Mes: marzo 2018

[Cap. 10] Conociendo mi ciudad: Barrio de Universidad (Centro) 1ª parte

Comenzamos un nuevo barrio y nos acercamos poco a poco al momento de terminar nuestro primer distrito. El barrio de Universidad, anteriormente conocido como barrio de las Maravillas, está limitado por las calles de Princesa, Gran Vía, de Fuencarral, de Carranza y de Alberto Aguilera. Desde los años 80 es el barrio que todo el mundo asocia de la zona de Malasaña que, si bien es muy pequeña en relación con el tamaño del barrio, tiene una gran importancia por ser el lugar donde se originó la famosa Movida Madrileña. Su nombre proviene de la presencia en este barrio de la primera sede de la Universidad Complutense en la ciudad de Madrid.

Empezamos nuestro viaje en la glorieta de Bilbao. Para llegar hasta allí lo hice en metro, ya que hay una estación del suburbano en la glorieta que corresponde a las líneas 1 y 4. Tomando la calle de Fuencarral desde la plaza y girando a la derecha por la primera calle que aparece, que no es otra que la calle de Manuela Malasaña, se ubican, en las esquinas con la calle de San Andrés, los dos primeros lugares de este barrio de los que vamos a hablar.

En primer lugar, a nuestra derecha, el Teatro Maravillas. Esta sala de teatro hereda el nombre de otras salas, la primera de todas inaugurada en 1887. Se trata de un teatro que nació como teatro veraniego, heredero de otros de su mismo nombre y que, a partir de 1919 sirvió a la vez como cine y teatro con el nombre de Madrid Cinema. Después de la Guerra Civil se especializó como teatro de revista. A finales de la década de los 80 un atentado dejó maltrecha su fachada, por lo que años después estuvo a punto de desaparecer y convertirse en apartamientos, algo que finalmente no ocurrió. En 1999 se encontró una deficiencia en la estructura del edificio mientras estaban en cartel los cómicos Faemino y Cansado y el teatro tuvo que ser cerrado urgentemente. Todo el edificio fue derribado y en su lugar se construyó un nuevo inmueble que incluía un hotel Ibis, varios pisos de vecindad y un nuevo y más modesto teatro que se inauguró en 2005 con los mismos cómicos que tuvieron que cesar en sus actuaciones.

En la esquina contraria, como mirando fijamente al teatro, está la Casa Maravillas. Se trata de un afamado restaurante especializado en cocina madrileña y más específicamente en cocido madrileño, que es su plato estrella. Todos los días se sirve cocido en tres vuelcos por un precio de 18€. También hay un menú castizo de degustación que incluye callos isabelinos, oreja de cerdo ibérico, croquetas de cocido y torrijas. Ofrece una amplia variedad de carnes y también pescados y todos los postres que sirven son caseros. También hay un menú diario que tiene un precio de 12€.

Casa Maravillas -©JMPhotographia

La calle de San Andrés es buena para dirigirnos al sur hasta que aparece a nuestra derecha uno de los lugares más importantes de este barrio de Universidad: la Plaza del Dos de Mayo. Este espacio público tiene su origen en 1869 cuando, tras derribarse los restos del Cuartel de Monteleón, se conformó el espacio de la plaza. En la plaza se conserva un arco que pertenecía al antiguo cuartel y delante de él hay dos estatuas de los héroes Daoiz y Velarde, que contraviniendo las órdenes se unieron a la lucha del pueblo contra las tropas napoleónicas que habían invadido España. Los hechos de Dos de Mayo comenzaron la resistencia española contra las tropas invasoras francesas.

Las esculturas de Daoiz y Velarde son obra de Antonio Solá Llansas, esculpidas en mármol en 1831. Una de las dos estatuas tenía una espada que ha sido vandalizada en varias ocasiones. Este grupo escultórico fue hecho en Italia, ya que el mármol es de Carrara, y llegó a España por Alicante. En un primer momento se expuso en el Real Museo de Pinturas, ahora Museo del Prado, donde permaneció de manera provisional durante años. Entre los años 1846 y 1850 estuvo, por decisión de Isabel II, en el Retiro, pero acabó regresando al Real Museo de Pinturas. Durante una década, a partir de 1869, estuvo situado en el barrio de Monteleón, cerca de la plaza actual, pero acabó regresando nuevamente a la entrada del Real Museo de Pinturas. En 1902 se instaló en una plaza en la zona de Moncloa, hasta que el 2 de mayo de 1932 quedó, por fin, instalado en su emplazamiento actual

El Cuartel de Monteleón fue antes palacio y ocupaba tanto la actual plaza como buena parte de las calles adyacentes. Se trataba de un edificio palaciego de estilo churrigueresco que fue convertido por decisión de Godoy en parque de artillería en 1807. El destino del edificio iba a ser el de museo de artillería por lo que los cañones que allí había en el momento de la insurrección eran antiguos y toscos, no aptos para el desempeño para que el que una vez fueron creados. Tras la Guerra de la Independencia el edificio quedó en muy mal estado pero todavía tuvo otro uso, ya que se estableció allí una fundición y una fábrica de maquinaria.

Estatuas de Daoiz y Velarde en el monumento de la Plaza del Dos de Mayo – ©JMPhotographia

Salí de la plaza por el mismo sitio por el que había entrado y tras remontar un pequeño tramo de la calle de San Andrés en sentido norte giré a la derecha por la calle del Divino Pastor para encontrarme de nuevo con la calle de Fuencarral. En la primera esquina, que es ya la propia calle de Fuencarral, está la Iglesia de las Religiosas de María Inmaculada. Esta iglesia, instalada en un chaflán, está levantada en un terrero donde hubo antes una pequeña capilla con cripta que mediaba entre dos palacios, uno pequeño y otro más grande, que estaban unidos entre sí por unas pasarelas por mediación de la capilla. La casa madre de las Religiosas de la Inmaculada compró tanto la capilla como los dos palacios para establecer su sede. Esta institución religiosa recogía a mujeres jóvenes y las instruía para trabajar en el servicio doméstico y les enseñaba la doctrina cristiana. La actual iglesia neogótica se construyó entre 1910 y 1915 y es rara, ya que únicamente tiene una torre, cosa que le hace parecer, de algún modo, descompensada. Por dentro, eso si, dicen que es bastante más bonita, muy alta y muy blanca.

Plazuela de Antonio Vega – ©JMPhotographia

Bajando un tramo muy corto por la calle de Fuencarral hacia el sur nos encontramos con la Plazuela de Antonio Vega. Es un espacio pequeño, casi minúsculo, pero para los que amamos la música de Antonio Vega es bastante grande.

Este espacio triangular junto a la calle de Fuencarral fue inaugurado en 2011 con mi propia asistencia, y la de mi hermano Carlos, que no quisimos perdernos este histórico momento. En un momento en el que no estábamos tan activos en la música, -él cantando y yo conduciendo y fotografiando-, si había conciertos a los que íbamos siempre que podíamos, esos eran los de Antonio Vega. Y aunque hemos tenido que lamentar no haber podido ver alguno por culpa de la lluvia, al que más nos dolió no haber podido asistir fue al último, al que nunca pudo dar por encontrarse ya hospitalizado, días antes de encontrar la muerte. Iba a ser al lado de mi casa, en el Cadillac Solitario, que por aquel entonces tenía el nombre de Imperio Pop.

Y si hay algo relacionado con Antonio Vega ese es el Penta. El pub que aparece en La chica de ayer, como reza las letras que aparecen en su fachada. Lo encontramos muy cerca de la plazuela, cambiando la calle de Fuencarral por la Corredera Alta de San Pablo haciendo esquina con la primera calle que cruza, es decir, la calle de la Palma. El Penta es uno de los símbolos más reconocibles de la Movida Madrileña. Abrió por primera vez en 1976 y fue uno de los primeros bares de copas, mezcla de bar tradicional y de discoteca donde hay música.

Volvemos a la calle de Fuencarral y seguimos bajando hasta llegar a la altura del Tribunal de Cuentas, que está justo enfrente del Museo de Historia de Madrid y de su hermosa portada barroca. Según la Constitución, el Tribunal de Cuentas es el órgano fiscalizador de las cuentas y de la gestión económica del Estado y del sector público español. Ejerce, por tanto, un control económico sobre las administraciones públicas, tanto la estatal como las autonómicas y las locales y también la contabilidad de los partidos políticos.

El edificio del Tribunal de Cuentas fue construido entre los años 1860 y 1863 y es obra del arquitecto Francisco Jareño y Alarcón. En el solar que ocupa estuvo anteriormente el Palacio del Conde de Aranda que posteriormente fue usado como Cuartel de Guardias Reales. Su planta ocupa toda una manzana y está estructurada en torno a un patio central que también tiene la misma forma trapezoidal de la propia manzana.

Un buen trozo más hacia el sur, a la altura de la calle de Santa Bárbara, está el Mercado de San Ildefonso. Estamos, una vez más, ante un mercado tradicional modernizado y convertido en un punto de encuentro gastronómico, siguiendo el modelo anglosajón del Food Court. El primitivo mercado de abastos de San Ildefonso se levantó durante más de un siglo, concretamente desde 1835 hasta 1970, constituyendo el primer mercado de abastos cubierto de Madrid. Se construyó para la venta de frutas, verduras y pescado reemplazando al mercado callejero que desde tiempos mucho más antiguos se desarrollaba en la zona y que resultaba molesto e insalubre.

Mercado de San Ildefonso – ©JMPhotographia

Detrás del mercado, al que accedí por la calle de Fuencarral, tenemos la plaza que lleva el mismo nombre, pero en el camino pasé delante de la Bodega de la Ardosa. Este es uno de los dos locales que se abrieron en Madrid a finales del siglo XIX y que aún se conservan. Como toda buena taberna castiza sus fachadas están decoradas con azulejos españoles. Se considera que ésta precisamente, situada en la calle de Colón, es la más antigua de todas, inaugurada en 1892.

La Plaza de San Ildefonso está justo entre las Correderas Alta y Baja de San Pablo, quedando la Alta en la parte norte y la Baja en la parte sur. Como muchas plazas de Madrid y de otras ciudades, lo más importante de la plaza es la Iglesia de San Ildefonso. Esta plaza tuvo durante muchos años un nombre popular, la Plaza del Grial, propiciado por una fuente ya desaparecida con esa forma y por un famoso bar de copas que se situó en la plaza durante bastantes años. De hecho, esta plaza está muy vinculada a la figura de Carlos III, rey de España que lo fue antes de Nápoles, y que al venir a Madrid trajo consigo varias cosas de aquel reino italiano, como la propia desaparecida fuente del Grial y la Lotería Nacional, que allí se llamaba La Beneficiata, y cuya primitiva sede quedó instalada en la plaza. Otra cosa que el rey Carlos III trajo de Nápoles a España fueron los belenes.

La Iglesia de San Ildefonso data de 1827, momento en el que se construyó la iglesia que hoy vemos en la plaza. Anteriormente hubo otra construida casi dos siglos antes, en 1629, que fue destruida, como no, por José I Bonaparte, alias Pepe Plazuelas, para poder agrandar otro espacio público con forma de plaza. En esta iglesia se casó Rosalía de Castro, que vivía muy cerca, en la Corredera Baja de San Pablo.

Plaza de San Ildefonso – ©JMPhotographia

De la parte norte de la plaza sale hacia el oeste la calle de San Felipe. No es una calle muy larga, pues no tarda mucho en topar con la calle de la Madera. Justo en el lugar donde una calle da con otra hay un negocio histórico que nombre chocante en los tiempos en los que estamos: Broncista Niquelador. Se trata de un negocio abierto en 1875 por José María Navarro Llombart, un pequeño taller dedicado a labores de reparación y restauración de cabeceros de camas, lámparas, vajillas, calderos, etc., que sus sucesores han continuado hasta la actualidad. Es un ejemplo de los negocios tradicionales que funcionaban en el barrio.

En la misma manzana, pero un poco más hacia el sur tenemos un sitio para comer con solera: Casa Julio. Se trata de un restaurante muy tradicional, un local que comenzó como una taberna y que lleva abierto en la calle de la Madera desde 1921, cuando Julio Gil lo fundó. Otro hito de su historia sucedió en el año 2000 cuando el grupo Irlandés U2 realizó allí mismo una sesión fotográfica. A diferencia de otras tabernas antiguas, Casa Julio ha sido reformado y modernizado, perdiendo un poco de su esencia pero ganando en comodidad.

Bajando por la calle de la Madera y al llegar a la calle del Pez nos encontramos con el Teatro Alfil. Nacido como cine matinal en 1948 bajo el nombre de Cine Pez, se transformó años más tarde, en 1971, en un pequeño teatro que logró subsistir a las órdenes de cierre municipales gracias al apoyo y tesón de la compañía Yllana, que se encarga de su gestión desde 1996. Una particularidad de este teatro es que es único en el que se encuentra en la misma sala de butacas una barra de bebidas. El escenario es muy pequeño y no permite montajes aparatosos, pero a su favor tiene todo el encanto de una sala pequeña con butacas fijas y una zona de mesitas con lámpara para tomar algo mientras se goza del espectáculo.

La calle del Pez dirige, en dirección sureste, a nuestros dos próximos puntos: el Teatro Lara y la Iglesia de San Antonio de los Alemanes. El Teatro Lara es un teatro antiguo, a la italiana, construido en 1879 por deseo de Cándido Lara. Dispone de más de 450 butacas y cuenta con hasta 9 palcos. El teatro es un superviviente que ha logrado superar incendios, especuladores inmobiliarios y voluntades testamentarias. En 1985 fue cerrado durante 9 largos años para realizar una remodelación en el inmueble. Se reinauguró en 1994 con un reestreno de una obra de Alfonso Paso.

La Iglesia de San Antonio de los Alemanes no permite hacer fotos en su interior, al menos no a donnadies como yo, así que un poco frustrado y un poco enfadado y sumándole a eso mi indiferencia por la religión cristiana, decidí seguir andando tras hacer una foto a su exterior, que por otra parte es muy normalito. Todo lo bonito está en el interior, ya que la iglesia está pintada al fresco de modo bastante abigarrado y significativo, tanto paredes como la cúpula. Supongo que otro día iré a visitarla, aunque tenga que pagar 2 euros por la entrada.

Paradójicamente, la Iglesia de San Antonio de los Alemanes fue fundada como San Antonio de los Portugueses. Quizá su principal particularidad arquitectónica es su planta elíptica, ya que no hay muchas en España. La iglesia se construyó como complemento al Hospital de los Portugueses fundado por Felipe III en 1606, inaugurándose en 1633. Tras la independencia de Portugal de los reinos hispánicos, Mariana de Austria, esposa del rey Felipe IV, cedió la iglesia a la comunidad de católicos alemanes, que era numerosa en Madrid desde la llegada a España de la reina consorte Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II.

El interior de la iglesia es una ilusión pictórico-arquitéctonica que crea un ambiente de lujo y movimiento. En la mayoría de los casos los frescos representan escenas de la vida y milagros de San Antonio, si bien también hay representaciones de reyes santos como Enrique de Alemania o Luis IX de Francia y algunos reyes españoles y sus reinas consortes.

Fundación Telefónica – @JMPhotographia

La calle de la Puebla y luego la calle de Valverde nos van a conducir a la Gran Vía, justo a la altura en la que se levanta uno de los edificios más importantes e imponentes de Madrid: el edificio de la Fundación Telefónica.

Este edificio fue, durante muchos años el más alto de Madrid, concretamente hasta 1953, año en que se construyó el Edificio España de la Plaza de España. Fue construido entre los años 1926 y 1929 a cargo del arquitecto Ignacio de Cárdenas Pastor. Fue el primer rascacielos de España y uno de los primeros rascacielos de Europa.

Al mismo tiempo que se construyó este edificio se inauguró también el monopolio de la telefonía en España. La Compañía Telefónica Nacional de España convirtió la nueva tecnología del teléfono de un fenómeno local a uno nacional cuando firmó un contrato con la compañía norteamericana IT&T.

Debido a que en su época de construcción era toda una novedad la altura del edificio, debieron contratarse los servicios internos de calefacción e inodoros a empresas extranjeras, más habituadas a trabajar con una tecnología que no existía todavía en España. También se usó el servicio de empresas extranjeras para los montacargas y ascensores, y en cuanto al agua, se colocó un depósito totalmente autónomo en el propio edificio, ya que las instalaciones del Canal de Isabel II no eran capaces de hacer llegar agua a las plantas más altas.

En 1992 se realizó una gran remodelación del edificio gracias a la cual se determinó el uso de los cuatro primeros pisos para un espacio cultural y para la Fundación Telefónica, que desde 2012 se llama Espacio Fundación Telefónica.

De la parte norte de la Gran Vía sale la calle de Concepción Arenal que, sin mucho recorrido, nos pone en la Plaza De Santa María Soledad Torres Acosta, una plaza que, dado su largo nombre, suele acortarse usando el nombre de Plaza de la Luna, ya que es precisamente la calle de la Luna la que la bordea por uno de sus lados largos. Se trata de un plaza muy rectangular donde destaca la presencia de una comisaría de policía y un aparcamiento público subterráneo que lleva el nombre de Tudescos, por la calle de Tudescos que accede a la plaza desde la Gran Vía. En fechas próximas a la Navidad se instala en la plaza un mercado navideño, y muchas veces una pista de patinaje sobre hielo. Recibe su nombre de la religiosa Bibiana Antonia Manuela Torres Acosta, fundadora de la congregación de las Hermanas Siervas de María Ministras de los Enfermos. En la plaza hubo algunos edificios históricos como el Palacio de Monistrol, cuyo derribo dio origen a la plaza. A finales del siglo XX fue un lugar donde abundaba la prostitución, pero todo eso desapareció tras una reforma de la plaza (supongo que la instalación de una comisaría en la misma plaza ayudaría también… o quizá sea la placa que anuncia que el lugar es un portal interdimensional a la Umbraesfera).

Plaza de Santa María Soledad Torres Acosta – ©JMPhotographia

El otro extremo corto de la plaza es la calle de Silva. Por ella proseguimos nuestro camino sólo deteniéndonos un momento para contemplar la Iglesia de la Buena Dicha. Como construcción me recordó un poco a la Iglesia de la Paloma. Se trata de un edificio de principios del siglo XX que mezcla varios estilos y que tiene una única nave dividida en dos tramos. Ocupa el lugar del antiguo Hospital de Nuestra Señora de la Concepción y Buena Dicha, originado en 1564. Junto a este hospital hubo un cementerio, también llamado “De la Buena Dicha” en la que fueron enterrados algunos héroes y algunas heroínas del Dos de Mayo como Manuela Malasaña y Clara del Rey.

De nuevo en la Gran Vía y pasada la calle de San Bernardo, nos encontramos con un edificio que tiene una figura descomunal en su azotea. Esa figura imponente recibe el nombre de Estatua del Romano. Sobre el edificio que se ubica en el número 60 de la Gran Vía está la colosal escultura de un hombre con capa que sujeta una especie de casita de pájaros que tiene practicado un orificio en su interior. Lo cierto es que esta estatua, obra del escultor palentino Victorio Macho en 1930, también recibe otros nombres como El Coloso o El Atlante, pero si la miramos de cerca, su hechura recuerda plenamente a una escultura griega arcaica, es decir, preclásica; o incluso, a una escultura etrusca, que se parece bastante a una escultura griega arcaica, dada la influencia que ejercieron los helenos sobre los etruscos en época preclásica.

Por la calle del General Mitre, que sale desde el norte de la Gran Vía justo antes de llegar a Plaza de España, llegué al Mercado de los Mostenses, que quizá es el mercado de abastos tradicional que más ha podido conservar su esencia. Todavía sigue siendo un mercado de abastos, esto es, un lugar al que se va a comprar comida y no tanto a consumir comida, aunque también se puede hacer.

El edificio de hoy no es el edificio que se construyó en primer lugar, ya que este fue inaugurado en 1946. El primer edificio fue víctima de la creación del tercer tramo de la Gran Vía. En realidad, este edificio “nuevo” es un complejo formado por tres espacios: oficinas, almacén y el propio mercado en sí. El lugar en el que se instalaron los dos mercados estuvo ocupado por el Convento de Premostratenses de San Norberto. Dada su cercanía con la Estación de Norte (recordemos, hoy la de Príncipe Pío), el mercado primigenio -inaugurado en 1875- se especializó en pescados que se traían desde el norte, especialmente Galicia.

El segundo mercado se construyó un poco más al norte que el primigenio, -en el lugar del primer mercado se construyó el Cine Azul-, y continuó la labor del mercado en el entorno de la Gran Vía. Actualmente, se ha especializado en la venta de productos procedentes de Latinoamérica y Asia, y también hay un par de lugares donde se puede consumir la comida.

Mercado de los Mostenses – ©JMPhotographia

Volviendo a la calle de San Bernardo por la calle de Antonio Grilo se llega enseguida a la Farmacia Deleuze. Y aquí tenemos que hablar prácticamente de un monumento. Esta farmacia fue abierta en nada menos que 1780 con el nombre de Botica de San Bernardo. Su fachada, dicen, se conserva tal cual estaba cuando se abrió y su estilo recuerda al rococó. Pero esta farmacia no sólo es insigne por su antigüedad, sino porque, al igual que ocurrió con tantos y tantos cafés y tabernas donde se realizaban tertulias, aquí también se realizaban las llamadas “Tertulias de rebotica” en la que se congregaban médicos como Méndez Álvaro y políticos como Emilio Castelar. Recibe su nombre actual desde que el 1948 se hizo cargo de la tienda la familia Deleuze.

En este punto nos toca volver a subir en dirección norte buena parte de lo que bajamos en dirección sur por la calle de Fuencarral, pero nos vamos a parar en el edificio del Ministerio de Justicia para poner fin a esta primera parte de nuestro paseo por el barrio de Universidad.

El edificio del Ministerio de Justicia fue construido en 1797 por el arquitecto Evaristo del Castillo. En origen fue un encargo realizado por la Marquesa de Sonora. Pasó a propiedad del Estado cuando mediaba el siglo XIX, pero tuvo que pasar casi otro siglo para que fuera transformado por Javier Barroso, que le dio un estilo nacionalista-herreriano y las torres con chapiteles que hoy configuran este inmueble.

 


 

Bueno, pues hemos llegado al final de esta primera parte. A estas alturas uno comprueba que pasear y hacer fotos no es en ningún caso la parte cansada de un viaje. Siento que he conocido más de mi ciudad. En la segunda parte visitaremos el resto de la calle de San Bernardo: la antigua Universidad Central que da nombre al barrio, el Palacio de Parcent, el Monasterio de Montserrat y el final de la calle en la glorieta de Ruiz Giménez. También visitaremos el Edificio España -todo cubierto de andamios- en la Plaza de España, el Palacio de Liria y el Cuartel del Conde-Duque, entre otras cosas.

 


 

 


Todas las fotos de la segunda parte del recorrido por el barrio de Universidad:

Casa Maravillas - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales:

 

[Cap. 9] Conociendo mi ciudad: Barrio de Justicia (Centro) 2ª parte

Continuamos con esta segunda parte del recorrido fotográfico en el punto donde dejamos la primera parte. Habíamos terminado en la Plaza de la Villa de París tras haber hablado de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo. Habíamos presentado ya nuestro primer objetivo para esta segunda parte, la Parroquia de Santa Bárbara.

Esta iglesia, como dijimos en el capítulo anterior, formó parte del Convento de las Salesas Reales o Convento de la Visitación de Nuestra Señora, -junto con el edificio del Tribunal Supremo-, fundado por Bárbara de Braganza en 1748. Las hermanas salesas que ocuparon este convento llegaron de Annecy, Francia, en 1747. Bárbara de Braganza compró estos terrenos para fundar el convento y para asegurarse un lugar tranquilo donde vivir si su esposo, el rey Fernando VI, moría.

Parroquia de Santa Bárbara – ©JMPhotographia

Los planos iniciales de la obra son del arquitecto francés François Carlier, si bien el aparejador Francisco Moradillo realizó numerosos cambios a la hora de llevar a la práctica dichos planos. El resultado fue una iglesia de estilo rococó con toques clásicos y cierta exuberancia barroca. La fachada cuenta con esculturas del italiano Juan Domingo Olivieri, impulsor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; y del español Alfonso Giraldo. Dentro de la parroquia se guardan los restos mortales del rey Fernando VI y de su esposa y promotora del convento, Bárbara de Braganza.

Cruzando la calle del General Castaños está la Plaza de las Salesas que, por su propio nombre, hace referencia también al antiguo convento. Se trata de una pequeña plazuela ajardinada, con árboles viejos, bancos de piedra, un caño de vecindad o pequeña fuente y dos monumentos: un busto de Rousseau, réplica de otro que se encuentra en la ciudad de Ginebra; y una alegoría escultórica relacionada con la poesía.

Plaza de las Salesas – ©JMPhotographia

De la Plaza de las Salesas sale la calle de Bárbara de Braganza que va hacia el Paseo de Recoletos y por el otro lado la calle de Fernando VI, que convertida luego en la calle de Mejía Lequerica conduce directamente a la calle de Sagasta. Avanzando por la calle de Fernando VI se pasa por delante de la Casa de Tócame Roque, bueno… seamos más exactos: por el lugar donde se alzó la Casa de Tócame Roque. Este inmueble, según cuentan, era feo y desvencijado y muy populoso, pero famoso en toda la ciudad por las jaranas y algarabías, y a tanto llegó esta fama que dio lugar a obras literarias y a su inclusión en el refranero castellano para indicar un edificio donde reina el desorden.

En la cuestión literaria, debemos indicar que fue don Ramón de la Serna quien primero inmortalizó este edificio en una obra literaria, un sainete publicado en 1843 con el título La Petra y la Juana, o El casero prudente, o La casa de Tócame Roque. La casa de Tócame Roque también fue inmortalizada en pintura gracias a Manuel García Hispaleto.

Muy cerca de ese punto está el Edificio de los Hermanos Lamarca. Se trata de un edificio concebido para un uso mixto industrial/residencia que fue construido para la empresa de carruajes de los hermanos Lamarca. Tiene un toque neoclásico y modernista y está rematado por torreones. En los últimos tiempos estuvo a punto de convertirse en hotel y parece que finalmente se va a convertir en un complejo residencia de 26 viviendas de lujo.

Edificio de los hermanos Lamarca – ©JMPhotographia

Pasado el edificio de los hermanos Lamarca, giré a la izquierda por la calle de los Regueros hasta llegar a la calle de Pelayo, que bajé hacia el sur hasta la calle de Gravina, calle que tomé para volver a dirigirme al norte por la calle de Hortaleza. En esta calle tenemos dos puntos de los que vamos a hablar. En primer lugar, la sede del Colegio Oficial de Arquitecto de Madrid (COAM).

El COAM fue creado a finales de 1929 en un Real Decreto como corporación de derecho público heredada de la Sociedad Central de Arquitectos, que a su vez data de 1849. La sede actual del COAM es el edificio de las antiguas Escuelas Pías de San Antón, que fue inaugurado para tal fin en 2012 tras la obra de remodelación del arquitecto Gonzalo Moure.

Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid – ©JMPhotographia

Justo al otro lado de la calle de Hortaleza está la sede de la Unión General de Trabajadores (UGT). Esta organización sindical fue creada en el Congreso Obrero de Barcelona en 1888 y comparte orígenes con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Es el segundo sindicato mayoritario de España detrás de Comisiones Obreras (CCOO).

Sin embargo, no estaríamos hablando aquí de UGT si no estuviera vinculado su nombre y su historia al edificio conventual, de más de 400 años de existencia, en el que tuvo -y todavía tiene- su histórica sede. En estos momentos, la dirección del sindicato está en plena mudanza a otro edificio que tiene UGT en la Avenida de América y que se culminará en los próximos meses. No obstante, UGT no se ha deshecho del edificio, sino que ha decidido alquilar el inmueble a una empresa todavía desconocida. Hay que resaltar que al tratarse de un edificio histórico, cualquier remodelación o uso del edificio se encontrará con la imposibilidad de tocar el claustro y la capilla.

La estancia de la UGT comenzó en 1987, pero mucho antes y desde mucho más tiempo atrás el edificio fue el Convento de Santa María Magdalena, construido en el siglo XVII. A este convento se le llamaba también Convento de las Recogidas, por dar cobijo a mujeres de mala vida para que después pudieran casarse o tomar los hábitos. El destino del convento cambió drásticamente al sufrir un incendio y no pudo efectuarse la reconstrucción hasta después de la Guerra Civil, momento en el que prácticamente quedó en el olvido hasta que UGT se estableció en él y lo rehabilitó.

Sede de la UGT – ©JMPhotographia

Subiendo toda la calle de Hortaleza volvemos a dar con la calle de Fernando VI. Cerca de esa esquina encontramos una famosa pastelería, La Duquesita. Estamos hablando de un establecimiento centenario, ya que fue fundado en 1914. El negocio, que por suerte aún perdura, cerró sus puertas en 2015, después de 101 años de historia. La histórica pastelería resucitó de manos del maestro pastelero Oriol Balaguer, quien se hizo cargo de ella respetando la tradición y aportando productos nuevos con su propio sello.

Sociedad General de Autores y Editores – ©JMPhotographia

En la misma acera, antes de llegar a la siguiente esquina, que es con la calle de Pelayo, está el Palacio Longoria, actual sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que tengo la suerte de conocer por dentro, dado que soy hermano de músico que, a su vez, es socio de dicha institución.

El palacio Longoria es un palacio modernista, quizá el palacio modernista más significativo con el que cuenta Madrid. Se construyó con total y absoluta libertad, ya que su arquitecto, José Grases Riera, no tuvo ningún tipo de cortapisas ni indicaciones de la persona que lo mandó construir, el financiero Javier González Longoria. Todo esto ocurrió en 1902: las obras de construcción terminaron dos años más tarde.

Arquitectónicamente hablando, los elementos más destacables de su interior son su escalera imperial circular y la cúpula situada sobre ésta decorada con una colorida vidriera de la casa Maumejean. Todo el edificio es una especie de homenaje a la naturaleza, pues se usan formas como palmeras, por ejemplo, para rematar columnas y pilares. Todo el edificio está rematado con formas que se funden unas con otras, tal como la naturaleza lo hace.

En 1912 el inmueble fue comprado por la Compañía Dental Española para ser usado como residencia para su presidente y para instalar las oficinas de la compañía, por lo que se tuvieron que realizar reformas. En 1946 se vendió de nuevo el palacio a Construcciones Civiles y se produjeron nuevas reformas. Y finalmente, cuatro años más tarde, el palacio fue adquirido por la Sociedad General de Autores y Editores que emprendió nuevas reformas, ya que el edificio estaba en muy malas condiciones. Como curiosidad, podemos decir que el arquitecto que se encargó de esas últimas reformas fue Carlos Arniches Moltó, hijo del célebre autor de comedias. La última reforma que ha sufrido el edificio puede que fuera también la más necesaria, ya que se efectuó sobre la fachada exterior. Se produjo en el año 1992.

La calle de Pelayo se convierte en la calle de Campoamor justo cuando llega el cruce con la calle de Fernando VI. Por la calle de Campoamor, hacia el norte, y tras volver a girar a la izquierda en la calle de Santa Teresa, se accede por la parte sur a la Plaza de Santa Bárbara.

Plaza de Santa Bárbara – ©JMPhotographia

La plaza es más parecida a una calle ensanchada o embellecida que a una plaza propiamente dicha. Debe su nombre a la presencia, hace mucho tiempo, de una puerta, la llamada Puerta de Santa Bárbara, por la que se salía y se entraba a la ciudad por el norte. Esta puerta estaba situada en lo que hoy conocemos como Plaza de Alonso Martínez. En la plaza se encontraba también el Convento de Santa Bárbara, y si, no puedo decir con total certeza si la puerta dio nombre al convento o si el convento dio nombre a la puerta, pero de lo que si puedo estar seguro es de que o bien el convento o bien la puerta dieron nombre a la plaza.

Otro edificio que existió en la plaza fue un saladero y matadero de cerdos que posteriormente fue reconvertido en cárcel. Cuando este edificio fue demolido se construyó en su lugar el Palacio de los Condes de Guevara, un bonito edificio que actualmente sirve como sede del BBVA.

En los años 40 se construyó en la plaza un kiosko de piedra que albergaba una librería y unos servicios públicos. En noviembre de 1969, el librero fue encontrado asesinado a puñaladas y encontrado en un charco de sangre y rodeado de los libros y periódico que vendía. Desconozco si se pudo esclarecer este crimen. Este kiosko, no obstante, ha sido víctima de una remodelación muy reciente y hoy no existe ya, si bien queda un kiosko moderno que quizá esté ubicado en la misma posición o quizá en una muy cercana.

En la plaza hay un punto del que tenemos que hablar: Pecaditos de Santa Bárbara. Se trata de un pequeño restaurante especializado en la elaboración de minibocadillos de todo tipo. Sus grandes bazas son tres: calidad, variedad y precio muy económico. Su arma en los días de buen tiempo es la terraza, que casi siempre está atestada.

Tras rodear la plaza subiendo por la acera occidental y bajando por la acera oriental, tomé la calle de San Mateo, donde está ubicado el Museo Nacional del Romanticismo. Estamos ante un museo de la vida cotidiana del siglo XIX que presta especial atención a la corriente estética del Romanticismo. Hasta 2009 recibió el nombre de Museo Romántico, pero después de esa fecha, en la que se produjo una reforma de su sede, el Palacio del Marqués de Matallana, cambió su nombre. Este edificio fue construido entre 1776 y 1779 para servir de residencia al general Rodrigo de Torres y Morales, I marqués de Matallana. Desde 1924, si bien de facto, ya se constituyó en el inmueble un museo del Romanticismo gracias a Benigno de Vega-Inclán y Flaquer, II marqués de la Vega-Inclán; sin embargo, no fue hasta el año 1962 cuando se declaró al edificio y a las colecciones Monumento Histórico-Artístico.

Portada del Museo de Historia de Madrid – ©JMPhotographia

Y de un museo a otro museo. Tras terminar de recorrer toda la calle de San Mateo, llegué a la calle de Fuencarral donde se aparece al caminante la portada barroca del Museo de Historia de Madrid.

Este museo, antes llamado simplemente Museo Municipal, ocupa el edificio del Real Hospicio de San Fernando, un edificio diseñado por el arquitecto Pedro de Ribera en el siglo XVIII. Su portada, la que vemos en la fotografía, es importante, está considerada como una de las obras maestras del barroco civil español.

El Museo de Historia de Madrid nace en 1926, cuando la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, -institución gracias a la cual este edificio fue declarado Monumento Histórico-Artístico y pudo ser salvado de la ruina- celebró ahí mismo la llamada Exposición del antiguo Madrid. La muestra tuvo mucho éxito y de allí nació la idea de crear en esa sede un museo encargado de divulgar la historia de la ciudad.

El museo contiene objetos y exposiciones desde que Madrid fue declarada capital de España, y por tanto, recoge el testigo en cuanto a historia de la ciudad se refiere, del Museo de San Isidro. Cuenta con 14 salas en las que se pueden contemplar pinturas, esculturas, mobiliario, planos, maquetas, porcelanas, platerías, etc.

En la parte de atrás del Museo de Historia de Madrid está la llamada Fuente de la Fama. Esta fuente se puede ver a través de una valla, ya que está dentro del recinto del museo, desde los llamados Jardines del Arquitecto Ribera. Y no están mal denominados esos jardines, ya que Pedro de Ribera fue el artífice tanto del museo como de la misma fuente. La fuente fue encargada por Felipe V, el primer Borbón, para embellecer la ciudad y proporcionar agua a la villa. La fuente quedó instalada en la Plazuela de Antón Martín en 1732, lugar en el que permaneció varios años. Según parece fue trasladada en un primer momento a la Plaza de las Peñuelas, en Arganzuela, hasta que en 1880 se desmontó y quedó almacenada en algún sitio. En 1911, con la ayuda de materiales de otros monumentos, quedó reinstalada en el Parque del Oeste, hasta que finalmente quedó en su actual emplazamiento en 1941. Parece que, como decían los clásicos, la Fama se desplaza a mayor velocidad que cualquier otra cosa.

Fuente de la Fama – ©JMPhotographia

La Fuente de la Fama es también homicida, ya que un desprendimiento mató a 7 personas que paseaban por el Parque del Oeste.

En la calle de Barceló hay dos puntos interesantes. En primer lugar el Teatro Barceló, antigua discoteca Pachá; y en segundo lugar el Mercado de Barceló, otro ejemplo de mercado popular remodelado a partir de un mercado de abastos tradicional.

El Teatro Barceló es, a día de hoy, un club nocturno que busca el glamour en la noche madrileña. El edificio que lo alberga fue construido en la década de los 30 por el arquitecto Luis Gutiérrez Soto que se inspiró en un barco para rendir homenaje al marinero que da nombre a la misma calle. En un principio, en el edificio hubo un cine y un teatro, pero todo el mundo lo reconoce por ser el edificio de la célebre discoteca Pachá en los años 80.

El Mercado de Barceló se inauguró, en puridad, en junio de 1956 después de 22 meses de obras de construcción. El edificio que vemos hoy recibe el nombre oficial de Centro Polivalente Barceló, aunque todo el mundo lo conoce con el nombre tradicional de Mercado de Barceló. Además de un mercado, el edificio ofrece también los servicios de un polideportivo y de una biblioteca pública, de ahí el nombre de “polivalente”.

Mercado de Barceló – ©JMPhotographia

Terminamos ya esta segunda parte y finalizamos nuestro paseo por el barrio de Justicia en la calle de Sagasta dirigiéndonos a la Glorieta de Bilbao. Esta glorieta es un punto neurálgico de la ciudad de Madrid pues en ella convergen los distritos de Centro y Chamberí y cuatro importantes calles como son las de Fuencarral, de Carranza, de Luchana y de Sagasta. Al igual que la Plaza de Ramales, su nombre proviene de las Guerras Carlistas por la notoria defensa de la ciudad durante las contiendas.

Esta plaza fue límite de la ciudad, por lo que había en el lugar instalada una puerta en la muralla y, al parecer, dicha puerta recibía el nombre Puerta de los Pozos por encontrarse muy cerca varios pozos de nieve que se usaban para abastecer de hielo a la ciudad.

La glorieta cuenta en su centro, más o menos, con una fuente de siete caños alineados desde que fue reformada en el año 2000. Entre sus edificios destaca por encima de todos el de la Regional Centro de Seguros Ocaso.

Glorieta de Bilbao – ©JMPhotographia

En la glorieta también está el Café Comercial, un local situado en el número 7, junto a la esquina de la calle de Fuencarral. Este establecimiento es importante por su antigüedad, ya que fue fundado en 1887. Como otros muchos cafés, fue un local de tertulia visitado por gente ilustre que llegó a contar incluso con un club de ajedrez. Ha vivido hasta tres grandes reformas, la última de ellas hace nada, en 2017.

 


 

Este ha sido el recorrido por el barrio de Justicia. Como me ha ocurrido con todos los anteriores, estoy satisfecho de haber caminado, visto y conocido todos esos lugares que ahora forman parte de mí. Estoy conociendo mi ciudad, y me está gustando mucho la experiencia. Espero que os haya gustado esta segunda parte, bastante más ligera que la primera, ¿no?

Nos trasladaremos a continuación al siguiente barrio del distrito de Centro: el barrio de Universidad, donde visitaremos la Plaza del Dos de Mayo, de nuevo la zona de Tribunal, los mercados de San Ildefonso y de los Mostenses, el edificio de la Fundación Telefónica y terminaremos en el Ministerio de Justicia de la calle de San Bernardo.

 


 

 


 

Todas las fotos de la segunda parte del recorrido por el barrio de Justicia:

Parroquia de Santa Bárbara - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales:

 

[Cap. 8] Conociendo mi ciudad: Barrio de Justicia (Centro) 1ª parte

El barrio de Cortes ha sido muy distinto al de Embajadores, si el segundo fue muy “popular” el primero podríamos catalogarlo de “monumental”. Pero voy a seguir conociendo mi ciudad, vamos a seguir conociendo Madrid, siempre que la lluvia y las demás inclemencias meteorológicas lo permitan. Vámonos hacia el norte, hacia el barrio de Justicia.

Instituto Cervantes – ©JMPhotographia

El barrio de Justicia está limitado por el norte por las calles de Sagasta y de Génova, por el oeste por la calle de Fuencarral, por el sur por la Gran Vía y por la calle de Alcalá y por el este por el Paseo de Recoletos. Está habitado por casi 17 mil personas. Recibe su nombre porque en este barrio está el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional entre otros juzgados y edificios de administración de justicia.

El recorrido comenzó esta vez andando hasta la Plaza de Castilla, donde tiene su cabecera el autobús número 27. Desde allí se llega directamente a la Plaza de Cibeles, donde comencé a caminar por la calle de Alcalá y después por la Gran Vía. El primer punto a destacar es el Instituto Cervantes y sus características cariátides que adornan el pórtico de entrada de su edificio.

El Instituto Cervantes no tiene rancio abolengo. Su fundación fue, como quien dice, antes de ayer. Se creó el 21 de marzo de 1991 para la promoción y enseñanza de la lengua española y la difusión de la cultura española, sus dos objetivos principales. El instituto cuenta con numerosas sedes en muchos países de todo el mundo pero sus dos sedes centrales están en la Comunidad de Madrid: la sede administrativa es este edificio de la calle de Alcalá; mientras que la otra sede, en la población de Alcalá de Henares, se usa como centro de formación de profesores.

Respecto al edificio que nos ocupa, el solar que está en la esquina de la calle de Alcalá con la calle del Barquillo hay mucha historia. Parece ser que en el siglo XVIII hubo una importante casa de postas desde la que partían diligencias que partían a destinos de toda la península.

Mucho tiempo después, un poco antes de la mitad del siglo XIX se instaló allí el Palacio del Marqués de Casa Irujo, un edificio de altura y construcción bastante notable -contaba con cinco pisos-, obra de Lucio de Olarieta. Una particularidad de ese edificio era su planta baja, donde se instaló un pequeño teatro en el que en algunos momentos se ofrecieron espectáculos con monos amaestrados. Tiempo después, se instaló allí el Café Cervantes, que respetó el pequeño teatro que allí existía y lo usó para organizar fiestas con baile, y en Carnaval, bailes de máscaras.

Detalle de las cariátides del edificio de Instituto Cervantes – ©JMPhotographia

Sin embargo, este edificio fue derribado para construir el edificio actual, si bien lo fue para albergar la sede del Banco Español del Río de la Plata. La construcción se llevó a cabo entre 1910 y 1918 bajo el plano del gran arquitecto Antonio Palacios, justo al tiempo que también nacía la Gran Vía. Desde muy pronto se conocería al inmueble como el Edificio de las Cariátides por las esculturas monumentales en forma de mujer espartana que decoran el chaflán donde se instaló la entrada. El edificio está construido con hormigón armado y otros materiales de primera calidad: granito azul y mármol blanco y gris en el exterior y mármol y finas maderas en el interior.

En 1934 el Banco Central, que representaba al Banco Español del Río de la Plata, se estableció en el edificio tras efectuar su compra. Pocos años después ambas entidades bancarias se fusionaron y se llevó a cabo una reforma del inmueble. En los primeros años de nuestro siglo el Ayuntamiento compró el edificio para después canjearlo con el Estado a cambio de la Casa de Correos, actual Palacio de Cibeles y sede del propio Consistorio. En 2006 el edificio sufrió una nueva reforma para que el Instituto Cervantes pudiera ocuparlo como su sede, antes ubicada en el Palacete de la Trinidad, en la calle de Francisco Silvela.

Un poquito más adelante, justo en el nacimiento de la Gran Vía, está la Iglesia de San José. Lamentablemente, cuando llegué allí, un gigantesco andamio cubría toda la fachada del edificio. Se erigio en el solar donde se levantó en el siglo XVII el Convento de San Hermenegildo. La construcción de la iglesia data de 1730 y nos ha dejado una iglesia con nave de cañón, cúpula y fachada ornamentada. Junto a la iglesia también se construyó un convento que posteriormente fue derribado con la desamortización de Mendizábal. Años después, en el solar que correspondía al convento, se erigió el Teatro Apolo, y hoy en día lo ocupa un banco. El interior es muy rico en obras de arte, sobre todo pinturas de gran belleza y valor. Destaca la capilla de Santa Teresa por sus decoraciones y, en el exterior, la imagen de la Virgen del Carmen situada en la fachada, obra del mismo escultor que la Fuente de Cibeles, Robert Michel. Además, otra peculiaridad de la fachada es que es irregular, tiene un panel suplementario que se añadió en una remodelación a principios del siglo XX que fundió la iglesia con el edificio colindante.

Iglesia de San José (tapada con una lona) – ©JMPhotographia

Siguiendo por la misma acera, pero ya en la Gran Vía, encontramos el Museo Chicote, antes Bar Chicote, uno de los primeros locales de “cocktail” de Madrid. El local se inauguró como bar en 1931 cuando Pedro Chicote, barman del Ritz, abrió este establecimiento. Nueve años más tarde, en 1940, fue cuando comenzó la vocación de museo en el momento en que Pedro, llamado Perico, decidió mostrar al público su colección de botellas -más de 10 mil- de diferentes bebidas que tenía almacenadas en el sótano. El local es famoso no sólo por esto, sino por los clientes que han pasado horas allí, desde políticos hasta escritores, pasando por príncipes, estrellas de cine norteamericanas, deportistas, etc. Curiosa es también la historia y los avatares de la colección de botellas de Pedro Chicote. Tras morir él en 1977, pasó por varias manos, entre ellas las del empresario Ruiz Mateos. Tras la expropiación de Rumasa, la colección se sacó a subasta y se vendió por un precio irrisorio en 1983. Después de eso se pierde la pista de la colección hasta que apareció en una nave en Las Rozas.

La siguiente calle que encontramos a nuestra derecha es la calle del Clavel que tomamos en dirección norte hasta llegar a una plaza de nombre nuevo pero de origen más antiguo: la Plaza de Pedro Zerolo. Esta plaza es nueva de nombre pero no de historia. Con este ya son cuatro las denominaciones que ha recibido. El espacio fue creado en 1837 cuando se derribó el Convento de los Capuchinos de la Paciencia de Cristo Nuestro Señor, recibiendo su primer nombre: Plaza de Bilbao. En 1931, con la Segunda República, se le cambió la denominación por el de Plaza de Ruiz Zorrilla, nombre de un dirigente republicano del siglo XIX. Durante la Guerra Civil recibió muchísimos impactos de obús por su relativa cercanía con el edificio de la Fundación Telefónica, en la Gran Vía, por entonces el edificio más alto de la ciudad y usado por las fuerzas sitiadoras como punto de ajuste inicial de las trayectorias de los proyectiles. Se dice que la plaza recibió tantos impactos que fue llamada popularmente “El guá”, haciendo alusión a un popular juego de canicas.

Plaza de Pedro Zerolo – ©JMPhotographia

Tras la Guerra Civil, la plaza recuperó su primitivo nombre por unos años, hasta que en 1944 se le puso el nombre de Plaza de Vázquez de Mella en honor a un político e ideólogo tradicionalista del gusto del nuevo régimen. En el 2016 la plaza recibió su nombre actual para rendir honores al político socialista Pedro Zerolo, por sus firmes defensas de los derechos de los colectivos de homosexuales, transexuales y bisexuales.

La continuación hacia el norte desde la Plaza de Pedro Zerolo es la calle de San Bartolomé, que me encontré en obras en alguno de sus tramos. Esta calle termina dando a la calle de Augusto Figueroa. Tomando esta calle a nuestra derecha y luego girando a la izquierda encontramos la bocacalle que da acceso por el sur a la Plaza de Chueca. Esta plaza ha dado el nombre a todo el barrio, un barrio transformado de raíz por los movimientos de gays, lesbianas y transexuales que se hicieron con la plaza y con el barrio dejando sólo en el olvido a sus anteriores moradores: drogadictos, camellos, prostitutas y chulos.

Plaza de Chueca – ©JMPhotographia

Justo al norte de la Plaza de Chueca, en el cruce de las calles de Gravina y de San Gregorio, encontramos un lugar muy carismático, la taberna de Ángel Sierra. Esta taberna castiza abrió sus puertas en 1908 siendo propiedad de un tal Felipe, que se la vendió a Ángel Sierra en 1917. Este la reformó por completo con azulejos de La Cartuja de Sevilla y maderas de Cuba. El ambiente que podemos disfrutar hoy en día no es muy diferente del que se vivía en ese mismo lugar hace un siglo. Si queréis verla en movimiento, aparece en la película de Almodóvar “La flor de mi secreto“.

Volviendo hacia el sur tras tomar la calle de Gravina y luego la calle de la Libertad, nos encontramos con el Mercado de San Antón, el cual no dudé un segundo en visitar. Entrar dentro de los mercados de Madrid, ver cómo son, cómo huelen, qué personas hay dentro, es en el fondo un pequeño placer de estos recorridos fotográficos. El edificio actual data de 2012, y es el segundo mercado, ya que el primero se abrió en 1945 y fue derribado en 2007. Como casi todos los mercados de Madrid, el cambio de las costumbres de consumo, es decir, la apertura de grandes superficies, básicamente, tuvo la consecuencia del decaimiento de este mercado de abastos; pero como sucedió con otros mercados, el nuevo impulso de jóvenes emprendedores tuvo éxito y el mercado pudo salir a flote.

Mercado de San Antón – ©JMPhotographia

Tras salir del mercado, bajé toda la calle de la Libertad hasta dar con la calle de las Infantas. En el número 16 de la calle de la Libertad está la que dicen la segunda taberna más antigua de Madrid: La Carmencita. Fue fundada como casa de comidas en 1854. Como otros cafés y establecimientos que hemos citado en este recorrido, fue frecuentada por literatos del siglo XIX y del siglo XX como Miguel Miura, Benito Pérez Galdós o Jacinto Benavente, por citar algunos. Debe su nombre a Carmencita López Gardoqui, que se hizo cargo del local en 1925.

Llegando al final de la calle de la Libertad y girando a la izquierda no se tarda mucho en llegar a la Casa de las Siete Chimeneas primero y luego a la Plaza del Rey. La Casa de las Siete Chimeneas es un edificio bastante antiguo, ya que hay constancia de que existía antes de 1570. Sin embargo, alrededor de este edificio hay muchísima leyenda. Según estos relatos normales y paranormales, el primer propietario de la casa fue un montero de Felipe II que la compró para su hija, recién casada con un hombre que partió enseguida para Flandes donde encontró la muerte. A partir de ahí comenzó una historia truculenta, semilegendaria, de amores prohibidos, asesinatos, fantasmas, desaparición de cadáveres y demás folclore. Si os interesa la historia en detalle, podéis encontrar información en muchos lugares, una simple búsqueda bastará, pero si sois vagos, simplemente pinchad en el enlace anterior.

Casa de las Siete Chimeneas – ©JMPhotographia

En la Casa de las Siete Chimeneas vivió también el marqués de Esquilache, ministro de Carlos III. Durante el famoso motín motivado por la prohibición de llevar ropas de capa larga, la casa fue saqueada por la muchedumbre enfervorecida. Posteriormente el inmueble fue reformado, cambiando la forma de su planta, y más tarde aún lo fue de nuevo para ser sede del Banco de Castilla, ya en el siglo XIX. Durante el reinado de Alfonso XIII se convirtió en la sede del Lyceum Club Femenino, una institución feminista destinada a defender los derechos de las mujeres y su igualdad respecto a los hombres.

En la Plaza del Rey hay una estatua destacable, la del Teniente Ruiz, héroe del 2 de mayo. Se trata de una obra de 1891 del célebre escultor Mariano Benlluire. Jacinto Ruiz y Mendoza fue uno de los líderes de la resistencia española en el Cuartel de Monteleón durante el levantamiento popular del 2 de mayo contra la invasión francesa. El monumento fue sufragado por el ejército.

Teatro Infanta Isabel – ©JMPhotographia

Después de cruzar la Plaza del Rey nos encontramos con la calle del Barquillo, que vamos a recorrer en dirección norte. Tras andar un ratito entre colegiales y tiendas de electrónica y música damos con el Teatro Infanta Isabel.

Antes llamado Petit Palais, cuenta con más de 100 años de historia. Fue inaugurado como barraca para un cinematógrafo en 1906 y más tarde, en 1914, convertido ya en teatro. A lo largo de su historia han estrenado allí sus obras autores de la talla de Jacinto Benavente, Enrique Jardiel Poncela, Miguel Miura o Alfonso Paso.

Justo después del teatro giramos a la derecha y tomamos la calle del Almirante, aunque muy brevemente, ya que tomamos la primera calle que cruza a la derecha, la del Conde de Xiquena, para dar directamente y sin casi aviso con las metralletas que guardan el Palacio de Buenavista, sede del Cuartel General del Ejército, donde no se pueden hacer fotos -así me lo hicieron saber amablemente; o bueno, más firme que amablemente-, por lo que no esperéis aquí fotos del palacio, aunque no nos pueden prohibir hablar de él.

El nombre de este palacio se debe a que el terreno donde está edificado es un ligero promontorio. Antes de este edificio se alzó otro palacio anterior que fue conocido como el Altillo de Buenavista. Al declarar Felipe II a Madrid capital de la corte, el entonces dueño, Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, le regaló la finca al rey. En él residieron varios personajes históricos, destacando por encima de todos Isabel de Farnesio.

El edificio pasó a las manos del duque de Alba y fue Cayetana, XIII duquesa de Alba, quien decidió derribar el edificio y construir el actual palacio, más grande, más suntuoso y más propio de una casa noble grande como la Casa de Alba. En el palacio se exhibieron obras de arte muy famosas como la Venus del Espejo de Velázquez o La madonna del Alba de Rafael. A lo largo de su historia sufrió varios incendios de importancia que ocasionaron dos grandes reformas que modificaron su estructura. Incluso nuestro amigo José I Bonaparte firmó un decreto para convertirlo en sede del Museo del Prado, pero finalmente fue destinado a ser en Cuartel General del Ejército en 1816.

El siguiente punto de atención es el Teatro Marquina. Para llegar hasta él basta con seguir por la calle de Prim en dirección al Paseo de Recoletos. Este teatro se levanta sobre un solar que el autor teatral Eduardo Marquina dejó como legado al Montepío de Autores, por lo que recibe su nombre en su honor. Fue inaugurado en 1962 y derribado en 1996. Dos años después fue inaugurado un nuevo edificio que tiene capacidad para unos 500 espectadores.

Después de llegar al Paseo de Recoletos me dirigí al paseo central para tener una perspectiva más amplia de lo que deseaba ver. No fue otra cosa que la Iglesia de San Pascual, para lo cual tuve que caminar unos metros, -no muchos-, en dirección sur. La Iglesia de San Pascual fue construida a partir de 1866 en el lugar donde dos siglos atrás había estado el primitivo Cenobio de la Inmaculada y de San Pascual, un antiguo convento barroco, sencillo y funcional construido para unas monjas clarisas traídas desde Almonacid de Zorita. Tras la desamortización de Mendizábal las monjas tuvieron que salir del inmueble aunque podrían regresar por un breve período de tiempo más tarde. Con el ensanche del Paseo de Recoletos y ante la imposibilidad de hacer un derribo parcial del edificio, se tuvo que hacer una expropiación forzosa y el edificio fue finalmente derribado en su totalidad. El edificio actual se levantó con las indemnizaciones y con ayudas del ayuntamiento, dejando como resultado un edificio de menor tamaño.

Vista la iglesia había que deshacer el breve camino realizado y volver los pasos hacia el norte otra vez hasta la calle del Almirante. A un lado y a otro de esa calle está el Gran Café de Gijón y el edificio de la Fundación MAPFRE.

El popular Café Gijón es famoso por las tertulias que tuvieron lugar allí entre los literatos de los siglos XIX y XX. Fue fundado en 1888 por un asturiano afincado en Madrid llamado Gumersindo. Al igual que otros establecimientos similares en el Paseo de Recoletos, dispone de una terraza en el espacio central del paseo. Es uno de los pocos supervivientes de los llamados Cafés de tertulia, de los cuales hubo en Madrid hasta catorce establecimientos sólo cerca de la Puerta del Sol. Por el café pasaron personalidades como Santiago Ramón y Cajal, Benito Pérez Galdós, Ramón María del Valle-Inclán, por supuesto, y también políticos como José Canalejas.

Gran Café de Gijón – ©JMPhotographia

Cruzando la calle del Almirante está el edificio de la Fundación MAPFRE. Este edificio está operativo como sala de exposiciones desde 2008, pero fue construido como palacete entre 1881 y 1884. En sus tres salas de muestras se pueden ver colecciones de pintura, escultura y dibujo desde finales del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. También hay una exposición permanente de Joan Miró.

Detrás de la Fundación MAPFRE, en la calle de Tamayo y Baus está la fachada principal del Teatro María Guerrero. Este edificio fue inaugurado en 1885 con el nombre de Teatro de la Princesa y la presencia de la regente María Cristina. Su relación con la actriz María Guerrero se debe a que ella lo visitaba mucho a pesar de que ella contaba con la licencia de explotación del Teatro Español. En 1908, su marido, de nombre Fernando Díaz de Mendoza, compró el teatro y lo convirtió en su centro de actuaciones. La propia María Guerrero y su marido se vieron abocados a vivir en los pisos altos del teatro debido a lo precario de su situación económica tras embarcarse en la construcción de un teatro en la ciudad argentina de Buenos Aires.

Tras la muerte de la actriz en 1928, el teatro fue adquirido por el Estado y este lo usó en seguida como conservatorio de música y declamación. Tres años más tarde pasó a llamarse Teatro María Guerrero. Durante la Segunda República fue usado como Teatro Escuela de Arte y tras la Guerra Civil reabrió como Teatro Nacional. En 1987 se convirtió en la sede del Centro Dramático Nacional, dirigido en su primera etapa por Adolfo Marsillach. Entre 2000 y 2003 fue reformado debido a que se encontraba amenazado por una plaga de termitas. De esta época data la llamada Sala de la Princesa, ubicada en el sótano y que da cabida a obras de formato pequeño con una capacidad de 80 personas.

Teatro María Guerrero – ©JMPhotographia

Siguiendo hacia el norte por la calle de Tamayo y Baus llegamos a la calle del Marqués de la Ensenada. En esta calle vamos a poder contemplar por un lado la fachada lateral de Tribunal Supremo y por otro, al otro lado de la calle, el edificio donde tiene su sede el Consejo General del Poder Judicial. Este organismo es el encargado, en España, de defender al poder judicial de las posibles injerencias que puedan ejercer los otros dos poderes del Estado, por tanto, defiende a los jueces de las presiones políticas y de las leyes injustas o con base legal no válida. Curiosamente, de sus 21 miembros, 20 son nombrados por el poder político, si bien, en sus estatutos, se significa que estos miembros no están influidos por el poder político más allá de su nombramiento, por lo que, teóricamente, son totalmente independientes. El Consejo General del Poder Judicial propone el nombramiento del presidente del Tribunal Supremo y del propio presidente y vicepresidente del C.G.P.G. También propone el nombramiento de miembros del Tribunal Constitucional, de los presidentes de sala y de los magistrados del Tribunal Supremo y también de los presidentes de los Tribuales Superiores de las Comunidades Autónomas. Además tiene muchas otras competencias como la inspección de tribunales y juzgados, la promoción interna, la provisión de destinos, etc.

Consejo General del Poder Judicial – ©JMPhotographia

Volviendo sobre lo andado hacia el sur, por la calle de Bárbara de Braganza, llegamos de nuevo al Paseo de Recoletos, que recorrí -esta vez por el lateral- hacia el norte hasta llegar a la Plaza de Colón. Antes de llegar a la plaza encontramos otro establecimiento emblemático con terraza en la parte central del paseo: el Café del Espejo. Este café abrió en 1978 y es característica su decoración estilo Art-Nouveau, lo que lo convierte, aunque es un establecimiento más o menos reciente, en un recuerdo viviente de los antiguos cafés que abrieron sus puertas a principios del siglo pasado.

Terraza del Café del Espejo – ©JMPhotographia

Ahora si, tomando la calle de Génova llegamos a la Plaza de la Villa de París, que es donde va a terminar esta primera parte del recorrido por el barrio de Justicia.

En la calle de Génova está la siempre famosa y televisada Audiencia Nacional. Este es un tribunal tanto de apelación como de instancia con jurisdicción en todo el territorio nacional español. Se creó en 1977 para substituir al Tribunal de Orden Público instituido durante el Franquismo. Se compone de cuatro salas: sala de lo penal, sala de apelación, sala de lo contencioso-administrativo y sala de lo social.

La plaza de la Villa de París es un espacio ajardinado frente al Tribunal Supremo. Originalmente se le llamó Plaza del Palacio de Justicia, y antes de eso en aquel solar se desplegaban los huertos del Convento de las Salesas. En los jardines encontramos dos estatuas, la de Fernando VI y la de Bárbara de Braganza. El nombre actual de la plaza se debe a una visita de Émile Loubet, presidente de la República Francesa, en 1905.

El Tribunal Supremo, como su nombre indica, es el órgano judicial que se encuentra en la cúspide del sistema de justicia español. Es el máximo tribunal en todos los órdenes excepto en uno, ya que en lo que atañe al derecho constitucional, la máxima autoridad es el Tribunal Constitucional.

Tribunal Supremo – ©JMPhotographia

El edificio del Tribunal Supremo forma parte del antiguo convento de las Salesas, fundado en 1748 por Bárbara de Braganza. El edificio fue pensado para ser colegio y residencia de jóvenes de la nobleza. En 1870 las religiosas fueron enclaustradas y el edificio principal se destinó para ser Palacio de Justicia. La iglesia, por su parte, siguió existiendo como tal pero fue constituida bajo la advocación de Santa Bárbara en 1891. Hablaremos sobre esta iglesia en la segunda parte de nuestro recorrido.

El Tribunal Supremo fue creado en 1812 en plena invasión napoleónica. En la práctica este inicio de la labor del tribunal fue simbólica, ya que con la instauración de Fernando VII el Tribunal Supremo fue desmantelado, volviendo los Consejos Reales y la no separación de poderes en el Estado. Volvió a establecerse en el llamado Trienio Liberal y de nuevo a ser desmantelado a la vuelta de Fernando VII tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis.

Entre las atribuciones del Tribunal Supremo está la de juzgar, en caso necesario, a las figuras importantes del Estado, como el Presidente del Gobierno y los miembros del Ejecutivo, senadores y diputados y magistrados de cualquier rango de propio Tribunal Supremo, del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, así como otras altas figuras del Estado y de las Comunidades Autónomas. Asimismo, se encarga de los procesos de ilegalización de partidos políticos y de los recursos contra las resoluciones de tribunales inferiores, entre otras cosas.

El Tribunal Supremo está compuesto por cinco salas: Sala Primera o de lo Civil, Sala Segunda o de lo Penal; Sala Tercera o de lo Contencioso-Administrativo, Sala Cuarta o de lo Social y, finalmente, Sala Quinta o de lo Militar; cada una con un magistrado encargado de esa sala y un Presidente del Tribunal Supremo como cabeza visible de la administración. Además de las cinco salas hay otros órganos jurisdiccionales especiales que resuelven pleitos sobre asuntos de jurisdicción, competencia, etc.

 


 

Terminamos aquí este largo capítulo sobre el barrio de Justicia. En la Segunda parte visitaremos la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, el Palacio Longoria o sede de la Sociedad General de Autores y Editores, la Plaza de Santa Bárbara, la zona de Tribunal, el Mercado de Barceló y terminaremos en la glorieta de Bilbao.

Espero que no os haya resultado pesado esta primera parte del recorrido fotográfico por el barrio de Justicia. ¿Os ha resultado interesante? Podéis comentarlo aquí abajo. Dejad vuestro comentario.

 


 

 


 

Todas las fotos de la primera parte del recorrido por el barrio de Justicia:

Instituto Cervantes - ©JMPhotographia

 

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Revelado digital: Cómo medir correctamente para tener una buena exposición en circunstancias de alto contraste

Estoy muy empeñado en conocer mi ciudad, pero esta semana no he podido completar el recorrido por el barrio de Justicia por los varios y continuos días de lluvia que ha tenido Madrid. No puedo publicar una entrada completa de la primera parte del recorrido por el barrio de Justicia, y por ello, hoy voy a escribir un poco sobre lo poco que puedo saber de técnica fotográfica desde un punto de vista muy relacionado con el posterior y necesario revelado digital.

El título que le he dado a esta publicación es un poco largo, debo admitirlo, pero no puedo explicar ni resumir con menos palabras lo que quiero tratar aquí. Antes de empezar tengo que hacer un par de puntualizaciones: la primera es que sé muy bien que muchos de los que puedan leer estas palabras ya se saben esto, está claro que esta información no es para ellos, sino para aquellos fotógrafos primerizos que quizá se encuentren algo frustrados con el resultado de algunas de sus fotos; la segunda es que todo lo que aquí desarrollaré sólo sirve con un nivel aceptable usando el formato RAW en nuestras cámaras o teléfonos móviles, puntualización que considero también importante.

Pero empecemos por lo más importante, explicar qué es lo que queremos explicar, y adelantemos que lo que vamos a explicar sirve para todas las situaciones a las que nos podemos enfrentar a la hora de hacer una foto, aunque en este caso vamos a centrarnos en situaciones algo más concretas. La cuestión básica es: cuando nos enfrentamos a una foto en la que estamos en la sombra pero en nuestro encuadre hay zonas de sol o de mucha más luz, ¿donde realizamos la medición para que no nos quede una foto muy oscura o muy quemada?

La situación a la que nos enfrentamos es una situación de alto contraste, y cada cámara va a resolverla de mejor o peor forma de acuerdo con la calidad de su sensor. Pero, venga, vamos a las cámaras. Una cámara con un sensor mejor tiene más rango dinámico, pero… ¿qué es esto del rango dinámico? Pues el rango dinámico de una cámara es la capacidad que tiene su sensor para captar detalles tanto en las sombras como en las altas luces, esto es, la capacidad para obtener información en las situaciones de alto contraste. Esta es mi explicación, seguro que hay otras mejores, más claras y con mejores palabras. Antes de terminar con las cámaras debemos añadir una cosa que no es poco importante, sino muy importante, como diría algún político: para cualquier cámara digital es más fácil recuperar información en las sombras que en las altas luces. Y esto es muy importante porque, si queremos exponer bien, va a condicionar nuestra forma de exponer las fotografías desde el momento en que lo aprendemos en adelante.

¿Pero qué significa para nosotros y para nuestras cámaras que la recuperación de la información sea más fácil en las sombras que en las altas luces? Pues muy sencillo, significa que lo mejor que podemos hacer a la hora de tomar nuestras fotografías es sobreexponer la imagen hasta un punto en el que posteriormente podamos bajar las altas luces en el postprocesado, sin pasarnos de ese punto, porque si lo sobrepasamos, la pérdida de información es totalmente irrecuperable. Por otra parte, la pérdida de información en las sombras se recupera mejor pero siempre irá acompañada de la aparición de ruido y es por esto, porque el ruido es mejor que la nada, que se recupera mejor la información en las sombras que en las altas luces.

Pero todavía no he dicho dónde hay que medir para conseguir una exposición óptima para nuestras fotografías de alto contraste. No os preocupéis, lo voy a decir: en la parte más clara del encuadre. El 90% de las veces que hacemos una foto en exteriores será el cielo, -bien esté despejado, con nubes o totalmente nublado-, pero no en todas, pues a veces tendremos mucha más luz en ladrillos a los que da directamente el sol, metales que reflejan la luz, etc.

Vamos a ver algunos ejemplos puesto que siempre es mejor explicar las cosas con ejemplos. He usado la medición puntual para todas las fotografías, ya que es el tipo de medición que utilizo siempre porque es la que mejor me funciona en todas las circunstancias. Todas las imágenes han sido reveladas con Lightroom, usando un revelado automático que sólamente hemos tocado para reducir las altas luces. El resto de parámetros son los que automáticamente nos ha dado el revelador.

 

EJEMPLO 1

1.Medición en el motivo que está en nuestra zona oscura

 

Si medimos en el motivo que está en nuestra zona oscura el resultado es el que vemos en esta imagen. Lo más destacable, obviamente, es que el cielo está quemado y no hay ningún tipo de detalle en él. En esta imagen he bajado a (-100) las altas luces, pero ni así se puede conseguir información en el cielo. En esta situación y para esta foto, no podemos medir en el motivo.

 

 

 

 

2.Medición en la parte más clara del cielo

 

En esta ocasión he medido en la parte más clara del cielo nublado. Si no sabemos qué parte es más clara, sólo tenemos que ir moviendo el punto central de medición de nuestra cámara y ver qué lectura obtenemos del fotómetro o iluminómetro. La foto en formato RAW es bastante distinta al resultado final aquí presentado.  En este caso concreto, para obtener información en las sombras, el revelado automático ha subido las sombras (+25).

 

 

 

3.Medición en la parte más clara del cielo sobreexponiendo un paso

 

En este caso he medido igualmente en la parte más clara del cielo, pero en lugar de usar un tiempo de exposición de 1/4000, he sobreexpuesto usando un tiempo de 1/2000. A pesar de esta sobreexposición he recuperado fácilmente las luces altas bajándo sólo la mitad de lo que puedo (-50). Por otro lado, en las sombras, debido a la sobreexposicion, hay más información, por lo que el revelador puede subir más las sombras para sacar más información sin miedo a que aparezca ruido (+50).

 

 

 

La conclusión que podemos sacar con este grupo de tres fotografías debe ser muy simple. Es obvio que hay que medir en la parte más clara de la fotografía y no cagarnos de miedo al ver el resultado en la pantalla de nuestra cámara. Veremos un cielo bien expuesto y una zona oscura muy oscura. Pero no tengamos miedo, si sobreexponemos un poco podremos bajar las altas luces fácilmente y tendremos espacio suficiente para poder subir las sombras sin temor a la aparición excesiva de ruido.

Pero pasemos a otro ejemplo, en esta ocasión no estamos en una zona oscura, sino en un simple paisaje cualquiera. Vamos a ver las diferencias que podemos encontrar exponiendo al motivo, -donde vamos a poner el enfoque tambien-, y exponiendo a la parte más clara del encuadre, que en este caso vuelve a ser el cielo.

 

EJEMPLO 2

1.Medición en el motivo, concretamente en uno de los rascacielos

 

En esta ocasión, la medición en el motivo no nos da una foto más o menos bien expuesta. Los motivos, es decir, los edificios, quedan muy bonitos de luz y en la parte de las altas luces obtenemos bastante información. Es una foto correcta, aceptable, y esto es así porque el contraste entre altas luces y sombras es muy pobre, ya que no hay sombras realmente oscuras. Sin embargo… vamos a la otra foto.

 

 

 

 

2.Medición en la parte más clara del cielo

 

Midiendo en la parte más clara del cielo obtenermos más detalle aún en las altas luces. En esta toma sólo he bajado las altas luces (-62) mientras que en la foto anterior, para obtener el resultado que hemos visto se ha bajado todo lo que se puede (-100). Por otra parte, los motivos se ven menos lustrosos en esta fotografía porque no he subido las sombras de forma local. Si lo hubiera hecho, habría obtenido el mismo resultado en los edificios que en la foto anterior.

 

 

 

Gracias a este ejemplo de exposición volvemos a comprobar que midiendo en la parte más clara de nuestro encuadre obtenemos más información en las altas luces. En este caso no hemos tenido problemas al lidiar con las sombras porque no teníamos sombras muy oscuras que contrastaran fuertemente con las altas luces. Las dos fotos están aceptablemente expuestas, pero la última está mejor expuesta que la primera, y con las correcciones locales pertinentes sería considerada mejor fotografía por casi todos. Si bien, ya sé yo que hay tantas personas como gustos, y que seguramente a más de dos les guste la primera foto por encima de la segunda. En esto, como en otras cosas… la fotografía es así.

Quiero terminar con un tercer ejemplo que es totalmente diferente a los demás. Se trata de una foto en la que midiendo el motivo (en este caso, una pared de ladrillos decorados) y bajando las altas luces se obtiene una exposición aceptable habiendo cierto contraste entre luces altas y sombras.

 

EJEMPLO 3

1.Medición en el motivo, una pared de ladrillos

 

Aquí tenemos lo que decía, he bajado las altas luces (-100) y he obtenido información en las altas luces, es decir, definición en las nubes. No siempre ocurre esto, la mayoría de las veces, como ha ocurrido en el primer ejemplo, -aunque es un ejemplo muy extremo-, nos quedaremos con cielos quemados.

 

 

 

 

 

2.Medición en el cielo

 

Aquí hemos medido en la parte más clara de las nubes. La pared está más oscura porque no se han subido las sombras especialmente, solo (+16), aunque todavía tendría margen para hacerlo sin que apareciera algo de ruido.

 

 

 

 

 

 

3.Medición en el cielo sobreexponiendo un paso

 

Aquí he medido en la parte más clara de las nubes pero sobreexponiendo un paso. El resultado en este caso es muy parecido a la toma anterior, pero, como ya he dicho antes, podríamos subir las sombras todavía más sin temor a la aparición de ruido en las sombras.

 

 

 

 

 

En este caso, el poder del sendor de la cámara nos ha permitido obtener buenas exposiciones tanto midiendo en la pared como midiendo en la parte más clara. Hay que destacar que cuando he medido en el motivo lo he hecho en la pared decorada y no en el punto con más sombras, que sería justo debajo del saliente situado a la derecha. Si hubiera medido ahí en lugar de donde lo he hecho, el resultado habría sido bastante diferente y más parecido al del ejemplo 1.

Para terminar, -que ya se está haciendo esto demasiado largo-, me gustaría que hayáis notado las bondades de hacer la medición de nuestras fotografías en las altas luces, es decir, en la parte más clara de nuestro encuadre utilizando la medición puntual de nuestras cámaras fotográficas. Si hacemos esto, no aseguraremos tener los cielos perfectamente expuestos, con detalle; si bien sólo la práctica, las situaciones y el sentido común nos llevarán al dominio de la exposición. Obviamente, a veces no nos vendrá bien medir en el cielo, por ejemplo cuando esté tan uniformemente nublado que no haya información ninguna en las nubes o cuando en nuestro encuadre la porción de cielo sea demasiado pequeña para merecer la pena hacerlo. Pero no obstante, por regla general, medir en el cielo nos reportará grandes beneficios en la calidad de nuestras fotografías. Decidme, ¿lo vais a probar?

[Cap. 7] Conociendo mi ciudad: Barrio de Cortes (Centro) 2ª parte

Seguimos nuestro recorrido por el barrio de Cortes en el distrito de Centro. En el capítulo anterior nos habíamos quedado hablando, -y mucho-, del Palacio de las Cortes en la Carrera de San Jerónimo. Vamos a seguir por esa calle en dirección Puerta del Sol hasta la Plaza de Canalejas y tomando la calle de Sevilla llegaremos a nuestro próximo destino: la calle de Alcalá y, concretamente, el Edificio del Banco de Bilbao.

Edificio del Banco de Bilbao – ©JMPhotographia

Estamos ante uno de los edificios más plásticos y más reconocibles de la calle de Alcalá, sobre todo por sus cuadrigas en lo alto de su tejado.

Este edificio fue construido en sólo tres años, entre 1920 y 1923, y proyectado un año antes por el arquitecto Ricardo Bastida y Bilbao, si bien en décadas posteriores sufrió remodelaciones que lo ampliaron considerablemente en la parte que da a la propia calle de Sevilla. En 1999 fue declarado bien de interés cultural.

El edificio surgió en la época en la que las entidades bancarias comprendieron la utilidad de abrir sedes centrales en la capital de España, y tiene otra particularidad que no todo el mundo conoce, aunque no pasa de ser únicamente una pequeña anécdota: todos los artistas que participaron en la construcción y decoración del inmueble fueron bilbaínos, desde el arquitecto hasta el escultor que se encargó de los cuatro atlantes colocados delante de la balaustrada pasando por el pintor que decoró el vestíbulo principal y el artífice de las cuadrigas tan características, Higinio Basterra.

Por cierto, estas cuadrigas fueron, en origen, doradas, pero durante la Guerra Civil fueron pintadas de negro para dificultar el tiro a la aviación del bando nacional, ya que el edificio estaba siendo usado en aquel tiempo por sindicatos y partidos de izquierdas. Una vez terminado el conflicto armado no se sintió una especial necesidad por devolverle a aquellos adornos su color original, y así han permanecido desde entonces.

En su interior el edificio tiene una rotonda amplísima coronada por una majestuosa cúpula vidriada decorada por la casa Maumejean, artífice de otras numerosas decoraciones de vidrieras de algunos sitios insignes de la ciudad de Madrid. Además hay que destacar la magnífica escalera “imperial” que une las tres primeras plantas y que tiene una barandilla de latón dorado que posee garras felinas en sus extremos.

Actualmente, el edificio está arrendado por la Comunidad de Madrid que ha puesto en él la Conserjería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio.

Muy cerca de este edificio está el Teatro Alcázar, hoy llamado Teatro Cofidis Alcázar por razones de patrocinio. El edificio se inauguró en 1925 como Teatro Alkázar, -permaneció así hasta los años 40 en los que el franquismo prohibió los nombres con aires extranjerizantes-, en el solar donde anteriormente se había levantado el Trianon Palace. Su uso principal a lo largo de los años ha sido el de teatro de revista española donde han desarrollado su trabajo divas como Lina Morgan, Esperanza Roy o Celia Gámez, si bien también sirvió como cine en la etapa más temprana de su historia, teniendo el primer proyector con sonido de España.

El inmueble ha tenido un triste historial de incendios, uno de ellos, el de la discoteca Alcalá 20, muy trágico, muriendo en sus bajos 81 personas. El último se produjo hace no mucho, en 2013, en la última planta del edificio, una zona de oficinas. No se produjeron daños personales pero el edificio quedó inundado por el agua empleado para sofocar el fuego.

Cerca de allí, en la otra acera de la calle de Alcalá, está el Petit Palace Alcalá, un hotel que destaca, -mucho-, por su torre, que recuerda al ayuntamiento de alguna ciudad californiana.

Edificios Metrópolis y Grassy – ©JMPhotographia

Siguiendo por la calle de la Virgen de los Peligros en dirección norte nos encontramos con la calle del Caballero de Gracia, que tomamos a nuestra derecha y que nos conduce directamente al Edificio Grassy, ya en la Gran Vía. Este edificio, al estar en el primer tramo de construcción de la Gran Vía, es uno de los primeros que se construyó. Su nombre proviene de la relojería que Alejandro Grassy colocó en su planta baja en 1952. Es por este hecho que el edificio siempre ha estado muy relacionado con la relojería. A comienzos de nuestro siglo se instaló la enorme corona amarilla del logotipo de la marca Rolex en la fachada y se abrió también un museo dedicado al mundo de la relojería.

Casi al lado, cruzando la calle del Caballero de Gracia, está el Edificio Metrópolis, uno de los emblemas de Madrid, un edificio insignia de la capital. Este edificio lo construyó la compañía de seguros La Unión y El Fénix en 1904 y no fue hasta 1972 que fue llamado Edificio Metrópolis por otra compañía de seguros que lo compró. Las obras de construcción culminaron en 1911 y desde ese momento el edificio se convirtió en el edificio más alto de Madrid con 45 metros de altura, título que mantuvo hasta 1928. Al construirse quedó un edificio muy llamativo, muy afrancesado, como sus arquitectos, con una gran cúpula coronada por una figura alada y grupos escultóricos creados en diferentes estilos y por autores diferentes.

La figura alada de la cúpula es un Fénix que no se correspondía en absoluto con la figura del Fénix que usaba la compañía como logotipo, pero gustó tanto que la compañía no tuvo reparos en modificar su logo para adecuarlo a la imagen que se instaló en el edificio.

A principios de los años sesenta, La Unión y El Fénix, decidió buscar otro lugar para ubicar su sede por necesitar más espacio, trasladándose al Paseo de la Castellana 33. La empresa quiso llevarse la figura alada del edificio y esta fue substituida por otra similar en 1977, quedando la figura original expuesta en los jardines del Paseo de la Castellana 33, aunque el edificio al que pertenece hoy ya no es la sede de La Unión y El Fénix sino el de la Mutua Madrileña.

Al otro lado de la calle de Alcalá está el edificio del Círculo de Bellas Artes. Fundado en 1880, el Círculo de Bellas Artes es una entidad cultural privada sin ánimo de lucro conformada como un centro multidisciplinar donde tienen cabida actividades de todo tipo pero siempre relacionadas con la cultura, la filosofía y las ciencias. Es uno de los centros culturales más importantes de Europa dado su alcance en los campos de la creación, difusión y gestión de la cultura. Entre los personajes que asistieron al Círculo de Bellas Artes debemos citar a Jacinto Benavente, Pablo Picasso, Carlos Arniches y Ramón María del Valle-Inclán.

El edificio destaca por su asimetría y la decoración de su fachada y cuenta con una azotea que tiene unas vistas de la ciudad realmente destacables con una altura de 56 metros. También se ubica allí un restaurante.

Siguiendo por la calle de Alcalá en dirección a la Plaza de Cibeles tenemos a nuestra derecha, y ya en propia Plaza, el edificio del Banco de España. La entidad se trasladó aquí buscando una sede acorde con sus necesidades e importancia. Se trata de uno de los edificios más destacables de Madrid, tanto por arquitectura como elementos decorativos. Respecto a la arquitectura, es un edificio de carácter ecléctico pero donde destacan los elementos clásicos en las fachadas, siendo característica la estructura de las mismas en chaflán.

Fue obra de los arquitectos Severino Sainz de la Lastra y Eduardo de Adaro. En el interior hay una escalera de carácter monumental hecha en mármol de Carrara y un patio convertido hoy en biblioteca. También habría que destacar las vidrieras de estilo simbolista con figuras alegóricas hechas por la empresa alemana Mayer y la colección de pintura que incluye obras de Goya, Mengs o Maella. Lamentablemente, si quieres visitar el interior no podrás, ya que su visita está reservada para grupos de centros educativos y universidades y, de forma excepcional, para entidades culturales.

Banco de España – ©JMPhotographia

La Plaza de Cibeles es una de los espacios más conocidos de Madrid, sobre todo por la Fuente de Cibeles y los triunfos del Real Madrid, aunque no voy a decir nada sobre eso. Es un lugar importante para la división administrativa de la ciudad, ya que en este punto confluyen tres distritos distintos: Centro, Retiro y Salamanca. En sus inmediaciones están ubicados edificios tan importantes como el Banco de España, el Palacio de Buenavista o Cuartel General del Ejército, el Palacio de Linares o Casa de América y el Palacio de Cibeles o de Comunicaciones, donde tiene actualmente su sede el Ayuntamiento de Madrid.

La Fuente de Cibeles no sólo da nombre a la plaza, sino que la creó en sí misma. Fue creada por Ventura Rodríguez en 1782 y colocada en un primer momento frente al Palacio de Buenavista mirando a la Fuente de Neptuno. Sin embargo, en 1895 se movió la fuente al centro del Paseo de Recoletos/Prado y se construyó una rotonda a los pies del monumento, hecho que creó de facto la plaza.

Fuente de Cibeles – ©JMPhotographia

En mi paseo tuve un momento para subir al mirador instalado en el Palacio de Cibeles, donde hay unas vistas magníficas del entorno de la Plaza de Cibeles y casi del resto de la ciudad, ya que podemos mirar a cualquier punto geográfico.

Entorno de la Plaza de Cibeles desde el mirador del Palacio de Cibeles – ©JMPhotographia

Bajando por el paseo del Prado pasamos por la Fuente de Apolo, pero vamos a dejar este monumento para el recorrido por el barrio de los Jerónimos en el distrito de Retiro. Nuestro siguiente destino es la otra gran fuente monumental de temática mitológica que hay en la zona y que forma una rotonda circulatoria: la Fuente de Neptuno.

Esta fuente está situada en la llamada Plaza de Cánovas del Castillo, -no se llama Plaza de Neptuno como mucha gente cree-, y en sus inmediaciones hay también edificios muy importantes.

En primer lugar, el Museo Thyssen-Bornemisza, ubicado en el Palacio de Villahermosa, de finales del siglo XVIII. Fue residencia del duque de Angulema, personaje importante del que hablamos en el capítulo anterior por haber sido objetivo de un ataque terrorista en la Iglesia de la Carrera de San Jerónimo. El Palacio permaneció casi intacto hasta la década de los setenta del siglo anterior, cuando fue reformado para ser la sede de la Banca López Quesada, institución que quebró a los pocos años. En 1980 el inmueble ya estaba en manos del Estado, que comenzó a emplearlo para ciertas exposiciones temporales del Museo del Prado. A pesar de que se pensaba usar el espacio como sede complementaria del Prado, finalmente se instaló el Museo Thyssen-Bornemisza, para lo cual se volvió a rehabilitar el edificio para ser una pinacoteca, hecho del que se encargo el arquitecto Rafael Moneo.

Museo Thyssen-Bornemisza – ©JMPhotographia

El museo se inauguró en 1992 y fue ampliado en 2004 con dos edificios colindantes propiedad de la familia Goyeneche. La rehabilitación del edificio principal fue muy fácil debido a la reforma que se hizo en los setenta para convertir el palacio en banco, pero la rehabilitación de los nuevos edificios fue mucho más traumática ya que estos edificios tenían muchos elementos histórico-artísticos.

Respecto a la colección de cuadros que guarda el Museo Thyssen, no vamos a extendernos mucho. En el museo puede contemplarse la historia de la pintura europea desde la Edad Media hasta finales del siglo XX. Contiene más de mil obras de arte y, desde el punto de vista del visitante, sus puntos fuertes son el Trecento italiano y la escuela primitiva flamenca.

Cruzando la Carrera de San Jerónimo está el histórico Hotel Palace, cuya parte trasera -realmente es la entrada principal- ya tratamos en el capítulo anterior. Este hotel fue construido por el empresario belga George Marquet utilizando hormigón armado y tardando en completarse la obra menos de dos años. Fue inaugurado en septiembre de 1912 con cuatrocientas habitaciones. El hotel responde a la necesidad de albergar viajeros de alto poder adquisitivo que venían a la ciudad atraídos por la nueva rapidez en llegar a la ciudad por las vías férreas. Se trata, por tanto, de uno de los primeros hoteles, como tal, de Madrid, preparado para complementar y sustituir a las fondas y casas de huéspedes establecidas en casas señoriales y palacetes de la capital.

Hotel Palace – ©JMPhotographia

El edificio se emplazó en el solar donde antes se levantaba el Palacio de los Duques de Medinaceli y gozó de una época dorada durante la Primera Guerra Mundial y en los años posteriores, dado que muchos miembros de las realezas europeas vinieron a refugiarse a la capital de España y se establecieron durante larguísimas temporadas en el Palace y en el Ritz, hotel que se ubica al otro lado de la plaza y que también fue adquirido por Marquet. Durante la Guerra Civil sirvió, durante siete semanas, -aunque sólo la primera planta-, como embajada de la Unión Soviética y, posteriormente, como hospital de guerra. Tras la guerra volvió a convertirse en hotel tras ser reformado y volvió a acoger a muchos personajes de la alta sociedad que tenían sus casas en ruinas por la guerra mientras se reacondicionaban sus propias viviendas. Durante la Segunda Guerra Mundial, la guerra y el esplendor del Palace volvieron a coincidir en el tiempo y el hotel volvió a llenarse de ricos, toreros y actores de cine.

El hotel se construyó con materiales novedosos en la época y con vocación de convertirse en un edificio singular en el centro de Madrid. En el interior quizá el espacio más representativo es el llamado Jardín de Invierno. Se trata de un espacio circular cubierto por una impresionante cúpula de vidrio de colores.

La Fuente de Neptuno es otro ejemplo del ordenamiento neoclásico del eje Prado/Recoletos de Madrid. Tiene su origen en el deseo del rey Carlos III de modernizar la ciudad y hacerla más monumental. De este intento surgieron las Fuentes de Cibeles y Neptuno y la Puerta de Alcalá, por poner algunos ejemplos. El diseño fue también obra de Ventura Rodríguez y las esculturas quedaron a cargo de Juan Pascual de Mena, quien no pudo terminar el proyecto antes de morir. El monumento se inauguró en 1783, se cree que tanto la figura de Neptuno como la de los leones son obra José Arias. Al igual que sucedió con la Fuente de Cibeles, no estuvo colocada en el centro de la plaza hasta tiempo después, concretamente en 1898. El monumento es famoso por ser el lugar de celebración de los títulos del Club Atlético de Madrid, y sobre eso si que hablaría con gusto.

Fuente de Neptuno – ©JMPhotographia

Abandonamos el Paseo del Prado dejando el Hotel Palace a nuestra derecha por la calle de Cervantes, calle por la que ya hemos andado antes y la primera intersección que aparece ante nosotros es la llamada Plaza de Jesús. En este lugar y en la calle de Jesús, que se extiende hacia el sur, vamos a ver la Basílica de Jesús de Medinaceli y algunos bares y restaurantes típicos e históricos de Madrid.

La Basílica de Jesús de Medinaceli se levanta en el mismo lugar que antes ocupaba el Convento de Trinitarios Descalzos de Nuestra Señora de la Encarnación. Es una de las cinco basílicas de Madrid: la otras son la de Nuestra Señora de Atocha, la de San Francisco el Grande, la de San Miguel y la de la Milagrosa. Hoy está gestionada o regida por una hermandad de capuchinos menores y es la sede de la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli.

Basílica de Jesús de Medinaceli – ©JMPhotographia

El edificio actual data de 1930 y se construyó en el lugar donde antes había unas pequeñas capillas donde se veneraba la imagen de Jesús de Medinaceli, terrenos que donó el Duque de Medinaceli.

Justo enfrente de la basílica está la Cervecería Cervantes, una taberna clásica llena de encanto y muy animada, y bajando un poco más hacia el sur nos encontramos con La Dolores, otra taberna madrileña tradicional. Cruzando la calle de Lope de Vega nos encontramos con Cervezas La Fábrica y seguidamente con Los Gatos, todos ejemplos de bares típicos, populares y con buen servicio y buena comida, y todo al estilo madrileño.

La siguiente calle que encontraremos si seguimos nuestro camino en dirección sur es la calle de Huertas, que recorreremos hasta su extremo oriental, una plaza de nombre curioso: la Plaza de la Platería Martínez.

Plaza de la Platería Martínez – ©JMPhotographia

Esta plaza recibe su nombre por la presencia allí de un bonito edificio que levantó el platero Martínez. Carlos III decidió que allí debía erigirse la escuela de platería y grabado. Tras la muerte de Martínez se encargó del negocio su yerno, un hombre interesado en el arte y en la cultura que ofreció el edificio al Ateneo para guardar los archivos de éste cuando sus miembros fueron perseguidos por Fernando VII. El negocio de la platería declinó en los años sucesivos y desapareció junto con el propio edificio. Para conmemorar a la Platería de Martínez se construyó en 1999 una fuente con una inscripción y una figura de la diosa romana Flora. La plaza es un espacio muy acogedor, sobre todo con el buen tiempo, ya que allí funcionan muy bien un par de terrazas.

Jardín Vertical del CaixaFórum – ©JMPhotographia

Terminamos el recorrido por el barrio de las Cortes bajando por el Paseo del Prado hasta el espacio de arte llamado CaixaFórum.

Este espacio, muy reconocible por el jardín vertical que hay junto a él, es un centro cultural dedicado a exposiciones temporales desde 2008. Como se puede adivinar por su nombre, este centro pertenece a “La Caixa” y forma una red con centros Caixafórums repartidos por España.

El edificio fue antes una central eléctrica que fue reformada para ser convertida en un centro de exposiciones. Tras la reforma, se mantuvieron las fachadas pero fueron perforadas y abiertas en la parte de abajo de forma que parece que el edificio está “flotando”. Lo que sería la planta baja del edificio es ahora una plaza abierta con cascadas.

El jardín vertical es creación de Patrick Blanc y se instaló con la inauguración del espacio. Las plantas se mantienen vivas gracias a un sistema automático de riego que permanece oculto.

 


 

Y hasta aquí el barrio de las letras, otro barrio más de Madrid con espíritu propio pero tan madrileño como otro cualquiera. Un barrio monumental, menos residencial, que cuenta con el fortísimo encanto del impulso decorativo basado en el neoclasicismo fomentado por Carlos III, pero no por ello ajeno a los vanguardismos más actuales. ¿Qué os ha parecido el recorrido por Cortes? ¿Os ha gustado tanto como a mí? Podéis decírmelo en los comentarios.

Nuestro próximo recorrido será por el barrio de Justicia: volveremos a la Gran Vía y veremos más palacios, más teatros, el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional y muchas otros edificios e historias de la ciudad de Madrid.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido por el barrio de Cortes:

Edificio Banco de Bilbao - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales: