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Reportaje: Homenaje a Enrique Urquijo

Este pasado jueves 15 de febrero, coincidiendo con el que hubiera sido su quincuagésimo octavo cumpleaños, se celebró en la sala Clamores de Madrid un concierto homenaje a Enrique Urquijo. Este homenaje se enmarca dentro de una serie de homenajes musicales programados por Bolo Hipólito García Fernández en la sala Clamores de Madrid que ya han visto ediciones dedicadas a Antonio Vega, Andrés Calamaro y Los Rodríguez etc. y que parece que será de largo recorrido.

Cartel del Homenaje a Enrique Urquijo

Carlos Moraleda, a la sazón mi hermano y fundador de El Jardín de María, quiso estar en el evento -en el que participaron más de 20 grupos y solistas- y para ello contó con la colaboración más que especial del reconocido guitarrista extremeño Ángel de Venancio, un trotamundos de la música que ha acompañado en sus giras a músicos del calibre de Manolo Tena.

Carlos y yo habíamos quedado en la boca de metro de la Glorieta de Bilbao que da a los números impares de la calle de Luchana. Yo venía desde Chamartín y él desde Rivas-Vaciamadrid. Como siempre que se queda con alguien, pasa algo, alguno se retrasa o se pierde, y a veces uno se pierde y se retrasa. El caso es que Carlos vino en bus desde Rivas hasta Conde de Casal y allí tenía que coger el metro (Linea 6) hasta Pacífico para luego coger otra linea hasta Bilbao, sin embargo, el hábito adquirido de dirigirse a su despacho le llevó a tomar la línea circular en sentido contrario. Por fortuna, sólo fue una única estación, se dio cuenta de su error y pudo remediarlo pronto, y yo pude llamarle torpe con razón.

Ello me hizo esperarle más de la cuenta, pero no impidió que se produjera otra situación curiosa. Cuando uno se apea en la estación de Metro de Bilbao puede hacerlo a dos alturas. Si vienes desde la linea 10 la salida a los números impares de la calle de Luchana se produce en la glorieta, justo donde empieza la calle de Luchana, pero si viene por la Linea 1, la salida que da a los impares de la calle de Luchana va a dar a la calle pero unos 100 o 120 metros más lejos de la glorieta. No hace falta decir lo que pasó, porque ya os lo estáis imaginando.

Tras por fin reunirnos, nos dirigimos a la sala Clamores a esperar a Ángel y a su séquito: su chica, María; su compañero y amigo, Guny, exbajista de Asfalto, por cierto; y cómo no, su guitarra, en este caso española. Esperando en la puerta vimos a un hombre con lo que parecía un bajo o una guitarra y un ramillete de flores en la mano. Bolo había pedido que cada grupo o solista trajera una flor, -la que fuera-, para dejarla en el escenario según subían a cantar, algo que no se cumplió del todo según estaba planeado, -todo hay que decirlo-, así que al verle despistado, buscando con la cabeza los nombres de las calles o algún destello de luz en que pudiera leerse “Clamores”, le dimos una voz. Era evidente adónde se dirigía.

El hombre en cuestión se llamaba Salvador, y nos dijo que era el médico personal de Enrique Urquijo. Como podéis imaginar corrieron las anécdotas sobre Enrique -nosotros también tenemos alguna-, y tras preguntar qué canción iba a cantar Carlos y decirle que era Agárrate a mí, María, nos hablo sobre la hija de Enrique, sobre María, y una curiosa anécdota sobre el proceso creativo de la canción, concretamente acerca del proceso de pulir una letra que tenía demasiadas rimas consonantes terminadas en -ado. Salvador nos contó que tuvo que quitarle muchas, porque la canción estaba repleta de estas rimas.

Cuando llegó Ángel nos metimos dentro de la sala y pasó otra cosa curiosa. Carlos me presentó a un señor diciéndome algo así como “A este hombre le tienes que conocer“. Yo, la verdad, no caía en la cuenta para nada por mucho que lo miraba. En un momento dado, por alguna inferencia de algo, algún artículo en El País de hace algún tiempo que había leído por la mañana en internet, estuve casi tentado y a punto de aventurar que era Moncho Alpuente, pero no pude equivocarme tan rotundamente al darme mi hermano una gran pista: “Toca la batería“, dijo. Si, eso fue determinante y suficiente; ante mí estaba Ñete, batería de Nacha Pop, La Frontera y de algún que otro grupo importante de la época. Fui incapaz de reconocerle, y lo hubiera seguido siendo siempre si no Carlos hubiera dado esa pequeña pero gran pista.

Ñete, ahora guitarrista, con su grupo Hard Rain, en la prueba de sonido – ©JMPhotographia

Entre las 7 y las 9 se producían las pruebas de sonido. Siempre es un proceso caótico probar sonido cuando hay involucrada tanta gente en espacios tan pequeños de tiempo. Carlos y Ángel pudieron hacerla sin terminar la canción: un dúo con guitarra y voz, armónica y coros siempre es más fácil. De vuelta al camerino, un último repasito a las dudas y una pequeña charla con los miembros de la banda de Ñete, Hard Rain. Allí también nos encontramos con un amigo, si bien en forma de cartel: Jose María Guzmán, al cual Carlos invitó, aunque no pudo asistir por encontrarse en Alicante.

Carlos y Ángel se encontraron con un viejo amigo en los camerinos -©JMPhotographia

Finalizada la prueba de sonido vino uno de los momentos que más gustan, ir a beber algo y tomar tortilla española. Tomamos dos, una deconstruida y otra más tradicional que, tengo que decirlo, estaba muy buena. En los bares, a pesar de que algunas veces están más llenos de lo que a nuestra comodidad le gusta, se habla, se ríe y se pasa el tiempo volando, y más con gente con tantas anécdotas y tan simpática y buena en casi todo.

Cosas de artistas y camerinos – ©JMPhotographia

A las 22.45 volvimos a Clamores y no pasó mucho tiempo hasta que llegó el momento de la actuación. Me tocó trabajar mínimamente antes de ponerme a hacer lo mío de forma simultánea a hacer ellos lo suyo: había que colocar atril, luz y letra, por si acaso vienen los olvidos. La canción quedó fenomenal, sonó muy bien y fue muy aplaudida por el público allí asistente, que no era poco, por cierto. Agárrate a mí, María es una canción especial por muchas cosas.

 

Tras terminar la actuación nos quedamos solos Carlos y yo en el camerino hasta que surgió otro momento curioso de la noche. Entró una muchacha con aspecto de Cindy Lauper, a mí particularmente me gustó mucho su estilo, pelirroja, irradiando cultura y con un guante de cuero en una de sus manos. Se llamaba Pilar, y era actriz, cantante y no por ello dejaba de lado otras facetas artísticas añadidas.

La chica estaba un poco apesadumbrada y azorada por varias cosas, -la vida no le daba, y no había podido estudiar por culpa de preparar este homenaje -había cantado Aunque tú no lo sepas, si no recuerdo mal- y la chica no estaba contenta con la actuación, que había sido la primera (no de su carrera, sino del homenaje). En su propio criterio había desafinado, y por eso también estaba compungida y triste. Pilar tenía o parecía tener multitud de problemas.

Carlos y Pilar – ©JMPhotographia

Aparecieron Ángel y Guny y poco a poco fuimos saliendo hacia la sala para retirarnos a otro bar, obvio. Sin embargo, allí se quedó Guny. Cuando fui a buscarle para decirle que nos íbamos al bar, me lo encontré con Pilar y otra chica tomándose fotos casi como adolescentes, ya sin compungimiento alguno. Guny tiene un atractivo innato con las mujeres, como ya nos demostró un par de horas antes cuando una desconocida quiso que tocara con su grupo. ¡Impresionante!

Y tras volver a los bares y a la Plaza de Olavide terminó la noche. No estuvo mal: música, amigos, risas, anécdotas, chicas… lo que viene siendo todo lo que mola de la vida. Y encima, por la parte emotiva, recordando a Enrique Urquijo, un pedazo muy grande de la historia de la música española del siglo XX y un emblema para muchos de nosotros.

Carlos y yo nos dirigimos al metro para volver a Chamartín y posteriormente coger el coche para ir a Rivas. Tal como era la noche continuó siéndolo: nos encontramos esperando al convoy a nuestro amigo Bolo Hipólito y pudimos charlar durante unos cuantos minutos con él. Carlos quiso regarlarle el disco de El Jardín de María (podéis comprar el disco en la web) y él lo partió en dos al más puro estilo Salomón: él se quedó con todo menos con el librito con la promesa de que la próxima vez que Carlos lo viera se lo devolvería debidamente firmado y dedicado.

El mundo de los artistas es así, no hay que darle más vueltas.

 

Hipólito García (De Clayskull – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=28469653)
Chapa conmemorativa del evento – ©JMPhotographia