Sitios del Mundo (que he visitado): Miami Beach

Este pasado mes de mayo he estado en los Estados Unidos realizando un viaje de 17 días por aquel país. Es la tercera vez que visito los Estados Unidos con mi hermano Patxi para hacer lo que podríamos llamar "giras por el país", esto es, alquilar un coche y viajar de ciudad en ciudad hospedándonos casi cada día en un hotel distinto.

El primero de estos viajes fue en 2015, cuando volamos 12 horas para llegar a Los Ángeles, y desde allí conocimos partes de la ruta 66, el Gran Cañón, Monument Valley, Antelope Canyon, Bryce Canyon, Las Vegas, el Parque Nacional de Yosemite, San Francisco y el el Big Sur, que realizamos para volver a Los Ángeles y desde allí regresar a España. Fue el primer gran viaje de mi vida y, por ello, la mayor aventura que he vivido en mi vida. Un viaje que nunca podré olvidar.

El segundo viaje fue en 2017 a la costa este. Volamos a Nueva York y de allí, sin pararnos, tomamos un autobus hacia Atlantic City y allí alquilamos un coche que nos llevó a Filadelfia, al condado de los Amish, a Gettysburg, a Washington D. C., a pequeñas poblaciones en el estado de Maryland acompañando en su recorrido al río Potomac, a las cataratas del Niágara, a Toronto y, tras regresar a Atlantic City y dejar el coche de alquiler y volver a tomar el mismo autobus, -pero en dirección contraria-, a pasar 5 excitantes días en Nueva York.

Este tercer viaje también, realizado en 2019, también ha sido a la costa este, pero el punto de inicio y de finalización ha sido la ciudad de Miami, y desde allí hemos visitado los Everglades, los Cayos de la Florida, Savannah, Charleston, Augusta, Atlanta, Nashville, Memphis, Clarksdale, Nueva Orleans, Pensacola y Naples. Conocer Nashville, Memphis y Nueva Orleans ha sido un placer musical que nunca podré olvidar. He visto muchas cosas en Estados Unidos que no se estilan aquí en España, pero nunca dejo de sorprenderme. Viajar, para un ser humano que quiera permanecer sano, es lo mejor que hay y es lo mejor que se puede recomendar.

Pero vamos a comenzar la historia de hoy. Llegados al Aeropuerto Internacional de Miami tras 9 horas y media de vuelo, cogimos un Uber que nos llevó a nuestro hotel en Miami Beach, situado en Española Way. Cuando uno llega a un sitio por primera vez todo es nuevo y tiene un aura de exótica novedad que, en cierto modo, trastoca un poco el cerebro y el modo en el que vemos el mundo. El sol brilla igual que en España, provoca las mismas luces que en España, los coches se mueven igual y hacen los mismos ruidos, pero de alguna forma, tu cerebro te hace ver las cosas distintas. Es cierto que, según pasan los días y te acostumbras al nuevo lugar, esta sensación de exótica novedad va desapareciendo, pero es maravilloso que ocurra y creo que siempre hay que dejar que esto nos pase y nos condicione: al fin y al cabo nuestro cerebro puede engañarnos sólo por un rato.

Primera vista de la playa de Miami Beach (justo antes del diluvio) - ©JMPhotographia

Digo esto porque, influidos por lo que vemos en las series y películas americanas, tenemos una idea idealizada, -valga la redundancia-, de la vida en los Estados Unidos, del lujo, del glamour y del modo de vida americano. Cuando el hechizo de los primeros días cesa, tu cerebro ve la realidad: Miami Beach no es muy distinto de Gandía, de Cullera o de Torrevieja.

La calle más famosa de la ciudad es Ocean Drive, recreada en películas como El precio del poder o en videojuegos como GTA: Vice City. Es tal cual es, tal cual es recreada, pero es también como cualquier sitio conocido en su esencia. Ocean Drive se caracteriza por su buen número de hoteles de pocas plantas, pequeñitos, construidos en el estilo arquitectónico del art-deco. Son hoteles pintados en colores pastel con perfiles de colores fuertes y rematados con volutas y otros ornamentos por el estilo, ah, y coronados por grandes y coloridos neones que se encienden cuando el sol cede su puesto en el cielo.

Hotel Colony - ©JMPhotographia

Por desgracia, nuestro primer contacto con Ocean Drive fue un potente y persistente aguacero. Lo cierto es que ya veníamos avisados desde Madrid de que los primeros días de nuestro periplo estarían seguramente pasados por agua. No se equivocaron las previsiones. La gran tormenta nos cogió en pleno Ocean Drive y tuvimos que resguardarnos improvisadamente bajo los tejados de una atracción infantil junto a la entrada a la playa. Nuestra idea, -ya que literalmente acabábamos de bajar del avión-, era hacer fotos nocturnas de Ocean Drive retratando de la mejor manera posible los neones de los hoteles. A duras penas lo pudimos hacer.

Al día siguiente la situación meteorológica cambió drásticamente. El sol se apoderó del cielo y las nubes se esfumaron. Apareció también el calor. Es curioso esto del calor. En Los Ángeles no sentí nunca este calor tan agobiante de Miami, esa sensación de bochorno la relaciono más con Las Vegas que con un clima análogo como podría ser el de California. No hay que decir que esa mañana nos quemamos a pesar de habernos puesto mucha crema solar.

La playa está separada de Ocean Drive por el Lummus Park - ©JMPhotographia

La idea que teníamos para este segundo día era recorrer todos los hoteles de Ocean Drive de día y bajar hasta el sur llegando al South Pointe Park, donde hay una escollera que permite el acceso peatonal. Este viaje, además de poder ver los hoteles de Ocean Drive, nos permitió meternernos en la playa y tomar fotos de los curiosos puestos de socorristas que hay en la playa y que tienen formas muy curiosas. Las arenas de playa de Florida son extremadamente blancas y extremadamente limpias, sin rocas, un lujo en realidad. Todo muy bien cuidado y muy pensado para el turista de sol y playa.

La playa es maravillosa y tiene de todo lo que uno quiere tener en una playa, hamacas, WCs, chiringuitos glamourosos, socorristas con estilo y olas. Poco más se puede pedir.

La caseta de socorrista de los Simpsons - ©JMPhotographia

En South Pointe Park, que es realmente un malecón desde el que se tiene una vista privilegiada de la Playa situado en el punto más meridional de Miami Beach, pudimos hacernos la idea por primera vez de las dimensiones de la ciudad de Miami, ya que el principal puerto de cruceros situado en Dodge Island queda bastante cerca.

Como ya era imposible ir más hacia el sur, decidimos ir hacia el norte y adentrarnos un poco en la ciudad alejándonos de la playa. Visitamos un curioso edificio de colores conocido como Universal Music Publishing Group. Como indica su nombre estamos ante una discográfica que forma parte de Universal Music Group, anteriormente llamada PolyGram, y lugar, -en España, claro-, en el que trabajó mi padre durante muchos años. Este edificio de Miami Beach es una sucursal, ya que la sede central se encuentra en Santa Mónica, California.

Universal Music Publishing Group - ©JMPhotographia

Miami Beach ya se nos quedaba pequeño, así que comimos algo, y volvimos sobre nuestros pasos volviendo por Ocean Drive a ver los hoteles art-deco.  De sur a norte son los siguientes: el Majestic, el Avalon, el Beacon, el Colony, el Boulevard, el Breakwater, el Leslie, el Carlyle, el Cardozo, y el Crescent, y soy consciente de que me he dejado el nombre de más de uno.

Entre tanto hotel también hay otras cosas. La principal que todavía no hemos mencionado es la famosa Casa Casaurina, una mansión construida en los años 30 que se hizo famosa por ser la casa donde vivió el modisto Versace entre 1992 y 1997, y donde fue disparado hasta la muerte el 15 de julio de 1997, justo en la puerta de entrada.

Y la verdad que poco más puedo contar de mi día y medio en Miami Beach. Una ciudad costera típica, con mucho art-decó y edificios de color pastel, un lugar de veraneo y donde los coches de lujo propios y alquilados se pavonean con sus capotas descapotadas. Me alegro de haberla conocido.

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