Mes: julio 2018

[Cap. 22] Conociendo mi ciudad: Barrio de Adelfas (Retiro)

Vamos a recorrer un barrio pequeño, el de Adelfas, situado en el extremo suroriental del distrito de Retiro. Encontramos que el barrio de Adelfas está delimitado por la Avenida del Mediterráneo por el norte; por la autopista de circunvalación M-30 por el este; por la calle del Cerro de la Plata por el sur; y finalmente por la calle del Doctor Esquerdo por el oeste.

Al igual que sucede en el barrio de Pacífico que vimos en el capítulo anterior, la población del barrio de Adelfas es también muy joven. En 2006 la población del barrio era de poco menos de 17 mil personas.

Anticipo que este va a ser un capítulo bastante breve, ya que únicamente vamos a visitar 5 puntos de interés. Comenzamos el recorrido en el lugar donde terminamos el capítulo anterior, es decir, en el polideportivo Daoiz y Velarde, situado junto a la Avenida de la Ciudad de Barcelona. Salimos del lateral de dicho polideportivo dando con nuestros pies a la Calle del Alberche, que recorremos en dirección norte para volver a la Avenida de la Ciudad de Barcelona. Una vez allí nos dirigimos en dirección sureste hasta el cruce con la calle del Doctor Esquerdo. Es justamente ahí donde comienza el barrio de Adelfas.

Justo en ese punto hay un paso elevado, ya que la parte central de la calle del Doctor Esquerdo no tiene conexión con la Avenida de la Ciudad de Barcelona. El espacio que queda justo debajo del paso elevado está aprovechado para diferentes usos deportivos, ya que hay unas pistas deportivas siempre frecuentadas por jóvenes. Y al otro lado está nuestro primer punto de interés: la Sede Central de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT).

Sede central de la EMT – ©JMPhotographia

Como todos sabéis, la EMT es una empresa pública que gestiona el transporte público de superficie de la ciudad de Madrid y, como tal, pertenece al Ayuntamiento de Madrid. Su año de creación fue 1947, año en el que se finiquitó la antigua Empresa Mixta de Transportes. Actualmente presta servicios regulares de autobuses, si bien históricamente también fue la encargada de los servicios de trolebuses y de tranvías. Y si no estoy mal informado, próximamente operará un servicio que no es de superficie, concretamente el del teleférico de la ciudad.

Actualmente opera bajo la autoridad del Consorcio Regional de Transportes de Madrid, creado en 1985 para gestionar todos los medios de transporte público de la Comunidad de Madrid. La EMT tiene una flota de casi 2.100 autobuses y 209 líneas. En los últimos tiempos esta empresa se ha preocupado notablemente por el medio ambiente incorporando a sus líneas autobuses que emplean energías alternativas como el gas natural comprimido, el biodiésel, el hidrógeno, el bioetanol, etc.

La EMT cuenta con 5 centros de operaciones situados en Fuencarral -curiosamente a menos de 150 metros de mi casa-, en La Elipa, en Entrevías, en Carabanchel y en Sanchinarro. En cuanto a la sede central que nos ocupa, acaba o está a punto de cumplir 15 años. Fue diseñada por el estudio Cano Lasso con una estructura-puente apoyada sobre dos núcleos de hormigón dispuestos de forma asimétrica respecto al centro de gravedad del edificio y separados 53 metros entre sí. Los forjados se descuelgan de la estructura-puente gracias a esbeltas barras de acero traccionadas liberando completamente la planta baja y fomentando la permeabilidad del propio edificio.

Tras rodear el edificio por el sur y volver a la Avenida de la Ciudad de Barcelona por la calle del Cerro de la Plata, me dirigí de nuevo en dirección sureste hasta llegar a otro paso elevado sobre la calle, en esta ocasión es la M-30 la que cruza en forma de paso elevado la Avenida de la Ciudad de Barcelona, que al otro lado de la autopista cambia de nombre y pasa a llamarse Avenida de la Albufera.

Antes de cruzar la M-30, -cosa que no nos toca en este capítulo-, encontramos el Parque de Martin Luther King, un parque alargado hacia el norte entre la autopista y la calle de Arregui y Aruej. Este parque no tiene nada fuera de lo común de lo que puede tener cualquier otro parte, salvo que es el único lugar donde he visto campos de fútbol en miniatura, obviamente pensados para el desempeño de algo tan raro hoy en día como el fútbol-chapas. Cuando yo pasé por ahí se me hizo obvio que hacía muchísimo tiempo que ningún niño había jugado en esos campos a algo que se pueda parecer al fútbol-chapas. Una pena.

Campos de fútbol-chapas – ©JMPhotographia

Siguiendo en dirección norte llegamos en seguida al comienzo de una estructura que va subiendo hasta convertirse en una pasarela sobre la M-30, con bonitas vistas, por cierto.

Seguimos un poco más por la calle de Arregui y Aruaj en dirección norte hasta llegar a una calle que ya conocemos del capítulo anterior, la calle de Valdearribas, que usé para volver en dirección noreste hacia la calle del Doctor Esquerdo. Una calle antes está la calle de las Adelfas, que supongo que tiene algo que ver con el nombre del barrio, ¿no? En esa calle encontramos la Biblioteca Pública Elena Fortún.

Biblioteca Pública Elena Fortún – ©JMPhotographia

Esta biblioteca fue inaugurada en 1990 en un solar anteriormente destinado a usos industriales y pertenece a la Red de Bibliotecas Públicas de las Comunidad de Madrid. Fue diseñada por el arquitecto Miguel Ángel Verdaguer. No es una biblioteca precisamente pequeña, ya que tiene 175 puestos de lectura y 15 para el uso de internet. Además desarrolla muchas otras actividades a lo largo del año, como talleres, cursos, espectáculos de cuentacuentos, exposiciones, etc. Una particularidad de esta biblioteca es que cuenta con un horario bastante extenso que, en época de exámenes, se extiende todavía aún más.

El nombre de la biblioteca es un homenaje a la escritora madrileña Elena Fortún, cuyo nombre real era María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo, dedicada a la literatura infantil y juvenil y célebre sobre todo por ser autora del personaje de Celia.

A través de la calle de Garibay y después de la calle de Luis Mitjans llegué a una calle que no sé muy bien si tiene nombre, pero que es muy conocida y frecuentada por mi yo-conductor. Es concretamente la calle por la que los coches que salen de la M-30 acceden a la Plaza del Conde de Casal. Al otro lado de esta calle la continuación natural de nuestro camino se llama calle de Federico Moreno Torroba. Al final de esa calle está la sede del Organismo Autónomo Madrid Salud, un edificio muy característico por tener una especie de atalaya en su parte superior y que es una vista muy recurrente en los trayectos de muchos madrileños por la M-30.

Se trata de un organismo perteneciente al Ayuntamiento de Madrid que fue creado en 2005 para gestionar las políticas municipales relativas a la salud pública, la drogodependencia y otros trastornos adictivos. Este organismo también se encarga de la gestión del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Ayuntamiento de Madrid.

Sede del Organismo Autónomo Madrid Salud – ©JMPhotographia

Siguiendo por la continuación natural de la calle, que gira a la izquierda, llegamos a la Plaza del Conde de Casal, que será el fin de nuestro recorrido en el día de hoy. La Plaza del Conde de Casal se encuentra en el punto en el que se cruzan la Avenida del Mediterráneo y la calle del Doctor Esquerdo. Una tercera calle desemboca en la plaza, y ya hemos hablado de ella hace un momento. Hablo de la calle que sirve de acceso a la plaza a los coches que salen de la M-30 y que no estoy seguro de que tenga nombre, aunque mi suposición es que sí lo tiene. (Después de una dura investigación he sabido que se llama calle de Carlos y Guillermo Fernández Shaw).

Y ahora viene el despeje de mis dudas expresadas al final del capítulo anterior. ¿Quién era el Conde de Casal? Pues venga, a por ello. El Conde de Casal a quien se dedicó la plaza se llamaba Manuel Escrivá de Romaní y de la Quintana, nacido y muerto en Madrid. Vivió su vida entre 1871 y 1954 y fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y político. Fue el primer marqués de Alginet y el décimo conde de Casal. Fue senador en dos periodos, entre 1914 y 1915 y entre 1918 y 1923, por la provincia de Toledo. Por lo que respecta a Madrid, fue concejal y primer teniente de alcalde del ayuntamiento durante el franquismo entre 1946 y 1949. La plaza lleva su nombre desde el mismo año de su muerte, 1954, ya que anteriormente recibía el nombre de Plaza del Marqués de Cerralbo.

El edificio más emblemático del entorno de la plaza es el Hotel Claridge, que hace pocos años ha sido reacondicionado por completo. El edificio fue inaugurado en 1967 y no ganó su cuarta estrella hasta sufrir su reciente remodelación. El Claridge cuenta con un total de 15 plantas y unas vistas que son impresionantes, según cuenta Luis Celemín, actual director del hotel. El número de habitaciones ha disminuido, de 150 a 114, para lograr una mayor comodidad de los huéspedes. La remodelación costó 12 millones de euros y fue efectuada por el arquitecto Carlos Sánchez, que lo ha dotado de salones de convenciones y reuniones de empresa, convirtiendo al hotel en una referencia para ejecutivos de alto poder adquisitivo.

Hotel Claridge – ©JMPhotographia

Y aquí terminamos nuestro paseo por el barrio de Adelfas. Un recorrido corto, con pocos puntos de interés, pero necesario, si queremos hacer un paseo total y completo por la ciudad.

 


 

El barrio de Adelfas es la prolongación natural del barrio de Pacífico. Tanto es así que hace tiempo, juntos, formaban un único barrio llamado Pacífico y que llegaba desde la Estación de Atocha hasta Vallecas.

En nuestro siguiente capítulo visitaremos el barrio de la Estrella, situado justo al norte del barrio de Adelfas. En este barrio visitaremos el Parque de Roma, la Escuela Superior de Aeronáutica y otros puntos de interés.

 


 

 


 

Fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Adelfas:

Sede central de la EMT - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales:

 

 

[Cap. 21] Conociendo mi ciudad: Barrio de Pacífico (Retiro)

Ya hemos completado dos distritos de los 21 que tiene la ciudad de Madrid. Mientras el calor nos deje, vamos a seguir caminando por la ciudad y conociendo y fotografiando sus lugares más importantes. Vamos a adentrarnos en el distrito de Retiro o Distrito Tercero, situado al norte del distrito de Arganzuela y al este del distrito de Centro, del que le separa el Paseo del Prado; y dividido administrativamente en seis barrios, a saber: Pacífico, Adelfas, Estrella, Ibiza, Jerónimos y Niño Jesús.

El distrito de Retiro tiene, sobre todo, viviendas, aunque el espacio más grande que hay dentro de él es un parque, el de El Retiro, que da nombre al distrito.

Vamos a empezar nuestro recorrido por este distrito por el barrio de Pacífico, situado en la parte sur del distrito y pegado lado con lado al barrio de Atocha del distrito de Arganzuela. Empecemos por el principio, por el nombre del barrio. Este barrio recibe su nombre de la antigua calle del Pacífico que recorría el barrio por entero de noroeste a sureste. Esa calle recibe actualmente el nombre de Avenida de Ciudad de Barcelona, nombre que se le dio a la calle en la dictadura, cosa bastante curiosa, si tenemos en cuenta que el nombre de Pacífico hace referencia a expediciones de guerra realizadas por España precisamente en lugares de ese océano. A mí, particularmente, calle del Pacífico me resuena más a algo que le podría gustar al Franquismo que Avenida de la Ciudad de Barcelona.

Es un barrio con calles en forma de damero creado como cualquier zona de ensanche de cualquier ciudad y está habitado principalmente por gente joven de clase media. De hecho, es el barrio más densamente poblado de todo el distrito y el que tiene habitantes más jóvenes. Actualmente se encuentra delimitado por el Paseo de la Infanta Isabel, por el Paseo de la Reina Cristina, por la Plaza de Mariano de Cavia, por la Avenida del Mediterráneo y por la Plaza de Conde de Casal por el norte; por la calle del Doctor Esquerdo por el este; y por las vías del tren que llevan a la Estación de Atocha por el sur.

La zona que queda al norte de la Avenida de la Ciudad de Barcelona tiene una vocación marcadamente residencial mientras que la que queda al sur es visiblemente, -aunque ahora quizá menos-, terreno industrial. El barrio contaba con una población de casi 37 mil habitantes en 2006, por lo que, a falta de datos más actuales, y contando con datos históricos, podemos predecir que la población se mantiene más o menos en ese número.

Monumento al General Vara del Rey y a los Héroes del Caney – ©JMPhotographia

Pero vamos ya con el recorrido que hicieron mis pies y que voy a compartir con vosotros. Comencé mi viaje, como siempre, en la Estación de Chamartín, tomando la Linea 1 de Metro hasta la Estación de Atocha. Allí caminé en dirección sureste por la Avenida de la Ciudad de Barcelona contemplando a través de los patios de los edificios que quedan a la derecha las vías y los tejadillos de la estación de Puerta de Atocha -creo que esa foto la puse en el capítulo anterior-, hasta llegar a la altura en la que el parquecillo triangular que queda al otro lado de la calle termina y da paso al Colegio Virgen de Atocha. En ese punto crucé la calle y me acerqué al parquecillo, que es el lugar donde estaba mi primer punto de visita: el Monumento al General Vara del Rey y los Héroes de Caney.

Se trata de un grupo escultórico que representa al general Vara del Rey y un grupo de soldados que murieron en la guerra de 1898 defendiendo el poblado cubano de Caney. Fue instalado en 1915 y es obra en bronce del escultor Julio González Pola. Pero si os parece, un poco de historia.

Nos situamos en el fuerte español de El Caney, en Cuba, como se ha dicho. Casi 7 mil soldados estadounidenses bien armados y apoyados por cañones atacaron la posición defendida por menos de 600 soldados españoles que no tenían la suerte de estar tan bien acompañados de armas. Los estadounidenses se encontraron una resistencia que jamás se hubieran esperado, no hubo rendición sino muerte después de una batalla de más de diez días.

Cruzando el camino peatonal que media entre el parquecillo triangular y el colegio se llega al Paseo de la Reina Cristina y no hace falta andar mucho para llegar a la altura del Panteón de Hombres Ilustres. Este panteón sigue la tradición creada en otros países democráticos pero es muy poco conocido y escasamente visitado. Su función es la de guardar y exhibir monumentos funerarios de hombres importantes en la política española de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Estamos hablando de hombres tales como Cánovas del Castillo, Eduardo Dato, José Canalejas, Mateo Sagasta, etc.

En general, podemos decir que es un museo de arte escultórico, ya que las piezas que podemos contemplar están realizadas en mármol por los mejores escultores de la historia de España como Mariano Benlliure, del que ya hemos comentado en este proyecto algunas de sus obras; o Arturo Mélida. El edificio en sí es grandioso, de techos altos y de estilo neobizantino y fue construido en la última década del siglo XIX en el solar de la antigua basílica de Nuestra Señora de Atocha. Su arquitecto fue Fernando Arbós, quien al principio pensó que la construcción sirviese de claustro a la nueva basílica de Atocha, aunque finalmente la nueva basílica se construyó veinte años después con un proyecto distinto y en una ubicación unos metros más alejada.

Panteón de Hombres Ilustres – ©JMPhotographia

La entrada es gratuita de martes a sábado entre 10 h. y 14 h. y 16 h. y 18.30 h. y los domingos y festivos de 10 h. a 15 h. Yo no entré pero pienso visitar este compendio de escultura española en cuanto tenga la oportunidad.

Tras rodear el panteón por la calle de Julián Gayarre encontramos a nuestra izquierda la calle de Fuenterrabía y una de las esquinas de otro punto de interés: la Real Fábrica de Tapices. Estamos hablando de un lugar insigne y muy celebrado por la calidad de los tapices que a lo largo de varios siglos se han manufacturado ahí. Fue fundada en 1721 por Felipe V, copiando el modelo francés. La pretensión era implantar una industria patria que evitara tener que  importar tapices flamencos para decorar los palacios españoles.

Real Fábrica de Tapices – ©JMPhotographia

Para dirigir la Real Fabrica de Tapices, situada cerca de la Puerta de Santa Bárbara -y por ella también conocida como Casa de Santa Bárbara- se contó con los servicios de Jacobo Vandergoten, un flamenco de Amberes. Su hijo, del mismo nombre, estableció una segunda fábrica, llamada de Santa Isabel, que trabajaba con otro tipo de lienzos.

En 1882, reinando Alfonso XII, la sede de la Real Fábrica de Tapices abandonó su sitio junto al Portillo de Santa Bárbara y se mudó a un nuevo edificio en la zona del Olivar y Huerta del Convento de Atocha. Diez años después se unieron las dos fábricas bajo una sola con el patrocinio de la Casa Real y comenzó su periodo de mayor esplendor coincidiendo con la incorporación de nuevos pintores reales, entre los que destaca Francisco de Goya. Gracias a estos nuevos pintores el estilo de los tapices se desvincula del estilo flamenco de sus primeros días.

Durante el final del siglo XIX y el principio del siglo XX disminuyen los encargos de la Casa Real y aumentan los de casas privadas de buena posición, el gran tapiz va dando paso también a la alfombra. Con la República los encargos de la Casa Real, obviamente, se reducen a cero, si bien la fábrica se mantuvo con el nombre de Manufactura Nacional de Tapices y Alfombras. Tras la Guerra Civil y la dictadura de Franco la fábrica vuelve a tener el título de Real Fábrica en 1986 y diez años después se convierte en la Fundación Real Fábrica de Tapices, transformándose así en una entidad cultural cuyo cometido es transmitir los valores culturales de la propia fábrica.

La Real Fábrica de Tapices ha estado muchas veces a punto de ser cerrada por falta de encargos y de financiación y últimamente fue noticia por culpa Livinio Stuyck, descendiente de Jacobo Vandergoten, quien fue destituido como director de institución tras llevarla a la quiebra y posterior rescate en 1996 pero continuó viviendo en la Real Fábrica desde entonces con todos los gastos pagados hasta que el Ministerio de Cultura se dio cuenta, creo que el año pasado.

Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha – ©JMPhotographia

Volviendo a la calle de Julián Gayarre y caminando en dirección sur queda a nuestra derecha la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha, cuya entrada principal está en la esquina de esa calle con la Avenida de la Ciudad de Barcelona, a la que hemos vuelto en nuestro viaje hacia el sur. Estamos ante una de las seis basílicas que hay en Madrid, recordemos que las otras son la Basílica de Jesús de Medinaceli, la Basílica de San Francisco el Grande, la Basílica Pontificia de San Miguel, la Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced y la Basílica de la Milagrosa.

La Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha se sitúa sobre un antiguo convento de la Orden de Predicadores que, a su vez, albergaba una primitiva ermita-santuario que daba culto a la Virgen de Atocha, tradicional patrona de la realea española. Hoy es también parroquia además de basílica y también convento gestionado por los dominicos.

Se tiene constancia de la existencia de una pequeña ermita de Atocha desde el año 1150. En el siglo XVI la ermita se encontraba en un estado de ruina casi total que obligó a reformarla para convertirla en un complejo de iglesia más convento.

En diciembre de 1808, con la entrada en Madrid de las tropas francesas, los religiosos fueron expulsados y el lugar quedó convertido en un cuartel. En el camino se produjeron atropellos, robos y destrucciones de muchas obras de arte. Tras la invasión los dominicos pudieron regresar al convento, pero sólo hasta 1834, año en el que se produjo su exclaustración. En 1863 el papa Pío IX le otorgó el rango de “basílica menor”, hecho que la convirtió en la primera basílica de este rango en la ciudad de Madrid.

En 1888, la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, ordenó la construcción de otro complejo y el derribo de los edificios dado el estado de deterioro en el que se encontraban. La idea era construir el nuevo complejo justo en el mismo lugar, pero sólo quedó construido lo que hoy es el Panteón de Hombres Ilustres, inspirado en el Camposanto de Pisa, por causa de problemas económicos. En 1924, dada la paralización de las obras, los dominicos se pusieron en marcha para poder restaurar el convento y la iglesia y los frailes pidieron auxilio a Alfonso XIII, que les concedió nuevos terrenos muy cercanos para que se pudieran proseguir las obras por cuenta de los propios frailes.

Al estallar la Guerra Civil el templo fue incendiado y todas las obras de arte que contenían se perdieron a excepción de la imagen de la Virgen de Atocha, que había sido ocultada en previsión. La inauguración oficial de la nueva iglesia se produjo en la Navidad de 1951.

Dejamos atrás la basílica y cruzamos la Avenida de la Ciudad de Barcelona para tomar la calle de Antonio de Nebrija y llegar a los terrenos donde actualmente está La Neomudejar, un centro artes de vanguardia y resistencia artística internacional, como así se define, situado en un antiguo almacén en las cercanías de la Estación de Atocha. Abrió sus puertas en 2013 cuando el videoartista Néstor Prieto y el cineasta Francisco Brives encontraron el lugar que estaban buscando durante mucho tiempo para el proyecto que tenían desde mucho tiempo atrás en sus cabezas.
El almacén de la Neomudéjar data de finales del siglo XIX, como muchos otros edificios de su entorno, y obviamente estaba destinado a usos del ferrocarril. Recibe su nombre del estilo arquitectónico en el que fue construido, el neomudéjar.
La calle de Téllez, tristemente famosa por los atentados del 11-M me lleva, en dirección sureste hasta la calle del Comercio, que tomé hacia el norte continuando después de cruzar de nuevo la Avenida de la Ciudad de Barcelona por la Avenida de Menéndez Pelayo, una de las calles más importantes de todo el distrito, ya que llega hasta la esquina noreste del Parque del Retiro, concretamente un poquito más allá, hasta encontrarse con la calle de Alcalá y confluir en su continuación natural, que es la calle del Príncipe de Vergara. Cuando llegamos de nuevo a la altura del Paseo de la Reina Cristina estamos en la Plaza de Mariano de Cavia.
Plaza de Mariano de Cavia y Fuente de las Gaviotas – ©JMPhotographia
Esta plaza de circulación circular, -valga la redundancia-, está situada en el punto donde se cruzan el Paseo de la Reina Cristina -que a partir de allí de llama Avenida del Mediterráneo – y la Avenida de Menéndez Pelayo. También sale de ella la calle de Cavanilles. Su primer nombre fue Glorieta de María Cristina, nombrada así por un cuartel cercano que recibía el mismo nombre. Su nombre actual es un homenaje a un ilustre cronista, periodista y literato, Mariano de Cavia (1855-1920), que murió en un sanatorio cercano. En el centro de la glorieta hay una fuente que se conoce como Fuente de las Gaviotas, obra del escultor Gerardo Martín Gallego, cuya característica más conocida es que las alas de las gaviotas se mueven cuando el agua fluye de la propia fuente.
La calle de Cavanilles primero y la de Narciso Serra después me condujeron a la calle de Valdearribas, que recorrí en sentido sureste. En esa calle hay dos puntos interesantes.
El primero es la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz, de la que, por desgracia, no puedo decir mucho, salvo que presenta una gran fachada moderna, sin mucho adorno, franqueada a su izquierda por una alta y muy esbelta torre que llama bastante la atención. Dentro de lo que suelen ser las parroquias modernas, -que me suelen pasar desapercibidas-, tengo que reconocer que esta consiguió llamar mi atención.
El segundo es una antigua central eléctrica del Metro de Madrid que albergó los enormes motores diésel que suministraban energía eléctrica a la red de Metro, el llamado Andén 0 de Metro de Madrid. Estamos hablando de uno de los dos centros de interpretación del Metro de Madrid -el otro es la estación de Chamberí- que se pueden visitar para conocer más la historia y las infraestructuras históricas de este servicio suburbano de transporte.
Uno de los edificio del complejo Andén 0 de Metro de Madrid – ©JMPhotographia
Las primeras tres líneas de metro se construyeron antes del estallido de la Guerra Civil y después de la contienda comenzó la construcción de la Línea 4. Desde los albores del nacimiento del suburbano, el servicio necesitó, como cualquier otro servicio ferroviario, de edificios auxiliares que facilitaran la tarea de hacer funcionar el sistema. En los primeros años la energía eléctrica que necesitaba el metro fue suministrada por tres compañías: Hidroeléctrica Santillana, Unión Eléctrica Madrileña e Hidroeléctica Española. La energía suministrada era sobre todo hidroeléctica, teniendo el río Manzanares un papel esencial en la producción de esta electricidad. En los primeros años 20 se vio la necesidad de cambiar el modelo de producción de energía y se pensó en el autoabastecimiento, ya que la bajada del caudal del río en los años 1921 y 1922 produjo graves deficiencias en el suministro eléctrico.
Debido esto se construyó este edificio, destinado a la producción de electridad a partir de combustible fósil. En noviembre de 1923 comenzaron a trabajar los tres gigantescos motores diésel que se instalaron en este lugar. La llamada Nave de Motores albergó estos motores, pero el complejo estaba formado por un total de cinco edificios diferentes: uno para la batería de acumuladores, otro más pequeño para albergar otros equipos eléctricos más modestos, otro para hacer las veces de oficina, taller y vivienda; y otro que estaba destinado a ser una vivienda unifamiliar para el responsable de todo el complejo.
A la hora de mi paso no estaba abierta la Nave de Motores, si lo hubiera estado tened por seguro de que tendríais aquí, ahora mismo, una foto de esos inmensos motores diésel. No obstante, en el futuro no dudéis que la tendréis.
Puerta de la Maestranza de Artillería – ©JMPhotographia

La calle de Sánchez Barcaiztegui conduce hacia el sur, -una vez más-, a la Avenida de la Ciudad de Barcelona, y a esa altura encontramos una puerta no muy grande que marca la entrada a un lugar con varios edificios de los que tenemos que hablar. El primero de ellos es la Junta Municipal del Distrito de Retiro, el segundo el Museo de la Policía Municipal de Madrid, el tercero el Polideportivo Daoiz y Velarde, y el cuarto el centro cultural que recibe el mismo nombre.

En la pequeña puerta de entrada está escrita la palabra MAESTRANZA en referencia a que por aquella puerta se entraba al antiguo cuartel de la Maestranza de Artillería. El primer edificio de los que hemos mentado es también el más moderno, el de la Junta del Distrito de Retiro. Se trata de un edificio de carácter modular con aires nórdicos que consta de cuatro plantas y fachada a base de vidrio y lamas de pizarra atornilladas.

El Museo de la Policía Municipal de Madrid queda justo a la izquierda de la puerta de entrada. Es un edificio que pasa muy desapercibido pero por dentro la cosa cambia. Como podéis estar imaginando en este museo se hace un recorrido por la historia de la policía de Madrid, desde los alguaciles medievales hasta nuestros días.

La historia comienza en 1561, bajo el reinado de Felipe II, cuando se dictó el primer bando de Policía de la Villa. Cuarenta años después, reinando Felipe III, se publicaron los primeros reglamentos y normas de los servicios relativos a los llamados Alcaldes de Barrio. En el siglo XVIII, en época de Carlos III, se formó la Milicia Urbana, formado con personal que había resultado inválido en guerra. La Policía de Madrid, tal como la conocemos (o casi) se creó en 1850, al aprobarse el Reglamento Orgánico de la Guardia Municipal de Madrid.

El polideportivo Daoiz y Velarde se levanta desde 2003 sobre unos antiguos cuarteles del mismo nombre que fueron un punto caliente durante la Guerra Civil y que pasaron bastante tiempo abandonados. Cuando el polideportivo no estaba todavía terminado resultó muy útil durante la crisis que produjeron los atentados del 11-M, ya que allí se instaló un hospital de campaña para atender a numerosos heridos del tren que hizo explosión en las vías que circulan de forma paralela a la calle de Téllez.

Centro Cultural (izquierda) y Polideportivo Daoiz y Velarde (derecha) – ©JMPhotographia

Y frente a este polideportivo con tanta y, a la vez, tan poca historia termina nuestro recorrido fotográfico por el barrio de Pacífico.

El Centro Cultural Daoiz y Velarde fue rehabilitado en 2015 y acoge todo tipo de actividades de carácter cultural y social. Es bastante grande, casi 7 mil metros cuadrados, y contiene dos salas de teatro, una a la italiana y otra en cruz. El espacio era una nace industrial que formaba parte del antiguo cuartel de Daoiz y Velarde.

 


 

El barrio de Pacífico es nuestra primera aproximación al distrito de Retiro. Es un barrio que prolonga, de alguna manera, el entorno de la Estación de Atocha hacia el sureste y que conecta este importante punto de transporte con la popular barriada de Vallecas. El barrio está estructurado en torno a dos vías principales que lo recorren de noroeste a sureste: el Paseo de la Reina Cristina y la Avenida de la Ciudad de Barcelona. Para contrarrestar estas dos vías otras dos las cruzan en dirección norte-sur: la Avenida de Menéndez Pelayo y la calle del Doctor Esquerdo.

En el siguiente capítulo visitaremos el barrio de Adelfas que media entre Pacífico y la autopista M-30. Es un barrio no muy grande y con quizá menos puntos de interés, pero no por ello vamos a dejar de visitarlo. Además contiene la Plaza del Conde de Casal que tantas veces frecuento. ¡A ver si tengo la suerte de saber quién fue el tal Conde de Casal!

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Pacífico:

Monumento al General Vara del Rey y a los Héroes del Caney - ©JMPhotographia

 

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Halogram: Una recopilación

Esta no va a ser una publicación fácil, pero tenía ganas de hacerla y considero que no pierdo nada haciéndola, sino que gano, aunque sea, liberación. Hoy quiero hablaros de fotos horribles. No, mentira, no voy a hablar de fotos horribles, voy a hablaros de ediciones horribles, de ediciones vagas, y de fenómenos relacionados con el criterio que últimamente me están escamando muchísimo.

Si, los más perspicaces habrán adivinado por el título “Halogram” que voy a hablar de algo relacionado con Instagram, esa red social que es usada de muchas maneras diferentes y por muchos perfiles diferentes. Creo que, precisamente, la parte buena de las redes sociales es esa, que pueden ser usadas de muy diversas formas, desde el profesional que quiere promocionar sus productos hasta el anónimo o la anónima que le gusta poner morritos, sacar la lengua y enseñar sus atributos delanteros y traseros.

Pero aquí no vamos a criticar ni a moralizar sobre los usos de una red social, si acaso, vamos a moralizar sobre ediciones fotográficas y si, más concretamente y especificando, sobre los halos. El concepto de “halo” se emplea en diferentes campos semánticos, pero el que más me interesa para ilustrar lo que estoy tratando de decir es el de la luz que aparece sobre la cabeza de personajes sagrados en cuadros, vidrieras y esculturas.

No, no me he vuelto loco. Hablamos de fotografía. Hablamos de edición.

¿Qué os ha parecido esta foto? ¿Veis algo raro en ella? ¿Algo que os parezca o pudiera parecer anómalo o inusual? Bien, la buena noticia es que no estáis ciegos, pero hay otra buena noticia: no le pasa nada malo a vuestras pantallas. Estáis contemplando en toda su expresión un halo que ha aparecido en la fotografía porque a la hora de editarla se ha producido un contraste excesivo que ha afectado a los bordes de los objetos.

Veamos otro ejemplo:

Estas dos fotografías tienen el mismo defecto en los bordes donde se produce la diferencia de contraste debido a que el editor ha intentado poner más luz en el objeto principal, en ambos casos los edificios. Seguramente, la principal causa de la aparición de estos halos es el formato usado, el formato .jpg y no el mucho más recomendable formato RAW, del cual hemos hablado ya en este blog más de una vez.

La aparición de este tipo de halos es producto de los ajustes de recuperación, es decir, de los intentos del editor por recuperar luz de objetos que han quedado oscuros en relación con la luz general de la fotografía. Hay que notar que si estos ajustes los realiza de un modo automatizado el programa de edición, -subiendo sombras, por ejemplo-, los halos serán finos y más uniformes, aunque también muy visibles; pero si los ajustes los realiza el editor con una herramienta de edición local manejada por la yema del dedo en un teléfono móvil, -como suele ser habitual-, los halos serán directamente proporcionales a la vaguería del editor para hacer zoom en la imagen y ser cuidadoso para no salirse de donde no tiene que salirse.

Sigamos viendo ejemplos:

Cómo podéis ver, todas las fotos con halos tienen orígenes casi idénticos: una mezcla de varias cosas:

  1. No usar el formato RAW, ya que éste permite mucha más ductilidad a la hora de realizar el postprocesado
  2. Usar programas de edición para teléfonos móviles que no interpretan los ajustes de una forma adecuada cuando el formato usado es .jgp.
  3. En algunos casos, desconocimiento de las posibilidades que proporcionan los flashes o imposibilidad de usarlos de un modo efectivo. Con un flash se puede iluminar los objetos que están cerca de la cámara al menos. Los edificios en el fondo no, jajaja.
  4. Vaguería propia del ser humano a la hora de hacer una edición lo más limpia posible.

Vamos a por otro ejemplo más:

En este caso se junta el problema de la aparición de halos y el gravísimo problema de no tener mesura a la hora de usar el parámetro HDR de los editores fotográficos. Es lamentable pero real que hay una cultura visual hoy popular que consiste, básicamente, en el emborronamiento o ensuciamiento de las imágenes. Ya he comprobado varias veces que esta cultura visual tiene sus defensores, cosa que no voy a criticar, ya que no debo meterme en opiniones ajenas sino únicamente defender las mías. Testimonio de la popularidad de este tipo de cultura visual es que hay muchas fotografías como ésta que reciben premios o menciones en muchos perfiles de Instagram. Para mí es una atrocidad, pero es lo que hay.

Veamos una última fotografía, paremos ahora, aunque podría enseñar muchas más:

Otra atrocidad premiada llena de halos, con abuso de HDR y del parámetro “claridad”, aunque en según que programas recibe otros nombres. Y un gran problema de criterio por parte de las personas que premian con menciones fotos con estas malas hechuras. Muchas veces me pregunto si no habría 100 o 200 fotos mejores a las que “premiar”. De verdad que no consigo entender el criterio que sigue alguien para destacar esta foto en un perfil de Instagram que se dedica a ello.

Pero como no me gusta hablar mal de la gente o de las cosas que hace la gente, -como veis he omitido los nombres de los autores-, vamos a tratar de dar soluciones para evitar la aparición de los halos. Por regla general es sencillo: hay que mirar la foto cuando se está editando y mirarla bien. No hay que sobrepasarse con ningún parámetro que podemos aplicar. A la primera señal de halos debemos parar, siempre que queramos tener una fotografía, -con el realismo que ello conlleva-, y no un cuadro abstracto o un icono religioso con su aura de santidad (véase la foto del ínclito barrendero).

Y en fin, esto fue todo sobre los halos. No es un texto que guste escribir, máxime si tenemos en cuenta que es posible que muchos de los que leáis esto tengáis muchos halos a vuestras espaldas. Yo también los tengo, no os quepa ninguna duda. Pero intento no tenerlos o disimularlos todo lo que se pueda. Sólo hay que ser un poco puntilloso y dedicar tiempo a hacer las cosas bien. En mi caso lo hago por satisfacción propia personal, ya que uno no encuentra ningún incentivo externo para hacerlo, ya que parece que casi todo el mundo acepta la presencia de esos malditos invitados: los halos.