Mes: abril 2018

Reportaje: Desvíos extraños

Tras un período más o menos largo en el que no había salido a la carretera con El Jardín de María, este sábado he reemprendido los viajes fuera de la Comunidad de Madrid con el grupo. Últimamente todos nuestros compromisos habían estado circunscritos a la ciudad, pero con la llegada de la primavera y del buen tiempo, vamos a variar también esa costumbre.

Este sábado hemos estado tocando el Santa Cruz de la Zarza, un pueblo con mucho encanto en el extremo nororiental de la provincia de Toledo, y en los próximos sábados de abril, mayo y junio vamos a salir de nuevo para animar fiestas privadas en localidades como Calatayud, Salamanca, Almonacid de Toledo, etc. El Jardín de María tocará también para todo el mundo en Béjar, Salamanca.

Barlovento, tierra ardiente del tambor – ©JMPhotographia

Nuestro sábado comenzó a las 12 de la mañana cuando nos reunimos para cargar el equipo en el coche y salir en dirección a Guadalajara. ¿Guadalajara? ¿Pero no era al “extremo nororiental de la provincia de Toledo” donde habíais de ir? Pues efectivamente, pero cuando te llaman los amigos y te invitan a pasar muy buenos ratos se acude enseguida. Nuestra amiga Susana cumplió años la semana pasado y organizó una comida para celebrarlo, y allí fuimos, a comer, a charlar, a escuchar música, a jugar a las cartas, a cantar, a ver caballos, expositores, carrozas, a jugar con perros, a tocar tambores, a beber, a tomar postre y, en definitiva, a pasarlo bien.

Nosotros llamamos al sitio donde fuimos a pasar parte de la tarde “Donde Monchi”, una finquita muy apañada y muy cerca de Guadalajara. Allí nos sentimos como en casa, y disfrutamos siempre que vamos gracias a las personas que allí nos acogen, Susana y Monchi.

Lo primero de todo que nos llamó la atención fue la presencia de más de veinte o veinticinco tambores, algunos más grandes que otros. No pasó mucho hasta que nos pusimos a darles un poco de caña y, de paso, molestar minimamente al personal. Según parece, allí ensaya un grupo de batucada algunas tardes a la semana.

Y la paella estaba muy buena, y era muy abundante: es justo decirlo. Monchi es una expecie de hombre del Renacimiento, hace de todo. Lo mismo te hace una paella para treinta personas que te construye un palacio del siglo XVIII. Es un hombre de múltiples talentos.

Carlos y yo subimos a las habitaciones para ver a Nika, la gatita juguetona que nos cautivó con sus gaterías el pasado septiembre cuando estuvimos durmiendo allí durante las fiestas de Guadalajara. Sigue igual, no para quieta. Domina su cuerpo de forma extraordinaria, y es sigilosa y ligera y ataca para hacerte cariños.

Foto Moraleda, la pericia de un fotógrafo.
Javier Moraleda: me quitaron la cámara de las manos.

Después de comer y enseñarles a Carlos y a David a jugar al Chúpate Dos o Pumba, juego de cartas de moda en mi adolescencia; un grupo de personas visitamos la otra parte del complejo de Monchi, que es el lugar donde están los perros, las gallinas, los caballos, el taller con sus herramientas y los principales quehaceres de Monchi.

Visitando las obras monchianas – ©JMPhotographia
Liberando a Willy – ©JMPhotographia

Y tras ver en qué estaba metido nuestro amigo, y ver y recrearnos con los animales, regresamos al edificio principal, y de forma totalmente improvisada, ante las peticiones de los asistentes, El Jardín de María cantó algunas canciones. Aunque a veces no lo utilizamos, solemos llevar un amplificador de voz y de guitarra que muy ventajosamente no necesita conectarse a ninguna red eléctrica porque cuenta con batería. Es un aparatejo muy útil al que solemos llamar “Cacharro”, “El cacharro de David”, para ser más concretos.

Cantando… – ©JMPhotographia

Y cuando llegaron las 7 de la tarde, tuvimos que volver a meter micrófonos, pies, cables y cacharros en el maletero y despedirnos para coger carreteras secundarias que nos pusieron como una hora y media después en Santa Cruz de la Zarza.

Creo que Santa Cruz de la Zarza es un pueblo bonito, aunque sólo pude verlo por la noche. Está edificado en torno a un montículo donde hay una iglesia de muros bastante imponentes. Tiene calles empinadas que conectan la parte baja con la parte alta y, aunque no muchas, también tiene alguna calle estrecha que no permite el paso seguro de un coche.

Nos contrató la Cervecería El Patio. Su propietario, Jesús, montó una buena jarana. Habló con el ayuntamiento y consiguió permiso para cortar la calle el sábado, el día grande del programa de fiestas callejeras que había preparado, digo fiestas callejeras porque todo estaba circumscrito al espacio de una calle, es decir, al espacio que hay enfrente de la cervecería.

Cuando llegamos la cosa ya estaba muy animada. La calle estaba abarrotada por chicos y chicas muy jovenes que estaban disfrutando con el ritmo de los discjokeys. La actuación de El Jardín de María comenzó a las 10 de la noche ante el entusiasmo de los chavales que allí se iban amontonando. Fueron pasando temas muy conocidos del repertorio habitual de El Jardín de María en este tipo de eventos: Agárrate a mí, Maria; La chica de ayer, El límite, Cadillac Solitario, Frío, Todo a pulmón, etc. ante el fervor de la juventud y, francamente, nos sorprendió que un público tan joven disfrutara tanto con canciones que más que ellos fueron amadas por sus padres. A veces los prejuicios no nos dejan ver ciertas cualidades de la juventud.

A las 12 de la noche terminó la actuación y volvieron los discjockeys, que siguieron animando a los chicos hasta la 1 de la mañana, momento en el que el silencio debía ya reinar en el exterior. Pero la fiesta siguió en el interior de la cervecería, que permaneció abarrotada al menos un par de horas más. Yo aproveché para dar una vuelta por el pueblo, pero las cuestas me fueron enemigas, por lo que mi recorrido no fue muy largo.

La calle del Cura, epicentro de todo – ©JMPhotographia
La actuación – ©JMPhotographia

Y así terminó el sábado que viví junto con Carlos y David y que me llevó por desvío extraños, pero muy queridos. Este sábado estaremos tocando en la fiesta de organiza una asociación de lavanderas en Huérmeda, muy cercita de Calatayud y más cerquita aún de las ruinas de las ciudad romana de Bílbilis, el lugar donde nació el poeta Marcial. Espero tener tiempo para acercarme a visitar los restos arquelógicos. Haré todo lo posible.

 



 

[Cap. 13] Conociendo mi ciudad: Barrio de Sol (Centro) 2ª parte

Habíamos dejado el capítulo anterior en la Plaza Mayor. Ahora vamos a abandonarla por el arco más famoso de los que tiene la plaza: el arco de Cuchilleros. Es evidente que recibe este arco ese nombre por conducir desde la plaza o zona alta y noble hasta la calle de los Cuchilleros, zona gremial, baja y popular. El arco, por tanto, es un portal casi interdimensional, -si se permite este término-, pues conducía de la zona noble y alta, ya que lo noble suele estar elevado; a la parte plebeya y baja de Madrid. Y no sólo podemos hacer este contraste, ya que el Madrid gremial es la representación también del Madrid viejo, tradicional; y la Plaza Mayor, aún teniendo también una gran antigüedad, representa el Madrid moderno, nuevo, en expansión.

Arco de Cuchilleros – ©JMPhotographia

Justo en las escaleras que bajan a la altura de la calle de los Cuchilleros hay un restaurante famoso y carismático: Las Cuevas de Luis Candelas. Este restaurante lleva el nombre de un conocido bandolero madrileño. Luis Candelas nació en una carpintería, negocio de su familia, pero él quiso ser librero, por lo que era un hombre culto y galán, sin embargo, la fama le vino de sus andanzas fuera de la ley. Asaltó la diligencia del embajador de Francia, haciéndose con joyas de gran valor e informaciones muy comprometidas; y robó en el taller de la modista de la regente María Cristina. Estas dos acciones son las más célebres de su carrera como bandolero y también las que le costaron la vida. Fue apresado en la provincia de Valladolid y traído a Madrid donde murió en el garrote vil. No sé si será verdad, pero dicen que el lugar donde está ahora el restaurante fue la guarida donde se escondía el hombre tras hacer algunas de sus travesuras.

No hace falta caminar mucho para llegar a otro restaurante que no se puede pasar por alto. Estamos hablando del Sobrino de Botín, el restaurante más antiguo del mundo. Se fundó en 1725 como Fonda Española por el francés Jean Botin. En 1868 el local pasó a manos de un sobrino, Cándido Remis, de donde proviene el nombre actual del establecimiento. Por aquellos momentos ya no era una fonda, es decir, un lugar de alojamiento. Curiosamente, en la obra de Benito Pérez Galdós, Fortunata y Jacinta, aparece como pastelería.

El local de Sobrino de Botín, además de su evidente antigüedad, es lo que da al restaurante un aroma castizo y tradicional, ya que cuenta con mobiliario que reproduce la vida propia del siglo XVI, ya que Sobrino de Botín está relacionado con un restaurante más antiguo aún llamado “Hostería Española” que fue fundado en 1621 y estaba situado en la Plaza de los Herradores. Hay que aclarar que el título de restaurante más antiguo se refiere a establecimiento de hostelería operado de manera ininterrumpida, ya que hay algunos restaurantes más antiguos que no cumplen este requisito.

Bajando por la calle de los Cuchilleros volvemos a un lugar ya conocido y ya visitado: la Plaza de Puerta Cerrada. Llegando allí hacemos un giro de muchísimos grados a nuestra izquierda para volver a dirigirnos al norte, aunque esta vez por la calle de los Latoneros, que nos pone en segundos en la calle de Toledo, que recién se estrena en su recorrido. Siguiendo por la calle Imperial, que se dirige al noreste, llegamos a la Plaza de la Provincia. Esta plaza recibe su nombre desde que se construyó junto a ella el Palacio de Santa Cruz, que sirvió de cárcel y de sede de las Escribanías de la Provincia.

Hoy, en el Palacio de Santa Cruz está instalada la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. Como ya hemos dicho, el edificio funcionó como cárcel hasta el reinado del primer rey borbón, Felipe V, que lo transformó en palacio para albergar de Sala de Alcaldes de Casa y Corte, aunque dejando algunas dependencias con su antiguo uso de cárcel hasta 1767. Fue entonces cuando el edificio tomó su nombre actual tomándolo de la cercana Parroquia de Santa Cruz, derribada en 1869. Hay un dicho castizo que es “Ir a dormir bajo el ángel” que hace referencia a la figura del arcángel Miguel que corona la fachada del palacio: evidentemente ese dicho tenía el significado de “entrar en prisión”.

Palacio de Santa Cruz (al fondo) – ©JMPhotographia

Otro punto destacable de la Plaza de la Provincia es la Fuente de Orfeo. No podemos empezar a hablar de esta fuente sin explicar que ésta no es la Fuente de Orfeo original, sino un “engendro”, -en el buen sentido de la palabra-, compuesto por los restos de otras fuentes del siglo XIX y coronada por una réplica de la estatua que coronaba la fuente original.

Iglesia de Santa Cruz – ©JMPhotographia

La Fuente de Orfeo original fue construida bajo el reinado de Felipe III. Estaba totalmente enlosada y contenía un total de 8 escudos en su contorno, culminaba con un grupo escultórico que representaba a Orfeo y a su perro, hecho que hizo que también se la conociera como la Fuente del Perro.

Madrid es una ciudad de plazas contiguas, tiene varias, y ya hemos visto algún ejemplo de ello: Plaza del Ángel y Plaza de Santa Ana; Plaza de San Martín y Plaza de las Descalzas; y aquí también tenemos un caso. Junto a la Plaza de la Provincia está la Plaza de Santa Cruz. Esta plaza es muy antigua, ya que existía en tiempos de Felipe II, pero se fue ampliando en sucesivos momentos, y sobre todo tras ser demolida la antigua parroquia de Santa Cruz. Desde tiempos antiguos la plaza ha tenido usos de mercado, primero fue un mercado de telas y posteriormente se reconvirtió en un lugar donde se ofrecía y contrataban mujeres para servir de nodrizas.

Desde la Plaza de Santa Cruz se ve muy claramente la notable torre de la Iglesia de Santa Cruz, situada en la calle de Atocha, que por ahí cuenta sus números más bajos. La iglesia ocupa el lugar donde antes hubo un convento, concretamente el de Santo Tomás de Aquino, fundado en 1583. Este convento y su iglesia, sufrieron a lo largo de su historia toda suerte de accidentes e incendios. La iglesia se incendió en 1652, lo que ocasionó la ruina total del complejo, que fue derribado y levantado nuevamente en 1660. En 1726 se desplomó el techo del altar mayor matando a más de 80 personas. En 1756 sufrió otro incendio, y en 1876 otro más que resultó definitivo. Se procedió al derribo del edificio y en 1886 se levantó el inmueble actual. El templo que podemos ver y visitar hoy es de estilo neogótico y cuenta con una torre de más de 80 metros de altura que fue la mayor altura de la ciudad hasta la construcción del Edificio de la Fundación Telefónica en la década de 1920.

De la Plaza de Santa Cruz sale por su parte norte la calle de Esparteros. Antes de que termine su recorrido en la Calle Mayor tomé a la derecha la calle del Marques Viudo de Pontejos que desemboca en la Plaza de Pontejos. Esta plaza quedó formada en 1841 tras el derribo de un convento, -parece que en Madrid se han formado muchas plazas así-, concretamente el Claustro de San Felipe, que había quedado intacto de una anterior demolición del convento del mismo nombre que lo contenía. Recibe el nombre de Joaquín Vizcaíno, marqués de Pontejos, que fue también alcalde de Madrid. La plaza es famosa porque desde principios del siglo XX han estado instalados en ella los Almacenes Cobián, dedicados a la mercería, un lugar donde se pueden encontrar botones, abalorios, hilos, hebillas, cremalleras, lentejuelas y demás asuntos propios de la mercería que casi no pueden hallarse en ningún otro lugar.

Real Casa de Postas – ©JMPhotographia

En uno de los laterales de la plaza está la Real Casa de Postas. Si lo miramos con otra perspectiva podemos decir que es el edificio que está justamente a la espalda del edificio del reloj de la Puerta del Sol, del que hablaremos luego. A la Real Casa de Postas se la conoce también como Cuartel de Zaragoza o Cuartel de Pontejos. Es un edificio de corte neoclásico que se proyecto como complemento a la Real Casa de Correos que tiene delante. Algunas de las dependencias que albergaba fueron transferidas al edificio mayor, por lo que el uso de este edificio se dedicó básicamente a la tenencia de telégrafos y añadiendo un uso de cuartel que albergaba dependencias de la Policía. Continuó siendo un cuartel de policía hasta el año 2000, en el que el Estado cedió este edificio a la Comunidad de Madrid. Después de la rehabilitación pertinente, se instaló aquí la Conserjería de Presidencia de la Comunidad de Madrid en 2003.

De la Real Casa de Postas realicé una especie de recorrido en zigzag por el sur de la Puerta del Sol que me llevó por las calles de San Ricardo, de Carretas, de Cádiz, de Espoz y Mina, por el pasaje de Matheu, y finalmente por la calle de la Victoria hasta llegar a su confluencia con la Carrera de San Jerónimo. Justo allí, a mi derecha, está el Lhardy. Este restaurante es otro de los históricos, centenarios de Madrid. Fue fundado en una fecha tan temprana como 1839. Al igual que el Botín, también fue fundado por un francés, en este caso por Emile Huguenin Lhardy. Empezó a prestar sus servicios como pastelería, -algo que también sucedió con otros restaurantes-, y poco a poco comenzó también a preparar y servir comidas. El Lhardy de hoy es una tienda en su planta baja y un restaurante con varios salones en su planta alta. Además de esto, también es un servicio de cátering de alta cocina que sirve comidas a hoteles y a celebraciones de gente importante.

La fama del Lhardy comenzó muy pronto, ya que aparece mencionado por Mesonero Romanos en nada menos que 1841 por la realización del bautizo del primer hijo del Marqués de Salamanca. Con esta recién adquirida fama el restaurante comenzó a ser visita obligada para los personajes famosos de la época. También llegó al Lhardy la fama de sus altos precios. Tras pasar por las manos de varios miembros de la familia Lhardy el restaurante pasó a propiedad de alguno de sus empleados

Siguiendo por la Carrera de San Jerónimo en dirección este llegamos a la Plaza de Canalejas. Es una plaza redonda y muy vistosa, con edificios de fachadas muy ornamentadas y llamativas. Entre estos inmuebles, los más llamativos son la Casa de Allende y el Edificio Meneses, que comparten parcela y remate en sus partes altas. La Casa de Allende es la que tiene un remate en punta por encima de su torreón. Fue construida entre 1916 y 1920 por el arquitecto Leonardo Rucabado para Tomás Allende. Es un edificio totalmente singular en la arquitectura madrileña. Tiene un mirador de madera al estilo cántabro en el que, según dicen, se ven una vistas magníficas del entorno. El Edificio Meneses queda siempre a la derecha de la Casa de Allende y pegado a ella. Se le distingue también por su remate columnado en el torreón que sobresale de la estructura del propio edificio. Fue construido antes que su compañero, entre los años 1914 y 1915 en un estilo ecléctico.

En la Plaza de Canalejas hay también un establecimiento con mucha historia. Me refiero a La Violeta, una tienda de caramelos que tiene o cumplirá este año 103 años de existencia.

Casa de Allende y Edificio Meneses en la Plaza de Canalejas – ©JMPhotographia

La calle de la Cruz, que viene de la Plaza de Jacinto Benavente, se convierte en la calle de Sevilla tras atravesar la Plaza de Canalejas. Avanzando por ella llegamos a otro punto ya visitado, que no es otro que la calle de Alcalá a la altura del Edificio del Banco de Bilbao con sus cuadrigas, que queda a la derecha. A la izquierda hay un edificio grandísimo y muy característico de la calle de Alcalá y que actualmente está siendo reformado profundamente y, por tanto, lleno de andamios y lonas bastante aparatosas. Me estoy refiriendo al Palacio de la Equitativa.

A este edificio también se le conoce como el edificio del Banco Español de Crédito. Ya de entrada su planta trapezoidal y su localización entre las calles de Alcalá y de Sevilla lo convierten en un edificio singular. Recibe su nombre de Palacio de la Equitativa por la Compañía de Seguros La Equitativa para la que fue construido a finales del siglo XIX. El otro nombre se lo debe a su segundo dueño, el Banco Español de Crédito, casi más conocido como Banesto y, claro, por Mario Conde. Varias fusiones entre bancos propiciaron que el edificio acabara en posesión del Banco de Santander, que lo vendió en 2012. Las lonas que hoy asoman en su fachada anuncian la apertura de un hotel de lujo de la cadena Four Seasons. La forma del solar propició la construcción del edificio dando mucha importancia al chaflán, que fue rematado con un pequeño templete con reloj que sobresale por arriba de la altura de las plantas que conforman el edificio.

Palacio de la Equitativa – ©JMPhotographia

En frente del Palacio de la Equitativa, al otro lado de la calle de Alcalá hay dos edificios colindantes de los que tenemos que hablar. En primer lugar la sede del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Esta institución tiene sus orígenes en 1744 en pleno seno de la Ilustración española. En sus inicios fue una Academia, que no tardó mucho en convertirse en “Real” que se encargaba de promocionar y proteger las artes, en principio la escultura, la pintura y la arquitectura. A lo largo de la historia se han añadido otras disciplinas como el grabado y la música en un primer momento; y la televisión, la fotografía, el vídeo y la cinematografía después.

Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando – ©JMPhotographia

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando cuenta con un museo que reúne una colección extraordinaria, no tanto en calidad, -categoría en la que es aventajada por la del Museo del Prado y la del Museo Thyssen-; pero si en abundancia. Entre las obras pictóricas que se pueden contemplar -a veces con restricciones- hay ejemplos de El Greco, José de Ribera, Zurbarán, Sorolla, Romero de Torres, Zuloaga, Daniel Vázquez Díaz, Juan Gris, Picasso, etc.

Sin embargo, sobre todo, el museo recoge la segunda mejor colección de Goya de Madrid, obviamente después de la del Museo del Prado. Además de autores españoles en el museo hay obras de autores extranjeros, obre todo italianos como Tiépolo, Bellini, Coreggio, Bassano, Arcimboldo, Luca Giordano; pero también de otras escuelas como Rubens, Mengs, y autores menos conocidos para el público general. Además de pintura, la colección del museo también cuenta con muchísimos dibujos y grabados y también con esculturas.

El Palacio de Goyeneche es el edificio que alberga tanto la propia sede como el museo. Ocupa un solar en el que anteriormente se levantó un viejo caserón que era conocido como “Mesón de la Miel”, que fue comprado en 1724 por el banquero Juan de Goyeneche con la intención de construir allí su palacio. Para tal propósito contó con los servicios del arquitecto  José Benito de Churriguera, si bien éste falleció antes de casi siquiera ponerse manos a la obra, teniendo que continuar la labor su propio hermano, Alberto de Churriguera. En 1773, por decisión de Carlos III, y dada la insuficiencia de espacio de la Casa de la Panadería, sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en ese momento, se realizaron unas grandísimas reformas en el edificio que lo despojaron de casi toda su anterior ornamentación en su fachada que, obviamente, era de estilo churrigueresco.

Justo al lado tenemos el Casino de Madrid. Esta institución surgió en 1836 como una especie de Ateneo cultural o club social, un espacio de esparcimiento reservado para las clases altas, algo parecido a los famosos clubes de caballeros ingleses en los que estaban totalmente vetadas las mujeres. El edificio actual, -ya que la institución ha estado vinculada a varias sedes-, es de estilo castizo de principios del siglo XX. Destaca la monumental escalera en su patio interior, diseñada por José López Salaberry; y la biblioteca de estilo neogótico. Por todo el interior hay obras de pintores del siglo XX y de escultores de la talla de Mateo Inurria o Mariano Benlluire. Las vidrieras, como en otros muchos casos, son obra de la casa Maumejean.

De la calle de Alcalá sale, hacia el norte, la calle de la Virgen de los Peligros. Pasando dos calles, la tercera que aparece es la del Caballero de Gracia, una calle que también ya hemos visitado en un anterior capítulo. Sin embargo, vamos a recorrer justo la parte contraria a la que ya conocemos: el objetivo es llegar hasta el Real Oratorio de Caballero de Gracia. Estamos hablando de una iglesia de estilo neoclásico, a pesar de su inusitado nombre. Pertenece a la Real, Antigua y Venerable Congregación de Indignos Esclavos del Santísimo Sacramento, -ahí es nada-, fundada por un libertino y especulador inmobiliario de Módena que posteriormente se hizo sacerdote y que se llamaba Jacobo de Grattis, más conocido como el Caballero de Gracia.

El Real Oratorio ocupa el lugar de otro edificio anterior construido en 1654 que ya un siglo después estaba en un estado de máximo deterioro. Se encargó su rehabilitación a Juan de Villanueva, quien tras su viaje a Italia había regresado y permanecía en un segundo plano como arquitecto real tras Francesco Sabatini. Las obras se llevaron a cabo entre 1782 y 1795, más años de los necesarios por problemas de financiación. La obra fue terminada por Juan Pedro Arnal, ya que la Congregación despidió a Villanueva por creer que su proceder ralentizaba la obra y ponía en peligro un muy generoso donativo de un benefactor. La fachada que da a la calle del Caballero de Gracia no se culminó hasta 1830. Años después, con la construcción de la Gran Vía, que conllevó la demolición de la casa de los capellanes y otras dependencias, tuvo que construirse una fachada en la parte norte que da a la propia Gran Vía.

Al llegar al final de la calle estamos en el ensanchamiento de la calle de la Montera, un espacio que también se llama, aunque de manera oficiosa, la Red de San Luis. El uso de la palabra “red” está justificado por el número de calles que confluyen en el espacio, no olvidemos: Gran Vía, calle de Fuencarral, calle de Hortaleza y la propia calle de la Montera, además de la del Caballero de Gracia; y respecto a “San Luis”, este nombre precede, -y si estáis pensando en un convento casi lo estáis adivinando- de la antigua presencia de la Iglesia de San Luis Obispo, quemada y destruida en los inicios de la Guerra Civil. En este espacio hubo desde el siglo XVII y hasta el siglo XIX un mercado de comestibles, sobre todo de frutas, hortalizas y pan.

Red de San Luis – ©JMPhotographia

Y ahora si, por fin, o por desgracia, vamos a recorrer juntos toda la calle de la Montera en dirección sur, hasta la Puerta del Sol, donde termina este capítulo, este barrio y este distrito de Madrid. La calle de la Montera es, en realidad, una cuesta que tiene su parte más alta en la Gran Vía y su parte más baja en la Puerta del Sol. El nombre de la calle tiene su origen en el rey Sancho IV, quien pasando por este camino perdió su montera, hecho que, según parece, le causó un gran enojo. Esta historia parece un poco forzada y por ello poco creíble a mi entender. Por ella se paseaban en el siglo XVIII personajes ilustres y elegantes, pero en el siglo XIX se convirtió en un enclave mucho más populachero, con tabernas y otros garitos, como la “Pica Lagartos” que aparece en Luces de Bohemia. En el siglo XX apareció habitada por la prostitución.

La Puerta del Sol es a Madrid lo que el Foro Romano es a Roma -o casi-, pues es un espacio público en forma de plaza destinado a ser el centro de la gran ciudad, y por qué no decirlo: de un gran imperio. En sus orígenes no era el centro de la ciudad ni mucho menos, sino uno de los lugares por lo que pasaba la cerca que rodeaba la ciudad en el siglo XV. La puerta de dicha cerca que abría un hueco en el muro tenía grabado un pequeño sol que dio origen a la denominación que hoy en día se conoce casi en todos los rincones del mundo. Sin embargo, la Puerta del Sol no ha sido siempre un espacio definido en forma de plaza, sino que alguna vez fue un lugar de paso más ordinario y menos señalado. La plaza comenzó a ser tal tras la construcción de la Real Casa de Correos, ya que este edificio condicionó de alguna manera la posterior organización del espacio. Entre 1857 y 1862, tras el derribo de edificios bastante antiguos que allí se situaban como el Convento de San Felipe o la Iglesia del Buen Suceso, se configuró la plaza tal como hoy es conocida, con la forma semicircular tan característica. Después de eso, la plaza ha sufrido alguna que otra reforma que ha apartado a los coches del espacio y que ha traído un intercambiador de transportes.

Puerta del Sol – ©JMPhotographia

En la Puerta del Sol hay varios establecimientos e hitos de los que tenemos que hablar, pero vamos a ir hablando de ellos según me los fui encontrando en mi recorrido. Como quiera que accedí a la Puerta del Sol por la calle de la Montera, lo primero que me encontré a mi derecha, fue Casa de Diego. Este establecimiento es, básicamente, una tienda de abanicos y otros complementos del vestir como pueden ser paraguas, sombrillas y bastones. Fue abierto por Manuel de Diego en 1800, aunque no precisamente en su ubicación actual. Todo lo que vende Casa de Diego ha sido confeccionado de manera artesanal por ellos mismos en su taller, por lo que son productos de gran calidad y también únicos y exclusivos. Casa de Diego es el referente mundial en su ramo, y por ello son suministradores de muchas casas reales europeas.

La Mariblanca – ©JMPhotographia

Muy cerca de la boca de la calle del Arenal hay una estatua muy madrileña que tiene mucha historia y que representa a la diosa Venus: la Mariblanca. Esta estatua es el único resto que queda de la Fuente de la Mariblanca que estuvo ubicada en la Puerta del Sol entre los años 1630 y 1838. Esta fuente, que fue la primera fuente ornamental situada en la Puerta del Sol, recibió también los nombres de Fuente de la Fe, Fuente del Buen Suceso, Fuente de Venus, Fuente de Diana o Fuente de las Arpías. La estatua de la Mariblanca, sin embargo, ha viajado bastante por Madrid, pues de la Puerta del Sol pasó a la Plaza de las Descalzas, tras ser desmontada la fuente que coronaba. En 1892 pasó a estar guardada en los almacenes municipales, casi olvidada, hasta que en 1914 se instaló en El Retiro, donde permaneció hasta 1969, año en el que se desplazó al Paseo de Recoletos. En los años 80 del siglo XX fue colocada en el zaguán de la Casa de la Villa, pero se realizó una copia que ha estado situada desde 1986 en diferentes puntos de la Puerta del Sol.

La decisión de hacer esta copia se debe buscar en las frecuentes vandalizaciones que sufrió la estatua cuando estuvo situada en su última ubicación abierta en el Paseo de Recoletos. Su nombre popular se impuso por la blancura del mármol en el que fue tallada y por no ponerse de acuerdo los cronistas en la figura que representa la estatua. El amorcillo que está situado a su lado parece sugerir que se trata de Venus, pero no obstante se ha dicho ser representación de Diana e incluso una especie de personificación o alegoría de la Fe.

En la esquina de la plaza con la calle Mayor está La Mallorquina, una pastelería y café de tertulia fundado en 1894. Esto que acabo de decir sería verdad si no fuese inexacto. La Mallorquina como tal existía desde antes, pero tenía su sede en la calle de Jacometrezo. En 1894 fue cuando el negocio se trasladó a la Puerta del Sol tras comprar el local donde había un café y salón de té propiedad de Antonio Garín. La empresa, fundada por tres socios, -uno de ellos mallorquín-, trajo de las Baleares la sobrasada y las ensaimadas, que popularizó servidas junto con chocolate.

El edificio más antiguo de la Puerta del Sol es Real Casa de Correos, construida entre los años 1766 y 1768 y situada en la parte sur de la plaza, ocupando un lugar central en la misma. No en vano, como ya dije, es el edificio más antiguo de la plaza y el centro sobre el que se realizó la posterior reurbanización de la misma. Destaca por su reloj, que cada año desde 1962 es el protagonista de las Campanadas de Año Nuevo de muchos españoles. Este edificio ha tenido usos varios, y siempre ha estado relacionado con la Real Casa de Postas, que está a su espalda y del que hemos tenido la oportunidad de hablar en este mismo capítulo.

Real Casa de Correos – ©JMPhotographia

Pensado para ser la Casa de Correos, el edificio albergó la Capitanía General, el Gobierno Militar y un cuerpo de guardia civil para prevenir revueltas y motines que pudieran producirse en la zona más céntrica de la ciudad. Durante la etapa franquista el edificio se convirtió en la Dirección General de Seguridad, un lugar sombrío donde estaba prohibido cualquier tipo de manifestación y donde se instalaron prisiones donde se detenía y a veces torturaba a toda aquella persona perteneciente a la oposición cladestina al régimen. Con la llegada de la Democracia se instaló allí la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Justo debajo del reloj que sirve para celebrar el comienzo de cada año con las famosas Campanadas televisadas se ubica una placa pegada en el suelo que marca el comienzo de todas las carreteras radiales que salen de Madrid. Esta placa recibe el nombre de Kilómetro Cero, y es bastante famosa entre los visitantes. La placa expuesta actualmente es nueva, estrenada en 2009.

Placa delKilómetro Cero – ©JMPhotographia

En la boca de la calle de Alcalá, finalmente, encontramos la escultura -o mejor grupo escultórico- más característica de Madrid, o una de las que más, que no es otra que la estatua del Oso y el Madroño. Esta estatua, -llamémosla así para abreviar-, es una representación del escudo de armas de la ciudad que ya estaba creada como tal en fecha tan temprana como el siglo XIII. Según parece, los osos eran animales abundantes en el Madrid primigenio y el que se puso en el escudo sería un ejemplar que cazó en rey Alfonso XI. Un siglo después, ya en el siglo XIII, se cambiaría la torre que estaba junto al oso por un madroño, árbol que también era abundante en los alrededores de la ciudad por una disputa sobre unos dominios, quedando los arbolados para la ciudad y los pastos para el Cabildo de la Clerecía. No es una historia particularmente bonita y tampoco coinciden en absoluto las fechas, ya que Alfonso XI vivió enteramente en el siglo XIV, no en el siglo XII.

Respecto a la estatua en sí, es obra en piedra y bronce de Antonio Navarro Santafé y fue inaugurada en 1967. Siempre ha estado en la Puerta del Sol, pero ha pasado por diferentes localizaciones dentro de la misma.

Estatua del Oso y el Madroño – ©JMPhotographia

 


 

Con este capítulo hemos terminado nuestro recorrido por el distrito de Centro de Madrid. Hemos terminado de pasear por el distrito más histórico, turístico y afamado de la capital de España. Pero Madrid es más grande y debo seguir con mi tarea. Ya estoy pensando en el distrito de Arganzuela, que acometeré próximamente. No obstante, voy a descansar un poco, una semana al menos.

A partir de ahora preveo capítulos más cortos, con menos puntos de interés, pero iguales, en esencia, a estos primeros trece capítulos. Me está gustando mucho hacer esto y me felicito cada día por la idea que tuve de hacer esto. Espero que a vosotros también os esté gustando y que os resulte, de alguna manera, útil y educativo. Me gustaría que estéis conociendo Madrid como yo lo estoy haciendo. Nos vemos en el distrito de Arganzuela.

 


 

 


 

Todas las fotos de la segunda parte del recorrido por el barrio de Sol:

Arco de Cuchilleros - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 12] Conociendo mi ciudad: Barrio de Sol (Centro) 1ª parte

El barrio de Sol es el último barrio del distrito de Centro que queda por recorrer y conocer. Está situado en el centro del distrito y rodeado por los otros barrios que ya hemos recorrido. Su punto neurálgico es la Puerta del Sol, el lugar en el que comienzan todas las carreteras de la red radial española. Si hablamos de calles, el barrio de Sol está limitado por muchas vías, a saber: calle de Jacometrezo, Plaza de Callao, Gran Vía, calle del Clavel, calle de la Virgen de los Peligros, calle de Sevilla, Plaza de Canalejas, calle de la Cruz, Plaza de Jacinto Benavente, calle de Concepción Jerónima, Plaza de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros, calle de las Fuentes, calle del Arenal, Costanilla de los Ángeles y Plaza de Santo Domingo. El barrio de Sol es el más pequeño de los barrios que conforman el distrito de Centro y también el que menos habitantes tiene, -menos de 8 mil-, pero en compensación es un barrio eminentemente turístico y comercial.

Desde Chamartín llegué a través de la linea 1 de Metro a la estación de Gran Vía, situada en la boca ensanchada de la calle de la Montera y casi frente al edificio de la Fundación Telefónica. El primer paso fue andar en dirección oeste por la Gran Vía hasta nuestro primer punto de atención: la Plaza del Callao. En primer lugar, mientras escribo este se me plantea una primera duda. Creo que siempre he dicho “Plaza de Callao”, pero no estoy muy seguro de que sea esa la denominación más correcta para esta plaza, ya que parece que “Plaza del Callao” quizá sea más correcto. Si alguien tiene respuesta a esto que me lo indique, por favor.

Plaza del Callao (Cines Callao a la izquierda; Edificio Carrión a la derecha) – ©JMPhotographia

La Plaza del Callao asoma a la Gran Vía justo cuando ésta comienza su tercer tramo, el que la llevará hasta la Plaza de España. La plaza, sin embargo, fue ideada junto al segundo tramo, casi como un colofón, pues fue construida entre 1917 y 1922, si bien su tamaño era por entonces mucho menor al actual. Es muy posible que la Plaza del Callao sea recordada por muchos por ser el lugar donde quedaron instalados, desde los años 50, los almacenes de Galerías Preciados, construidos en el solar donde antes se levantaba el Hotel Florida. Hay varios edificios de renombre en la plaza, como por ejemplo el Palacio de la Prensa, -colocado al otro lado de la Gran Vía-, que por unos años fue el edificio más alto de Madrid, justo hasta la construcción del edificio de la Fundación Telefónica. El edificio que ocupaba Galerías Preciados ahora se llama Edificio FNAC, aunque no todo el edificio está ocupado por esta empresa francesa.

El Edificio Carrión y la Gran Vía – ©JMPhotographia

En la plaza destaca el edificio de los Cines Callao, construido en 1926 sobre los planos del arquitecto Luis Gutiérrez Soto. Se trata de un edificio con mucho glamour que suele ser el lugar de celebración de premieres cinematográficas por todo lo alto. Junto con los cines del Palacio de Prensa forma los denominados Madrid City Lights. Del edificio destaca su torreón situado en la esquina que da a la Gran Vía y su estilo próximo al Art Decó, más acusado en el interior. Su fachada soporta actualmente dos grandes pantallas digitales que aproximan o pretenden aproximar a la plaza a otros lugares emblemáticos como Times Square o Piccadily Circus, aunque ciertamente se queda muy lejos.

El último edificio que debemos destacar, aunque casi está fuera de la plaza, es el Edificio Carrión, -también llamado Capitol, por un hotel ahora desaparecido y por el cine del mismo nombre colocado en sus bajos-, que mira mitad a la Gran Vía y mitad a la plaza. Queda separado del edificio de los Cines Callao por la calle de Jacometrezo. Su perfil se ha convertido en una especie de icono de la Gran Vía, así como su cartel luminoso, que actualmente está ocupado por un anuncio de la tónica Schweppes. A día de hoy, además del cine Capitol, recoge también varias oficinas y un hotel. Su construcción se llevó a cabo entre los años 1931 y 1933. El solar en el que se fue a situar propició que el edificio tuviera casi obligadamente forma de chaflán, hecho que, junto con su estilo art-decó, hace que tenga cierto parecido con edificios neoyorquinos como el Flatiron Building. Este edificio, además, contó en el momento de su construicción con ciertos elementos novedosos como el aire acondicionado integral, para lo cual tuvo que destinarse toda una planta completa para albergar la maquinaria necesaria.

De la Plaza del Callao salen varias calles importantes. Vamos a dejar de momento a un lado las calles de Preciados y del Carmen. Tomé la calle del Postigo de San Martín que conduce en dirección sur hasta la plaza del mismo nombre. Bajando por la calle a nuestra izquierda quedan los muros del Monasterio de las Descalzas Reales. La Plaza de San Martín toma este nombre del antiguo Convento de San Martín, fundado en el siglo XIII, que dio nombre a toda la zona, pues se llamaba Arrabal de San Martín. Tanto el convento como su iglesia permanecieron en pie hasta el siglo XIX. La iglesia fue derribada durante la Guerra de la Independencia y el convento unos años más tarde, al estallar la revolución de 1868. Antes de que el Convento de San Martín fuera derribado alojó importantes instancias gubernativas como, por ejemplo, dependencias del Gobierno Civil, de la Diputación Provincial, de la Dirección General del cuerpo de Sanidad Militar, del Consejo de Sanidad del Reino y de un cuartel de la Guardia Civil. En la plaza hay también una placa conmemorativa en la que se dice que allí Francisco de Quevedo mató a un hombre por defender a una dama.

Plaza de San Martín – ©JMPhotographia

La Plaza de las Descalzas es contigua a la Plaza de San Martín, y recibe su nombre del monasterio, que le da una de sus fachadas. Antaño era un lugar bastante destacado ya que se utilizó alguna vez para proclamar reyes y nombrar príncipes de Asturias. En el siglo XIX se instaló aquí “La Mariblanca”, famosa y muy viajera estatua de Venus que actualmente, en forma de copia, está en la Puerta del Sol. En la plaza podemos ver dos estatuas muy relacionadas con el fenómeno de las cajas de ahorros. No en vano, en la plaza está el edificio del Monte de Piedad de Madrid, institución bancaria precursora de Caja Madrid y, por tanto, de Bankia.

La parte norte de la plaza es la del Monasterio de las Descalzas Reales. Estamos ante un monasterio de monjas de clausura fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana de Felipe II. Nada más ver el edificio y sin saber nada de estilos arquitectónicos nos damos cuenta de que estamos ante uno de corte clasicista. En su interior guarda importantes obras de arte que forman un museo que se puede visitar. El monasterio fue antes uno de los palacios más antiguos de Madrid, posiblemente el centro neurálgico de la corte de Alfonso VI de Castilla. Tuvo que ser transformado para ser convento, hecho que concluyó en 1664. De su interior destaca el claustro, del que todos los Viernes Santos sale la procesión del Santo Entierro. En la capilla que hay junto al claustro estuvo durante mucho tiempo La Anunciación de Fra Angelico, hasta que en 1862 el cuadro fue trasladado al Museo del Prado.

Monasterio de las Descalzas Reales – ©JMPhotographia

Frente a la fachada del monasterio, y a la espalda de la sede del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, está el Monte de Piedad. Este es el Monte de Piedad o Montepío más antiguo de España. Se trata de una entidad benéfica que permitía a los pobres obtener dinero en metálico a cambio del empeño de sus pertenencias. Fue fundado por el Padre Piquer, capellán del vecino Monasterio de las Descalzas Reales, en 1702. Siguiendo el ejemplo de este Monte de Piedad surgieron otros en diversas ciudades españolas y en ese entramado de entidades benéficas nacieron las llamadas Cajas de Ahorros más o menos un siglo después.

Portada de la capilla del Monte de Piedad de Madrid – ©JMPhotographia

El Monte de Piedad de Madrid tenía una capilla con una portada digna de mención. Por fortuna, aunque la capilla ya no existe, si podemos admirar la portada, que seguramente data de 1721. No se conoce exactamente su autoría, pero el estilo y los elementos utilizados en su construcción hacen creer que es obra de Pedro de Ribera.

Desde este punto se accede de manera muy rápida a la calle de Preciados, justo en el medio de su recorrido entre la Plaza del Callao y la Puerta del Sol. Intentando llegar a la calle de Preciados uno tiene por necesidad que toparse con la fachada donde todas las Navidades se instala Cortylandia, un espectáculo con luces y muñecos animados que hace las delicias de los más pequeños.

La calle de Preciados comunica la Plaza de Santo Domingo con la Puerta del Sol pasando por la Plaza del Callao, lugar en el que realiza un giro apartándose de su camino más o menos recto. Es la calle comercial de Madrid por excelencia, tanto es así que el alquiler de un local comercial en esta calle está entre los más caros del mundo. Debe su nombre a dos hermanos, apellidados Preciado, que en el siglo XV trabajaban en los arrabales de la villa como funcionarios dedicados a la inspección de almacenes, pesos y medidas. Eran estos hermanos tan rigurosos y buenos en sus quehaceres, que llegaron a alcanzar la fama por ello, y Madrid les dedicó una calle, que en principio tomó el nombre de calle de los Preciados.

Subiendo hacia Callao giré por la primera calle a la derecha, que es la calle de Rompelanzas, la más corta de Madrid, con sólo dos portales. Es tan corta que es incluso difícil sacar una buena foto de ella. Une las calles paralelas -y casi hermanas- de Preciados y del Carmen. Su nombre se debe a que era una calle problemática por sus muchos baches y frecuentemente estos ocasionaban la rotura de las lanzas de los carros. Obviamente, aquí “lanza” se refiere a una pieza que unía el yugo de los caballos al chasis de los carromatos, no al proyectil bélico.

En la misma calle del Carmen y casi a la altura de la calle de Rompelanzas está el famoso establecimiento de loterías Doña Manolita. Hablamos de la administración de loterías número 67 de Madrid, y es posible que sea el más famoso de España. Manuela de Pablo abrió este local de loterías en 1904 junto con sus tres hermanas. Su popularidad, como muchos sabréis, se debe a que siempre ha repartido muchos premios, empezando todo con los estudiantes de la Universidad Central, ya que muchos de ellos fueron agraciados con premios. La fama de Doña Monolita pronto fue acrecentándose entre todos los madrileños.

Doña Manolita – ©JMPhotographia

En el momento de la fundación, el establecimiento estaba en la calle de San Bernardo. En 1931 Doña Manolita se trasladó a la mismísima Puerta del Sol, abriéndose también un segundo establecimiento en la Gran Vía. Sin embargo, el establecimiento de la Puerta del Sol, tras la muerte de Manuela, pasó por las manos de otras de sus hermanas hasta que finalmente se vendió, quedando únicamente la sede de Gran Vía, que permaneció abierta hasta 2011, año en el que se realizó el traslado a la sede actual en la calle del Carmen.

A través de la calle de Mesonero Romanos y después, por la calle de la Abada, llegamos a la Plaza del Carmen. Tanto el nombre de esta plaza como de la calle se debe a la existencia del antiguo Convento del Carmen Calzado, derribado en 1861, hecho que dio espacio a la existencia de la propia plaza. En los últimos años del siglo XIX se construyó en la plaza un frontón que albergó un importante music-hall llamado Kursaal a principio del siglo XX. En este lugar se realizaban espectáculos denominados “Sicalípticos”, picantes o de trasfondo sexual. Este inmueble se convirtió después en un teatro y luego en los llamados Cines Madrid, que perduraron hasta principios del siglo XXI. Actualmente acoge un MediaMarkt.

Plaza del Carmen – ©JMPhotographia

En la plaza, o casi, está el Teatro Muñoz Seca, antes llamado Sala Chantecler. En realidad, esta sala era una cosa ínfima, apenas un chamizo, según dicen, y además había sufrido un incendio en 1911. Años después fue adquirido por “La Chelito”, una diva de la sicalipsis. En 1922 se inauguró un nuevo teatro inserto en un edificio de vecindad que recibía el nombre de El Dorado. En 1930 cambió de nombre y tomó el del dramaturgo Pedro Muñoz Seca.

Por la calle de Tetuán en dirección sur y luego oeste llegamos a la Plaza del Celenque, y en frente de esta plaza tenemos el Palacio de Gaviria. No obstante, en nuestro camino nos encontramos con un restaurante bastante famoso: Casa Labra. Este establecimiento es famoso por haber sido precisamente la sede donde se fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) el 2 de mayo de 1879. Según aparece escrito en su fachada, Casa Labra abrió sus puertas en 1860. El restaurante procura comida tradicional madrileña, aunque una característica del local es que hay un espacio dedicado a comer de pie.

El Palacio de Gaviria es un palacio construido entre los años 1846 y 1847 en la calle del Arenal. Fue encargado por el banquero y agente de bolsa Manuel Gaviria y Douza, Marqués de Gaviria y Conde de Buena Esperanza. El palacio fue famoso en su época por su gran lujo y por las fiestas que en él se celebraban. En su interior destacan los frescos de sus salones, particularmente los del salón de baile. Entre 1991 y 2011 albergó una famosa discoteca llamada precisamente Palacio de Gaviria. Actualmente sus bajos están ocupados por un centro comercial de decomisos y sus trece salas se usan como espacio para exposiciones y otros eventos.

Palacio de Gaviria – ©JMPhotographia

Seguimos por la calle del Arenal en dirección a la Plaza de Isabel II, es decir, Ópera. Muy pronto nos ponemos delante de la Joy Eslava. Su nombre se debe a su promotor, Bonifacio Eslava, sobrino del músico Hilarión Eslava. Estamos hablando de un pequeño salón construido por el arquitecto Bruno Fernández de los Ronderos que fue inaugurado en 1871 como Salón Eslava. Desde sus inicios se estableció como una pequeña plataforma de teatro popular en el que se ejecutaban zarzuelas, revistas o cabaret. En 1981 se reconvirtió en macrodiscoteca con el nombre de Joy Eslava. Hoy en día en su fachada leemos el nombre de Teatro Joy Eslava.

En la esquina de la calle del Arenal con la calle de los Bordadores está la Iglesia de San Ginés de Arlés. Este templo es una reconstrucción de uno anterior que sufrió un derrumbe. El culto a San Ginés de Arlés estuvo en Madrid prácticamente desde sus inicios como ciudad, pues ya hay documentación sobre él en el siglo XII. El edificio actual data del siglo XVII y ha sufrido numerosos incendios y restauraciones. Durante la Guerra Civil la iglesia estuvo cerrada aunque algunas de sus dependencias fueron usadas por los Republicanos, hecho que propició que fuera objetivo de numerosos impactos.

A pesar de los incendios que ha sufrido y que han mermado significativamente su patrimonio artístico e histórico, la Iglesia de San Ginés cuenta todavía con notables obras de arte en su interior. Hay, por ejemplo, lienzos de Luca Giordano, Juan Pascual de Mena o El Greco. Como curiosidad, entre sus capillas hubo una que fue conocida como Capilla del Lagarto por una historia un poco larga de explicar pero que podéis leer aquí.

Iglesia de San Ginés – ©JMPhotographia

Tomando la calle de los Bordadores en dirección sur hay otro edificio en cuya puerta está escrito “Parroquia de San Ginés”. Sospecho que aunque es un edificio que podríamos considerar diferente, pertenece al mismo complejo dedicado al santo galo nacido en el siglo III. En uno de los lados de esta Parroquia de San Ginés hay un pequeño espacio que recibe el nombre de Plazuela de San Ginés. Si nos adentramos en esta plaza veremos que a mano derecha sale la calle de los Coloreros y a la mano izquierda sale el Pasadizo de San Ginés, donde se encuentra dos lugares muy famosos de Madrid: la Chocolatería de San Ginés y la Librería de San Ginés.

La Chocolatería de San Ginés fue fundada en 1894 y ha permanecido en el mismo sitio desde entonces. Es el lugar donde uno debe ir a tomar chocolate con churros cuando la noche ha dado paso a las luces del alba. Se trata de un sitio muy popular entre los noctámbulos, sobre todo los que salían del vecino Teatro Eslava y más tarde los que hacían lo propio desde la discoteca Joy Eslava. Como otras tantas tiendas madrileñas con solera conserva su aire antiguo y su azulejería. Por cierto, hace unos pocos años abrió una sucursal en Tokio: ahí es nada.

Colas en la Chocolatería de San Ginés – ©JMPhotographia

La Librería de San Ginés, por su parte, también guarda consigo los tesoros del tiempo. Es una librería muy antigua, de las más antiguas de Madrid, y eso es algo que se ve enseguida. Como no podía ser de otra manera, se especializa en libros antiguos. Esta librería ha estado ahí desde el siglo XVIII con casi toda seguridad. Es un monumento.

La calle de los Coloreros va a parar a la calle Mayor, que tomé en dirección a Sol. Antes de llegar el primer cruce, que es la Travesía del Arenal, nos topamos con la confitería El Riojano. Este establecimiento abrió sus puertas en 1855 cuando un pastelero que trabajaba en el Palacio Real decidió comenzar un negocio propio. El fundador no tuvo hijos por lo que legó el negocio a sus empleados y estos han seguido haciendo honor al fundador haciendo exactamente lo mismo. Para evitar robos, que a finales del siglo XIX eran habituales en las tiendas de Madrid, los muebles fueron fabricados dentro de la tienda con el tamaño suficiente para que no pudieran sacarse del lugar por la puerta: gran idea, ¿no? Como todo este tipo de negocios tan antiguos, todo lo que se hace es casero y del día.

En el camino que nos va a llevar a la Plaza Mayor, donde vamos a poner fin a este capítulo, pasamos por la calle de San Cristóbal en dirección sur hasta encontrarnos con la calle del Marqués Viudo de Pontejos, y allí vemos el Petit Palace Pasada del Peine, una de las posadas más antiguas de Madrid. El edificio en el que está data de 1610, y aunque la posada estuvo cerrada entre 1960 y 2006, fue reabierta tras una reforma integral del edificio y continua prestando servicio a día de hoy. El hotel está compuesto por tres edificios muy distintos pero unidos. Actualmente forma parte de una cadena hotelera.

Desde la Posada del Peine sólo nos queda cruzar la calle de Postas para que la calle tome el nombre de calle de la Sal y entre en la Plaza Mayor. Esta plaza, archiconocida en el mundo entero y siempre frecuentada por turistas nacionales y foráneos, tiene su origen en el siglo XVI cuando se formó en la confluencia de las calle de Toledo y de Atocha un mercado que no tardó en convertirse en el mercado principal de la ciudad. Desde los primeros momentos de existencia de ese mercado se llamó Plaza del Arrabal a ese espacio que poco a poco fue conformándose. La plaza se convirtió en poco tiempo en la plaza más importante de la ciudad por lo que muy pronto recibió la atención que merecía.

Plaza Mayor – ©JMPhotographia

Fue en 1580 cuando el rey Felipe II encargó la remodelación de la plaza a Juan de Herrera. Se derribaron edificios y se construyeron otros, siendo el primero en ser ejecutado el de la Casa de la Panadería. La Plaza Mayor ha sufrido tres grandes incendios a los largo de su historia que han ido cambiando su aspecto, en alguna ocasión de forma radical. Fue sobre todo el tercero, que arrasó un tercio de la plaza en 1790, el que propició mayores cambios, ya que los edificios allí presentes perdieron altura, -de 5 plantas a sólo 3-, y fue también el causante de la introducción de accesos mediante arcos en varios puntos de la plaza.

Por otra parte, la estatua ecuestre de Felipe III que destaca en el centro de la plaza no se colocó hasta 1848, aunque la escultura es mucho más antigua. El trafico rodado pasó por la plaza hasta 1960, año en el que se realizó una remodelación general del espacio y se aprovechó para construir un aparcamiento subterráneo por debajo de la plaza.

La plaza en sí, y en su estado actual, es una plaza porticada completamente cerrada con planta ligeramente rectangular, puesto que tiene 129 metros de largo y 94 de ancho. Tiene un total de 10 accesos, muchos de ellos con presencia de un gran arco de medio punto. En los soportales hay numerosos comercios de hostelería que plantan sus terrazas en la propia plaza, aunque también hay comercios dedicados al coleccionismo y alguno incluso de complemento de la vestimenta, como la famosa Casa Yustas, dedicada al sombrero. Los edificios que sobresalen en los lados norte y sur son la Casa de la Panadería y la Casa de la Carnicería respectivamente.

Terrazas en la Plaza Mayor – ©JMPhotographia

A lo largo de la historia, la Plaza Mayor ha tenido muchos y muy variados usos. Ya hemos hablado de su faceta de mercado de alimentación, pero también lo ha sido lugar de venta de otros géneros relativos a la vida de los gremios; y ha tenido usos muy diferentes como espacio para corridas de toros, autos de fe de la inquisición y ejecuciones públicas. En la actualidad, el uso de la plaza es meramente turístico, aunque desde 1860 en los meses de diciembre se instala un famoso mercado navideño.

 


 

Aquí termina esta primera parte del recorrido fotográfico por el barrio de Sol. Estoy feliz pero al mismo tiempo un poco triste porque se va terminando la parte con más alma de Madrid. No sé si la más bonita, pero si, quizá, la más especial. Terminaremos el distrito de Centro la próxima semana con la segunda y última parte del recorrido fotográfico.

Visitaremos las plazas de la Provincia, de Santa Cruz y de Pontejos. Volveremos a la calle de Alcalá pasando por la Plaza de Canalejas. Y subiremos hasta el Real Oratorio de Caballero de Gracia para bajar por la calle de la Montera desde su ensanchamiento en la Gran Vía, -o Red de San Luis-, hasta la mismísima Puerta del Sol donde terminaremos nuestro paseo por el distrito nº1. Se van terminando los capítulos largos, todos descansaremos algo más. ¿Os gusta la idea?

 


 

 


 

Todas las fotos de la segunda parte del recorrido por el barrio de Sol:

Plaza del Callao - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 11] Conociendo mi ciudad: Barrio de Universidad (Centro) 2ª parte

Continuemos con nuestro recorrido fotográfico por el barrio de Universidad de la ciudad de Madrid. Habíamos terminado la primera parte en el edificio del Ministerio de Justicia en la calle de San Bernardo. Desde ese punto vamos a seguir andando por la calle en dirección norte. Tras pasar la boca de metro de la estación de Noviciado, vamos a encontrar a nuestra izquierda el Paraninfo de la Universidad Complutense, la razón que explica el nombre actual del barrio que estamos visitando.

El paraninfo de la Universidad Central o pananinfo de San Bernardo, como también se conoce a este edificio, ocupa el lugar del antiguo Noviciado de Jesuitas, -de ahí el nombre de la calle de Noviciado-, que fue fundado en 1602. En 1769 fueron expulsados de España los jesuitas y ocuparon el edificio la comunidad de Padres del Salvador, institución religiosa que había sido fundada en 1644. La desamortización de Mendizábal hizo que el edificio pasara a ser propiedad del Estado, que en 1843 lo destinó a ser sede de la Universidad Central.

Universidad Central o Universidad de Madrid fueron los nombres que tomó la Universidad de Alcalá de Henares cuando, por real decreto, se decidió que debía trasladarse a Madrid en 1836. En realidad, se llamó Universidad Literaria hasta 1851, en el que comenzó a usarse el nombre de Universidad Central. Era la única universidad de España que tenía la potestad de otorgar el título de doctor hasta 1954, en el que también se le concedió ese derecho a la Universidad de Salamanca, y después a todas las otras demás universidades repartidas por España.

El edificio se quedó pequeño en la década de los 30 del siglo XX, momento en el que se empezó a pensar en un traslado a la sede actual de la Ciudad Universitaria. No obstante, el edificio tuvo que seguir siendo utilizado como sede de la universidad forzosamente debido al hecho de que durante la Guerra Civil los terrenos de Ciudad Universitaria fueron arrasados.

Antes de que la Asamblea de Madrid se trasladara a su actual sede en Vallecas, este edificio albergaba las sesiones de la asamblea madrileña.

Paraninfo de la Universidad Complutense – ©JMPhotographia

Un poquito más arriba, pero en esta ocasión a nuestra derecha, nos encontramos con el Palacio de Parcent, un inmueble que también pertenece al Ministerio de Justicia. Conocido como Casa de los Siete Jardines, Palacio de los Condes de Parcent, Palacio del Marqués de la Mejorada, Palacio de la Marquesa de la Breña o Palacio de Guadalcázar, fue construido en 1728 ejecutando un diseño del arquitecto Juan Valenciano como otro ejemplo prototípico de casa palaciega de aquel siglo. Teniendo tantos nombres como tiene podemos imaginarnos que ha sido muy retocado respecto a su diseño original, aunque conserva su originalidad la puerta de estilo riberiano.

En 1860 fue reformado en su interior transformando algunas de sus habitaciones en salones al estilo decimonónico de París o Londres que aún se conservan. Antes de que comprara el palacio la condesa de Parcent, el edificio pasó por una época de abandono tras ser ocupado por unas monjas que montaron un colegio de niñas. Antes de ese colegio, el palacio fue propiedad del marqués de Guadalcázar, que fue esposo de María Isidra de Guzmán y de la Cerda, mujer importante dentro de las letras y la ilustración española pues fue la primera mujer en entrar en la Real Academia Española en 1784 y también la primera doctora salida de la Universidad de Alcalá de Henares.

En 1945, finalmente, el palacio fue adquirido por el Estado, por lo que actualmente acoge algunas dependencias del Ministerio de Justicia.

Palacio de Parcent – ©JMPhotographia

La fachada norte del Palacio de Parcent da a la calle de San Vicente Ferrer. Esa calle, tomada en dirección oeste, nos lleva a la calle de Amaniel, por la que nos dirigimos otra vez al sur. A nuestra izquierda va a quedar el Conservatorio de Música Amaniel, que está situado justo a las espaldas del Paraninfo de la Universidad Complutense. A la altura de la fachada sur de este conservatorio está el triángulo que conforma la Plaza del Conde de Toreno. En este lugar, además de comenzar la calle de Amaniel, confluyen las calles del Álamo, de San Bernardino y la de los Reyes, que atraviesa la plaza por la punta que mira al sur. Y precisamente la calle de los Reyes nos conduce, en dirección suroeste, de nuevo a la Gran Vía, justo a la altura en la que se topa con la calle de la Princesa, es decir, en la Plaza de España y justo al lado del Edificio España.

Del Edificio España se pueden hablar maravillas, pero actualmente no se pueden sacar fotos válidas, ya que está totalmente envuelto en andamios y lonas que, recientemente, han dado algún que otro susto al desprenderse por el viento. Toda este revuelo en su fachada se debe a que actualmente está siendo totalmente reformado para convertirse en un hotel de lujo de la cadena hotelera Riu Hotels & Resorts.

El inicio de la construcción del Edificio España está en 1948 bajo diseños de los hermanos Otamendi. Si miramos al edificio de frente comprobaremos que es una construcción escalonada en cuatro alturas distintas. Desde la idea original fue un edificio multifuncional, que sirvió para tener un hotel, oficinas, viviendas y hasta un centro comercial: una especie de ciudad dentro de un edificio. Posee 25 plantas y tiene 117 metros de altura, pero no es el edificio más alto de Plaza de España ya que se ve superado por la vecina torre de Madrid. En el momento de su construcción batió la marca de número de ascensores en un mismo inmueble con 29 unidades.

Edificio España – ©JMPhotographia

Por la calle de San Leonardo llegamos a la calle de San Bernardino, que nos acompaña en dirección noroeste hasta el Palacio del Marqués de Santacruz. Es este un palacio diseñado por el arquitecto Antonio Plo y Camin -artífice de la cúpula de San Francisco el Grande-, que terminó de construirse en 1768 para el Conde de Superunda. Tiene una portada neoclásica que se añadió bastantes años después, en 1774, obra de Juan Agustín López Algarín. Se trata de una casa-palacio prototípica del siglo XVIII. En 1870 pasó a ser propiedad del marqués de Santacruz y desde entonces se le conoce por ese nombre. Ese mismo año se realizaron reformas de ampliación y de adecuación.

En el edificio, convertido en un museo de Álvaro de Bazán, el más conocido y temido marino español, participante de la batalla de Lepanto, se exhiben auténticos tesoros provenientes de aquella batalla, acaecida en 1571. Quien quiera acercarse a este palacio, podrá contemplar fanales de los barcos turcos que participaron en aquella famosa batalla y también las llaves de la ciudad de Túnez que tomaron las tropas de Carlos I en 1535.

La Plaza de Cristino Martos aparece a la izquierda si seguimos recorriendo la calle de San Bernardino. Esta plaza está conectada con la calle de la Princesa a través de unas bonitas escaleras ornamentales que terminan, ya abajo, con una pequeña fuentecilla que recibe el nombre de Fuente de la Escalinata, Fuente de los Afligidos o incluso Fuente de Cristino Martos. Anteriormente, hubo en ese mismo emplazamiento otra fuente que recibía el nombre de Fuente de San Joaquín, que fue sustituida en 1952 por el conjunto ornamental actual, formado por escalinata con esculturas y fuente y que está dedicado a la memoria del médico y bacteriólogo Jaume Ferran.

Fuente de la Escalinata o de los Afligidos – ©JMPhotographia

Avanzando un poco en dirección noroeste por la calle de la Princesa se llega enseguida a la altura de la calle del Duque de Liria y del Palacio de Liria. Como es lógico, no pude visitar el palacio porque sólo puede hacerse los viernes en tres turnos y hay muchas solicitudes. Lo triste es que tampoco se puede sacar una foto significativa de él porque está cercado. Estamos ante el domicilio particular más grande de Madrid con 200 habitaciones y unos 3.500 m².

La segunda mayor residencia aristocrática de Madrid tras el Palacio Real fue construida en el siglo XVIII y en su diseño participaron varios arquitectos, entre los que destaca el siempre presente Ventura Rodríguez. Pese a que el Palacio de Liria es conocido por ser la residencia madrileña de los Duques de Alba, sus primeros propietarios fueron los duques de Berwick. El palacio pasó a manos de los Alba al fusionarse la casa británica con la española. Las obras se iniciaron en 1767 y duraron bastantes años. El principal arquitecto, el francés Louis Guilbert, fue despedido a los 10 años por la aparición de unas deficiencias en forma de grietas y por sospechas de malversación. Ventura Rodríguez fue contratado para terminar el edificio y solventar los problemas técnicos.

El nombre del palacio proviene, -como muchos estaréis adivinando-, de la localidad valenciana de Liria. El nombre del ducado es anterior a la construcción del palacio, pero el nombre proviene del IV duque de Liria que además nació en esta localidad. Al parecer el III duque de Liria tenía problemas para ser padre y para conmemorar que lo logró en Liria quiso recordar este hecho dándole este nombre al palacio.

Dentro del Palacio de Liria hay tesoros artísticos de gran calado y la colección que allí se guarda ha sido mermada en los últimos años por necesidades económicas. En el palacio hay obras de autores como Fra Angelico, Tiziano, Mengs, Goya, Madrazo, Sorolla, Daniel Vázquez Díaz, Canaletto, Rembrandt, Rubens, El Greco, Murillo, Picasso… y un lago etcétera. Además de cuadros hay tapices y otros objetos decorativos. Ah, y en el jardín un cementerio de máscotas donde los duques han ido enterrando a sus perros.

Palacio de Liria – ©JMPhotographia

El siguiente paso en nuestro recorrido es el Cuartel del Conde Duque para lo cual debemos tomar la calle del Conde Duque en dirección norte. Subiendo por la calle quedará a nuestra izquierda el cuartel y podremos leer uno o dos carteles con el viejo lema de la Guardia Real: SOLVIT FORMIDINE TERRAS, algo así como “libera a las tierras del miedo”. El edificio fue construido a partir de 1717 bajo los planos de Pedro de Ribera. Se trata de un edificio de estilo barroco que sirvió, como su nombre indica, para uso militar, pero que actualmente es la sede de un centro cultural donde se pueden ver exposiciones y asistir a conciertos.

El cuartel se construyó por orden de Felipe V, el primero de los borbones, que quería un cuartel para los guardias de corps. En el exterior destaca su portada barroca y en el interior su patio central, acompañado de otros dos patios laterales. En 1869 el edificio sufrió un importante incendio que destruyó prácticamente toda la planta superior y una torre en la fachada oeste que se usaba a veces como prisión para personajes políticos. Su uso militar duró hasta 1969, año en el que el Ayuntamiento de Madrid realiza una primera reforma para adecuarlo para otros menesteres. Hoy en día es la sede de la Biblioteca Histórica de la ciudad, la Biblioteca Musical, la Hemeroteca y contiene salas de exposiciones y una biblioteca pública.

Cuartel del Conde Duque – ©JMPhotographia

A través de la Plaza de Guardias de Corps y de la calle de Cristo accedemos de nuevo a la calle de Amaniel y a la Plaza de las Comendadoras, que queda prácticamente al frente. Esta plaza es uno de esos rincones que tiene Madrid que, si cerramos los ojos por un momento, pueden resultarnos totalmente atemporales porque podemos perfectamente imaginarlo hace siglos. A la hora en la que realicé la visita todo era maravillosa quietud, sonido de pájaros y perfecta tranquilidad.

La plaza recibe el nombre del convento e iglesia que tiene al lado. El Convento de las Comendadoras de Santiago fue construido en 1650, en época que Felipe IV. Hay una leyenda acerca de este monasterio que habla de una joven muy religiosa que tenía la voluntad de ser monja a la que se le apareció un peregrino que le indicó que fuera a Madrid y a este nuevo convento recién edificado. Al llegar a la ciudad, aquella joven reconoció en la imagen de Santiago la identidad del peregrino con el que se había topado.

En la obra de Benito Pérez Galdós Miau, la plaza aparece con su antiguo nombre, que era el mismo pero más largo, esto es, Plaza de las Comendadoras de Santiago. Desde los años 80 todos los años se realiza en la plaza la llamada “Feria de la Cacharrería” en la que los artesanos de Madrid presentan sus obras.

Plaza de las Comendadoras – ©JMPhotographia

Siguiendo la calle de Amaniel hacia el norte nos encontramos a nuestra izquierda con una especie de entramado moderno que nos indica que estamos frente al Museo ABC. Este museo alberga una colección privada de dibujos e ilustraciones pertenecientes a la colección del periódico ABC. El museo está instalado en la antigua sede de la fábrica de cervezas Mahou, la primera que se instaló en Madrid.

El edificio se lo debemos a José López Salaberry, arquitecto muy activo y ligado a Madrid en los primeros años del siglo XX. El museo actual, gracias a la reforma realizada para adaptar la vieja fábrica a las necesidades de un museo, cuenta con un total de seis plantas de las cuales dos son subterráneas y dispone de dos salas grandes de exposiciones, almacén, librería e incluso un laboratorio de restauración.

En cuanto a la colección en si, comenzó a definirse en 1891 y reúne la obra de más de 1.500 artistas del dibujo y de la ilustración de muy variadas técnicas y estilos de expresión.

Monasterio de Montserrat – ©JMPhotographia

Tras pasar la fachada del museo y girar a la derecha por la calle de Montserrat, volvemos inexorablemente a la calle de San Bernardo. Allí está el Monasterio de Montserrat. Esta convento-monasterio-iglesia está muy relacionado con Cataluña, ya que se fundó en 1642, reinando Felipe IV, para acoger a los monjes castellanos que salieron del Monasterio de Montserrat durante la sublevación catalana de 1640. En un principio, el convento no estuvo aquí, sino en las cercanías del arroyo Abroñigal, hasta que el 1704 fue trasladado al edificio actual en la calle de San Bernardo.

La construcción del edificio tardó más de medio siglo en terminarse, pues comenzó en 1668 y no se concluyó del todo hasta 1720. A pesar de haberse atribuido a Pedro de Ribera, el diseño fue obra de Sebastián Herrera, y dada la duración de la obra, en ella intervinieron varios arquitectos de renombre más, entre ellos el propio Pedro de Ribera, que es el autor de la portada y de la torre.

Una particularidad de esta iglesia es que sólo se construyó una de las dos torres proyectadas y, según parece, también quedaron otras partes de la iglesia sin realizar.

En 1835, por un real decreto, se ordenó cerrar todas las casas religiosas con menos de 12 religiosos. El convento de Montserrat, junto con otros miles de conventos y monasterios, se vio afectado por esta orden y quedó cerrado. Por este motivo, en 1837, el convento se vio convertido en una cárcel para mujeres con el nombre de La Casa Galera. En 1918 los benedictinos de Santo Domingo de Silos, de la orden religiosa que gestionó el conjunto religioso al inaugurarse, volvieron a hacerse cargo del inmueble, aunque no se les entregó la totalidad del conjunto hasta 1953, año en el que cesó la actividad de cárcel de mujeres.

Y con esto ya prácticamente hemos terminado nuestro paseo por el barrio de Universidad, únicamente nos queda subir por la calle de San Bernardo hasta la Glorieta de Ruiz Giménez. Estoy seguro de que muchos de los que pasáis alguna vez por ella no sabéis la historia -no muy bonita- de este lugar. Yo tampoco lo conocía. En esta glorieta, en la que confluyen las calles de San Bernardo, de Alberto Aguilera, y de Carranza, estuvo situada la antigua Puerta de Fuencarral. Su nombre actual es el de un político que fue ministro y alcalde de Madrid, sin embargo, muchos son los que la conocen con el nombre no oficial de Glorieta de San Bernardo, quizá influidos por la presencia en el lugar de la estación de metro de San Bernardo.

Lo que os voy a contar y que muchos no sabíamos, es que mucho tiempo atrás, en este lugar, había instalado un quemadero de la Inquisición. Muchos ya os estaréis imaginando qué prácticas se hacían ahí. Si, lo habéis adivinado, en el lugar donde hoy está la Glorieta de Ruiz Giménez se quemaba vivas a las personas condenadas por el Tribunal de la Inquisición. Pero todo lo malo, -como todo lo bueno-, termina algún día. Esos usos dieron paso a otros más edificantes. Por ejemplo, en la glorieta se levantó el primer hospital de la Princesa en 1857, que años más tarde sería trasladado, primero -y por su proximidad con el frente durante la Guerra Civil- al Colegio del Pilar, en el barrio de Salamanca; y después, debido a la antigüedad del edificio, a su actual emplazamiento en la calle de Diego de León.

 


 

Hemos terminado el quinto de los barrios del distrito de Centro. Sólo nos queda el último, el que ocupa el centro geográfico con respecto a todos los demás, el barrio de Sol. Un barrio pequeño pero en el que tendremos que detenernos muchas veces y hablar de muchas cosas.

Se acerca el final de la parte más concentrada de Madrid. Los otros distritos, para bien o para mal, son y serán siempre diferentes. Me alegro de haber llegado hasta aquí, y estoy deseando conocer más de mi ciudad. ¿Y vosotros? ¿No os dan ganas de salir a recorrer la ciudad en la que vivís?

 


 

 


 

Todas las fotos de la segunda parte del recorrido por el barrio de Universidad:

Paraninfo de la Univeridad Complutense - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales: