medio que ofrece Lightroom y que suele ser muy efectivo.

Curva de tonos. Paso 5. Resultado final

Y voilà, aquí está el revelado digital terminado en sus diferentes pasos:

 

Reportaje: Sin muros ni castillo, pero sigo siendo un señor

Los psicólogos infantiles, en ocasiones, tienen que tratar en los niños la frustración que a veces sienten cuando sus ilusiones se desvanecen delante de sus ojos. Es una parte dura de la infancia, muy formativa, pero dura para un niño. A los adultos nos ocurre lo mismo, pero contamos con la experiencia acumulada año tras año y, ¿por qué no decirlo?, frustración tras frustración.

El pasado jueves conduje a El Jardín de María a Béjar, a un concierto en el Gastrobar Martoni. Resultó ser un sitio acogedor, con buena comida y buena gente, y un refugio para ese frío que surge cuando el sol se va que, por estas fechas, comienza a reinar en nuestros quehaceres.

En un principio mi plan era visitar las murallas de Ávila, y una vez en Béjar, donde haríamos noche, visitar y fotografiar el Palacio Ducal y después tomar una foto de toda la ciudad desde una posición más alta al otro lado de la vieja carretera. Aquí es donde comenza el tema de la frustración con la que hemos iniciado esta publicación: las murallas de lejos, el palacio en la imaginación y la foto desde las alturas en el limbo. Por supuesto, de dormir alli nada de nada.

Son cosas que pasan cuando pasan. No siempre podemos cumplir nuestros planes al 100 por 100, y a veces ni siquiera podemos empezar a cumplirlos. Cosas de la vida: la frustración forma parte del tinglado.

Nuestro viaje comenzó a eso de las 15 horas en nuestra base de Rivas-Vaciamadrid. El plan era llegar a Béjar pasando por el Puerto de la Cruz Verde, -un lugar que tenemos ya bastante conocido-, evitando peajes y autopistas, si. La duración estimada era de unas 3 horas de ida y otras tantas de vuelta. El sol nos acompañó frontalmente buena parte del viaje, hasta que comenzó a bajar y las montañas fueron aliadas y hasta que luego, final y felizmente, desapareció.

El río Cofio desde el puente sobre la M-505 – ©JMPhotographia

Realizamos una primera parada en un puente que hay en la M-505 cerca de la frontera entre las provincias de Madrid y Ávila. El panorama no era tan impresionante como me había imaginado en pasos anteriores por aquel lugar, pero no pude aguantarme y tomé alguna que otra foto.

Proseguimos viaje y no mucho después pasamos por Navalperal de Pinares, ya en Ávila, localidad que ya conocemos y en la que hemos tocado un par de veces, en el Asador Galán, buena gente. Ya se iba haciendo de noche y las fotos al pie de las murallas medievales de Ávila se hacían imposibles: el contraluz dejaba poco a la visión y ningún flash llega tan lejos como para iluminar unas murallas tan imponentes. Ni pensé por un segundo acercarnos al punto que tenía designado, por lo que proceguimos carretera adelante hasta llegar a Béjar a las 19.30 h. en punto.

Hacía un puntito de frío cuando Carlos descubrió que su chaqueta no estaba en el coche. Enseguida determinamos, -era lo mejor-, que se había dejado la chaqueta en casa, sobre la cama (al final así fue), y pasamos a la prueba de sonido. Por suerte el coche lo pude aparcar en la puerta, en un sitio de carga y descarga que quedaba libre de multa a las 20 h.

Probando el sonido – ©JMPhotographia

El concierto comenzó sobre las 21 h. El Gastrobar Martoni estaba atestado, costaba ir al servicio, costaba pedir copas o un pincho de tortilla. Los allí congregados eran gente que rondaba los 50 o incluso más en su mayoría. Algún joven entró y se quedó junto a la puerta y al escenario mientras tomaba una cerveza y algún aperitivo. El concierto fue muy bien, la gente cantó, se divirtió y grabó videos para el recuerdo.

El Jardín de María – ©JMPhotographia

Tras el concierto nos prepararon una cena carnívora que nos supo de maravilla y poco más quedaba por vivir de aquella noche. Faltaban diez minutos para la medianoche cuando emprendimos camino nocturno hacia Madrid. Tres horas de carretera y noche. Por suerte, a mí me encanta conducir de noche, sin tráfico, sin camiones, sin gente que no circula a mi ritmo.

Cenando – ©JMPhotographia

En una paradita para hacer nuestras necesidades descubrimos un cielo estrellado que se presentaba magnífico. Era digno de ser inmortalizado, pero a veces no se puede lo que uno quiere (¿verdad?), así que tras presenciar una curiosa imagen con Carlos gritándole a los perros que labraban en una de las fincas de las inmediaciones, volvimos al coche y a la carretera. Y a la soledad, porque por fortuna el que no se duerme es el que conduce.

Llegamos a Rivas sobre las 3 de la madrugada, 12 horas después de haber salido de nuestra base. Otro día más superado. Pronto volveremos a viajar, concretamente a Campo de Criptana, donde ya hemos estado, ¿podré hacer alguna fotillo de los molinos que allí Don Quijote imaginó como amenazantes gigantes?

El Jardín de María en Campo de Criptana (21 de octubre de 2016) – ©JMPhotographia

JMPhotographia.es

Comienzo la aventura de una página web y de un negocio de fotografía, y con esto mismo que escribo comienzo también otra aventura que se llama blog y que pretendo llevar con constancia y entuisiasmo.

Estoy un poco hastiado del mercado laboral, del mundo de las ofertas de trabajo, de los sueldos precarios, de los jefes, de los horarios y de todo lo que estoy haciendo en general. Todo esto, en conjunto y sumado, me ha empujado a intentar una nueva empresa, ser mi propio jefe y dar un servicio de fotografía a los demás. Os presento JMPhotographia.es.

Logo de JMPhotographia

¿Por qué JMPhotographia? Por varios motivos. No vamos a engañarnos ni dulcificar la situación.

El primer motivo para iniciar esta aventura es el dinero que no tengo y que quiero poco a poco ir teniendo.

En segundo lugar, ocupando un sitio muy importante, porque quiero probarme a mí mismo alguna que otra cosa que no puedo probarme quedándome como estaba hasta ahora.

En tercer lugar porque me apetece, porque quiero salir de cierta zona de confort y adentrarme en lugares desconocidos que pueden producir un poco de miedo al principio.

En cuarto lugar porque necesito un medio de expresion para mis inquietudes. No olvidemos que la fotografía nunca ha sido sólo algo técnico, sino un arte que puede representar fielmente la realidad, calcándola; o distorsionándola un poco sin dejar de plasmar su misma esencia.

En cuanto al nombre, no me gusta poner las cosas en inglés estando en España, -me parece una falta de respeto a la gente que convive conmigo y habla mi mismo idioma; y si, en el fondo algo muy snob-, y JMFotografía ya estaba asignado, así que no dudé ni un instante en usar la palabra “photographia”, en latín, ya que el latín me sigue representando vitalmente dados mis estudios y la que todavia realmente o oficialmente es mi profesión: la filología.

Así pues he decidido usar el nombre de JMPhotographia, usando esta palabra en latín, que procede de dos palabras griegas que ningún hablante del griego antiguo ni del latín de la Antigüedad usaron jamás, paradójicamente, ya que -aún existiendo la luz y la escritura- ninguno de ellos pudo disfrutar de esta maravilla de la técnica que es la cámara fotográfica ni de esta maravilla de la humanidad que es la fotografía.

JMPhotographia.es

En mi logo está lo que yo he llegado a llamar el “signum“, -otra vez el latín- y que encontré cuasi involuntariamente en el tipo de letra Wingdings que está en todos los ordenadores, -o por lo menos en todos los ordenadores con Windows-, del mundo, concretamente en la letra V. A partir de ese diseño de cuatro cuadrados colocados en forma de rombos encontré el signum tiñendo las formas con los colores primarios RGB (rojo, verde, azul, por sus iniciales en inglés) a los que sumé, en el rombo superior, el blanco y el negro.

En estas entradas de blog, con una periodicidad al menos semanal, iré publicando cosas interesantes que encuentre allí y allá, sobre fotografía, pero también sobre cualquier otro tema de interés o de actualidad.

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