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Reportaje: Desvíos extraños

Tras un período más o menos largo en el que no había salido a la carretera con El Jardín de María, este sábado he reemprendido los viajes fuera de la Comunidad de Madrid con el grupo. Últimamente todos nuestros compromisos habían estado circunscritos a la ciudad, pero con la llegada de la primavera y del buen tiempo, vamos a variar también esa costumbre.

Este sábado hemos estado tocando el Santa Cruz de la Zarza, un pueblo con mucho encanto en el extremo nororiental de la provincia de Toledo, y en los próximos sábados de abril, mayo y junio vamos a salir de nuevo para animar fiestas privadas en localidades como Calatayud, Salamanca, Almonacid de Toledo, etc. El Jardín de María tocará también para todo el mundo en Béjar, Salamanca.

Barlovento, tierra ardiente del tambor – ©JMPhotographia

Nuestro sábado comenzó a las 12 de la mañana cuando nos reunimos para cargar el equipo en el coche y salir en dirección a Guadalajara. ¿Guadalajara? ¿Pero no era al “extremo nororiental de la provincia de Toledo” donde habíais de ir? Pues efectivamente, pero cuando te llaman los amigos y te invitan a pasar muy buenos ratos se acude enseguida. Nuestra amiga Susana cumplió años la semana pasado y organizó una comida para celebrarlo, y allí fuimos, a comer, a charlar, a escuchar música, a jugar a las cartas, a cantar, a ver caballos, expositores, carrozas, a jugar con perros, a tocar tambores, a beber, a tomar postre y, en definitiva, a pasarlo bien.

Nosotros llamamos al sitio donde fuimos a pasar parte de la tarde “Donde Monchi”, una finquita muy apañada y muy cerca de Guadalajara. Allí nos sentimos como en casa, y disfrutamos siempre que vamos gracias a las personas que allí nos acogen, Susana y Monchi.

Lo primero de todo que nos llamó la atención fue la presencia de más de veinte o veinticinco tambores, algunos más grandes que otros. No pasó mucho hasta que nos pusimos a darles un poco de caña y, de paso, molestar minimamente al personal. Según parece, allí ensaya un grupo de batucada algunas tardes a la semana.

Y la paella estaba muy buena, y era muy abundante: es justo decirlo. Monchi es una expecie de hombre del Renacimiento, hace de todo. Lo mismo te hace una paella para treinta personas que te construye un palacio del siglo XVIII. Es un hombre de múltiples talentos.

Carlos y yo subimos a las habitaciones para ver a Nika, la gatita juguetona que nos cautivó con sus gaterías el pasado septiembre cuando estuvimos durmiendo allí durante las fiestas de Guadalajara. Sigue igual, no para quieta. Domina su cuerpo de forma extraordinaria, y es sigilosa y ligera y ataca para hacerte cariños.

Foto Moraleda, la pericia de un fotógrafo.
Javier Moraleda: me quitaron la cámara de las manos.

Después de comer y enseñarles a Carlos y a David a jugar al Chúpate Dos o Pumba, juego de cartas de moda en mi adolescencia; un grupo de personas visitamos la otra parte del complejo de Monchi, que es el lugar donde están los perros, las gallinas, los caballos, el taller con sus herramientas y los principales quehaceres de Monchi.

Visitando las obras monchianas – ©JMPhotographia
Liberando a Willy – ©JMPhotographia

Y tras ver en qué estaba metido nuestro amigo, y ver y recrearnos con los animales, regresamos al edificio principal, y de forma totalmente improvisada, ante las peticiones de los asistentes, El Jardín de María cantó algunas canciones. Aunque a veces no lo utilizamos, solemos llevar un amplificador de voz y de guitarra que muy ventajosamente no necesita conectarse a ninguna red eléctrica porque cuenta con batería. Es un aparatejo muy útil al que solemos llamar “Cacharro”, “El cacharro de David”, para ser más concretos.

Cantando… – ©JMPhotographia

Y cuando llegaron las 7 de la tarde, tuvimos que volver a meter micrófonos, pies, cables y cacharros en el maletero y despedirnos para coger carreteras secundarias que nos pusieron como una hora y media después en Santa Cruz de la Zarza.

Creo que Santa Cruz de la Zarza es un pueblo bonito, aunque sólo pude verlo por la noche. Está edificado en torno a un montículo donde hay una iglesia de muros bastante imponentes. Tiene calles empinadas que conectan la parte baja con la parte alta y, aunque no muchas, también tiene alguna calle estrecha que no permite el paso seguro de un coche.

Nos contrató la Cervecería El Patio. Su propietario, Jesús, montó una buena jarana. Habló con el ayuntamiento y consiguió permiso para cortar la calle el sábado, el día grande del programa de fiestas callejeras que había preparado, digo fiestas callejeras porque todo estaba circumscrito al espacio de una calle, es decir, al espacio que hay enfrente de la cervecería.

Cuando llegamos la cosa ya estaba muy animada. La calle estaba abarrotada por chicos y chicas muy jovenes que estaban disfrutando con el ritmo de los discjokeys. La actuación de El Jardín de María comenzó a las 10 de la noche ante el entusiasmo de los chavales que allí se iban amontonando. Fueron pasando temas muy conocidos del repertorio habitual de El Jardín de María en este tipo de eventos: Agárrate a mí, Maria; La chica de ayer, El límite, Cadillac Solitario, Frío, Todo a pulmón, etc. ante el fervor de la juventud y, francamente, nos sorprendió que un público tan joven disfrutara tanto con canciones que más que ellos fueron amadas por sus padres. A veces los prejuicios no nos dejan ver ciertas cualidades de la juventud.

A las 12 de la noche terminó la actuación y volvieron los discjockeys, que siguieron animando a los chicos hasta la 1 de la mañana, momento en el que el silencio debía ya reinar en el exterior. Pero la fiesta siguió en el interior de la cervecería, que permaneció abarrotada al menos un par de horas más. Yo aproveché para dar una vuelta por el pueblo, pero las cuestas me fueron enemigas, por lo que mi recorrido no fue muy largo.

La calle del Cura, epicentro de todo – ©JMPhotographia
La actuación – ©JMPhotographia

Y así terminó el sábado que viví junto con Carlos y David y que me llevó por desvío extraños, pero muy queridos. Este sábado estaremos tocando en la fiesta de organiza una asociación de lavanderas en Huérmeda, muy cercita de Calatayud y más cerquita aún de las ruinas de las ciudad romana de Bílbilis, el lugar donde nació el poeta Marcial. Espero tener tiempo para acercarme a visitar los restos arquelógicos. Haré todo lo posible.