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[Cap. 12] Conociendo mi ciudad: Barrio de Sol (Centro) 1ª parte

El barrio de Sol es el último barrio del distrito de Centro que queda por recorrer y conocer. Está situado en el centro del distrito y rodeado por los otros barrios que ya hemos recorrido. Su punto neurálgico es la Puerta del Sol, el lugar en el que comienzan todas las carreteras de la red radial española. Si hablamos de calles, el barrio de Sol está limitado por muchas vías, a saber: calle de Jacometrezo, Plaza de Callao, Gran Vía, calle del Clavel, calle de la Virgen de los Peligros, calle de Sevilla, Plaza de Canalejas, calle de la Cruz, Plaza de Jacinto Benavente, calle de Concepción Jerónima, Plaza de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros, calle de las Fuentes, calle del Arenal, Costanilla de los Ángeles y Plaza de Santo Domingo. El barrio de Sol es el más pequeño de los barrios que conforman el distrito de Centro y también el que menos habitantes tiene, -menos de 8 mil-, pero en compensación es un barrio eminentemente turístico y comercial.

Desde Chamartín llegué a través de la linea 1 de Metro a la estación de Gran Vía, situada en la boca ensanchada de la calle de la Montera y casi frente al edificio de la Fundación Telefónica. El primer paso fue andar en dirección oeste por la Gran Vía hasta nuestro primer punto de atención: la Plaza del Callao. En primer lugar, mientras escribo este se me plantea una primera duda. Creo que siempre he dicho “Plaza de Callao”, pero no estoy muy seguro de que sea esa la denominación más correcta para esta plaza, ya que parece que “Plaza del Callao” quizá sea más correcto. Si alguien tiene respuesta a esto que me lo indique, por favor.

Plaza del Callao (Cines Callao a la izquierda; Edificio Carrión a la derecha) – ©JMPhotographia

La Plaza del Callao asoma a la Gran Vía justo cuando ésta comienza su tercer tramo, el que la llevará hasta la Plaza de España. La plaza, sin embargo, fue ideada junto al segundo tramo, casi como un colofón, pues fue construida entre 1917 y 1922, si bien su tamaño era por entonces mucho menor al actual. Es muy posible que la Plaza del Callao sea recordada por muchos por ser el lugar donde quedaron instalados, desde los años 50, los almacenes de Galerías Preciados, construidos en el solar donde antes se levantaba el Hotel Florida. Hay varios edificios de renombre en la plaza, como por ejemplo el Palacio de la Prensa, -colocado al otro lado de la Gran Vía-, que por unos años fue el edificio más alto de Madrid, justo hasta la construcción del edificio de la Fundación Telefónica. El edificio que ocupaba Galerías Preciados ahora se llama Edificio FNAC, aunque no todo el edificio está ocupado por esta empresa francesa.

El Edificio Carrión y la Gran Vía – ©JMPhotographia

En la plaza destaca el edificio de los Cines Callao, construido en 1926 sobre los planos del arquitecto Luis Gutiérrez Soto. Se trata de un edificio con mucho glamour que suele ser el lugar de celebración de premieres cinematográficas por todo lo alto. Junto con los cines del Palacio de Prensa forma los denominados Madrid City Lights. Del edificio destaca su torreón situado en la esquina que da a la Gran Vía y su estilo próximo al Art Decó, más acusado en el interior. Su fachada soporta actualmente dos grandes pantallas digitales que aproximan o pretenden aproximar a la plaza a otros lugares emblemáticos como Times Square o Piccadily Circus, aunque ciertamente se queda muy lejos.

El último edificio que debemos destacar, aunque casi está fuera de la plaza, es el Edificio Carrión, -también llamado Capitol, por un hotel ahora desaparecido y por el cine del mismo nombre colocado en sus bajos-, que mira mitad a la Gran Vía y mitad a la plaza. Queda separado del edificio de los Cines Callao por la calle de Jacometrezo. Su perfil se ha convertido en una especie de icono de la Gran Vía, así como su cartel luminoso, que actualmente está ocupado por un anuncio de la tónica Schweppes. A día de hoy, además del cine Capitol, recoge también varias oficinas y un hotel. Su construcción se llevó a cabo entre los años 1931 y 1933. El solar en el que se fue a situar propició que el edificio tuviera casi obligadamente forma de chaflán, hecho que, junto con su estilo art-decó, hace que tenga cierto parecido con edificios neoyorquinos como el Flatiron Building. Este edificio, además, contó en el momento de su construicción con ciertos elementos novedosos como el aire acondicionado integral, para lo cual tuvo que destinarse toda una planta completa para albergar la maquinaria necesaria.

De la Plaza del Callao salen varias calles importantes. Vamos a dejar de momento a un lado las calles de Preciados y del Carmen. Tomé la calle del Postigo de San Martín que conduce en dirección sur hasta la plaza del mismo nombre. Bajando por la calle a nuestra izquierda quedan los muros del Monasterio de las Descalzas Reales. La Plaza de San Martín toma este nombre del antiguo Convento de San Martín, fundado en el siglo XIII, que dio nombre a toda la zona, pues se llamaba Arrabal de San Martín. Tanto el convento como su iglesia permanecieron en pie hasta el siglo XIX. La iglesia fue derribada durante la Guerra de la Independencia y el convento unos años más tarde, al estallar la revolución de 1868. Antes de que el Convento de San Martín fuera derribado alojó importantes instancias gubernativas como, por ejemplo, dependencias del Gobierno Civil, de la Diputación Provincial, de la Dirección General del cuerpo de Sanidad Militar, del Consejo de Sanidad del Reino y de un cuartel de la Guardia Civil. En la plaza hay también una placa conmemorativa en la que se dice que allí Francisco de Quevedo mató a un hombre por defender a una dama.

Plaza de San Martín – ©JMPhotographia

La Plaza de las Descalzas es contigua a la Plaza de San Martín, y recibe su nombre del monasterio, que le da una de sus fachadas. Antaño era un lugar bastante destacado ya que se utilizó alguna vez para proclamar reyes y nombrar príncipes de Asturias. En el siglo XIX se instaló aquí “La Mariblanca”, famosa y muy viajera estatua de Venus que actualmente, en forma de copia, está en la Puerta del Sol. En la plaza podemos ver dos estatuas muy relacionadas con el fenómeno de las cajas de ahorros. No en vano, en la plaza está el edificio del Monte de Piedad de Madrid, institución bancaria precursora de Caja Madrid y, por tanto, de Bankia.

La parte norte de la plaza es la del Monasterio de las Descalzas Reales. Estamos ante un monasterio de monjas de clausura fundado en 1559 por Juana de Austria, hermana de Felipe II. Nada más ver el edificio y sin saber nada de estilos arquitectónicos nos damos cuenta de que estamos ante uno de corte clasicista. En su interior guarda importantes obras de arte que forman un museo que se puede visitar. El monasterio fue antes uno de los palacios más antiguos de Madrid, posiblemente el centro neurálgico de la corte de Alfonso VI de Castilla. Tuvo que ser transformado para ser convento, hecho que concluyó en 1664. De su interior destaca el claustro, del que todos los Viernes Santos sale la procesión del Santo Entierro. En la capilla que hay junto al claustro estuvo durante mucho tiempo La Anunciación de Fra Angelico, hasta que en 1862 el cuadro fue trasladado al Museo del Prado.

Monasterio de las Descalzas Reales – ©JMPhotographia

Frente a la fachada del monasterio, y a la espalda de la sede del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, está el Monte de Piedad. Este es el Monte de Piedad o Montepío más antiguo de España. Se trata de una entidad benéfica que permitía a los pobres obtener dinero en metálico a cambio del empeño de sus pertenencias. Fue fundado por el Padre Piquer, capellán del vecino Monasterio de las Descalzas Reales, en 1702. Siguiendo el ejemplo de este Monte de Piedad surgieron otros en diversas ciudades españolas y en ese entramado de entidades benéficas nacieron las llamadas Cajas de Ahorros más o menos un siglo después.

Portada de la capilla del Monte de Piedad de Madrid – ©JMPhotographia

El Monte de Piedad de Madrid tenía una capilla con una portada digna de mención. Por fortuna, aunque la capilla ya no existe, si podemos admirar la portada, que seguramente data de 1721. No se conoce exactamente su autoría, pero el estilo y los elementos utilizados en su construcción hacen creer que es obra de Pedro de Ribera.

Desde este punto se accede de manera muy rápida a la calle de Preciados, justo en el medio de su recorrido entre la Plaza del Callao y la Puerta del Sol. Intentando llegar a la calle de Preciados uno tiene por necesidad que toparse con la fachada donde todas las Navidades se instala Cortylandia, un espectáculo con luces y muñecos animados que hace las delicias de los más pequeños.

La calle de Preciados comunica la Plaza de Santo Domingo con la Puerta del Sol pasando por la Plaza del Callao, lugar en el que realiza un giro apartándose de su camino más o menos recto. Es la calle comercial de Madrid por excelencia, tanto es así que el alquiler de un local comercial en esta calle está entre los más caros del mundo. Debe su nombre a dos hermanos, apellidados Preciado, que en el siglo XV trabajaban en los arrabales de la villa como funcionarios dedicados a la inspección de almacenes, pesos y medidas. Eran estos hermanos tan rigurosos y buenos en sus quehaceres, que llegaron a alcanzar la fama por ello, y Madrid les dedicó una calle, que en principio tomó el nombre de calle de los Preciados.

Subiendo hacia Callao giré por la primera calle a la derecha, que es la calle de Rompelanzas, la más corta de Madrid, con sólo dos portales. Es tan corta que es incluso difícil sacar una buena foto de ella. Une las calles paralelas -y casi hermanas- de Preciados y del Carmen. Su nombre se debe a que era una calle problemática por sus muchos baches y frecuentemente estos ocasionaban la rotura de las lanzas de los carros. Obviamente, aquí “lanza” se refiere a una pieza que unía el yugo de los caballos al chasis de los carromatos, no al proyectil bélico.

En la misma calle del Carmen y casi a la altura de la calle de Rompelanzas está el famoso establecimiento de loterías Doña Manolita. Hablamos de la administración de loterías número 67 de Madrid, y es posible que sea el más famoso de España. Manuela de Pablo abrió este local de loterías en 1904 junto con sus tres hermanas. Su popularidad, como muchos sabréis, se debe a que siempre ha repartido muchos premios, empezando todo con los estudiantes de la Universidad Central, ya que muchos de ellos fueron agraciados con premios. La fama de Doña Monolita pronto fue acrecentándose entre todos los madrileños.

Doña Manolita – ©JMPhotographia

En el momento de la fundación, el establecimiento estaba en la calle de San Bernardo. En 1931 Doña Manolita se trasladó a la mismísima Puerta del Sol, abriéndose también un segundo establecimiento en la Gran Vía. Sin embargo, el establecimiento de la Puerta del Sol, tras la muerte de Manuela, pasó por las manos de otras de sus hermanas hasta que finalmente se vendió, quedando únicamente la sede de Gran Vía, que permaneció abierta hasta 2011, año en el que se realizó el traslado a la sede actual en la calle del Carmen.

A través de la calle de Mesonero Romanos y después, por la calle de la Abada, llegamos a la Plaza del Carmen. Tanto el nombre de esta plaza como de la calle se debe a la existencia del antiguo Convento del Carmen Calzado, derribado en 1861, hecho que dio espacio a la existencia de la propia plaza. En los últimos años del siglo XIX se construyó en la plaza un frontón que albergó un importante music-hall llamado Kursaal a principio del siglo XX. En este lugar se realizaban espectáculos denominados “Sicalípticos”, picantes o de trasfondo sexual. Este inmueble se convirtió después en un teatro y luego en los llamados Cines Madrid, que perduraron hasta principios del siglo XXI. Actualmente acoge un MediaMarkt.

Plaza del Carmen – ©JMPhotographia

En la plaza, o casi, está el Teatro Muñoz Seca, antes llamado Sala Chantecler. En realidad, esta sala era una cosa ínfima, apenas un chamizo, según dicen, y además había sufrido un incendio en 1911. Años después fue adquirido por “La Chelito”, una diva de la sicalipsis. En 1922 se inauguró un nuevo teatro inserto en un edificio de vecindad que recibía el nombre de El Dorado. En 1930 cambió de nombre y tomó el del dramaturgo Pedro Muñoz Seca.

Por la calle de Tetuán en dirección sur y luego oeste llegamos a la Plaza del Celenque, y en frente de esta plaza tenemos el Palacio de Gaviria. No obstante, en nuestro camino nos encontramos con un restaurante bastante famoso: Casa Labra. Este establecimiento es famoso por haber sido precisamente la sede donde se fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) el 2 de mayo de 1879. Según aparece escrito en su fachada, Casa Labra abrió sus puertas en 1860. El restaurante procura comida tradicional madrileña, aunque una característica del local es que hay un espacio dedicado a comer de pie.

El Palacio de Gaviria es un palacio construido entre los años 1846 y 1847 en la calle del Arenal. Fue encargado por el banquero y agente de bolsa Manuel Gaviria y Douza, Marqués de Gaviria y Conde de Buena Esperanza. El palacio fue famoso en su época por su gran lujo y por las fiestas que en él se celebraban. En su interior destacan los frescos de sus salones, particularmente los del salón de baile. Entre 1991 y 2011 albergó una famosa discoteca llamada precisamente Palacio de Gaviria. Actualmente sus bajos están ocupados por un centro comercial de decomisos y sus trece salas se usan como espacio para exposiciones y otros eventos.

Palacio de Gaviria – ©JMPhotographia

Seguimos por la calle del Arenal en dirección a la Plaza de Isabel II, es decir, Ópera. Muy pronto nos ponemos delante de la Joy Eslava. Su nombre se debe a su promotor, Bonifacio Eslava, sobrino del músico Hilarión Eslava. Estamos hablando de un pequeño salón construido por el arquitecto Bruno Fernández de los Ronderos que fue inaugurado en 1871 como Salón Eslava. Desde sus inicios se estableció como una pequeña plataforma de teatro popular en el que se ejecutaban zarzuelas, revistas o cabaret. En 1981 se reconvirtió en macrodiscoteca con el nombre de Joy Eslava. Hoy en día en su fachada leemos el nombre de Teatro Joy Eslava.

En la esquina de la calle del Arenal con la calle de los Bordadores está la Iglesia de San Ginés de Arlés. Este templo es una reconstrucción de uno anterior que sufrió un derrumbe. El culto a San Ginés de Arlés estuvo en Madrid prácticamente desde sus inicios como ciudad, pues ya hay documentación sobre él en el siglo XII. El edificio actual data del siglo XVII y ha sufrido numerosos incendios y restauraciones. Durante la Guerra Civil la iglesia estuvo cerrada aunque algunas de sus dependencias fueron usadas por los Republicanos, hecho que propició que fuera objetivo de numerosos impactos.

A pesar de los incendios que ha sufrido y que han mermado significativamente su patrimonio artístico e histórico, la Iglesia de San Ginés cuenta todavía con notables obras de arte en su interior. Hay, por ejemplo, lienzos de Luca Giordano, Juan Pascual de Mena o El Greco. Como curiosidad, entre sus capillas hubo una que fue conocida como Capilla del Lagarto por una historia un poco larga de explicar pero que podéis leer aquí.

Iglesia de San Ginés – ©JMPhotographia

Tomando la calle de los Bordadores en dirección sur hay otro edificio en cuya puerta está escrito “Parroquia de San Ginés”. Sospecho que aunque es un edificio que podríamos considerar diferente, pertenece al mismo complejo dedicado al santo galo nacido en el siglo III. En uno de los lados de esta Parroquia de San Ginés hay un pequeño espacio que recibe el nombre de Plazuela de San Ginés. Si nos adentramos en esta plaza veremos que a mano derecha sale la calle de los Coloreros y a la mano izquierda sale el Pasadizo de San Ginés, donde se encuentra dos lugares muy famosos de Madrid: la Chocolatería de San Ginés y la Librería de San Ginés.

La Chocolatería de San Ginés fue fundada en 1894 y ha permanecido en el mismo sitio desde entonces. Es el lugar donde uno debe ir a tomar chocolate con churros cuando la noche ha dado paso a las luces del alba. Se trata de un sitio muy popular entre los noctámbulos, sobre todo los que salían del vecino Teatro Eslava y más tarde los que hacían lo propio desde la discoteca Joy Eslava. Como otras tantas tiendas madrileñas con solera conserva su aire antiguo y su azulejería. Por cierto, hace unos pocos años abrió una sucursal en Tokio: ahí es nada.

Colas en la Chocolatería de San Ginés – ©JMPhotographia

La Librería de San Ginés, por su parte, también guarda consigo los tesoros del tiempo. Es una librería muy antigua, de las más antiguas de Madrid, y eso es algo que se ve enseguida. Como no podía ser de otra manera, se especializa en libros antiguos. Esta librería ha estado ahí desde el siglo XVIII con casi toda seguridad. Es un monumento.

La calle de los Coloreros va a parar a la calle Mayor, que tomé en dirección a Sol. Antes de llegar el primer cruce, que es la Travesía del Arenal, nos topamos con la confitería El Riojano. Este establecimiento abrió sus puertas en 1855 cuando un pastelero que trabajaba en el Palacio Real decidió comenzar un negocio propio. El fundador no tuvo hijos por lo que legó el negocio a sus empleados y estos han seguido haciendo honor al fundador haciendo exactamente lo mismo. Para evitar robos, que a finales del siglo XIX eran habituales en las tiendas de Madrid, los muebles fueron fabricados dentro de la tienda con el tamaño suficiente para que no pudieran sacarse del lugar por la puerta: gran idea, ¿no? Como todo este tipo de negocios tan antiguos, todo lo que se hace es casero y del día.

En el camino que nos va a llevar a la Plaza Mayor, donde vamos a poner fin a este capítulo, pasamos por la calle de San Cristóbal en dirección sur hasta encontrarnos con la calle del Marqués Viudo de Pontejos, y allí vemos el Petit Palace Pasada del Peine, una de las posadas más antiguas de Madrid. El edificio en el que está data de 1610, y aunque la posada estuvo cerrada entre 1960 y 2006, fue reabierta tras una reforma integral del edificio y continua prestando servicio a día de hoy. El hotel está compuesto por tres edificios muy distintos pero unidos. Actualmente forma parte de una cadena hotelera.

Desde la Posada del Peine sólo nos queda cruzar la calle de Postas para que la calle tome el nombre de calle de la Sal y entre en la Plaza Mayor. Esta plaza, archiconocida en el mundo entero y siempre frecuentada por turistas nacionales y foráneos, tiene su origen en el siglo XVI cuando se formó en la confluencia de las calle de Toledo y de Atocha un mercado que no tardó en convertirse en el mercado principal de la ciudad. Desde los primeros momentos de existencia de ese mercado se llamó Plaza del Arrabal a ese espacio que poco a poco fue conformándose. La plaza se convirtió en poco tiempo en la plaza más importante de la ciudad por lo que muy pronto recibió la atención que merecía.

Plaza Mayor – ©JMPhotographia

Fue en 1580 cuando el rey Felipe II encargó la remodelación de la plaza a Juan de Herrera. Se derribaron edificios y se construyeron otros, siendo el primero en ser ejecutado el de la Casa de la Panadería. La Plaza Mayor ha sufrido tres grandes incendios a los largo de su historia que han ido cambiando su aspecto, en alguna ocasión de forma radical. Fue sobre todo el tercero, que arrasó un tercio de la plaza en 1790, el que propició mayores cambios, ya que los edificios allí presentes perdieron altura, -de 5 plantas a sólo 3-, y fue también el causante de la introducción de accesos mediante arcos en varios puntos de la plaza.

Por otra parte, la estatua ecuestre de Felipe III que destaca en el centro de la plaza no se colocó hasta 1848, aunque la escultura es mucho más antigua. El trafico rodado pasó por la plaza hasta 1960, año en el que se realizó una remodelación general del espacio y se aprovechó para construir un aparcamiento subterráneo por debajo de la plaza.

La plaza en sí, y en su estado actual, es una plaza porticada completamente cerrada con planta ligeramente rectangular, puesto que tiene 129 metros de largo y 94 de ancho. Tiene un total de 10 accesos, muchos de ellos con presencia de un gran arco de medio punto. En los soportales hay numerosos comercios de hostelería que plantan sus terrazas en la propia plaza, aunque también hay comercios dedicados al coleccionismo y alguno incluso de complemento de la vestimenta, como la famosa Casa Yustas, dedicada al sombrero. Los edificios que sobresalen en los lados norte y sur son la Casa de la Panadería y la Casa de la Carnicería respectivamente.

Terrazas en la Plaza Mayor – ©JMPhotographia

A lo largo de la historia, la Plaza Mayor ha tenido muchos y muy variados usos. Ya hemos hablado de su faceta de mercado de alimentación, pero también lo ha sido lugar de venta de otros géneros relativos a la vida de los gremios; y ha tenido usos muy diferentes como espacio para corridas de toros, autos de fe de la inquisición y ejecuciones públicas. En la actualidad, el uso de la plaza es meramente turístico, aunque desde 1860 en los meses de diciembre se instala un famoso mercado navideño.

 


 

Aquí termina esta primera parte del recorrido fotográfico por el barrio de Sol. Estoy feliz pero al mismo tiempo un poco triste porque se va terminando la parte con más alma de Madrid. No sé si la más bonita, pero si, quizá, la más especial. Terminaremos el distrito de Centro la próxima semana con la segunda y última parte del recorrido fotográfico.

Visitaremos las plazas de la Provincia, de Santa Cruz y de Pontejos. Volveremos a la calle de Alcalá pasando por la Plaza de Canalejas. Y subiremos hasta el Real Oratorio de Caballero de Gracia para bajar por la calle de la Montera desde su ensanchamiento en la Gran Vía, -o Red de San Luis-, hasta la mismísima Puerta del Sol donde terminaremos nuestro paseo por el distrito nº1. Se van terminando los capítulos largos, todos descansaremos algo más. ¿Os gusta la idea?

 


 

 


 

Todas las fotos de la segunda parte del recorrido por el barrio de Sol:

Plaza del Callao - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales:

 

Reportaje: Fiesta en Alcaraz

Cada vez que alguien quiere ir por carretera desde Madrid a Ciudad Real o Albacete, o incluso a Granada o a Almeria, siempre tiene dos opciones: la carretera de Andalucía o la carretera de Valencia usando la variante que se dirige a Alicante y Murcia.

En nuestro anterior viaje a Campo de Criptana hicimos el viaje de ida por la A-4 y el de vuelta por la A-3, sin embargo, en esta ocasión, hicimos tanto la ida como la vuelta por la carretera de Valencia, que es, en cierto modo, nuestra carretera, ya que allí está Rivas.

Avituallamiento en La Roda – ©JMPhotographia

Salimos el mismo viernes del evento a las 12 de la mañana, ya que teníamos que llegar a Alcaraz sobre las 3 de la tarde. El camino fue muy bien, con menos coches de los esperados, -es lo que tiene que fuera puente-, por lo que avanzamos con bastante celeridad. Llevábamos como viandas una empanada de atún, una tortilla de patatas y bebidas. Poco después de las 2 de la tarde hicimos un alto en el camino en La Roda, una localidad que conocemos bien -nocturnamente, pero bien- porque ya hemos tocado allí en una ocasión.

No tardamos mucho en retomar el camino. Precisamente en La Roda dejamos la autopista y tomamos el resto del camino en carreteras convencionales. En Castilla-La Mancha hay carreteras convencionales buenas y otras que están en un estado bastante malo. En la ida tuvimos suerte respecto a esto. Lo cierto es que el paisaje siempre había sido bonito, con una gran multitud de molinos modernos que nos acompañaron en el último tramo de la autovía y en los primeros de la CM-3106.

Molinos en Munera – ©JMPhotographia

Tras dejar Munera atrás y justo en la entrada de El Bonillo una pareja de la Guardia Civil nos dio el alto. En ese momento pasaban por ahí muy poquitos coches, por lo que todos eran detenidos para pedir documentanción y supongo que para ver si podían ser multados por alguna infracción. Los Guardías Civiles nos detuvieron y estuvimos parados unos 20 minutos. Nosotros nos lo tomamos con humor, ya que, a fin de cuentas, estábamos sólo a unos 40 kilómetros de Alcaraz.

Cuando pudimos reemprender la marcha, cruzamos el pueblo y cambiamos a otra carretera que nos llevó a Alcaraz pasando por El Ballestero y Robledo. Llegamos a Alcaraz más o menos una hora más tarde de lo planeado.

Enseguida pude notar la fisonomía del pueblo: cuestas. Muchos que me conocen saben que necesito un GPS para poder salir de un pueblo, ya que muchos son para mí laberintos. Si a esto le añadimos cuestas… lo mejor es no mover el coche y pasear, que es la mejor manera de ver un pueblo, por cierto. Pero, en cuaquier caso, la visita turística sería el día siguiente.

La ermita – ©JMPhotographia

Encontramos el sitio al que nos dirigíamos. No sabría decir si es una ermita con una hospedería al lado o una hospedería con una antigua ermita junto a ella. Sea lo que sea, todo estaba junto y eso es algo muy útil cuando uno va a participar en una fiesta que tiene hora de comienzo pero no de final.

Un pequeño piscolabis para reponer fuerzas y nos pusimos a montar. Yo tuve alguna que otra dificultad debido a mi torpeza, ya que gracias al aceite caliente y a una sartén, era portador de una bonita quemadura y sus consiguientes ampollas -aún las tengo al escribir estas líneas- por lo que también llevaba un guante de teñir el pelo en la mano izquierda. Estrafalario, pero soy yo.

En una ermita el sonido nunca es bueno salvo si se trata de un órgano de 100 tubos y la música es de Bach. El efecto de la reverberación -la palabra significa algo así como “devolver un golpe”, “reflejar los rayos del sol” o “hacer rebotar- es exagerado en esta clase de sitios debido a los altos techos y la multitud de obstáculos como columnas, arcos, etc.

El recital – ©JMPhotographia

Después de que se terminara la comida, -la celebración era un bautizo de una niña-, comenzó el concierto. La gente estaba muy animada, y el inicio del recital coincidió con el momento en el que más se anima la gente en un evento como éste: cuando desaparece la comida y aparecen los combinados. El repertorio funcionó, ya que son canciones muy conocidas y cantadas en el idioma que todos entienden. Con el trascurso de las canciones fueron subiendo a decir unas palabras varias personas.

Después de un pequeño descanso, se reanudó el concierto mientras la gente se iba y venía y los niños jugaban por aquí y por allá. Sabíamos que la tarde iba a ser larga, y así fue.

Tras el concierto se prendió el Karaoke Mágico de David Hurtado, y se prendió con fuerza. El Karaoke es una cosa emocionante y que siempre apetece en un ambiente festivo y despreocupado, además el repertorio en este tema también está muy bien escogido y funciona de maravilla. Así estuvimos sin parar hasta por lo menos las 12 de la noche, hora en la que este fototógrafo que conduce se retiró a dormir.

La Plaza Mayor de Alcaraz – ©JMPhotographia

Mi intención era levantarme pronto y hacer la visita turística de rigor que tanto me gusta hacer cámara en mano. Mi destino eran las cuestas que había visto al llegar, dos torres que destacaban entre todos los demás tejados y unas ruinas que me llamaron bastante la atención. Aquellas ruinas eran restos de un acueducto del siglo XV o XVI, las torres estaban en la Plaza Mayor y las cuestas me hicieron andar como un anciano al bajarlas debido a que estaban mojadas y seguramente heladas. Alcaraz cuenta también con las ruinas de un castillo construido por lo árabes en un cerro que quedaba demasiado alejado y empinado para poder visitarlo.

No pensaba levantarme tan pronto, pero a las 6.30 me desperté y ya no pude conciliar el sueño, así que a las 7.20 de la mañana estaba saliendo por la puerta de la habitación y bajando a ver los restos de la fiesta de la noche anterior. Recogí un poco las partes del equipo que no habían sido recogidas y me dirigí a recorrer el pueblo.

En poco más de una hora regresé a la hospedería y a la habitación. Necesitaba un desayuno y tuve que conformarme con Nescafé y unas tostadas con aceite. Suficiente para mí. Carlos fue el más perezoso de todos y no pudimos emprender el camino de regreso hasta pasadas las 12.45 en medio de una preocupante niebla que, felizmente, desapareció a los pocos kilómetros. En Munera el GPS nos indicó -caprichoso él- otro camino distinto al de ida para volver y nos metimos en una carretera estrecha y en muy mal estado que nos llevó hasta Villarrobledo, donde ya pudimos tener autovía hasta Rivas.

Llegamos a Rivas poco después de las 4 de la tarde, descargamos y nos fuimos a compartir una pizza en Covibar. Después de eso nos separamos. Pronto volveremos a salir a la carretera, aunque, según parece, a destinos más cercanos.

Amaneciendo en Alcaraz – ©JMPhotographia

Un paseo por el centro de Madrid

Me gusta el centro de Madrid, pero no me gusta el tráfico y coincidir con tanta gente. Este martes tuve la oportunidad de bajar al centro -yo vivo en el norte- con mi padre en autobús para hacer unas compras navideñas. Cogimos el 147 en Plaza de Castilla y nos bajamos en Jacometrezo, al final del trayecto, junto a la plaza de Callao.

Calle Preciados – ©JMPhotographia

Callao estaba repleta, no de gente pasando por allí, sino de gente congregada por algún motivo -luego supimos que había un acto de la alcaldesa- frente a los Cines Callao. La plaza de Callao es el Times Square madrileño, no llega a tanto, pero es lo más parecido que tenemos en Madrid a un sitio donde el neón, el led y el capitalismo van de la mano en pro del consumismo.

La calle Preciados nos conduciría a Sol. No estaba operativa la famosa y muy actual unidireccionalidad de la calle, ya que esa controvertida medida se activa únicamente sábados y domingos, según tengo entendido.

Como siempre, en esta calle, a uno le asalta una legión de jovencitos papel y boli en mano para que firmes y dones dinero a alguna causa benéfica. Siempre hay gente merodeando los escaparates y yendo de un lado para otro -repito que no pude experimentar eso de ir todos en la misma dirección, pero a buen seguro que es algo cómodo y satisfactorio-, aglomeraciones en la puerta de El Corte Inglés y gente al fondo, ya en la Puerta del Sol.

Allí teníamos la misión de comprar lotería de Navidad y, como era previsible, nos encontramos con colas en todos los puestos de venta oficiales. Hay que decir que no era algo excesivo, al contrario de lo que habíamos podido ver en Preciados al pasar a la altura de Doña Manolita: una auténtica locura que sólo he visto igual en alguna famosa pizzería de Napoles.

Árbol de Navidad de Sol – ©JMPhotographia

La Puerta del Sol también es un poco Times Square, o eso al menos diría mi hermano Patxi al ver la cada vez mayor cantidad de personas vestidas de superhéroes, de soldados de asalto imperiales de la Guerra de las Galaxias o de personajes de los Simpsons. Tras superar la cola y comprar los décimos de lotería, pusimos rumbo a la calle Mayor, concretamente a una tienda de carteras, cinturones y maletas donde mi padre quería comprar precisamente unas carteras de Protección Civil, especialmente preparadas para el carnet y la placa y todo lo que se necesita.

La tienda se llama Mayorpiel, tiene dos plantas y un personal que te atiende presta y exquisitamente, y perfectamente uniformado. Los productos de cuero de buena calidad son caros, pero merecen la pena. Los productos chinos sólo superan a los buenos productos en el precio de adquisición.

Calle Mayor, calle Esparteros y calle de Postas – ©JMPhotographia

Tras dejar la tienda nos dirigimos a la Plaza Mayor en busca de una tienda de sombreros. Si, mi padre quiere un sombrero para la cabeza, muy original su uso. Cruzamos la calle Mayor y tomamos la calle de Postas hasta llegar a la calle de la Sal, donde se abre uno de los famosos arcos que van a dar a la Plaza Mayor.

La tienda de sombreros se encontraba precisamente en la esquina que estaba más cerca de nuestro punto de entrada a la plaza. La tienda resultó ser carísima, con sombreros que iban desde los 80 hasta los 150 euros -entre los que vi, no descarto que los hubiera otros todavía más caros- y también tenía varios pisos y personal especialmente preparado para el trato con el cliente.

En un principio yo me dirigí cámara en mano a reconocer la plaza y sus famosos puestos navideños. Lo primero que advertí fue que había una abundante presencia policial, algunos de estos policías portaban voluminosas armas de repetición. Este año no vi la decoración de cubos de años anteriores, y no reparé en la instalación de ningún tiovivo, aunque no puedo asegurar que no estuviera allí, ya que mis movimientos por la plaza fueron algo limitados.

Arco de entrada a la Plaza Mayor en la calle de la Sal – ©JMPhotographia

Tras mi pequeño paseo reconocí la tienda de sombreros y no pude encontrar a mi padre en ninguna de las dos plantas que tuve a bien revisar. Salí a la puerta de la tienda y allí me encontré enseguida con él. Evidentemente, con esos precios, llevaría la cabeza despejada, y yo pensé inmediatamente en la nave industrial que tienen los chinos en Rivas, allí habrá algún sombrero de invierno que le guste.

Volvimos a la calle Mayor en busca de tiendas donde vendieran material del ejército o similar, ya que buscábamos una insignia de Protección Civil para una de las carteras afines que habíamos comprado. Tampoco tuvimos éxito en esta tarea, por lo que decidimos dirigirnos de nuevo rumbo a la puerta del Sol para subir por la calle Montera, por si allí pudiéramos encontrar sombreros o insignias.

Fundación Telefónica – ©JMPhotographia

Ni una cosa ni otra. Llegamos a la Gran Vía y nos topamos, como es normal siguiendo esa ruta, con el edificio de la Fundación Telefónica.

Nuestra siguiente parada era exactamente eso: la parada del autobús. Volvimos por Gran Vía hasta Callao y la calle Jacometrezo. Allí nos esperaba el 147. Llegamos, como casi siempre en estos casos, con una premisa: si hay sitios para sentarse lo cogemos; si está lleno nos esperamos al siguiente.

Había sitios.

Y así terminó nuestro breve viaje relámpago por el centro de Madrid. Aquí os dejo alguna foto más que no he podido incluir en el texto. Madrid siempre se disfruta, de una forma o de otra. Por lo menos esta vez ningún travestí me ha ofrecido sus servicios sexuales. Supongo que eso debe ser costumbre más de por la noche.

Edificio Carrión con el famoso neón de Schweppes – ©JMPhotographia
Galería norte de la Plaza Mayor, junto a Casa Yustas, la tienda de sombreros – ©JMPhotographia
Fachada del edificio situado en la esquina de las calle Postas y San Cristobal – ©JMPhotographia
Farola-banco de la Plaza Mayor, trufada de candados siguiendo modas italianas – ©JMPhotographia