Mes: enero 2018

[Cap. 2] Conociendo mi ciudad: Barrio de Palacio (Centro) 2ª parte

Habíamos dejado el recorrido por el barrio de Palacio en la Iglesia de la Paloma, muy cerca de la Puerta de Toledo. Continuemos, por tanto, la andadura desde ese punto y adentrémonos ya en las viejas y castizas calles del Madrid de los Austrias: el auténtico corazón de Madrid.

Siguiendo por la calle de la Paloma hacia el norte me encontré con la calle de Calatrava, giré hacia la izquierda por la misma hasta llegar a la siguiente calle, que es la calle del Águila. Tomé esta calle en dirección norte hasta llegar a un lugar en el que confluye esta calle con la calle del Ángel y la calle de las Aguas y donde termina (o comienza, según el sentido en el que uno camina) la calle de Tabernillas, que conduce hasta la desaparecida Puerta de Moros, junto a la actual Plaza de los Carros. Toda esta zona tiene una fuerte presencia en Fortunata y Jacinta, quizá la mejor novela de Benito Pérez Galdós.

Mi camino, no obstante, no fue por la calle de Tabernillas, sino por la calle de las Aguas y cruzando la Carrera de San Francisco hasta la calle de Don Pedro, donde uno se topa con la Real Academia de Ingeniería. A diferencia de lo que uno puede imaginarse por el edificio y por la zona en la que está situada, la Real Academia de Ingeniería es una institución muy joven, creada por real decreto en 1994 siguiendo la tradición de las Reales Academias ya existentes. El edificio en el que está es el Palacio del Marqués de Villafranca y Medina Sidonia, quien fue su primer morador.

Girando a la derecha por la calle de Don Pedro, en dirección al este, se llega a la Plaza de los Carros, la más grande y la más reconocible de cinco plazas que se encuentran muy cercanas: las otras cuatro son la Plaza de San Andrés, donde está el Museo de San Isidro; la Plaza del Humilladero, el lugar al que desembocan las dos Cavas, la ya mencionada Plaza de la Puerta de Moros; y finalmente la Plaza de la Cebada, donde se ubica el celebérrimo mercado del mismo nombre.

Plaza de los Carros – ©JMPhotographia

La Plaza de los Carros recibe su nombre por haber sido, casi hasta principios del siglo XX, un conocido punto de reunión del transporte en carretas y carros. En la plaza destaca la cúpula de la Real Iglesia de San Andrés Apostol, también llamada Capilla de San Isidro. Antes de esta magnífica iglesia se levantaba en el mismo lugar otra iglesia mucho más modesta donde acudían frecuentemente San Isidro y su mujer, Santa María de la Cabeza, y donde más tarde reposarían los restos del patrón de Madrid; y antes de ello, quizá, ocupara el lugar una mezquita.

En la Plaza de San Andrés está el moderno Museo de San Isidro, llamado también Museo de los Orígenes, donde se halla el pozo en el que, según la leyenda, San Isidro salvó a su propio hijo haciendo subir las aguas. El museo está dedicado a la historia de Madrid desde la prehistoria hasta el establecimiento de la corte en la ciudad.

Museo de San Isidro o de los Orígenes – ©JMPhotographia

La Plaza de la Cebada es poco reconocible, ya que en el plano de las calles de Madrid no es más que una calle, puesto que el espacio que realmente es la plaza no parece una plaza. De hecho, ese espacio está ocupado por el  mercado y por el llamado “Campo de la Cebada”. La plaza recibió ese nombre por ser el lugar en el que se separaban dos clases de cebada, por un lado la destinada para el consumo de los caballos del rey y, por otro, la que serviría de sustento a los regimientos de caballería. En la plaza se encuentra lo que fue en su tiempo uno de los mercados de abastos más grandes de la ciudad. En realidad, es el segundo mercado construido allí, ya que el primero, que era realmente un mercado “central”, se construyó en 1870, pero fue derribado por problemas higiénicos en 1956. El mercado actual data de dos años más tarde.

La Cava Alta – ©JMPhotographia

Subiendo por la calle de Toledo en dirección norte aparece la Cava Alta, que queda a nuestra izquierda. La Cava Alta es una calle en forma de L -más o menos-, que tras hacer el giro de 90 grados a la izquierda nos devuelve a la Plaza del Humilladero, lugar desde el que tomé en dirección opuesta la otra Cava, la Cava Baja, que conduce hacia el norte a la Plaza de Puerta Cerrada. Las dos Cavas reciben ese curioso nombre por ser antiguos túneles o pasadizos que transgredían los antiguos límites de la muralla cristiana comunicando la villa con los arrabales. En ella está un restaurante con mucha historia, Casa Lucio, y solía estar una espartería muy característica del Madrid antiguo que ha sido trasladada a la calle del Mediodía Grande.

La Cava Baja – ©JMPhotographia

La Plaza de Puerta Cerrada, como su nombre indica, era el emplazamiento de una de las puertas de la muralla cristiana. En ella confluye la calle de Segovia con muchas otras, a saber: la Cava Baja, la calle del Nuncio, la calle de San Justo, la calle de la Pasa, la calle de Gómez de Mora y con las calles de Latoneros y de Cuchilleros. La plaza tiene una forma inusual, tanto que podría pensarse que hay dos plazas en lugar de una sola, y está caracterizada por la gran cruz de piedra que preside la parte oriental. El nombre de la plaza proviene de que la puerta que se hallaba en ese lugar tuvo que ser cerrada y permaneció así mucho tiempo debido a los numerosos robos que se producían y a la inseguridad del lugar.

En uno de los edificios de la plaza hay un trampantojo que simula una enredadera y justo en el edificio colindante está escrito el lema de la ciudad de Madrid: “Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son”, que indica que Madrid fue fundada por los musulmanes en un terreno con muchos arroyos y que sus murallas, hechas de pedernal por ser la piedra más abundante en la zona, soltaban chispas cuando algo las golpeaba, de manera que parecían expeler fuego.

La calle de Segovia (al fondo) desde la Plaza de Puerta Cerrada – ©JMPhotographia

En la parte occidental de la plaza y en dirección sur está la calle del Nuncio, calle que pronto hace un giro hacia el suroeste. Siguiendo por esa calle está el Arzobispado Castrense de Madrid y un poquito más adelante la Iglesia de San Pedro el Viejo, que fue llamada primeramente San Pedro el Real.

Iglesia de San Pedro el Viejo – ©JMPhotographia

Lo más destacado de esta iglesia, además de su antigüedad, -no en vano es una de las iglesias más antiguas de Madrid-, es su impresionante torre mudéjar.

La iglesia mudéjar data del siglo XIV, -antes hubo otro edificio con el mismo nombre-, pero su aspecto quedó bastante modificado tras una reforma que se produjo tres siglos más tarde.

Curiosamente tiene cierta relación con la Iglesia de la Paloma, ya que perdió en favor de aquella su antigua condición de parroquia. Pero no terminan aquí las relaciones entre las dos iglesias, ya que la Iglesia de la Paloma le robó a esta también el nombre, pues pasó a llamarse Iglesia de San Pedro el Real, y para evitar confusiones -algo que nunca sucedería, ya que la Iglesia de la Paloma iba a ser conocida por este nombre y no por el oficial-, esta antigua iglesia de Madrid recibió el nombre por el que hoy es conocida: Iglesia de San Pedro el Viejo.

Para los que sois devotos de las imágenes, hay que decir que en San Pedro el Viejo se guarda la imagen de Jesús el Pobre, famosa talla que se saca en procesión el Jueves Santo.

Girando a la izquierda está la Costanilla de San Pedro y en esa dirección es una cuesta hacia arriba que conduce, otra vez, hacia la Plaza de San Andrés y la Plaza de los Carros. Cruzando esta última plaza y girando a la derecha por la esquina de la Real Iglesia de San Andrés Apostol o Capilla de San Isidro nos encontramos con otra Costanilla, en este caso la de San Andrés, que nos mete de lleno en otra plaza, la Plaza de la Paja. Antes de llegar a la plaza a nuestra izquierda encontramos la calle de los Mancebos, donde podemos ver uno de los pocos restos que quedan de la muralla cristiana.

La famosa Plaza de la Paja fue, en los siglos XIII y XIV la plaza mayor de Madrid, ya que se convirtió en un mercado principal de la ciudad en torno a la cual los familias más nobles de Madrid constriyeron sus mansiones y palacios, para muestra de los cuales todavía queda en pie el Palacio de los Vargas. Su característica principal podría ser que es una plaza de forma irregular, pero en realidad, lo más característico del lugar es que está en declive y aunque la inclinación no es muy fuerte, tuvo que adoptarse la solución de usar bordillos de granito y usar tierra prensada en lugar de losas o piedra.

Plaza de la Paja: Capilla del Obispo al frente y Palacio de los Vargas a la izquierda – ©JMPhotographia

Los edificios más importantes que podemos ver hoy son el ya mencionado Palacio de los Vargas y la llamada Capilla del Obispo. Esta capilla se llama oficialmente Capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, y forma parte de la colindante Real Iglesia de San Andrés Apostol, lugar donde reposan los restos de San Isidro. El Palacio de los Vargas, por su parte, tiene una fachada idéntica a la de la Capilla del Obispo desde que el edificio fue reformado en 1921. La familia Vargas fue una familia importante en los primeros años de la ciudad, y también es conocida por haber trabajado el propio San Isidro para uno de sus miembros.

Siguiendo adelante por la plaza se llega al Jardín del Príncipe de Anglona, un raro ejemplo de un jardín de una casa noble del siglo XVIII. Este jardín está adosado al lateral del palacio que lleva el mismo nombre y actualmente está gestionado por el Ayuntamiento de Madrid, que lo adecentó a finales del siglo XX tras décadas de incuria y abandono.

Plaza del Alamillo – ©JMPhotographia

Enfrente de este jardín se encuentran las calles del Toro y del Alamillo que conducen a la Plaza del Alamillo, introduciéndonos en pleno barrio de la Morería. Según una leyenda, en esta plaza el Cid alanceó un toro para celebrar la conquista de la ciudad de Toledo -curiosa celebración, por cierto- y es por este hecho que la calle por la que accedí a esta plaza recibe el nombre de calle del Toro. La sensación que siempre tengo al visitar esta plaza es la de estar en un lugar aíslado, lejos de todo bullicio y tránsito de vehículos.

En ese momento volví hacia el Jardín del Príncipe de Anglona por la calle del Alamillo y girando a la izquierda y cruzando la calle de Segovia llegué a la Plaza de la Cruz Verde. Hoy en día ya no está presente la gran cruz pintada de verde que presidía el lugar, debido a que allí la Inquisición hacía sus cosas.

Plaza de la Cruz Verde – ©JMPhotographia

De la plaza sale la serpenteante calle de la Villa que franquea por un lado el Consejo de Estado y por el otro la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas y desde este último punto la calle Sacramento y su continuación, la calle de San Justo, vuelven a la Plaza de Puerta Cerrada. En la calle Sacramento, en dirección al sureste nos encontramos en la izquierda con la calle Madrid que da acceso mediante un arco a la Plaza de la Villa y en la derecha con la Plaza del Cordón. Al principio de la calle de San Justo tenemos la Basílica de San Miguel y al lado de la basílica está el Pasadizo del Panecillo, aunque está cerrado con una verja.

Desde la basílica me dirigí al norte por la calle de Puñonrostro, pasando la Plaza del Conde de Miranda y prosiguiendo por la famosa calle del Codo hasta la Plaza de la Villa.

Plaza de la Villa desde la Calle Mayor (a la izquierda la Casa y Torre de los Lujanes, a la derecha la Casa de la Villa, al fondo la Casa de Cisneros – ©JMPhotographia

A esta plaza, que antes recibía el nombre de San Salvador, dan las fachadas de tres palacios muy relevantes que datan de diferentes siglos:

  • La fachada meridional corresponde a la Casa de Cisneros, del siglo XVI, que curiosamente no fue en primera instancia su fachada principal, sino la fachada contraria que da cara a la calle Sacramento.
  • La fachada occidental corresponde a la Casa y Torre de los Lujanes, del siglo XV, -aunque torre y casa fueron construidas en diferentes momentos de aquel siglo-, y es un conjunto arquitectónico famoso por un hecho que quizá no llegó a producirse, pero que según algunos autores se produjo: estamos hablando del cautiverio de Francisco I, rey de Francia, hecho prisionero en la batalla de Pavía. La torre fue también utilizada para instalar el telégrafo óptico, un breve sistema de comunicación que se vio traspasado enseguida por el telégrafo eléctrico.
  • La fachada oriental corresponde a la Casa de la Villa que, como su nombre indica, fue la sede del ayuntamiento de la ciudad desde 1693 hasta 2007, año en que fue trasladada al Palacio de Comunicaciones de la Plaza de Cibeles, momento desde el cual este edificio quedó destinado para ser sede del Pleno Municipal y para la realización de recepciones y otros actos solemnes.

En el centro -o casi- de la plaza se sitúa la estatua a don Álvaro de Bazán, obra de Mariano Benlluire.

Dejando la Plaza de la Villa por la Calle Mayor en dirección al este o Puerta del Sol encontramos la Farmacia de la Reina Madre, el comercio más antiguo de Madrid, fundado en 1578 por un alquimista veneciano. En época de Felipe V se convirtió en la suministradora oficial de medicinas de la familia real por el recelo a los medicamentos del Alcazar de Madrid: cosas de complots y conspiraciones palaciegas.

Pasada la farmacia, a la derecha aparece la Plaza de San Miguel y al fondo el Mercado de San Miguel. Este mercado conserva su prístina estructura de hierro de principios del siglo XX. Muchos años antes de ser un mercado cerrado, el lugar estuvo ocupado por un mercado al aire libre y antes de eso por una iglesia, la de San Miguel, que fue derribada para construir la plaza por un personaje de la historia de España y de la ciudad del que hablaré un poco después.

Interior del Mercado de San Miguel – ©JMPhotographia

En la actualidad es un lugar gastronómico que, personalmente, me recordó a otro mercado situado a muchos kilómetros -o millas- de allí: el Reading Terminal Market de Filadelfia, aunque aquí en Madrid no creo que se pueda degustar un delicioso Philly Cheesesteak tan fácilmente como allí.

Saliendo del Mercado y frente a la plaza está la calle de los Milaneses, una calle corta que lleva a la calle de Santiago a la izquierda y a la Costanilla de Santiago a la derecha. Atravesando la primera se llega primero a la Plaza de Santiago y después a la Plaza de Ramales. Sin embargo, antes de visitar esta última, era visita obligada conocer la iglesia que muchos consideran la más antigua de la ciudad, la Iglesia de San Nicolás, probablemente del siglo XII; y la cercana Plaza del Biombo.

La Plaza de Ramales es conocida, sobre todo, por ser el lugar donde se enterró al pintor Diego de Velázquez, obviamente antes de que sus restos se perdieran, y concretamente en una iglesia que fue derribada para configurar la propia plaza. Debe su nombre a una batalla de las Guerras Carlistas producida en el pueblo cántabro de Ramales de la Victoria en 1839. Antes de recibir ese nombre se llamaba Plaza de San Juan por la Iglesia de San Juan que allí se erigió en el siglo XII y que fue derribada para configurar la plaza tan como la conocemos hoy en día.

Plaza de Ramales – ©JMPhotographia

La plaza tiene su origen en época de José Bonaparte, “el rey plazuelas” o “Pepe Plazuelas”, quien obtuvo ese nombre por la cantidad de derribos de edificios que llevó a término en su corto reinado para la construcción, por ejemplo, de plazas como la de Santa Ana, del Carmen, del Rey, de los Mostenses, de San Ildefonso y de San Martín. José Bonaparte, un rey vilipendiado por el pueblo español desde el primer momento, es más conocido por el sobrenombre de “Pepe Botella”, si bien en la realidad parece que era abstemio y que su gran pasión no era el liquido de Baco sino los montes de Venus.

Continué mi camino por la calle de la Amnistia hacia el este y después giré a la izquierda por la calle de la Independencia que va a caer directamente a la fachada de Teatro Real y a la Plaza de Isabel II, que es el nombre oficial de la plaza que todos los madrileños conocen como la Plaza de Ópera.

La plaza, tal como la conocemos ahora, data del siglo XIX, siendo antes un lugar destinado a formar parte de las defensas de la ciudad por estar aledaño a un barranco junto al límite de la muralla cristiana. En el espacio estaban los llamados “Caños del Peral“, un conjunto de manaderos o lavaderos que desaparecieron con la reforma de la plaza en el siglo XIX. La reforma consistió en el relleno de la hondonada para aplanar el lugar y la construcción del  Teatro Real, construido en 1850. La obra se coronó con la colocación de una estatua de Isabel II en el centro de la plaza, la cual ha recibido diversos nombres a los largo de la historia: Caños del Peral, Fuente del Arrabal, Plaza de Prim, Plaza del Barranco y el actual nombre de Plaza de Isabel II, aunque poca gente usa este nombre en beneficio del de Plaza de Ópera.


 

En la tercera y última parte visitaré la Plaza de Oriente y todo lo que hay al norte de ésta, incluyendo el Monasterio de la Encarnación, la Plaza de la Marina Española y el Senado, y terminaré visitando el Palacio Real y la Catedral de la Almudena.

Todas las fotografias -son unas cuantas- de la segunda parte del recorrido por el barrio de Palacio:

Real Academia de Ingeniería - ©JMPhotographia

 

JMPhotographia en las redes sociales:

 

 

[Cap. 1] Conociendo mi ciudad: Barrio de Palacio (Centro) 1ª parte

Comienza aquí y ahora mismo el proyecto fotográfico “Conociendo mi ciudad” con el que iré recorriendo pacientemente todos y cada uno de los barrios de Madrid contenidos en todos y cada uno de los distritos de la ciudad empezando por el primero, el distrito de Centro; y terminando por el vigesimo primero, el distrito de Barajas.

El barrio de Palacio es el barrio más grande del distrito de Centro. Contiene unos 22 mil habitantes con una densidad de casi 155 habitantes por kilómetro cuadrado. Se trata de la parte más antigua de la ciudad, conocida como “El Madrid de los Austrias”. Contiene edificios emblemáticos como el Palacio Real o el Teatro Real, lugares castizos como las Cavas, la antigua Morería y la famosa Plaza de la Villa.

Comencé mi recorrido en metro, haciendo un viaje desde la estación de Chamartín hasta la estación de Príncipe Pío, curiosamente dos estaciones de metro inscritas en estaciones ferroviarias y muy relacionadas entre sí. La estación de Príncipe Pío pertenece barrio de Casa de Campo, en el distrito de Moncloa-Aravaca, por lo que hablaré sobre ella, -al igual que sobre la Glorieta de San Vicente-, en otro momento. En este caso sólo fue el punto de partida de mi andadura por el barrio de Palacio.

Vista del Palacio Real desde la entrada a los jardines

El primer punto marcado para la visita eran los Jardines del Campo del Moro. Se trata de un lugar de Madrid que nunca antes había visitado; es más, pensaba que era algo así como un lugar privado o que al menos costaba dinero su entrada. Nada más lejos de la realidad, la entrada a los Jardines del Campo del Moro es gratuita y sólo se puede hacer por la puerta del Paseo de la Virgen de Puerto.

El nombre de este lugar procede del siglo XIX, cuando los promotores de la obra recurrieron a un hecho histórico para nombrarla.

El “moro” en cuestión es Alí Ben Yusuf, caudillo moro que tras la muerte de Alfonso VI hizo un intento de reconquistar la ciudad y para tal fin, con el objetivo de tomar el antiguo Alcázar de Madrid, que ocupaba el sitio en el que hoy se alza el Palacio Real, acampó en los terrenos de los que estamos hablando. Corría el año 1109.

El campo que estaba entre el Real Alcázar y el río Manzanares siempre fue un terreno difícil, con un gran desnivel y siempre estuvo en los planes de los reyes su transformación o urbanización, pero varios proyectos no pudieron llevarse a cabo por estas dificultades y por la escasez de dinero. Felipe IV, que lo usaba como coto de caza, fue el primero que comenzó a cambiar su aspecto al ordenar la plantación de un buen número de olmos.

Pero fue el arquitecto Juan de Villanueva quien llevó a término un diseño que conectada por debajo el Real Alcazar con la la Casa de Campo con un pasadizo subterráneo sobre el cual se construyeron los jardines. Medio siglo más tarde el diseño de los jardines fue completado por Narciso Pascual y Colomer, arquitecto mayor de palacio. El nuevo diseño consistía en una avenida peatonal que unía la fachada oriental del ya construido Palacio Real con el Paseo del Puerto con dos fuentes, una traída de Boadilla del Monte y otra desde el Real Sitio de Aranjuez. Para salvar el enorme desnivel existente en esa zona se usaron los escombros procedentes de la remodelación de la Puerta del Sol.

Fuente de las Conchas, diseñada por Ventura Rodriguez – ©JMPhotographia.

En mi cabeza tenía la idea de que por allí se paseaban libremente los pavos reales del mismo modo que sucede en el Jardín del Príncipe de Aranjuez. La verdad es que los vi de casualidad, llevado por mi curiosidad sobre las cosas, cerca de lo que se llama el Chalé del Corcho, en unas jaulas edificadas para ellos, aunque algunos estaban placidamente acomodados encima de la propia jaula, en libertad.

En líneas generales, creo que los jardines del Campo del Moro no están precisamente en un período de mucho lustre. Se trata de unos jardines muy plácidos, poco concurridos y muy tranquilos y agradables para pasear, pero el Chalé del Corcho y el Chalecito de la Reina los encontré cerrados y en estado semi-ruinoso. Sin embargo, es obvio que es una visita obligada de Madrid y que he tardado demasiado tiempo en visitar, como tantos otros lugares de mi ciudad.

Restos de la muralla árabe junto a la Catedral de la Almudena – ©JMPhotographia.

Tras dejar atrás estos jardines, -usando la misma puerta por la que los conocí-, me dirigí por el Paseo de la Virgen del Puerto hasta la Ermita de la Virgen del Puerto. Desde allí continué por el paseo hasta llegar a la calle Segovia y al Puente de Segovia, y giré a la izquierda para atravesar el parque de Atenas y subir la Cuesta de la Vega en dirección a la calle Bailén y su viaducto.

Por allí están los restos de la muralla árabe de Madrid, en lo que hoy en día es el Parque Emir Mohamed.

El siguiente punto del recorrido, pasado el Viaducto, eran los Jardines de las Vistillas. Estos jardines son el realidad dos plazas bien diferenciadas -o una plaza en dos partes, si se prefiere-, situados en un entorno elevado sobre el antiguo cerro del Campo de las Vistillas. Su nombre, como se puede adivinar, indica la bonanza de las vistas sobre la parte oeste de la ciudad que ofrecen.

Las dos plazas reciben los nombres de Plaza de Gabriel Miró y Parque de la Cornisa, llamado así por estar al borde del barranco.

La calle de San Buenaventura une Las Vistillas con la Real Basílica de San Francisco el Grande. Este templo destaca por su cúpula, la tercera más grande de todas las iglesias cristianas, y también por su pinacoteca, que incluye pintores como Goya o Zurbarán. Fue edificado sobre un convento franciscano que, según una leyenda, fue fundado por San Francisco de Asís en el siglo XIII. En 1706 los franciscanos decidieron derribar la ermita para construir un templo más grande.  En 1836 los propios franciscanos fueron expulsados del templo por la Desamortización de Mendizábal, pasando el templo a titularidad del Estado.  Años más tarde se consideró convertirlo en lugar de descanso de personajes ilustres, llegando a llevarse allí los cuerpos de Calderón de la Barca, Quevedo, Garcilaso o de El Gran Capitán, aunque más tarde los cuerpos fueron devueltos a sus lugares de origen y se recuperó el culto religioso. En 1962 fue nombrada por el papa Juan XXIII basílica menor.

Real Basílica de San Francisco el Grande, la tercera cúpula en tamaño de la Cristiandad – ©JMPhotographia.

Bajando por la Gran Vía de San Francisco hacia el sur y girando a la derecha para llegar a la Ronda de Segovia llegué a la llamada Cerca de Felipe IV. Esta cerca, usada para usos administrativos y de control de entradas y salidas y no como construcción defensiva, substituyó a la más antigua Cerca de Felipe II que en tiempos de Felipe IV, nieto de éste, ya se había quedado pequeña. Como cerca que era, con toda lógica, rodeaba la ciudad, aunque hoy sólo puede verse un pequeño fragmento en la Ronda de Segovia, cerca (jajaja) de la Puerta de Toledo.

Puerta de Toledo – ©JMPhotographia.

La Puerta de Toledo formaba parte de la Cerca de Felipe IV, y curiosamente, la que hoy podemos ver, es la cuarta Puerta de Toledo que existe en Madrid, ya que hubo tres anteriores situadas en lugares más interiores sobre el antiguo camino que iba hasta Toledo. La actual data del siglo XIX, erigida en honor de Fernando VII a modo de arco triunfal para conmemorar la victoria final contra los franceses en la Guerra de la Independencia.

Iglesia de la Paloma – ©JMPhotographia

Para finalizar esta primera parte del recorrido sobre este barrio de Palacio, -tendrá 3-, tomé la calle de la Paloma hasta la Plaza de la Paloma, donde se sitúa la Iglesia de la Paloma.

Habría que comenzar por decir que la iglesia no se llama así, sino Iglesia de la Parroquia de San Pedro el Real. El nombre por el que es conocida esta iglesia es un nombre popular. Dentro de ella se encuentra el cuadro “Nuestra señora de la Soledad“, conocido como “Virgen de la Paloma”.

Según una tradición, el cuadro en cuestión fue hallado por unos niños que jugaban en un corral situado en la calle de la Paloma y entregado a una vecina, llamada Isabel Tintero, que lo limpió y decidió enmarcarlo y exhibirlo en el portal de su casa. A partir de ahí el cuadro comenzó a ser venerado por los vecinos de la zona y luego por toda la ciudad, incluidos miembros de la realeza.

La calle recibió el nombre de calle de la Paloma por otra leyenda que decía que una paloma se había críado allí mismo y que voló sobre la Virgen de las Maravillas cuando la trasladaron al convento de la calle de la Palma.

En 1796 se decidió erigir una pequeña capilla para albergar el cuadro, y esa pequeña capilla fue el germen de la actual iglesia, construida justo 100 años después, en 1896. La nueva iglesia es de estilo neomudéjar con elementos neogóticos, y curiosamente fue inaugurada el día de mi cumpleaños, concretamente el 23 de marzo de 1912.

 


En la segunda parte seguiré mi recorrido por el barrio de Palacio de Madrid. Subiremos hacia el norte para visitar lugares tan castizos como las plazas de los Carros y de la Paja, las Cavas Alta y Baja, el Mercado de San Miguel, las plazas de Puerta Cerrada y de la Cruz Verde, y también la Plaza de la Villa, donde se asentó durante tantos años el ayuntamiento de la ciudad; y terminaremos en la Plaza de Isabel II o de Ópera.


Todas las fotos de esta primera parte del recorrido del barrio de Palacio:

Jardines del Campo del Moro - ©JMPhotographia

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales:

 

 

Pequeños trucos para mejorar nuestras fotografías

Iam primum omnium decía Tito Livio al comienzo de su obra más importante, Ab urbe condita: “Lo primero de todo”. Pues bien, lo primero de todo es decir que voy a dar unos pequeños consejos para mejorar nuestras fotografías, si, esas que subimos a las redes sociales para impactar a nuestros contactos y que a veces son muy mejorables. Lo que voy a decir lo digo desde la más completa humildad, sin la intención de ser dogmático o de deciros que hacéis las fotos mal. Simplemente creo que si seguís algunos consejillos podéis hacer que vuestras fotografías sean conspicuamente mejores, más equilibradas y más impactantes.

Una vez hecho este descargo, vamos a ver tres puntos que, sin duda, harán que mejore vuestro desempeño como fotógrafos; porque si, si queréis hacer mejores fotos tenéis que dejar atrás el fenómeno de ser encuadradores o tomadores de instantanias; el objetivo es convertirnos en fotógrafos.

1) Siempre que sea posible, la mejor opción es siempre hacer las fotos en formato RAW. Como lo habéis leído, entre la comodidad y la calidad hay que apostar siempre por la calidad. Si tenéis una cámara réflex, una cámara compacta avanzada o un teléfono que permite tirar en RAW, esto es lo que tenéis que hacer. El RAW es un archivo crudo, como su nombre indica, por lo que no está comprimido por el software del dispositivo que lo crea, es decir, de la cámara o del teléfono. Ocupa mucho más espacio en nuestras tarjetas de memoria porque contiene muchísima más información que podemos usar para hacer un revelado mejor. Si podemos elegir entre tener más información y tener menos, ¿qué sentido tiene quedarnos con menos? Mejorar en algo significa explorar y exprimir todas las posibilidades. Eso si, tendréis que usar programas que puedan trabajar con RAW.

2) Composición: Uso de dos o tres planos. He visto muchísimas fotos en Facebook, por ejemplo, que consisten en un plano aislado de un objeto, como si fuera un retrato, pero no de una persona o animal, sino de una fachada de un edificio, de una ventana o de cualquier cosa aislada. No se puede decir que eso esté mal, pero son fotografías descontextualizadas que no reflejan ni el entorno ni el tamaño de la cosa en sí. Hacer una foto a la luna, por ejemplo, en la que sólo aparece la luna en todo lo negro, está bien si lo que queremos es demostrar que nuestra cámara tiene un gran zoom, que sabemos exponer un objeto luminoso y que tenemos un trípode; sin embargo, el 95% de las veces nuestra foto será mejor si incluimos nubes, tejados, árboles, coches, farolas, etc. Esto es lo que se llama composición.

Una calle de Madrid. Ejemplo de composición usando varios planos – ©JMPhotographia
Un perro aislado – ©JMPhotographia
Un perro con contexto – ©JMPhotographia

Debemos tener en cuenta que una foto es un espacio de expresión en sólo dos dimensiones. No obstante, pase a ser un objeto plano en una foto se puede crear la sensación de profundidad componiendo de tal manera que aparezcan dos o tres planos distintos: un primer plano, un plano medio y un plano lejano. Entre estos dos o tres planos siempre encontraremos objetos que, de una forma o de otra, unan estos planos creando la sensación de profundidad, puede ser una calle, una verja, una línea de coches aparcados, las fachadas de los edificios, etc. Usemos estas cosas y un enfoque selectivo para mejorar nuestras fotografías. Compongamos.

3) Edición de los cielos. Pues si, hay muchísimas fotos por ahí que tienen unos cielos horribles, imposibles, poco realistas. Esto se debe a que usamos los parámetros de edición que ofrecen los programas de edición de fotografías de nuestros móviles o reveladores digitales, y al hacerlo y no tener cierta cultura visual, editamos las fotografías bajo la sensación de una especie de placebo que nos hace creer que esos cielos son muy impresionantes. Son errores de principiante, desde luego, y con el tiempo y mirando fotos mejores que las nuestras se subsana.

Nubes ennegrecidas por exceso de edición – ©JMPhotographia
Nubes con realismo – ©JMPhotographia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cielo de la mañana o de la tarde no puede ser de un azul oscuro intenso porque el cielo no es así. El cielo tiene una tonalidad clara, no sólo porque sea clara, sino porque está claro cómo es. Si alguno, al editar, ve que su cielo está quedando muy intenso, demasiado azul, -por decirlo así-, que salga a la ventana, si es de día, y mire. Por otra parte, las nubes son blancas o grises y no tienen partes negras o grises muy oscuras entre ellas. Ese “dramatismo” que tanto se ve en internet es un error de novato. De nuevo podéis volver a salir a vuestra ventana y observar las nubes reales. Si, lo sé, las nubes reales no molan tanto como las nubes dramáticas, pero es lo que hay. También podéis mirar revistas y veréis que las fotos que tanto abundan en las redes sociales no tienen cabida en ellas. Por tanto, tened en cuenta esto: que las fotos que tanto os gustan editar, con esos cielos tan llamativos, no aparecerían nunca en una publicación profesional.

Cielo con exceso de saturación – ©JMPhotographia
Cielo con un tono de azul creíble – ©JMPhotographia

Espero que estos consejos os sirvan y que los hayáis recibido desde la humildad y que contribuyan a vuestro deseo de mejorar, porque con esa intención han sido creados.

Conociendo mi ciudad

Lo voy a decir sin tapujos: Tengo 38 años y no puedo decir que conozca mi ciudad, el lugar donde nací y donde he vivido toda mi vida. No es que no haya salido del barrio de Castilla, pero se puede decir que mi conocimiento de mi propia ciudad es bastante limitado.

Por suerte tengo una cámara y ganas de hacer que las cosas cambien. Voy a dedicar tiempo a hacer fotografías de Madrid. Preparando el proyecto me he dado cuenta de que Madrid es una ciudad inmensa. Entendedme bien, no es una ciudad inmensa sino una inmensa ciudad, no es una ciudad grande sino una gran ciudad, llena de cosas maravillosas, de historia, de rincones, de restaurantes, de arquitectura y de gente.

Y me apetece fotografiarla en blanco y negro, en detalle, visitando los sitios que todo el mundo conoce pero también los pequeños rincones poco transitados que permanecen semiocultos esperando que alguien los descubra, o quizá no.

Una de las naves del Matadero – ©JMPhotographia

Y voy a empezar fuerte: Distrito Centro, Barrio de Palacio; y después seguiré con determinación con los otros cuatro barrios del distrito Centro: Embajadores, Cortes, Justicia, Universidad y Sol. Luego pasaré al distrito de Arganzuela, barrio a barrio, y posteriormente al distrito número 3, que fotografíaré barrio a barrio también. Así hasta los 21 distritos con sus consiguientes barrios que tiene la ciudad de Madrid.

No tengo ni idea de cuándo terminaré este proyecto, pero lo que si sé es que cuando lo haga no seré el mismo fotógrafo. Eso es seguro. Seré mejor fotógrafo, sabré más de mi ciudad, y habré pasado mi tiempo haciendo las tres cosas que más me gustan: fotografiar, aprender y caminar.

Una barca cualquiera en el Entanque del Retiro – ©JMPhotographia

Después ya pensaré qué siguiente aventura acometer. Pero mientras tanto voy a intentar divertirme y aprender. Y coger mucho el Metro y el Cercanías. Y si llevo trípode tendré que esconderlo de la policía, porque si, en Madrid si llevas trípode puedes ser multado. No todo puede ser perfecto.

Madrid tiene 21 distritos, y esos 21 distritos contienen 128 barrios. Visitaré lugares atestados de gente y páramos desolados, bajaré a las catacumbas y subiré a los cielos y en el camino me iré haciendo mejor. Los fines de semana, siempre que pueda, voy a andar mucho.

Zona de AZCA – ©JMPhotographia

Deseadme suerte, pero deseadme mejor constancia y paciencia, por si alguna vez me flaquean las fuerzas o me resisto a levantarme después de sonar el despertador. Bueno… el caso es que… allá vamos.

1.Distrito Centro; 11.Barrio de Palacio

¡¡Feliz Año 2018 a todos!!