Reportaje: Fiesta en Alcaraz

Cada vez que alguien quiere ir por carretera desde Madrid a Ciudad Real o Albacete, o incluso a Granada o a Almeria, siempre tiene dos opciones: la carretera de Andalucía o la carretera de Valencia usando la variante que se dirige a Alicante y Murcia.

En nuestro anterior viaje a Campo de Criptana hicimos el viaje de ida por la A-4 y el de vuelta por la A-3, sin embargo, en esta ocasión, hicimos tanto la ida como la vuelta por la carretera de Valencia, que es, en cierto modo, nuestra carretera, ya que allí está Rivas.

Avituallamiento en La Roda – ©JMPhotographia

Salimos el mismo viernes del evento a las 12 de la mañana, ya que teníamos que llegar a Alcaraz sobre las 3 de la tarde. El camino fue muy bien, con menos coches de los esperados, -es lo que tiene que fuera puente-, por lo que avanzamos con bastante celeridad. Llevábamos como viandas una empanada de atún, una tortilla de patatas y bebidas. Poco después de las 2 de la tarde hicimos un alto en el camino en La Roda, una localidad que conocemos bien -nocturnamente, pero bien- porque ya hemos tocado allí en una ocasión.

No tardamos mucho en retomar el camino. Precisamente en La Roda dejamos la autopista y tomamos el resto del camino en carreteras convencionales. En Castilla-La Mancha hay carreteras convencionales buenas y otras que están en un estado bastante malo. En la ida tuvimos suerte respecto a esto. Lo cierto es que el paisaje siempre había sido bonito, con una gran multitud de molinos modernos que nos acompañaron en el último tramo de la autovía y en los primeros de la CM-3106.

Molinos en Munera – ©JMPhotographia

Tras dejar Munera atrás y justo en la entrada de El Bonillo una pareja de la Guardia Civil nos dio el alto. En ese momento pasaban por ahí muy poquitos coches, por lo que todos eran detenidos para pedir documentanción y supongo que para ver si podían ser multados por alguna infracción. Los Guardías Civiles nos detuvieron y estuvimos parados unos 20 minutos. Nosotros nos lo tomamos con humor, ya que, a fin de cuentas, estábamos sólo a unos 40 kilómetros de Alcaraz.

Cuando pudimos reemprender la marcha, cruzamos el pueblo y cambiamos a otra carretera que nos llevó a Alcaraz pasando por El Ballestero y Robledo. Llegamos a Alcaraz más o menos una hora más tarde de lo planeado.

Enseguida pude notar la fisonomía del pueblo: cuestas. Muchos que me conocen saben que necesito un GPS para poder salir de un pueblo, ya que muchos son para mí laberintos. Si a esto le añadimos cuestas… lo mejor es no mover el coche y pasear, que es la mejor manera de ver un pueblo, por cierto. Pero, en cuaquier caso, la visita turística sería el día siguiente.

La ermita – ©JMPhotographia

Encontramos el sitio al que nos dirigíamos. No sabría decir si es una ermita con una hospedería al lado o una hospedería con una antigua ermita junto a ella. Sea lo que sea, todo estaba junto y eso es algo muy útil cuando uno va a participar en una fiesta que tiene hora de comienzo pero no de final.

Un pequeño piscolabis para reponer fuerzas y nos pusimos a montar. Yo tuve alguna que otra dificultad debido a mi torpeza, ya que gracias al aceite caliente y a una sartén, era portador de una bonita quemadura y sus consiguientes ampollas -aún las tengo al escribir estas líneas- por lo que también llevaba un guante de teñir el pelo en la mano izquierda. Estrafalario, pero soy yo.

En una ermita el sonido nunca es bueno salvo si se trata de un órgano de 100 tubos y la música es de Bach. El efecto de la reverberación -la palabra significa algo así como “devolver un golpe”, “reflejar los rayos del sol” o “hacer rebotar- es exagerado en esta clase de sitios debido a los altos techos y la multitud de obstáculos como columnas, arcos, etc.

El recital – ©JMPhotographia

Después de que se terminara la comida, -la celebración era un bautizo de una niña-, comenzó el concierto. La gente estaba muy animada, y el inicio del recital coincidió con el momento en el que más se anima la gente en un evento como éste: cuando desaparece la comida y aparecen los combinados. El repertorio funcionó, ya que son canciones muy conocidas y cantadas en el idioma que todos entienden. Con el trascurso de las canciones fueron subiendo a decir unas palabras varias personas.

Después de un pequeño descanso, se reanudó el concierto mientras la gente se iba y venía y los niños jugaban por aquí y por allá. Sabíamos que la tarde iba a ser larga, y así fue.

Tras el concierto se prendió el Karaoke Mágico de David Hurtado, y se prendió con fuerza. El Karaoke es una cosa emocionante y que siempre apetece en un ambiente festivo y despreocupado, además el repertorio en este tema también está muy bien escogido y funciona de maravilla. Así estuvimos sin parar hasta por lo menos las 12 de la noche, hora en la que este fototógrafo que conduce se retiró a dormir.

La Plaza Mayor de Alcaraz – ©JMPhotographia

Mi intención era levantarme pronto y hacer la visita turística de rigor que tanto me gusta hacer cámara en mano. Mi destino eran las cuestas que había visto al llegar, dos torres que destacaban entre todos los demás tejados y unas ruinas que me llamaron bastante la atención. Aquellas ruinas eran restos de un acueducto del siglo XV o XVI, las torres estaban en la Plaza Mayor y las cuestas me hicieron andar como un anciano al bajarlas debido a que estaban mojadas y seguramente heladas. Alcaraz cuenta también con las ruinas de un castillo construido por lo árabes en un cerro que quedaba demasiado alejado y empinado para poder visitarlo.

No pensaba levantarme tan pronto, pero a las 6.30 me desperté y ya no pude conciliar el sueño, así que a las 7.20 de la mañana estaba saliendo por la puerta de la habitación y bajando a ver los restos de la fiesta de la noche anterior. Recogí un poco las partes del equipo que no habían sido recogidas y me dirigí a recorrer el pueblo.

En poco más de una hora regresé a la hospedería y a la habitación. Necesitaba un desayuno y tuve que conformarme con Nescafé y unas tostadas con aceite. Suficiente para mí. Carlos fue el más perezoso de todos y no pudimos emprender el camino de regreso hasta pasadas las 12.45 en medio de una preocupante niebla que, felizmente, desapareció a los pocos kilómetros. En Munera el GPS nos indicó -caprichoso él- otro camino distinto al de ida para volver y nos metimos en una carretera estrecha y en muy mal estado que nos llevó hasta Villarrobledo, donde ya pudimos tener autovía hasta Rivas.

Llegamos a Rivas poco después de las 4 de la tarde, descargamos y nos fuimos a compartir una pizza en Covibar. Después de eso nos separamos. Pronto volveremos a salir a la carretera, aunque, según parece, a destinos más cercanos.

Amaneciendo en Alcaraz – ©JMPhotographia

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