Mes: junio 2018

[Cap. 20] Conociendo mi ciudad: Barrio de Atocha (Arganzuela)

El barrio de Atocha es el último barrio que vamos a recorrer en el distrito de Arganzuela. Recibe su nombre de la Estación de Atocha, que es la estación de ferrocarril más importante de España. El barrio de Atocha tiene sus límites en la Ronda de Atocha por el norte; en la calle de Méndez Álvaro por el oeste; en la Avenida de la Ciudad de Barcelona por el este; y en la autopista de circunvalación M-30 por el sur. Es, además, el más oriental de los barrios del distrito de Arganzuela.

Mi viaje comenzó exactamente en el lugar en el que terminó el capítulo anterior: en la Ronda de Atocha y caminando en dirección a la Plaza del Emperador Carlos V. Llegados al punto donde confluye la Ronda de Atocha con el Paseo de Santa María de la Cabeza ya podemos observar la majestuosa fachada de la estación. Sin embargo, cuando toda su historia comenzó todo era bastante más pequeño y sencillo.

Fachada de la Estación de Atocha – ©JMPhotographia

En 1851 no era más que un simple embarcadero de uso privado, ya que la segunda línea ferroviaria inaugurada en España -recordemos que la primera fue Barcelona-Mataró- iba desde Madrid hasta Aranjuez, dos localidades con palacios reales. Se trataba de una línea privada que únicamente disfrutaba la reina Isabel II. El Embarcadero de la Reina no era más que un simple templete de madera junto a la vía del tren, ya que las infraestructuras para la maquinaria ferroviaria y el mantenimiento y reparación se ubicaron en la otra punta de la línea, es decir, en Aranjuez.

Con el rápido desarrollo del ferrocarril, pronto surgieron promociones para llevar el tren a otras ciudades de España. Así se idearon los primeros proyectos de líneas que unían la capital con Alicante por un lado; con Zaragoza por otro lado; y con Valladolid en tercer lugar. En ese momento hubo que pensar si era conveniente centralizar todo ese futuro tráfico en un mismo lugar, y aunque se pensó en construir diferentes estaciones, al final se optó por centralizar todas las nuevas líneas ferroviarias en el Embarcadero de la Reina, hecho que motivó el nacimiento de la Estación Central de Madrid, que ya preveía la construcción de otra estación en el norte, la de Chamartín, que estuviera conectada de alguna manera con la Central para derivar todo el futuro tráfico hacia el norte de la península.

Jardín tropical de la Estación de Atocha – ©JMPhotographia

En 1882 se comienza a construir la Estación del Norte que será la cabecera de los trenes que viajan hasta Valladolid. Aparecen también los tranvías en Madrid y la Estación Central sufre constantes ampliaciones debido a que la afluencia de pasajeros supera con creces las expectativas iniciales de arquitectos e ingenieros. Se producen también algunos incendios en estructuras de madera que son cambiadas por estructuras de hierro para evitar futuros percances. Por aquella época también se inauguró la Estación de Delicias, con la intención de ser la cabecera de los trenes con destino a Extremadura y Portugal.

En 1890 comienza la construcción de la Estación del Mediodía. En realidad, más que una construcción nueva era una reestructuración de lo ya construido con objeto de ampliar, -otra vez más-, espacios y servicios. Se cambió el nombre a Estación del Mediodía porque ya no tenía sentido llamar Estación Central a una estación que no unificaba todos los servicios ferroviarios. Se optó por el nombre de Mediodía por estar ubicada más al sur que ninguna otra estación en la ciudad de Madrid. El nuevo edificio central está basado en el ladrillo español pero mezclado con tecnología belga, ya que las empresas europeas contaban con toda la experiencia en materia ferroviaria de la que carecía cualquier empresa española.

La nave central de la nueva estación, -la que podemos ver hoy en día convertida en invernadero-, superaba en anchura a muchas estaciones centrales europeas, ya que tiene 152 metros de ancho y 27 de alto. La cubierta de hierro fue construida en Bélgica y traída hasta Madrid, no me preguntéis cómo. La Estación del Mediodía ha estado casi siempre en construcción dada la siempre creciente demanda de transporte. Ya a principios de siglo su crecimiento se vio obstaculizado porque las zonas aledañas se encontraban muy urbanizadas, hecho que obligaba a la siempre costosa expropiación de terrenos. Debido a estas dificultades, se realiza otra gran obra, el Pasillo Verde Ferroviario, que conectó la Estación del Mediodía con la Estación del Norte (Príncipe Pío) en un primer momento y con la futura Estación de Chamartín tiempo después. Además, alrededor de la estación se van asentando espacios hoteleros, ya que este primer cuarto de siglo XX vio nacer a los hoteles Palace y Ritz, situados en las cercanías de la Estación del Mediodía.

Jardín tropical de la Estación de Atocha – ©JMPhotographia

A mediados de los sesenta comienza a funcionar la Estación de Chamartín para ser la cabecera de la línea ferroviaria que conduce a Burgos. A finales de los 60 la zona de Atocha sufrió una renovación muy impactante y muy criticada que consistió en la construcción de varios enlaces viarios con pasos a distinto nivel que tenía más de un kilómetro de longitud y que dejaba oculta la Estación de Atocha. No pasó mucho tiempo hasta que semejante “armatoste” fuera conocido como el “scalextric de Atocha”. Sin embargo, menos de veinte años después comenzó la obra para la retirada de esos pasos elevados que tapaban la estación. Por aquel tiempo, con la recién creada Comunidad de Madrid, surgió también la Red de Cercanías, un sistema ferroviario de proximidad vinculado a Madrid y a su entorno con el que la propia Estación de Atocha volvió a convertirse en un lugar central y clave, por lo menos en lo que toca a la parte sur de la región.

En 1979 se produjo el primer atentado terrorista sufrido por la estación cuando estalló una bomba colocada por ETA. Murieron cinco personas y hubo cuantiosos daños materiales. En 1988 se une también el Metro al conjunto con dos estaciones, Atocha y Atocha-Cercanías.

En 1985 se produjo una gran remodelación de la estación de Atocha con motivo de la llegada a España del tren de alta velocidad y su primera línea entre Madrid y Sevilla. El arquitecto Rafael Moneo fue el gran artífice y encargado de desarrollarla entre los años 1985 y 1992. Esta remodelación consistió en la construcción de dos nuevas estaciones, la de Puerta de Atocha, -contigua a la antigua estación-, para acoger los trenes de la nueva línea de alta velocidad; y la de Atocha-Cercanías, para acoger los trenes que continuarían su recorrido por el llamado “Túnel de la risa” que conectó Atocha con Chamartín. La naturaleza de la estación original cambió totalmente, ya que se eliminaron los andenes y las vías y a partir de ese momento se usó como vestíbulo para dar acceso a las otras estaciones. Además se construyó allí mismo un jardín tropical o invernadero que posee más de 7 mil plantas de más de 250 especies. Allí también solían ubicarse unos estanques con tortugas que recientemente han sido retirados debido a una renovación del interior.

Estación de Puerta de Atocha o de trenes de alta velocidad – ©JMPhotographia

El 11 de marzo de 2004 se produjeron en la estación de Atocha, la de El Pozo y la de Santa Eugenia los atentados del 11-M en los que murieron 191 personas. En 2007 se inauguró en la zona el monumento que recuerda a todas las víctimas y al que puede accederse desde la estación de cercanías y de metro. En el exterior, el monumento se presenta como un gran cilindro de cristal con 11 metros de altura y casi 10 de diámetro. Desde el interior, el monumento se presenta dentro de una sala diáfana con paredes de color azul cobalto. El visitante puede leer, -mirando hacia arriba-, mensajes en varios idiomas que se recogieron tras los atentados y que están impresos en una burbuja de plástico que se mantiene elevada contra el cilindro de cristal que se ve en el exterior.

Monumento Homenaje a las víctimas del 11-M – ©JMPhotographia

Tras dejar atrás el Monumento Homenaje a las víctimas del 11-M crucé la estación -a través del aparcamiento allí situado y de las paradas de taxis que esperan la salida de los viajeros para llevarles a sus respectivos hoteles- hasta llegar a la calle de Méndez Álvaro, que recorrí prácticamente entera en dirección sureste. Mi destino era el conjunto que conforman la estación de cercanías de Méndez Álvaro y la Estación Sur de Autobuses.

La Estación Sur de Autobuses es un gran centro que sirve como terminal de líneas interregionales y de largo recorrido de autocares. Esta estación substituye a otra más antigua situada en la calle de Canarias, en el barrio de Palos de Moguer, en pleno casco urbano, un lugar del todo inadecuado que causaba una severa congestión de tráfico. Este edificio fue inaugurado en junio de 1997 sobre una parcela triangular encajonada entre la calle de Méndez Álvaro y las vías del ferrocarril, junto a la estación de Cercanías de Méndez Álvaro con la que conforma un intercambiador de transportes.

Vestíbulo de la Estación Sur de Autobuses – ©JMPhotographia

El edificio en sí tiene forma de L, hecho que se nota a simple vista. Consta de tres niveles, ocupando el sótano un aparcamiento público, la planta a nivel de calle 65 dársenas para la carga y descarga de pasajeros, y la planta superior comercios de diferente naturaleza. En la parte corta de la L se encuentra el vestíbulo, las taquillas y los servicios de facturación, información y cafetería. Es característico del edificio el hormigón blanco que le da una apariencia limpia y simple.

Justo al lado de la terminal encontramos la Torre Ombú, situada en la calle del mismo nombre. Se trata de un edificio dedicado a facilitar reuniones ofreciendo salas por días y por horas en todas las épocas del año que se preparan como quiera cada cliente. Estas salas tienen todos los servicios que cualquier empresa o particular quisiera tener, tales como aire acondicionado, servicio de catering, parking, medios audiovisuales, etc. El edificio tiene un corte clásico pero llama la atención por su fino acabado y la calidad de sus materiales.

En la propia calle de Ombú encontramos nuestro último punto de interés en este barrio y en este distrito: una vieja fábrica de gas que recuerda los iniciales usos industriales del suelo del distrito de Arganzuela a comienzos del siglo XX. Los edificios que confirman esta fábrica se puede ver llegando en tren a la Estación de Atocha. Llaman la atención por el aspecto de fábrica antigua que desprenden con su estilo neomudéjar que recuerda a otros espacios de Madrid como las mismísimas naves del Matadero. Los edificios datan de 1903 y fueron ideados por los arquitectos Luis de Landecho y Jordán de Urríes para la Sociedad Gasificadora Industrial (S. G. I.). Hay que recordar que a principios de siglo el principal motor de la ciudad era el gas, como ya tuvimos la oportunidad de comprobar en un capítulo anterior al hablar del Parque del Gasómetro.

El conjunto está compuesto por varios edificios, uno de motores, otro de bombas, una fábrica de sulfato amónico, varios almacenes, un edificio de oficinas, varios edificios que servían de casas para los obreros, etc. Uno de ellos, concretamente un edificio que servía de central de transformación de energía eléctrica, fue derribado para la construcción de las salas de cine que hay justo en medio de todo ese complejo industrial para el que, por cierto, la existencia de las vías justo a lado era esencial, ya que por este medio recibía numerosas materias prima para la realización del gas que allí se facturaba.

 


 

Y ahora ya podemos decir que hemos terminado nuestro recorrido fotográfico por el distrito de Arganzuela. Hemos paseado por un distrito con mucha historia y que ha sufrido una reconversión de usos y espacios muy fuerte a partir de la década de los 70. Es evidente que, con todo, es un distrito muy diferente al distrito de Centro, pero que no carece, por todo lo que hemos contado, de identidad propia.

Nuestro siguiente objetivo será el Distrito Tercero o de Salamanca, un distrito donde el Parque del Retiro destaca como el campanario de una iglesia destaca sobre el resto de la iglesia. Un distrito que, como descubriremos, también tiene mucho que aportar a Madrid y que también respira con su propio ritmo. ¡Nos vemos muy pronto!

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Atocha:

Estación de Atocha - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 19] Conociendo mi ciudad: Barrio de Palos de Moguer (Arganzuela)

El barrio de Palos de Moguer está situado justo al norte del barrio de Delicias. Se encuentra delimitado por la Glorieta de Embajadores y la Ronda de Atocha al norte; por la calle de Méndez Álvaro al este; por las calles de Bustamante y Ferrocarril al sur; y por la calle de Embajadores al oeste.

Hay una historia muy curiosa respecto a la denominación de este barrio. Palos de Moguer es un topónimo erróneo, ya que reúne en uno solo dos nombres de municipios onubenses distintos e independientes que distan unos 9 o 10 kilómetros entre sí. Este topónimo erróneo surgió en tiempos de los primeros cronistas de Indias, ya que se esa zona de Huelva salían principalmente los barcos que se dirigían al Nuevo Continente. El topónimo erróneo se propagó a través de documentos oficiales, libros y otras publicaciones. Este error se ha ido subsanando a lo largo del siglo XX, pero como vemos aquí, todavía no se ha arreglado del todo. Ejemplo de esto es el hecho de que el nombre de este barrio procede de la estación de metro, cuyo nombre procede a su vez de una calle. Los nombres de la calle y de la estación de metro fueron cambiado a “Palos de la Frontera” en 1979 y 1986 respectivamente, pero por alguna razón que se me escapa a mí y a muchos otros el nombre del barrio ha continuado inalterado a pesar de las incesantes peticiones del ayuntamiento de Palos de la Frontera.

Comencé mi viaje en la Estación de Chamartín, como siempre, tomando el suburbano hasta la estación de Delicias. Desde allí, tomando el Paseo de las Delicias hacia arriba, es decir, en dirección hacia Atocha, y lo primero que encontramos es una plaza un poco extraña, llamada Plaza de Luca de Tena. En el plano o callejero nos parece una plaza cuadrada normal, pero en la práctica son cuadro plazas separadas por calles, ya que se encuentra en el punto exacto en donde se cruzan el Paseo de las Delicias y la calle de Canarias. Los cuatro espacios resultantes se llenan con parques infantiles, espacios abiernos con bancos para descansar, árboles y demás infraestructuras urbanas asociadas a este tipo de espacios. Si todas las plazas y glorietas son difíciles de fotografíar a ras de suelo, esta lo es especialmente.

Plaza de Luca de Tena – ©JMPhotographia

Siguiendo hacia arriba llega un momento en el que el Paseo de las Delicias se cruza con la calle de las Delicias. En ese punto giré a la derecha para tomar de nuevo hacia el norte la calle paralela, que recibe el nombre de Rafael de Riego. Allí está, como si tuviera un poco de miedo, como tratando de esconderse, la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias.

Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias – ©JMPhotographia

Esta parroquia no es objeto de fama ni posee grandes tesoros artísticos, pero tiene su historia. Fue construida a principios del siglo XVIII en los Jardines del Buen Retiro para que fuera usada por los servidores del Palacio. Era una iglesia pequeña, de una sola nave, y su emplazamiento estaba muy cercano al Estanque de las Campanillas. Sin embargo, con la reforma del Real Sitio del Buen Retiro en 1841, la iglesia desapareció y la parroquia se trasladó a San Jerónimo el Real, incluyendo la imagen de la Virgen de las Angustias, que posteriormente pasó a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha primero y a la Capilla del Cementerio de San Nicolás después.

Como aquella capilla no era el lugar más apropiado para una imagen de la Virgen, se realizó la compra de un solar cerca del Paseo de las Delicias, zona todavía no colonizada por edificios y construcciones, y se construyó una pequeña capilla en 1924. Tras la Guerra Civil tuvo que ser reconstruida, y en los años sesenta se amplió con la construicción de dos edificios contiguos. En su interior su arquitectura y su decoración son muy sencillos.

Una vez vista la fachada exterior de la iglesia tomé la siguiente calle que hay al norte de la manzana que es la calle de Murcia. Gracias a ella me desplacé de nuevo hacia el oeste pasando cruzando el Paseo de las Delicias hasta llegar al otro gran paseo del barrio: el de Santa María de la Cabeza. Justo al cruzar el Paseo de las Delicias me encontré con la fachada del Hotel Carlton, con una decoración muy curiosa y que me llamó bastante la atención.

Una vez en el Paseo de Santa María de la Cabeza nuestro recorrido se dirige en dirección suroeste hasta la glorieta del mismo nombre. Justo en mitad de este recorrido aparece a nuestra derecha el edificio de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS), que tiene toda la pinta de un hotel, o eso a mí me pareció. Esta empresa municipal resultó del fruto de dos empresas municipales, la de la vivienda y la del suelo. Entre sus objetivos está, evidentemente, facilitar el derecho a una vivienda adecuada de la población madrileña, contando con programas de adjudicación de viviendas y programas sociales para ayudar a personas en situaciones de vulnerabilidad. También fue la encargada de erradicar el chabolismo de Madrid

Sin embargo, su mayor fama se debe a las maniobras políticas de la alcaldesa Ana Botella, quien utilizó esta empresa para la venta de viviendas sociales a fondos buitre.

El final de este tramo en dirección suroeste es la Glorieta de Santa María de la Cabeza, la plaza vial circulatoria donde se cruzan en aspa el Paseo de Santa María de la Cabeza y la calle de Embajadores. Además de estas dos grandes vías, también acuden a su encuentro con la glorieta las calles del Ferrocarril por el este y el Paseo del Doctor Vallejo Nágera por el oeste, si bien este último es, a esa altura, un paseo peatonalizado que ya tuvimos la oportunidad de recorrer hace poco.

Glorieta de Santa María de la Cabeza – ©JMPhotographia

A partir de aquí subimos por la calle de Embajadores en dirección a la glorieta del mismo nombre, -esto es un déjà,,  vi-, la plaza circular más grande e importante de este barrio pero que, al ser también parte del barrio de Embajadores, ya tratamos en en el capítulo que dedicamos a ese barrio. Sin embargo, antes de llegar a la Glorieta de Embajadores hice un pequeño desvío para pasar por la calle de Bernardino Obregón y pasar por delante de la Sala Caracol.

Esta sala es una de las más carismáticas de Madrid, un lugar de encuentro con todo tipo de música donde se han realizado más de 4 mil conciertos desde hace más de 25 años.

Y terminamos el recorrido por el barrio de Palos de Moguer con un último tramo que va desde la Glorieta de Embajadores hacia Atocha por la Ronda de Atocha, donde vamos a encontrarnos con otra mítica sala de conciertos y con una iglesia.

La primera es el Teatro Circo Price, situado en el número 35 de la citada Ronda de Atocha. Este es un edificio nuevo que recuerda y, en cierto modo, homenajea, -aunque sea únicamente por el nombre-, a otro edificio o idea con mucha historia.

Teatro Circo Price – ©JMPhotographia

El Circo Price fue un circo creado en 1853 por un jinete irlandés llamado Thomas Price, -si, esto leédmelo como suena en inglés, por favor-, y quedó instalado en un primer momento en el Paseo de Recoletos, aunque fue unos años más tarde cambiada su ubicación a la Plaza del Rey como recambio a otro circo, el Circo Olímpico que se encontraba en esa ubicación, -y este a su vez había cogido el testigo de otro circo más, el Teatro del Circo.

En noviembre de 1962 las instalaciones del Circo Price comenzaron a ser utilizadas para otros ámbitos culturales. Nacieron así los llamados “Matinales del Price”, una serie de conciertos de música pop que se llevaban a cabo los domingos por la mañana. Fue una iniciativa pensada y ejecutada por Pepe Nieto y su hermano Miguel Ángel, el primero batería del grupo Los Pekenikes, el segundo periodista. Aquello matinales se hicieron famosos y aún son recordados por el gran éxito que supusieron, tanto de éxito entre los jovenes asistentes como de participación de grandes artistas como Miguel Ríos, -por aquel entonces Mike Ríos-, Albert Hammond, etc. La cancelación de estos matinales, -solo fueron 29-, propició el inicio del lento declive del circo, que falto de público tuvo que echar el cierra en 1970, por lo que fue vendido y derribado.

El edificio actual del que estamos hablando, es un mero recuerdo onomástico de aquel recordado Circo Price. Fue inaugurado en 2007 como una iniciativa del Ayuntamiento. Se trata de un circo estable que puede ser adaptado para teatro, sala de conciertos, taller y sala de exposiciones que cuenta con una capacidad para 2 mil espectadores.

Un poco más hacia la Plaza de Carlos V, -Atocha para enterdernos mejor-, está la Parroquia de María Auxiliadora, que será el punto final de nuestro recorrido por el barrio de Palos de Moguer. Esta iglesia, situada en el número 25, no parece en absoluto una iglesia, si no fuera por la imagen colgada en la fachada de un edificio colateral. En realidad, podría pasar por un edificio administrativo, por la sede de alguna corporación o incluso por un instituto de secundaria grande. No hay una gran cruz al alcance de la vista, y tampoco se ven campanas encerradas en torres, ya que en este caso sus torres no son más que dos pequeñas cornisas sin ninguna pretensión.

Parroquia de María Auxiliadora – ©JMPhotographia

 


 

Y hasta aquí nuestro recorrido fotográfico por el barrio de Palos de Moguer, un barrio no excesivamente grande pero si musical, con calles más bien rectas que confirman la transición que supone el barrio de Embajadores respecto a las calles desordenadas del centro más histórico de la ciudad.

Ya sólo nos queda un único barrio para terminar nuestro segundo distrito. Arganzuela se termina bajo nuestros pies y ante el objetivo de mi cámara. En el próximo capítulo estaré pateando el alargado barrio de Atocha, o lo que es lo mismo, -como diría el mismo Rajoy-, el barrio que está tras la línea que forma la calle de Méndez Álvaro, antigua calle del Sur, debido a su orientación. Nos espera la muy famosa Estación de Atocha, el espacio que se come todo el protagonismo del barrio, pero también la Estación Sur de Autobuses y otros edificios que están cerca pero a este lado del ramillete de vías de ferrocarril.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Delicias:

Plaza de Luca de Tena - ©JMPhotographia

 

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El contraste en la fotografía en blanco y negro

Todos sabemos que la fotografía recorrió sus primeros pasos en un mundo que era en blanco y negro. Fue este un mundo que llegó a hacerse mágico, a contar historias maravillosas, algunas incluso perfectas, que fueron contadas por fotógrafos que llegaron a hacerse expertos en ese recién creado lenguaje que era la fotografía en blanco y negro.

La fotografía se expresa a través de diferentes contrastes, en realidad, prácticamente cualquier tipo de contraste que se nos pueda ocurrir tiene su efecto en la fotografía. Si pensamos en la fotografía en color, la luz y las sombras conforman un contraste; lo saturado y lo no saturado forma otro contraste: lo que contiene líneas y lo que no contiene líneas forma otro contraste; el espacio lleno y el espacio vacío forma otro contraste; el mar y la tierra forman otro contraste; lo circular y lo no circular forma otro contraste, y así podríamos mencionar cualquier cosa que, mediante una oposición se diferencia con otra cosa genere contraste.

El contraste fija las formas – ©JMPhotographia
El contraste de tono a veces también coincide con un contraste de posición – ©JMPhotographia

En la fotografía en blanco y negro el más importante de todos los contrastes es el que se ocasiona con el blanco y el negro, aprovechando toda la amplia gama de grises intermedios que se generan entre los dos extremos.

Pero antes de entrar en materia, digamos alguna cosa más sobre la fotografía en blanco y negro. A pesar de que antes era el único tipo de fotografía que se podía hacer, hoy es casi como un género de fotografía dentro de un amplio abanico de géneros fotográficos. Evidentemente, esto no es realmente así, ya que podríamos tratar el blanco y negro como un código más que como un género fotográfico. El blanco y negro es un código en el que se expresan los fotógrafos, un código que contiene infinidad de géneros fotográficos, exactamente como ocurre con la fotografía en color.

La fotografía monocromática, donde realmente sólo hay un color, el gris, plasmado en múltiples intensidades variables; es atemporal, ya que nunca ha pasado ni pasará de moda. Siempre ha contado con ingentes cantidades de fotógrafos entusiastas que lo han amado, desarrollado y entendido como una forma íntima de expresarse, y muy versátil además, ya que podemos desarrollar la fotografía monocromática en retratos, paisajes, fotografía urbana, macro, fotografía social o de arquitectura.

El contraste marca las líneas y el ritmo (las repeticiones) – ©JMPhotographia
El contraste ayuda a modelar la cara y da fuerza a la mirada – ©JMPhotographia
El contraste puede ser un aliado de la fotografía artística e imaginativa… – ©JMPhotographia

La propia naturaleza de la fotografía del blanco y negro, donde no existen las distracciones propias del color, convierte a esta en algo más emocional y primitivo, donde hay otras prioridades para la vista y la percepción. Aquí la línea y las formas geométricas alcanzan un grado de pureza que es imposible percibir en color. Los retratos en blanco y negro tienen mayor fuerza porque aumentan la carga emocional que transmiten a quien los mira, refuerzan la nostalgia y el instinto animal que emana de la persona retratada y que llega sin perder un gramo de carácter a la persona que mira.

En blanco y negro el grano o ruido que se genera al subir el ISO de nuestra cámara se notará un poco más, pero eliminarlo o minimizarlo de nuestras fotografías no tiene que ser un quebradero de cabeza que nos traiga por el camino de la amargura, ya que el grano (ahora llamado ruido) es también más aceptable en este tipo de fotografía. Algo similar podríamos decir de los días nublados, que con ese aire tristón y melancólico resultan ser días muy buenos para hacer fotografía en blanco y negro.

Y, por último, por no alargar más esta publicación, otro elemento muy importante de la fotografía que se hace más grande en el tratamiento en blanco y negro de la imagen es la composición. Efectivamente, la ausencia del color debe servirnos para ahondar más en cómo y de qué manera fijamos nuestra atención a la hora de realizar nuestros encuadres. Consciente o inconscientemente, como fotógrafos de blanco y negro buscamos líneas, patrones repetitivos, texturas y si, el contraste de las cosas, de casi todas.

…y también para el mundo onírico y de las sombras – ©JMPhotographia
Incluso funciona bien en Carlos Moraleda – ©JMPhotographia

Me he decidido a escribir esta publicación dedicada al contraste en la fotografía en blanco y negro porque hoy en día veo muchas fotos monocromáticas que no usan para su propio beneficio el contraste. Evidentemente cada uno tiene su gusto y lo que yo cuento aquí es el mío. Seguramente no será difícil ponerse de acuerdo en qué cantidad mínima de contraste necesitan las fotos. Seguramente también yo siempre vaya un poco más allá de lo que puedan ir otros.

A mí me gustan las fotos contrastadas, y eso a pesar de que mayor contraste conlleva mayor pérdida de información en los negros. Sin embargo, considero que la naturaleza del blanco y negro es el contraste, incluso a veces hasta llegar a la silueta. Si hoy podemos hacer fotos en color y en blanco y negro, nada hay de malo en contrastar el blanco y negro incluso perdiendo información, “el blanco y negro es así” para mí.

Si a vosotros no os gusta este contraste y preferís fotos en las que haya mucha información tanto en las luces como en las sombras, no pasa absolutamente nada. No estáis haciendo nada mal, sólo estáis siendo fieles a la cultura visual que os agrada más y que, en mi opinión, es menos independiente de la cultura del color, pero no por ello mejor ni peor que el blanco y negro más tradicional.

Para mí, una foto en blanco y negro jamás será una foto en color pasada a blanco y negro. La fotografía le debe muchísimo al blanco y negro, y aunque a algunos no les guste por algún tiempo de aversión o modernismo mal entendido; creo que el blanco y negro tiene que conservar su propia identidad, ya que tiene capacidades exclusivas para contar verdades.

Fotografía con poco contraste – ©JMPhotographia
Fotografía con más contraste – ©JMPhotographia

 



 

[Cap. 18] Conociendo mi ciudad: Barrio de Delicias (Arganzuela)

Continuamos nuestro recorrido por Madrid adentrándonos en el barrio de Delicias. Este barrio está situado en el centro del distrito de Arganzuela y es el único barrio del distrito que no tiene límites con otro distrito distinto, sino únicamente con otros barrios de Arganzuela. Está delimitado por las calles de Bustamante y de Ferrocarril por el norte; por la calle de Méndez Álvaro al este; por las calles de Bolívar, del Bronce y por la Avenida del Planetario al sur; y por las calles de Embajadores y de Delicias al oeste.

La historia de este barrio está íntimamente ligada al del barrio de Legazpi, ya que se urbanizó al mismo tiempo pasando de ser un terreno rural a ser un terreno urbanizado hacia mediados del siglo XIX gracias a la inauguración de la estación de ferrocarril de las Delicias, sin olvidar la influencia de la otra gran estación de trenes de la ciudad, la de Atocha, que se inauguró unos treinta años antes.

Con la construcción de la Estación de Príncipe Pío, -anteriormente llamada Estación del Norte-, el barrio quedó en buena manera aislado del resto de la ciudad debido al tendido de las vías que atravesaban todo el sur de la ciudad y que no fueron soterradas hasta los años 80 del siglo pasado. Todo ello ocasionó que el desarrollo del barrio durante la segunda parte del siglo XX y la primera mitad del siglo XX fuera eminentemente industrial, colmado de fábricas e industrial metalúrgicas, químicas, de artes gráficas, de papel y cartón, madereras, etc.

El cierre de la Estación de Delicias en el final de los años 60 provocó un decaimiento de las actividades hoteleras e industriales de la zona, algo que se aceleró aún más en los años 80. Las fábricas e industrias dieron paso a una reconversión de la zona, ahora destinada a usos residenciales. Viven en el barrio de Delicias más de 27 mil personas.

Seguimos el recorrido en el punto donde terminamos el capítulo anterior, esto es, en el Planetario de Madrid, en pleno parque de Enrique Tierno Galván. Muy cerca de allí, hacia el norte, se encuentra el monumento a Enrique Tierno Galván, popular alcalde socialista de la ciudad de Madrid entre los años 1979 y 1986.

El monumento consta de una estatua en bronce con pedestal de granito inscrito en una construcción columnada semicircular que supongo que también será de granito. Fue erigido por subscripción popular el 15 de mayo de 1988, siendo promovido por la Federación Regional de Vecinos.

Monumento a Enrique Tierno Galván – ©JMPhotographia

La estatua es obra del escultor madrileño Francisco López. Se trata de una estatua realista en la que se representa al alcalde de pie, vestido con traje y en actitud de leer uno de sus conocidos bandos, con un papel en la mano derecha y usando el brazo izquierdo para la gesticulación.

A espaldas de este monumento se abre un espacio triangular a modo de parterre con flores, senderos geométricos, árboles y bancos que confluye al norte en una rotonda o plaza circular cuyo centro está ocupado por lo que parece una fuente con visos de no haber estado en funcionamiento desde hace bastante tiempo. En torno a esa plaza circular se cierne una pasarela que va aumentando de altura a medida que rodea el espacio circular y que conduce por un lateral del parque hacia la explanada donde está situado el Planetario.

Edificio Arnaiz&Partners – ©JMPhotographia

Al norte de la pasarela circular hay una pequeña porción del Parque de Enrique Tierno Galván que desemboca en la calle de las Nebulosas, que conduce más hacia el norte hasta una nueva pasarela peatonal circular que se bifurca en dos direcciones: bien al noreste bien al suroeste. Tomando la dirección noreste y girando a continuación a la derecha pasamos por detrás del nuevo edificio de Repsol. Girando a la izquierda por la calle de Oriana accedemos a la calle de Méndez Álvaro.

Caminando por la calle de Oriana queda a nuestra izquierda el edificio de Repsol y a la derecha un edificio bastante llamativo que parece algo así como un edificio coronado por un birrete de licenciado, de esos que nos ponen en las orlas tras aprobar todas las asignaturas de nuestras carreras universitarias. Se trata del edificio de Arnaiz&Partners, una empresa consultora de servicios técnicos. Un edificio muy moderno en cuanto a su diseño y que nadie que lo vea lo puede pasar por alto.

En la calle de Méndez Álvaro vemos la grandiosidad de la nueva sede central de Repsol, llamada Campus Repsol, diseñada por Rafael de la Hoz Castanys. Este edificio tiene la misma extensión que el Monasterio de El Escorial y un jardín interior central que equivale al espacio de un campo de fútbol.

El complejo está formado por cuatro edificios en torno a ese amplio jardín interior. Es un edificio bastante vistoso con fachadas de cristal dotado de las últimas tecnologías de optimización de recursos, algo que hace de él lo que se llama un “edificio inteligente“, pues fue diseñado con criterios de sostenibilidad y plena accesibilidad para personas con capacidades limitadas.

Campus Repsol – ©JMPhotographia

Un poco más al norte está la Plaza del Amanecer, espacio urbano que atravesamos para volver a recorrer la pasarela peatonal circular de la que hemos hablado hace unos momentos y tomar esta vez la dirección suroeste que nos lleva a las calles aledañas a la antigua Estación de Delicias. Cuando la pasarela, -ya recta-, toma tierra, atravesamos la única vía de tren que se ha dejado de todas las que antes conducían a la estación. Es una especie de pequeño homenaje que conduce nuestra mirada hacia el edificio del que antiguamente entraban y salían numerosos trenes que conducían a diversas personas a diferentes destinos.

Atravesé un par de calles hasta llegar a la calle de Tomás Bretón que, tomada en dirección norte, me acercó a la antigua estación, convertida desde hace un tiempo en Museo del Ferrocarril. Este museo, al cual no entré, ya que no estoy entrando a los museos que voy recorriendo, -algo que haré más adelante en algo así como un anexo a toda esta obra; fue inaugurado en 1984 y desde entonces está gestionado por la Fundación de Ferrocarriles Españoles. Pero antes de hablar del museo, hagamos un poquito de historia.

Museo del Ferrocarril – ©JMPhotographia

La Estación de Delicias fue la primera estación de tren construida con estructura metálica. Su arquitecto fue el francés Émile Cachelièvre. Fue construida en tan solo 11 meses para ser la estación término de la línea de Madrid a Ciudad Real, que después continuaba hacia el este hasta llegar a Badajoz y a la frontera portuguesa. Aquella línea quedó inaugurada en febrero de 1879, y la propia estación lo fue en marzo del año siguiente. La obra la llevó a cabo la Compañía de Caminos de Hierro de Ciudad Real a Badajoz, empresa que fue absorvida ese mismo año por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante. Esta compañía tenía su sede en la Estación de Atocha, por lo que quería deshacerse de la Estación de Delicias. Tras las negociaciones que se llevaron a cabo, la Estación de Delicias pasó a manos de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal.

La estación fue finalmente cerrada al tráfico de viajeros en 1969 y al tráfico de mercancías en 1971, año a partir del cual comenzaron a desaparecer algunos de los inmuebles que formaban parte de su patrimonio industrial. Sin embargo, desde los años 30 del siglo XX, las diversas compañías ferroviarias existentes en nuestro país habían comenzado a recopilar objetos relacionados con los trenes. En 1948, al producirse el centenario de la primera línea ferroviaria entre Barcelona y Mataró, se organizó una exposición conmemorativa que reunió locomotoras y otros objetos pertenecientes al mundo del ferrocarril y que precipitó el interés por crear un verdadero museo ferroviario. Esta idea comenzó a estudiarse seriamente en 1964 con motivo de otro centenario de los trenes: esta vez el de las líneas entre Madrid y Zaragoza y entre Madrid e Irún.

Antigua Estación de Delicias – ©JMPhotographia

El Museo del Ferrocarril se abrió finalmente en 1967, siendo el primer museo dedicado a los trenes de toda España, pero no estaba ubicado en la antigua Estación de Delicias, que todavía estaba en funcionamiento, aunque sólo le quedaban cuatro años de dejar de funcionar en aquella fecha. El Museo, que contaba con pequeños objetos, maquetas y grabados -no con locomotoras a tamaño real-, se trasladó del Palacio de Fernán Núñez a la Estación de Delicias en 1983. Este traslado, con toda lógica, permitió incluir entre los activos del museo la exhibición de trenes reales.

Al otro lado del Paseo de las Delicias y a través de la calle del General Palanca llegamos a la sede del ICAE, cuya fachada principal da a la calle de la Batalla del Salado. Las siglas ICAE significan “Intervención Central de Armas y Explosivos”. Y me hubiera gustado saber lo que significaban cuando fui a visitarlo. Lo había puesto en mi lista porque había leído por ahí que era un edificio bonito, pero llegué allí sin tener ni idea de que el edificio estaba relacionado directamente por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Estando allí tuve unas palabras con un joven guardia civil que me preguntó por qué estaba haciendo fotos.

Lo cierto es que me tomé un poco mal su actitud y casi termino en el cuartel identificándome y todo lo demás que me requiriesen, pero todo cambió cuando le dije a aquel guardia civil de paisano que estaba haciendo fotos para un blog en el que iba relatando mis recorridos por la ciudad que me vio nacer. Aquello, -y esto fue muy sorpresivo para mí-, cambió toda la situación y la conversación se suavizó tanto que al final los dos parecíamos casi viejos amigos.

Sé que hacer fotos a ciertos edificios es problemático si no está directamente prohibido. Ya he estado cerca del Cuartel General del Ejército y tengo aprendidas estas cosas. Evidentemente, mi error fue no haber estudiado antes de llegar allí la naturaleza del edificio. Aunque seguramente eso no me hubiera impedido llegar allí y hacer un par de fotos igualmente, y todo se habría desarrollado como se desarrolló.

Sede del ICAE – ©JMPhotographia

Si me está leyendo aquel joven guardia civil de paisano, quiero reiterarle mis disculpas si le respondí mal o desconfié de lo que me estaba diciendo. Entiendo perfectamente que la Guardia Civil tiene que hacer sus cosas y preservar su seguridad y la de todos nosotros. Confieso que yo, en aquel momento, también estaba velando por mi seguridad y por mi cámara, porque nunca sabe uno donde están los desaprensivos que quieren darte un disgusto.

Siguiendo la calle de la Batalla del Salado en dirección norte hasta dar con la calle del Ferrocarril y tomando ésta a la derecha, en dirección este, nos topamos casi de frente con la Estación de Cercanías de Delicias, que nunca deberíamos confundir con la antigua estación de la que hemos hablado hace un momento. La estación abrió sus puertas y sus vías en 1996, y en ella tienen parada los trenes que circulan por las líneas C-1, C-7 y C-10. Es una de las muy pocas estaciones del sistema de Cercanías de Madrid que no tienen enlace directo con una estación de Metro, y eso a pesar, -en este caso particular-, de que existe una estación del suburbano con el nombre de Delicias, cuyos accesos están a unos 120 metros de distancia.

La calle de Ramírez del Prado corre paralela a la fachada norte de la estación de Cercanías en dirección a la ya visitada Plaza del Amanecer. Mucho antes de llegar a esa plaza, -y mucho más cerca de la estación de Cercanías-, está el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, ubicado en una antigua fábrica de Cervezas El Águila.

Archivo Regional de la Comunidad de Madrid – ©JMPhotographia

El Archivo Regional de la Comunidad de Madrid guarda la documentación generada por la administración autonómica de la Comunidad de Madrid y también los documentos propios del archivo histórico de la antigua diputación de Madrid, desaparecida en 1983 al constituirse la Comunidad Autónoma. También es el custodio de otros archivos históricos de varios municipios de la región, entre ellos algunos de gran importancia histórica documental como el de Alcalá de Henares, el de Aranjuez, el de Chinchón o el de El Escorial. También hay archivos privados de carácter personal y empresarial y de antiguas instituciones religiosas y benéficas.

En los terrenos de la antigua fábrica de Cervezas El Águila se encuentra también la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, abierta en 2002 conmemorando al primer presidente de la Comunidad de Madrid. Esta biblioteca es el primer centro bibliográfico de la Comunidad de Madrid, cuya misión es reunir, conservar y difundir el patrimonio en materia bibliográfica de Madrid, incluida toda la producción, impresa o producida por cualquier procedimiento o en cualquier soporte. También es el lugar donde se ubica el Depósito Legal de la Comunidad de Madrid, institución en la que se reciben con carácter obligatorio todos los ejemplares de publicaciones y producciones artísticas y de divulgación y de cualquiera otra índole que se producen en la Comunidad de Madrid.

Curiosamente, en esta última faceta, es un lugar que visité junto a mi hermano Carlos Moraleda hace no mucho tiempo con motivo de dejar un ejemplar del disco de El Jardín de María.

La fábrica de Cervezas El Águila fue inaugurada en 1914 bajo el diseño del arquitecto Eugenio Jiménez Correa, aunque posteriormente fue ampliada gracias a Luis Sáinz de los Terreros, que dotó al complejo de cocheras, diferentes módulos y una heladora. Estuvo en servicio hasta 1985, momento en el que cerró y quedó sin uso.

Antigua fábrica de Cervezas El Águila – ©JMPhotographia

El reacondicionamiento del espacio para albergar las instalaciones de la Comunidad de Madrid corrió a cargo de los arquitectos Emilio Tuñón Álvarez y Luis Moreno Mansilla. El complejo reabrió en 2002, fecha en la que comenzó el funcionamiento de la Biblioteca Regional. Un año después se inauguró el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

 


 

Y hasta aquí el recorrido por el barrio de Delicias. Al igual que el barrio de Legazpi, cuyo principal elemento caracterizador es el Parque de Enrique Tierno Galván, este barrio está muy vinculado a la antigua Estación de Delicias, actualmente convertida en Museo del Ferrocarril. Lo de este museo suena muy bien, ¿no? Creo que habría que hacer una visita dentro de poco.

Ya vamos terminando nuestro recorrido fotográfico por el distrito de Arganzuela. El siguiente capítulo se lo dedicaremos al barrio de Palos de Moguer y, tras visitarlo, únicamente nos quedará otro barrio para terminar con todo el distrito y poder encarar nuevos destinos.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Delicias:

Monumento a Enrique Tierno Galván - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales: