Mes: agosto 2018

Probando mi nuevo teleobjetivo desde el Cerro del Tío Pío

Desde que me metí en el mundo de la fotografía siempre había pensado en adquirir un teleobjetivo con la idea de que era necesario cubrir una distancia focal mayor que lograra darme otra perspectiva a la hora de captar las cosas. Si esto es cierto también lo es que, tras unos primeros pasos en los que se aprende mucho, no sólo de fotografía en sí sino también de algo tan importante como eso: es decir, aprendes el tipo de fotografía que produces.

En cierto modo ese período de aprendizaje y primera toma de contacto con una cámara fotográfica determina qué clase de fotografías vamos a producir, no hablo de géneros fotográficos, sino del tipo de fotos que vamos a hacer preferentemente. Me di cuenta de que el teleobjetivo podía esperar, prefería tener ópticas más luninosas con un rango focal más estándar.

Así sucedió que la primera alternativa que me di al objetivo de kit fue un Yongnuo 50mm F1.8. Era todo lo barato que me podía permitir, menos de 100 euros. Este objetivo me permitió desenfocar más y mejorar el aspecto de los retratos. No es el mejor objetivo 50mm que hay en el mercado, pero si cruzamos la calidad con el precio es perfectamente el mejor. El siguiente objetivo que compré tampoco fue un teleobjetivo, sino que decidí completar mi colección Yongnuo con el 35mm F2, que me permitió hacer fotos más angulares con la misma capacidad de obtener luz.

Comprar dos objetivos de focal fija fue una buena idea, según creo. Todo el mundo dice que son mucho más didácticos que los zoom, ya que te obligan a moverte para buscar la foto, a diferencia de los zoom que te permiten encuadrar sin cambiar de posición. Respecto a esto, hay fotógrafos que aman las focales fijas y otros que prefieren los objetivos zoom. Yo, a título particular, creo que las dos filosofías son complementarias y que cada una sirve bien para algo.

Podría pensarse que teniendo un 18-55, un 35 y un 50 lo siguiente que vendría necesariamente sería un teleobjetivo, pero no. Decidí substituir el objetivo de kit por algo más contundente. Me fijé en un 17-50 de Sigma con una apertura de F2.8 en toda la focal. Este es un objetivo muy diferente al de kit tanto en peso como en tamaño, y me refiero al diámetro (58mm frente a 77mm). El Sigma pesa muchísimo más, pero hace parecer mi cámara más grande, y eso para un hombre, quiero decir para un fotógrafo, lo es todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si, llegó el momento de comprar un teleobjetivo. Ya estaba preparado. Sin embargo, un teleobjetivo de cierta calidad nuevo se me escapaba totalmente del presupuesto por lo que tuve que mirar alternativas. Sin ninguna experiencia me metí en las subastas de Ebay y estuve indagando bastante sobre diferentes teleobjetivos. Me gustó el Tanrom SP 70-300 Di VC USD F4-5.6, me metí en una subasta y después 6 días esperando el final de dicha subasta mis estrategias surgieron efecto y conseguí ganar la puja por un sólo euro de diferencia. Ya tenía mi teleobjetivo de segunda mano, nuevo me hubiera costado casi 500 euros, en la subasta lo conseguí por menos de 200. Y funciona fenomenal, siempre que lo veo y lo uso no recuerdo que no es nuevo, porque está en perfecto estado.

En cuanto lo tuve en casa me puse como un loco a plasmar mundos lejanos. Fue una sensación extraña, previsible pero extraña de todas modos. Las focales que venía usando no acercaban la realidad más allá de lo que ven mis propios ojos, lo que tenía a mi disposición ahora era poder: el poder de acercar la realidad hasta mis ojos.

Empecé a trastear con él y a conocerlo. Y en 10 minutos ya estaba contento de no haber tirado por lo barato y haberme comprado un 55-200 de Nikon, por muy nuevo que fuera. Ahora tengo un teleobjetivo que cuando lo pongo en mi cámara parece que ésta se ha tomado anabolizantes. Me encantan las fotos que puedo conseguir con él. Hay que entrenarse un poco, es cierto, porque puedes hacer fotos a 1/500 y que te salgan un poco movidas si no te concentras y te estabilizas bien. La práctica hace al monje, ¿era así, no?

Tengo un teleobjetivo. Y con él no capto únicamente las cosas que quedan lejos, también hago retratos espectaculares que me encantan. Ha tardado pero ya está aquí.