Mes: mayo 2018

[Cap. 17] Conociendo mi ciudad: Barrio de Legazpi (Arganzuela)

El barrio de Legazpi está situado al sureste del distrito de Arganzuela configurándose en torno al “pico” que rodea al sur la autopista de circunvalación M-30. Debe su nombre, -como ya explicamos en el capítulo anterior en relación a la Plaza de Legazpi-, al conquistador vasco Miguel López de Legazpi. Su territorio está delimitado por las calle del Vado de Santa Catalina, la calle de Bolivar, la calle del Bronce, el límite norte del Parque de Enrique Tierno Galván y la Avenida del Planetario al norte; la calle de Méndez Álvaro al este; la autopista de circunvalación M-30 al sureste y el Río Manzanares y la propia M-30 al sureste.

El barrio de Legazpi fue una zona rural hasta casi el final del siglo XIX, momento en el que con la construcción de la Estación de Delicias -actualmente preservada como Museo del Ferrocarril-, la zona se fue llenando de fábricas y almacenes. La zona aledaña al río estuvo ocupada por huertas hasta 1970 y por una barriada que también desapareció con la construcción de la M-30. Desde los años treinta hasta los años ochenta del siglo XX estuvo en el barrio el Mercado Central de frutas y verduras, una instalación que, junto con el Matadero del vecino barrio de La Chopera, convirtió a esta zona sur de la ciudad como la principal despensa de la toda la ciudad. Este mercado desapareció en los años ochenta al construirse un poco más al sur la sede de Mercamadrid. Igual que ocurre en prácticamente todos los barrios del distrito de Arganzuela, toda la zona se reconvirtió desde usos industriales a usos residenciales a los largo de la segunda parte del siglo XX.

Una parte importante del barrio lo ocupa de Parque de Enrique Tierno Galván que fue construido sobre los terrenos del antiguo Cerro de la Plata en 1986. Cerca de 26 mil personas viven en el barrio de Legazpi.

El recorrido por el barrio de Legazpi comenzó en la Plaza de la Beata María Ana de Jesús, el lugar donde terminamos el capítulo anterior. Bajando por la calle de Embajadores y a la altura de su cruce por la Avenida del Planetario encontramos la Parroquia de los Santos Inocentes. Se trata de una iglesia de construcción moderna y, por tanto, ajena a los cánones clásicos en lo que respecta a su planta, que no es de cruz latina ni de cruz griega: es un templo circular, aunque con salientes en los costados para las salas auxiliares. Parece ser que hay un proyecto para ampliar el templo en altura. Los domingos a las 11.30 hay misa para niños y los primeros domingos de cada mes se realiza una bendición de embarazadas.

Parroquia de los Santos Inocentes – ©JMPhotographia

Andando un poquito más hacia el sur por la calle de Embajadores y cambiándonos de acera llegamos al Centro Deportivo Municipal Circuito BMX. Estamos ante un edificio parecido a un polideportivo que, en realidad, es un monodeportivo, ya que el único deporte que se puede practicar es el BMX. La pista, inaugurada en 2010 tras la inversión de unos 4 millones de euros fue cerrada el 1 de julio de 2017 para realizar unas obras de reacondicionamiento y mejoras, sin embargo, no comenzaron a realzarse estas obras hasta el mes de octubre ante el estupor de los amantes de este deporte, que hicieron la presión necesaria para que se aceleraran los trabajos y pudiera reabrirse el complejo.

Este centro no es un centro cualquiera, es la pista de BMX más grande de Europa y sirve para entrenamiento de los profesionales que tenemos en nuestro país y que aspiran a ir a las Olimpiadas de Tokio en 2020. La construcción se llevó a cabo sobre un descampado que era propiedad del Ayuntamiento y que venía siendo utilizado como aparcamiento ilegal. La pista tiene 8 carriles, cuestas, curvas y todo lo que necesitan los practicantes del BMX. También hay vestuarios, oficinas, control de acceso y un pequeño graderío para 800 personas que se podría ampliar hasta casi duplicar este número. Está previsto que el Ayuntamiento ceda la gestión del complejo a la Federación Madrileña de Ciclismo para que pueda usarse para organizar torneos regionales, nacionales e incluso internacionales. Actualmente, pude comprobar que ya está en marcha una escuela para introducir en este deporte a los más jóvenes.

Circuito BMX Arganzuela – ©JMPhotographia

Cruzando la calle de Embajadores y tomando la calle de Puerto Serrano llegamos hasta una de las entradas del Parque de Enrique Tierno Galván, del que ya no saldremos en todo lo que resta de este capítulo. Estamos hablando de un parque urbano de un tamaño considerable en relación con el barrio del que estamos hablando, y el barrio de Legazpi es uno de los más grandes de todo el distrito de Arganzuela. Tiene un total de 45 hectáreas. Recibe su nombre de Enrique Tierno Galván que fue el alcalde bajo el mandato de quien, en 1986, comenzó su construcción.

Como parque de considerable tamaño, cuenta en su interior con varios ambientes y paisajes, además de importantes edificios como el antiguo cine del sistema IMAX, un teatro al aire libre y el planetario de la ciudad. Está situado en un cerro que antiguamente recibía el nombre de Cerro de la Plata, según parece por contraposición a la carbonilla que salía procedente de las locomotoras de los trenes de vapor que salían y entraban en las estaciones circundantes de Atocha y Delicias.

En el parque, además de paseos entre árboles y pájaros, se pueden encontrar otros entretenimientos como un carril bici, pistas de volleyball, zonas de juegos infantiles y hasta un pequeño campo de minigolf.

Zona de las lagunas del Parque de Enrique Tierno Galván

De todas las zonas que ofrece el parque la primera que visité fueron las lagunas. Están ubicadas junto al trazado de la M-30 y son un total de cuatro estanques artificiales que cuentan cada uno con un elegante chorro de agua. Además, estos cuatro estanques forman un todo ya que están unidos entre sí por medio de unas pequeñas cascadas. Todo el espacio está rodeado de césped y árboles, lo que convierte a este lugar en un sitio idóneo para pasar tiempo con la familia, tomando el sol y descansando, aunque desconozco si está permitido hacer picnics. En las lagunas es habitual la práctica del modelismo naval.

Las lagunas están en la parte de abajo del parque, pero éste cuenta también con una parte alta, la del antiguo Cerro de la Plata, en la que hay dos o tres puntos establecidos como miradores, ya que disponen de tomavistas, en los que podemos divisar desde lo alto toda la parte Sureste de Madrid transcircunvalación (neologismo, jajaja).

En esta parte alta se suele ver mucha gente entrenando, corriendo y haciendo estiramientos con la ayuda de los árboles que hay allí, -y que no se mueven-, que son principalmente coníferas, álamo, algún enebro y algunas moreras

Auditorio al aire libre del Parque de Enrique Tierno Galván – ©JMPhotographia

Aprovechando el declive del terreno por el otro lado, es decir, por la ladera noroeste del cerro, se construyó un auditorio al aire libre al más puro estilo de un teatro griego. Este Epidauro madrileño, teatro que no anfiteatro como veo escrito aquí y allí -recordemos que un anfiteatro es un edificio cerrado, pues se forma al oponer dos teatros uno frente a otro, de ahí el nombre-, tiene unas gradas de hormigón coronadas por el verdor del césped bien cuidado que dan una capacidad de 5.000 personas. No se ha utilizado mucho, pero si se han realizado allí eventos ocasionalmente y festivales como el Brunch in the Park, así como para la realización de actos políticos y de otro tipo.

Después del teatro y dirigiéndome hacia el sur este, hacia la calle de Méndez Álvaro, me encontré con el viejo cine IMAX, un edificio que llama la atención de cualquier por su aspecto modernista y atractivo. IMAX es un acrónimo de las palabras inglesas image y maximum que denomina a un formato de cinta de video y estándar de proyección cinematográfica que fue creado por la compañía canadiense IMAX Corporation. Su característica principal es que ofrece imágenes de mucho más tamaño y resolución que los sistemas de reproducción convencionales.

Cine IMAX de Madrid – ©JMPhotographia

En el caso del Cine IMAX de Madrid hay que decir que lleva cerrado desde 2014 debido a la caída en picado de espectadores, caso que ha acontecido también en la sala de Barcelona. De todos los cines con esta tecnología que se instalaron en España solamente quedan dos salas, una ubicada en Leganés y otra en Palma de Mallorca. Una de las causas de que la tecnología IMAX esté decayendo en todo el mundo es que no ha habido ningún avance tecnológico en los proyectores, cosa que si se ha producido con otro tipo de representaciones cinematográficas más convencionales. En otros países la tecnología IMAX tiene mejores cifras de espectadores y de beneficios, particularmente en China, pero en general y a nivel mundial, IMAX está dejando de dar un beneficio que nunca logró obtener en España.

El futuro del edificio del cine IMAX del Parque de Enrique Tierno Galván está en el aire. Se han pensado en algunos usos para él, principalmente el de un espacio polivalente para celebrar eventos para empresas o conciertos.

Volviendo a las entrañas del parque y caminando en dirección noreste llegamos quizá al edificio más paradigmático del Parque de Enrique Tierno Galván: el Planetario de Madrid. Tanto es así que muchos conocen al parque como Parque del Planetario. Y nada es más característico que ese iglú gigante de blanco radiante a los ojos de madrileños y visitantes.

El Planetario de Madrid es obra del arquitecto Salvador Pérez Arroyo. Ofrece sesiones individuales y grupales sobre aspectos de divulgación de la astronomía.  El Planetario fue inaugurado en 1986, por lo que tiene la misma antigüedad que el propio parque en el que está inscrito. Tiene varias salas dedicadas a la astronomía, siendo la sala principal la sala esférica que es utilizada para la proyección de las estrellas en su techo abovedado y que vemos por fuera con forma de gran iglú blanco.

Planetario de Madrid – ©JMPhotographia

Además, el Planetario ofrece a sus visitantes diferentes exposiciones de contenido científico. Por lo que sé, el acceso es gratuito, lo que implica que el visitante puede recorrer con total libertad las exposiciones de imágenes astronómicas y las maquetas que allí se muestran durante el horario en el que está abierto.

Durante los años 2016 y 2017 fue renovado y actualizado gracias a un compromiso entre el Ayuntamiento y la Obra Social “La Caixa”. La sala principal tiene un techo semiesférico de 17,5 metros de diámetro que sirve de pantalla para el proyector de estrellas y una capacidad para 245 personas en su interior. Además, hay una torre de 28 metros de altura con una cúpula de 3 metros de diámetro donde se sitúa un telescopio de 150mm de abertura y una distancia focal de 2.25 metros.

 


 

Y con estos datos técnicos terminamos aquí este capítulo dedicado al barrio de Legazpi. Un barrio dominado por un parque con muchos atractivos y muchos usos. Un barrio grande y diferente, el final de muchas cosas y el principio de alguna otra como el Parque Lineal del Manzanares.

En el siguiente capítulo visitaremos el barrio de Delicias y dentro de él el Museo del Ferrocarril, situado en la antigua Estación de Delicias, la sede de REPSOL en la calle de Méndez Álvaro, la sede del ICAE (Intervención Central de Armas y Explosivos) y el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, entre otros sitios.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Legazpi:

Parroquia de los Santos Inocentes - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 16] Conociendo mi ciudad: Barrio de La Chopera (Arganzuela)

El barrio de La Chopera supone la prolongación del barrio de Las Acacias a lo largo de la ribera norte del río Manzanares. Sus límites son la Glorieta de Santa María de Cabeza al norte; la calle de Embajadores, la Plaza de la Beata María Ana de Jesús y el Paseo de las Delicias al este; la Plaza de Legazpi, la calle del Vado de Santa Catalina y el río Manzanares por el sur; y el Puente de Praga y el Paseo de Santa María de la Cabeza por el oeste.

Es curioso y, a la vez, algo que muchos madrileños no saben, que gran parte de los que hoy es el barrio de La Chopera lo ocupaba una isla dentro del río Manzanares. Esto es, de hecho, algo inimaginable en la mente de muchísimos madrileños que tenemos una imagen de nuestro río como de algo débil y flacucho. Sin embargo, Carlos III pensó en el río Manzanares como una vía de transporte muy útil para el comercio y por ello aprobó un plan para construir un canal en el Manzanares que hiciera navegable el río hasta el Tajo y de allí hasta Sevilla y después hasta el Océano Atlántico. De todo ese proyecto sólo se realizó obra hasta Rivas-Vaciamadrid y poco a poco, -sobre todo tras la llegada del ferrocarril-, se fue poniendo todo eso en el olvido.

El río Manzanares a su paso por La Chopera – ©JMPhotographia

En 1910 comenzó la construcción de matadero municipal en los terrenos de la antigua Dehesa de la Arganzuela que llegó a constituirse casi como una microciudad dentro de otra ciudad y que, hoy día, ocupa casi el 40% de todos los terrenos del barrio de La Chopera.

Comenzamos el recorrido tomando el metro en la Estación de Chamartín, como viene siendo habitual; y saliendo del suburbano por la Estación de Legapzi, que nos pone directamente en el primer punto de nuestro recorrido: la Plaza de Legazpi.

La Plaza de Legazpi es el remate en forma circular en el que termina el Paseo de las Delicias, que a su vez arranca en la Glorieta de Carlos V o Plaza de Atocha, para entendernos. La Plaza de Legazpi podría ser tratada en el capítulo siguiente, que es el que dedicaremos al barrio de Legazpi, pero parecía conveniente adelantarlo a este capítulo, ya que es el inicio del recorrido y porque constituye la puerta de entrada a los terrenos del Matadero. El nombre de la plaza se debe al conquistador Miguel López de Legazpi, que estuvo en tierras mexicanas y, sobre todo, filipinas.

Plaza de Legazpi – ©JMPhotographia

 

El espacio de la plaza existió tiempo antes de recibir su nombre, pues el lugar donde se encontraban el Paseo de las Delicias y el Paseo de la Chopera estuvo sin nombre durante un tiempo. Fue la construcción del Puente de la Princesa, en 1909, sobre la calle del Vado de Santa Catalina y que suponía un obra de infrastructura vital para el camino entre Madrid y Cádiz lo que hizo que el tránsito de aquel lugar aumentara bastante y creara la necesidad de reconocer con un nombre dicho lugar.

Lo más reconocible de la plaza es la escultura de un pegaso que corona el centro de la glorieta. En realidad, deberían ser dos pegasos, pero actualmente solo hay uno, que fue apodado “La momia” por estar totalmente tapado con una lona durante ocho años, concretamente hasta 2014. El otro pegaso, de momento, permanece en un solar de la calle Áncora desde 2005.

En la misma Plaza de Legazpi hay un acceso al Matadero Madrid, que recibe este nombre “comercial” desde que se transformó en un centro cultural y de creación artistica. Sin embargo, ningún centro de arte se llama a sí mismo “Matadero” si no ha sido un matadero antes. Como ya hemos dicho antes, entre 1910 y 1925 se construyó en su actual localización el Matadero y Mercado Municipal de Ganados, también conocido como Matadero de Legazpi o Matadero Municipal de la Arganzuela. Como todos estamos entendiendo, fue un matadero industrial y mercado de ganado entre los años de 1925 y 1996.

En la misma entrada por la plaza hay un depósito de agua que se hace muy visible por lo alto de su construcción. Este depósito se hacía vital para el buen funcionamiento del matadero, ya que el agua era muy necesaria para la limpieza de las instalaciones, como se puede imaginar. Cuando estaba en uso, tenía una capacidad de 800 m³ y se llenaba siempre por la noche para abastener al complejo desde por la mañana gracias a unas obras que hubo que realizar para que el agua del Canal de Isabel II pudiera llegar hasta el Matadero.

Depósito de agua del Matadero – ©JMPhotographia

Arquitectónicamente hablando, el Matadero era un complejo formado de varios edificios, en concreto 48 edificios construidos en estilo neomudéjar, siendo el responsable de su diseño el arquitecto municipal Luis Bellido y González y de su construcción el ingeniero José Eugenio Ribera. Todo el complejo fue diseñado como un conjunto abierto, con espacio para la construcción de nuevas instalaciones y con la capacidad de cambiar la especialización de los diferentes edificios.

Entre los años 1996 y 2003 las instalaciones del matadero quedaron sin uso, pero esto cambió cuando se transformó todo el complejo para ser usado como un espacio cultural y de creación artística que fue llamado Matadero Madrid, que abrió sus puertas en 2007.

Cuando se cerró el antiguo matadero se hicieron muchas propuestas para un nuevo uso de las instalaciones: se planteó ubicar un Museo de Arquitectura, unos multicines, un centro comercial (muy original esta idea); también se pensó en ubicar allí la sede de Telemadrid o aulas de enseñanza de la Univerdidad Nacional de Educacion a Distancia (UNED).

Matadero Madrid – ©JMPhotographia

Dentro de Matadero Madrid, el espacio cultural más importante es seguramente el de las Naves del Español, un espacio escénico dedicado de lleno a la representación de obras de teatro contemporáneo en lengua española. Estas naves son tres que además están conectadas entre sí, si bien cada una es independiente de la otra y opera de manera aislada. Su nombre le viene por su relación con el Teatro Español, cosa que muchos de vosotros o bien sabíais o bien sospechábais.

Intermediae y Vestíbulo son espacios de interacción abierta y de diálogo cultural entre el propio matadero y sus actividades y los ciudadanos. Son centros experimentales de creación financiados por la Comunidad de Madrid.

La Casa del Lector es un centro internacional para la investigación, el desarrollo y la innovación de la lectura. Es un espacio de la Fundación Sánchez Ruipérez que está ubicado en dos naves de degüello de vacas.

La Cineteca y la Nave de Música son espacios dedicados al cine y a la música. El primero cuenta con dos salas de cine, un plató de rodaje, una hemeroteca visual y una cantina; la segunda está ubicada en los espacios de estabulación y contiene un estudio de radio, un estudio de grabación, un escenario para conciertos y nueve salas de ensayo.

Matadero Madrid – ©JMPhotographia

Abierto x obras se encuentra en la antigua cámara frigorífica y es un espacio para exposiciones especiales dedicado tanto a artistas españoles como internacionales. Central de Diseño se dedica a la difusión y promoción de proyectos de diseño gráfico, industrial y de interiores. Es un espacio gestionado por la fundación Diseño Madrid. Factoria Cultural es un espacio dedicado a las nuevas empresas, un vivero de industrias culturales y creativas, un espacio para crear y desarrollar iniciativas de emprendimiento creativo. En su esencia debe ser algo parecido al Campus de Google del que hablamos en el capítulo dedicado al barrio de Imperial.

Puente del Matadero – ©JMPhotographia

Tras curiosear por las diferentes dependencias de Matadero Madrid me dirigí hacia el río para ver los dos puentes peatonales que hay en la zona. Son estos dos puentes gemelos, uno frente al Matadero y otro frente al Palacio de Cristal de la Arganzuela, que únicamente difieren en la decoración interior. Ambos conectan los distritos de Arganzuela y Usera y tienen una apariencia curiosa, ya que al ser cubiertos y tener formas redondeadas a algunas les recuerdan a cáscaras, por lo que algunos los han llamado “puentes cáscara”. Los puentes fueron construidos durante las obras de soterración de la M-30 y de acondicionamiento de la zona de la ribera del Manzanares. El artista Daniel Canogar realizó los mosaicos con los que están decoradas las bóvedas de los techos, y para dicha decoración representó a 50 vecinos de los barrios que unen las pasarelas, La Chopera y Moscardó.

Dejando atrás los puentes volví al meollo del Matadero y de ahí pasé a la Casa del Reloj, que antiguamente era el Pabellón de Servicios Centrales del Matadero y Mercado Municipal de Ganados de Madrid y que en la actualidad es tanto la sede de la Junta del Distrito de Arganzuela como el Centro Cultural Casa del Reloj.

Al lado de la Casa del Reloj está el Palacio de Cristal de la Arganzuela, que en la época en la que funcionaba el matadero era la Nave de patatas. Actualmente es un museo botánico que cuenta con plantas de todas las partes del mundo divididas en cuatro zonas que crean microclimas, dos de ellas están dedicadas al clima tropical, otra al clima subtropical y la última al clima desértico. Fue inaugurado como invernadero en 1992 por el alcalde José María Álvarez del Manzano.

Un paso más hacia el noreste nos lleva a una nave alargada donde se ubica la Compañía Nacional de Danza y la sede del Ballet Nacional de España. La Compañía Nacional de Danza fue fundada en 1979 como entidad de titularidad pública dependiente del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música. Su objetivo, como se podrá imaginar, es fomentar y difundir el arte de la danza de un modo abierto a todos los estilos y sensibilidades. Su primer director fue Víctor Ullate y, tras él, todos sus directores han sido o bien bailarines o bien coreógrafos.

El Ballet Nacional de España fue fundado un año antes, en 1978, y también es una entidad pública bajo el paraguas del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música y también comparte objetivos y preocupaciones con la Compañía Nacional de Danza. Aunque ambas entidades son de fundación reciente, la idea de establecer compañías nacionales de danza y ballet viene de lejos, desde mediados del siglo XIX.

Edificio de la Compañía Nacional de Danza y del Ballet Nacional de España – ©JMPhotographia

Justo en el extremo del barrio, junto al Puente de Praga encontramos un sitio muy animado y con gran presencia de jóvenes amantes del patinaje. El nombre de Skate Park es muy moderno, pero quizá no haya nombre en castellano para designar lo que realmente encontramos en aquel lugar. El Skate Park tiene una superficie de 2.300 m² y consta de dos bowls, uno cerrado y otro abierto, sets de escalones, planos inclinados, rainbows, dunas, hubbas, planter, cajones, barandilla curva, rails en bajada, etc. A los skaters les encanta, y a los niños también, y eso no sé si les gustará mucho a los propios skaters.

Skate Park Arganzuela – ©JMPhotographia

Desde el Skate Park de la Arganzuela volví sobre mis pasos hasta ganar el Paseo de la Chopera y poder dirigirme al final del recorrido, la Plaza de la Beata María Ana de Jesús. Por el camino pasé por la Plaza del General Maroto, el espacio viario que está justo delante de la puerta ubicada delante de la Casa del Reloj; y la Parroquia de la Beata María Ana de Jesús. Esta parroquia fue inaugurada en 1952.

Y finalmente llegamos al final del recorrido y del capítulo. La Plaza de la Beata María Ana de Jesús es el lugar donde se unen el Paseo de las Delicias y la calle de Embajadores, además de la calle de Guillermo de Osma por la que accedí caminando; y la calle de Alicante, justo al otro extremo de la plaza. Esta plaza, como la parroquia del mismo nombre, recibe el nombre de la beata madrileña Mariana de Jesús (1565-1624), cuyo cuerpo incorrupto se halla en el Convento de Don Juan de Alarcón, en el barrio de Universidad.

Plaza de la Beata María Ana de Jesús – ©JMPhotographia

 


 

Hemos terminado nuestro recorrido por el barrio de La Chopera. Si hemos de ser justos, esencialmente este barrio son los terrenos del Matadero Madrid y el llamado Parque del Matadero que ocupa los terrenos entre el matadero y el río. Es un lugar agradable de pasear y siempre frecuentado por gente joven y con ambiciones artísticas. Para muchos puede ser un lugar por descubrir, para otros un lugar que paladear.

La semana que viene nos adentraremos en el barrio de Legazpi, donde cobra principal relevancia el Parque Enrique Tierno Galván, también llamado Parque del Planetario. ¿Os ha gustado este capítulo? ¿Conocíais esta parte de Madrid? Dejad algún comentario y compartid vuestra esperiencia. Es gratis.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Las Acacias:

Plaza de Legazpi - ©JMPhotographia

 

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Reportaje: EJDM, Huérmeda y Bílbilis

El pasado 28 de abril estuve junto con Carlos Moraleda y David Hurtado (El Jardín de María) en Huérmeda, una pedanía perteneciente a la ciudad de Calatayud en la que se celebró una comida con motivo del octavo aniversario de la Asociación Las Lavanderas.

Después de poco más de dos horas de carretera desde Rivas Vaciamadrid que resultaron más llevaderas una vez pasada la ciudad de Guadalajara -ya que en España muchísimos conductores no saben conducir cuando hay más de dos carriles en la autovía-, llegamos a Huérmeda con el coche cargado, (como siempre, por otra parte) y dispuestos a conocer el Pabellón Municipal, el lugar en el que nos habían dado cita para comer primero y cantar después.

Llegamos un poco pasadas las dos de la tarde y lo primero que nos sorprendió fue la magnitud del escenario en el que íbamos a realizar la actuación: un escenario para dos personas en el que cabrían fácilmente cuarenta o cincuenta sin muchos aprietos. La grandeza de los escenarios a veces causa problemas con los cables, concretamente con los alargadores, porque si no hay un alargador en el lugar, los que llevamos nosotros suelen ser muy insuficientes dada las características de tales escenarios. Por suerte, aquella tarde no íbamos a tener muchos problemas en ese sentido.

La comida del día fue el codillo, un plato que creo que ninguno de los tres habíamos tomado antes. Estaba muy bueno, aunque fuera de David, que dejó el plato totalmente vacío, Carlos y yo no pudimos con todo. El apetito de David es bastante mejor que el nuestro.

No tardamos mucho en ponernos a trabajar, descargando el coche y llenando poco a poco el escenario. Como siempre, El Jardín de María actuó con su repertorio habitual durante más de hora y media y después amenizaron otro buen rato más una comida que pronto se convirtió en baile. Reinaron Jotas y Pasodobles, y un vecino llamado Dioni, -aunque creo que vive en Madrid-, se destapó como un cuasi cantante de ópera, con voz de heraldo, de recio hombre aragonés.

El Jardín de María en Huérmeda – ©JMPhotographia

Cuando me sentí menos necesario cogí la cámara y recorri, en primer lugar, el pueblo. Enseguida me di cuenta de que Huérmeda es uno de los pueblos que hemos visitado que más me ha gustado estéticamente. No es especialmente un pueblo con cuestas, pero tampoco es llano; y una cosa que pude comprobar es que sus casas no son tan uniformes y anodinas como las de los pueblos manchegos, por ejemplo; sino llenas de color y de vida.

Vivienda de turismo rural – ©JMPhotographia

Cuando veo una cuesta la sigo como un tonto, desconozco si es por un deseo incurable de buscar elevación, tejados o una querencia inconsciente por las cuestas que van hacia arriba. El primer lugar que visité fue una casa rural que está en la parte de arriba y que ofrece unas buenas vistas sobre el río Jalón. Y como cada vez que veo algo desde arriba al final también acabo sintiendo la necesidad de completar la experiencia desde abajo, pues tuve que bajar casi a la orilla del río, donde había una muy buena perspectiva de las peñas que encierran por aquella parte las casas del pueblo.

Cerca del Jalón, bajo las peñas – ©JMPhotographia

Húermeda no es grande, en unos diez minutos o menos ya había podido ver casi todo el pueblo. Viven en esta pedanía unas 92 personas, si bien también hay otras personas que viven en otra parte de Calatayud y que gozan de tener otra casa allí para su esparcimiento de fin de semana. Como otras localidades de este área, el água ha tenido una importancia capital en Huérmeda.

Otros lugares como Alhama de Aragón, el Monasterio de Piedra, los balnearios de Jaraba, etc. utilizaron el líquido elemento para crear balnearios y centros de salud a través del agua, aprovechando sus cualidades especiales; pero Huérmeda lo usó para crear una industra asentada sobre la figura de las lavanderas. Y es que la mayor parte de las mujeres que vivían en Huérmeda se dedicaban a este oficio de lavar las ropas de las gentes que residían en la muy cercana Calatayud. Estas mujeres alcanzaron cierta fama de carácter local porque, -según se dice-, lavaban muy bien y todos los días recogían la ropa en Calatayud y la llevaban a pie a los tres lavaderos que hubo en el pueblo.

Tras dar esta primera vuelta por el pueblo regresé al Pabellón para ver cómo estaban las cosas por allí y para poder hacer la visita obligada que quería hacer: subir al Cerro de Bámbola y ver las ruinas de la antigua ciudad romana de Bílbilis, lugar donde nació y murió el poeta epigramático Marco Valerio Marcial.

Subida a pie al Cerro de Bámbola – ©JMPhotographia

La verdad es que no queda gran cosa de Bílbilis, pero subir allí -primeramente con el coche y posteriormente caminando- merece la pena. El foro, o lo que dicen que es el foro, es irreconocible, ya que no sólo está muy deteriorado, sino que parece que en algún momento lo intentaron reconstruir con no sé muy bien qué criterio. Mucho más reconocible -de hecho lo que más- es el teatro, que resulta inconfundible por su forma.

Teatro romano de Bílbilis – ©JMPhotographia

Además del foro y del teatro, hay otro lugar que actualmente ha sido techado y que son unas termas. Es más difícil distinguir alguna forma conocida allí debido a que el lugar está más restringido por vallas y otros impedimentos, pero ahí están, y parece que es el principal foco de escavación en la actualidad.

No pude recrearme mucho tiempo en Bílbilis debido a que se puso a llover, primero muy débilmente, como dándome un aviso para poder marcharme y recorrer el camino de tierra de vuelta hacia el coche antes de que se embarrara y se pusiera impracticable. Por suerte, no fue hasta que estuve dentro del coche cuando se puso a llover de verdad, completamente en serio. Cuando llegué al Pabellón todos estaban en la puerta, observando la lluvia pertinaz, oyendo la violencia del caer de las gotas sobre el techo del Pabellón. Ya casi todo estaba desmontado, los cables y demás, prácticamente sólo quedaba cargar el coche. Y así lo hicimos sin demorarnos mucho, ya que la lluvia no duró.

Una vez hubimos cargado y estuvimos listos para marcharnos de vuelta a Madrid, el alcalde pedáneo, un hombre llamado Antonio Cuenca y al que Carlos encontró cierto parecido con su amigo Luis Valera, -ese pedazo de actor español que hizo mil zarzuelas, unas cuantas películas y que dobló a Fénix, de El Equipo A.; nos quiso enseñar el pueblo. Primero la piscina, donde nos agasajó con una buena ristra de chorizo que allí llaman, -si no lo pillamos mal-, matapuerco.

La piscina de Huérmeda – ©JMPhotographia

De ahí Antonio nos llevó al Centro Social y terminamos en el lugar que más nos gusta de todos los pueblos, el bar, que estaba a los pies -o casi- del edificio más característico de Huérmeda: la Iglesia de San Gil. En el bar volvimos a coincidir con muchos de los amigos que habíamos hecho en el Pabellón. Fue una tarde de felicidad tranquila.

Volveremos.

 



 

[Cap. 15] Conociendo mi ciudad: Barrio de Las Acacias (Arganzuela)

El barrio de Las Acacias es el segundo barrio del distrito de Arganzuela. Está delimitado por la Glorieta de la Puerta de Toledo, la Ronda de Toledo y la Glorieta de Embajadores por el norte; por el Puente de Toledo, la Glorieta de las Pirámides y la calle de Toledo al oeste; por el río Manzanares y por la Avenida de la Virgen del Puerto al sur; y por la calle de Embajadores, la Glorieta del Santa María de la Cabeza, el Paseo de Santa María de la Cabeza y el Puente de Praga al este.

Vamos a comenzar el recorrido por el barrio de Las Acacias en el lugar en el que acabamos el capítulo anterior, es decir, en el Puente de Toledo. Este puente, de estilo barroco-churrigueresco fue construido entre los años 1718 y 1732 siguiendo un diseño del arquitecto Pedro de Ribera. Une la Glorieta de Marqués de Vadillo, en el distrito de Carabanchel y al otro lado del río; con la Glorieta de las Pirámides.

Puente de Toledo – ©JMPhotographia

Teniendo en cuenta que este puente une las ciudades de Madrid y de Toledo podemos imaginarnos que la idea de construir un puente sobre el Manzanares que pudiera unir ambas ciudades es bastante antigua. El primer puente que se construyó fue ideado por Juan Gómez de Mora y construido por José de Villarreal entre 1649 y 1660, y no tuvo mucha fortuna, ya que muy poco después de ser inaugurado fue destruido por una crecida del río. En 1680 se terminó de levantar el segundo puente, y de nuevo fue destruido por una riada. En 1682 José del Olmo realizó el diseño del tercer puente, que sirvió como base para la reconstrucción de Pedro de Ribera que ha llegado hasta nuestros días y que estuvo auspiciada por el entonces corregidor, es decir, alcalde, Francisco Antonio de Salceda y Agurre, marqués de Vadillo.

El Puente de Toledo recuerda por su aspecto a una muralla debido a los sólidos contrafuertes y tambores que rematan en balcones. Una de las cosas que destacan en el puente son las dos hornacinas situadas en el centro donde se explaya con toda la fuerza la decoración churrigueresca y que contienen estatuas de piedra caliza representando a San Isidro y a Santa María de la Cabeza.

Una de las hornacinas del Puente de Toledo – ©JMPhotographia

En 1952 se produjo en el puente el accidente ferroviario más grave de la historia de Madrid al quedarse sin frenos un tranvía que causó la muerte a 15 personas y heridas a otras 112.

Junto a la Glorieta de las Pirámides y entre la calle de Toledo y el Paseo de las Acacias están los modestos Jardines de Concha Piquer. Es un parquecito muy pequeño con alguna pequeña fuente y con gran frondosidad de árboles que permiten el refresco de paseantes.

Busto en los Jardines de Concha Piquer – ©JMPhotographia

Tras la visita por esos jardines subimos en dirección norte por la calle de Toledo hasta la primera intersección, es decir, hasta encontrarnos con el Paseo del Doctor Vallejo Nágera, donde giramos a la derecha para dirigirnos hasta la Plaza de Ortega y Munilla. En esta plaza está la salida de la estación de Cercanías de Pirámides, y por ello es un lugar bastante conocido por muchos aficionados al Atlético de Madrid, ya que antes de volvernos más refinados y contentos de nosotros mismos, muchas veces hemos acudido al Manzanares en metro o en los servicios de Cercanías. En la plaza hay un obelisco de acero que he ido encontrando en otras plazas y localizaciones de la ciudad con el mismo acabado y significado. No me ha hecho falta mucha investigación para hallar la respuesta: se trata de monumentos conmemorativos que celebran la creación del llamado “Pasillo Verde ferroviario” que recorre el sur de Madrid, -todo su recorrido está en la Arganzuela-, desde la Estación de Atocha hasta la Estación de Príncipe Pío pasando por las estaciones de Méndez Álvaro, Delicias y ésta de Pirámides.

Esta plaza, por cierto, lleva el nombre del padre de José Ortega y Gasset.

Subiendo en dirección norte de nuevo por el Paseo de los Olmos llegamos a un curioso parque que hasta la fecha había pasado totalmente desapercibido para mí. Me estoy refiriendo al Parque de la Chimenea, llamado también Parque del Gasómetro, por estar construido sobre una antigua fábrica que producía gas para el alumbrado de la ciudad. En este parque, que está bastante descuidado y frecuentado por gentes sin hogar, destaca sobre todas las cosas una enorme chimenea que domina todo el lugar.

Parque de la Chimenea – ©JMPhotographia

La calle del Gasómetro, -las calles están puestas en los lugares en los que están puestas por algo y sus nombres también tienen su razón-, nos conduce en dirección sur de nuevo hasta el Paseo del Doctor Vallejo Nágera, que vamos atomar a nuestra izquierda, es decir, en dirección este hasta encontrarnos con la parte peatonal del paseo y la Plaza de las Peñuelas que se sitúa justo en las inmediaciones. En primer lugar, debemos advertir al lector que desconozca esta plaza que en realidad es más un parque, y es por esto que no debemos confundir la Plaza de las Peñuelas con el Parque de las Peñuelas, situado a escasos metros de distancia. Todo el lugar recibió este nombre por la existencia en el siglo XVI, -época en la que comenzó a ser poblada esta zona-, de una pequeña peña que recibía el nombre de Santa Isabel. En la plaza hay una fuente que lleva allí instalada desde 1880, año en el que se quitó de allí la Fuente de la Fama que hoy podemos ver detrás del Museo de Historia de Madrid en la zona de Tribunal y de la que ya hablamos en un capítulo anterior.

Tras tomar la calle de la Ercilla a nuestra derecha y bajar hacia el río por el Paseo de Santa María de la Cabeza accedemos al Parque de la Arganzuela por el Paseo de las Yeserías. Este parque recibe también el nombre de Madrid Río, o al menos yo lo llamo así, y creo que podemos decir que también es un nombre oficial, y puede que con mayor éxito que el de Parque de la Arganzuela.

Parque de la Arganzuela o de Madrid Río – ©JMPhotographia

Se trata de un parque construido entre 2006 y 2011 en los dos márgenes del río Manzanares sobre los terrenos que ocupaba la autopista M-30 antes de ser soterrada. Está constituido por diferentes ambientes que integran el río con la ciudad entre los que destaca el Salón de Pinos, una superestructura lineal que da continuidad al recorrido a lo largo de las riberas; los puentes monumentales y los puentes nuevos, añadiendo también las presillas y pasarelas fluviales; y los jardines repartidos por todo el parque.

El Parque de la Arganzuela rebasa los límites del barrio de Las Acacias, pero en lo que respecta a este barrio, hay algunos lugares que debemos de destacar. En primer lugar el Barco Pirata de Madrid Río, una atracción infantil que logra congregar los fines de semana una ingente cantidad de niños junto con sus padres y madres. Llegados allí se puede llegar a tener la sensación de que hay realmente muchísima gente.

Barco pirata de Madrid Río – ©JMPhotographia

El segundo punto a visitar es un monumento conocido como El obelisco de la Castellana. Este nombre lo recibe por el hecho de que estuvo situado en la Glorieta de Emilio Castelar, es decir, en pleno Paseo de la Castellana. Este obelisco fue construido en época de Fernando VII para celebrar en nacimiento de su hija, la que sería reina y conocida con el nombre de Isabel II. A pesar de su apariencia de obelisco en origen era una fuente monumental diseñada por el arquitecto Francisco Javier de Marietegui y llevada a cabo por el escultor José de Tomás.

La fuente duró en su emplazamiento 68 años  -tiempo en el que el lugar se llamó Plaza del Obelisco-, ya que fue inaugurada en 1838 y desmantelada en 1906, año en el que se instaló el monumento a Emilio Castelar de Mariano Benlluire que podemos admirar en la actualidad, cambiando también el nombre de la plaza a Glorieta de Emilio Castelar.

En 1914 se instaló de nuevo la fuente esta vez en la Plaza de Manuel Becerra, permaneciendo allí hasta 1969, año en el que de nuevo tuvo que ser desmantelada por motivo de la construcción del paso subterráneo que hay en ese lugar. De allí la fuente llegó al Parque de la Arganzuela, ya no como fuente sino como un mero monumento, si bien se instalaron también las esfinges de las que salían los chorros de agua, aunque fueron cegadas.

Nada lejos del Obelisco de la Castellana se han instalado en los desniveles propios del parque unos toboganes que hacen las delicias de los más pequeños y que prueban la paciencia de sus progenitores y acompañantes. Esta es otra zona que está muy concurrida los fines de semana, y que puede resultar precisamente por ello algo agobiante.

Toboganes de Madrid Río – ©JMPhotographia

Y llegamos al fin de este capítulo con lo que muchos consideran la joya de la corona del parque: la llamada Pasarela de Arganzuela o Pasarela Perrault, por el nombre de su arquitecto -artífice también de la Caja Mágica-; o también Puente Monumental de Arganzuela. La Pasarela de Arganzuela es un puente peatonal -de ahí lo de pasarela- muy moderno diseñado como dos tubos de diámetro variable -entre 5 y 12 metros- partidos y que no llegan a tocarse pero que están unidos en el centro gracias a una plataforma, concretamente sobre una colina artificial. Uno de los dos tubos de los que está compuesta cruza el río y el otro cruza una porción del parque hasta el Paseo de las Yeserías, completando un total de 278 metros.

Pasarela Perrault – ©JMPhotographia

 


 

Y hasta aquí nuestro recorrido por el barrio de Las Acacias. Ha sido para mí un paseo muy ameno y relajado a pesar de las multitudes que encontré en el Parque de Madrid Río, niños descontrolados inclusive. La Arganzuela tiene algo que hay que saber saborear lentamente.

Nuestro próximo objetivo es seguir conociendo el Distrito Segundo y para ello nos adentraremos en el barrio de La Chopera. No es un barrio grande, pero si muy interesante, ya que podremos visitar la zona del Matadero y la Plaza de Legazpi. El barrio de La Chopera bulle de cultura y de deporte.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Las Acacias:

Puente de Toledo - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 14] Conociendo mi ciudad: Barrio de Imperial (Arganzuela)

Tras haber terminado nuestro recorrido fotográfico por el distrito de Centro o Distrito Primero -a la forma en la que lo hacen en París- avanzamos ahora al siguiente distrito, el de Arganzuela, al que voy a llamar Distrito Segundo. El distrito de Arganzuela está situado al sur del distrito de Centro pero al norte del río Manzanares. Como distrito contiene un total de 7 barrios: Imperial, Las Acacias, Chopera, Legazpi, Delicias, Palos de Moguer y Atocha.

El distrito de Arganzuela es la prolongación natural de Madrid hacia el sur, buscando el río, y unos terrenos que fueron usados principalmente para el establecimiento de industrias, por lo que en primer lugar florecieron fábricas, almacenes, mercados y mataderos. Fue a partir de Plan de Ordenación de 1963 cuando toda la zona se recalificó socialmente dejando a un lado los usos industriales para dar paso a espacios ciudadanos más homogéneos y consistentes con la identidad social del resto de la ciudad.

Nuestros primeros pasos por el Distrito Segundo van a comenzar en el barrio de Imperial. A mí, particularmente, me suena un poco raro eso de “Barrio de Imperial”, pero bueno, dejémoslo y sigamos avanzando. El barrio de Imperial está delimitado por el Puente de Segovia y la calle de Segovia al norte; la Ronda de Segovia y la calle de Toledo al este; y el río Manzanares al sur y al oeste. En el barrio viven más de 23 mil personas.

Comencé mi recorrido, como siempre, cogiendo el metro en la Estación de Chamartín y desplazándome hasta la estación de Puerta del Ángel, al otro lado del río. Desde allí, por el Paseo de Extremadura, llegué hasta el primer punto de este recorrido: el Puente de Segovia, que une el Paseo de Extremadura con la calle de Segovia.

El Puente de Segovia es el puente más antiguo de Madrid, ya que su construcción data de la época de Felipe II, si bien, como entidad arquitectónica que posibilita el trasporte y salva el río Manzanares, se encuentra ya mencionado en el siglo XIV en dos cartas de Alfonso XI de Castilla en los que éste autoriza su edificación. El Puente de Segovia que podemos admirar y cruzar hoy, -tanto a pie como montados en coche o en autobús-, es obra del gran arquitecto Juan de Herrera, autor de otros monumentos madrileños como el Palacio Real de Aranjuez o el Monasterio de El Escorial. El puente quedó construido en 1584 tras un par de años de obras.

Puente de Segovia – ©JMPhotographia

Unos 60 años después recibió su primera reparación y se construyó una puerta ornamental para dotar al puente de un mayor monumentalidad, aunque aquella puerta desapareció con el paso del tiempo. Durante la Guerra Civil, el Puente de Segovia fue víctima de la contienda, ya que fue volado por el bando republicano para impedir la entrada en Madrid del ejército sublevado al mando del General Yagüe. Tras ser reconstruido y ensanchado sufrió nuevas variaciones en la década de los sesenta del siglo XX con motivo de la construcción de la autovía de circumvalación M-30, que recientemente ha sido soterrada, hecho que ha provocado la aparición de restos arqueológicos relativos al primer puente que se construyó unos pocos metros al norte del emplazamiento del actual.

Desde el mismo puente se ve la Sala La Riviera, que está en el extremo noroeste del distrito. Confieso que no he estado dentro de esta sala nunca, pero todo se dará con el tiempo. La Riviera debe ser el cuarto lugar de espectáculos más importante, en aforo, detrás de los grandes estadios, de la plaza de toros de Las Ventas y del Palacio de los Deportes. Cuenta con una capacidad para 2.500 personas (no sé si ahora ha bajado un poco este número), 2 salas, 2 cuartos de producción, 9 barras, 4 camerinos y cocina propia. Se trata, por tanto, de una sala polivalente perfectamente capacitada para albergar cualquier espectáculo o evento sin importar la envergadura, y ya cuenta con más de 50 años de experiencia en el sector.

Sala La Riviera – ©JMPhotographia

Bajando un poquito por el Paseo de la Virgen del Puerto y por la izquierda la calle de Manzanares conduce hasta la Ronda de Segovia. Justamente allí se ha instalado recientemente el llamado Campus Madrid de Google. Se trata de un nuevo espacio de lo que ahora se llama Coworking -malditos nombres extranjeros- en el que los emprendedores podrán disponer de un lugar para desarrollar sus ideas. Google lo ha abierto con el objetivo de generar una comunidad de emprendimiento y fomentar un ecosistema por y para las startups -malditos nombres extranjeros-. El edificio es muy de Arganzuela, ya que es una vieja fábrica restaurada que tiene cuatro plantas. Sólo con registrarse de forma gratuita en la web de Campus Madrid se puede acceder al edificio y disfrutar de los servicios de WiFi, cafetería, etc. No obstante, lo más aprovechable de Campus Madrid es que los emprendedores pueden encontrar asesoramiento y formación para sus empresas y propósitos, así como frecuentes charlas sobre temas que les interesan.

Campus Madrid – ©JMPhotographia

Desde el edificio de Google bajamos por la Ronda de Segovia y su prolongación en línea recta, -la Ronda de Segovia gira ligeramente a la izquierda para dirigirse a la Puerta de Toledo-, que es el Paseo de los Melancólicos. Por la calle de Ruy González de Clavijo volvemos a la ribera del río y desde allí seguimos caminando un poco más en dirección sur por los agradables jardines de pinos que rodean el Manzanares. Tras pasar pequeños puentes y compuertas de la canalización del río llegamos a un puente de nueva construcción pero que destaca por su forma. Estamos hablando del Puente de Andorra, cuya característica más clara es que se bifurca en medio del río, de tal forma que tiene no dos sino tres entradas, como una letra Y, vamos.

Este puente, inaugurado por Alberto Ruiz Gallardón en 2011, es la respuesta al honor que se le hizo en 2008 a la ciudad de Madrid al recibir su nombre un puente inaugurado en el Principado de Andorra. El puente fue construido antes y fue conocido con el nombre de Puente Y, por lo que no sé si creer la explicación de su forma como un homenaje a la orografía del principado, cuyos valles y ríos están dispuestos con esta forma de Y griega. En cuanto a su aspecto, es un gran reja verde que recuerda bastante a muchos puentes del ferrocarril y que tiene algún que otro balcón que puede usarse como un mirador hacia el río y la ciudad.

Puente de Andorra – ©JMPhotographia

El Puente de Andorra me sirvió para volver a cambiarme de orilla y poder así volver al distrito por otro gran puente de la ciudad de Madrid: el Puente de San Isidro. Este puente une Arganzuela con Carabanchel y se halla muy cerca del Estadio Vicente Calderón, hecho por el que hasta hace nada solía ser un lugar de paso de muchos aficionados del Atlético de Madrid cuando acudían al estadio. De hecho, algún clamor por motivo de algún gol he tenido la suerte de escuchar mientras cruzada a pie este puente por culpa de llegar tarde al partido. Fue proyectado en 1969 para tener una vía de alta capacidad que conectara las dos orillas del río y se hizo muy necesaria tras la construcción del estadio, hecho que, lógicamente, aumentó muchísimo la densidad de tráfico procedente de los distritos exteriores hacia el centro de la ciudad. Además, para acceder a Arganzuela desde los distritos exteriores era necesario usar dos puentes históricos como son el Puente de Segovia y el Puente de Toledo, lo que justificaba la construcción de una nueva vía de comunicación de alta capacidad.

Este puente substituyó a una antigua pasarela que, a su vez, se había construido como substitución del antiguo Pontón de San Isidro, que servía de atajo para llegar a la Ermita de San Isidro. De hecho, el puente une el Paseo de los Pontones, en el distrito de Arganzuela; con el Paseo de la Ermita del Santo, en el Barrio de San Isidro, perteneciente al distrito de Carabanchel.

Y nuestro siguiente punto de interés es mi querido Estadio Vicente Calderón, donde se me agolpan los buenos recuerdos y algunas decepciones, como es lógico en todo casa de un equipo deportivo. Con un aforo que supera los 50 mil espectadores, fue inaugurado en 1966 para substituir al viejo Estadio Metropolitano que se situaba en la zona de Cuatro Caminos. Cuando fue inaugurado, tenía capacidad para 62 mil espectadores, albergando su primer partido el 2 de octubre de 1966 con un empate a uno contra el Valencia Club de Fútbol. Luis Aragonés marcó el primer gol de su historia -de la historia del Estado del Manzanares, no de la suya propia- en un recinto deportivo pionero en Europa por el hecho de que el 100 por 100 del aforo estaba sentado.

Parece ser que este verano, es decir en unos meses, el Estadio Vicente Calderón va a ser derribado y se convertirá en historia y recuerdos. En su lugar -y en el de la antigua fábrica de cervezas Mahou- se construirán, según el último plan, 1.300 viviendas en pisos no superiores a 12 plantas y amplias zonas verdes, pero no podremos evitar el recuerdo, cuando paseemos por allí, de que una vez hubo un estadio de fútbol donde sentimos que la vida algunas veces valía la pena, que podía ser maravillosa o cruel, pero era la vida que nos gustaba.

Estadio Vicente Calderón desde el Puente de San Isidro – ©JMPhotographia

Volviendo al Paseo de los Pontones y girando a la derecha en dirección Este llegamos a la Plaza de Francisco Morano. Se trata de una rotonda de tráfico que recibió en un primer momento el nombre de Plaza de Ramón y Cajal pero que en 1963 recibió el nuevo nombre en honor al actor Francisco Morano (1876-1933) para evitar la duplicidad del nombre con la Avenida de Ramón y Cajal que está en el distrito de Chamartín. La plaza es el centro donde se cruzan el Paseo de los Pontones y el Paseo Imperial, y donde también confluye uno de los extremos del Paseo del Doctor Vallejo Nágera.

Terminamos el recorrido por este barrio bajando por el Paseo Imperial, -supongo que este paseo da nombre al barrio- y llegando a la Glorieta de las Pirámides. Esta glorieta está situada al norte del Puente de Toledo, hecho que motivó que antiguamente recibiera el nombre de Glorieta del Puente de Toledo. Actualmente su nombre se lo dan dos obeliscos de granito y caliza de 14 metros de altura erigidos en 1831 que fueron construidos por Francisco Javier de Marietegui. El aspecto actual de la plaza, con una fuente y una isleta ajardinada data de 1996, año en el que se reformó la glorieta.

Glorieta de Pirámides – ©JMPhotographia

Se trata de un lugar donde se conectan muchas importantes vías de la zona como el Paseo de los Melancólicos, el Paseo de las Yeserías, el Paseo Imperial, la calle de Toledo, el Paseo de las Acacias y, a través del propio puente, -aunque actualmente es de uso peatonal-, la Glorieta del Marqués de Vadillo.

 


 

Y ya está, hemos terminado el primer barrio del distrito de Arganzuela. Ha sido un visto y no visto. Algo muy liviano si tenemos en el recuerdo los capítulos anteriores relativos al distrito de Centro. Así serán la mayoría de los capítulos a partir de ahora, aunque como ya dijimos, habrá alguna excepción. Espero que os haya gustado también el barrio de Imperial, también tiene sus cosas, ¿verdad?

En el próximo capítulo nos adentraremos en el barrio de Las Acacias. Empezaremos en el Puente de Toledo y visitaremos el Parque de la Chimenea, la Plaza de las Peñuelas y una parte importante de Madrid Río, entre otras cosas.

 


 

 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Imperial:

Puente de Segovia - ©JMPhotographia

 

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