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Probando mi nuevo teleobjetivo desde el Cerro del Tío Pío

Desde que me metí en el mundo de la fotografía siempre había pensado en adquirir un teleobjetivo con la idea de que era necesario cubrir una distancia focal mayor que lograra darme otra perspectiva a la hora de captar las cosas. Si esto es cierto también lo es que, tras unos primeros pasos en los que se aprende mucho, no sólo de fotografía en sí sino también de algo tan importante como eso: es decir, aprendes el tipo de fotografía que produces.

En cierto modo ese período de aprendizaje y primera toma de contacto con una cámara fotográfica determina qué clase de fotografías vamos a producir, no hablo de géneros fotográficos, sino del tipo de fotos que vamos a hacer preferentemente. Me di cuenta de que el teleobjetivo podía esperar, prefería tener ópticas más luninosas con un rango focal más estándar.

Así sucedió que la primera alternativa que me di al objetivo de kit fue un Yongnuo 50mm F1.8. Era todo lo barato que me podía permitir, menos de 100 euros. Este objetivo me permitió desenfocar más y mejorar el aspecto de los retratos. No es el mejor objetivo 50mm que hay en el mercado, pero si cruzamos la calidad con el precio es perfectamente el mejor. El siguiente objetivo que compré tampoco fue un teleobjetivo, sino que decidí completar mi colección Yongnuo con el 35mm F2, que me permitió hacer fotos más angulares con la misma capacidad de obtener luz.

Comprar dos objetivos de focal fija fue una buena idea, según creo. Todo el mundo dice que son mucho más didácticos que los zoom, ya que te obligan a moverte para buscar la foto, a diferencia de los zoom que te permiten encuadrar sin cambiar de posición. Respecto a esto, hay fotógrafos que aman las focales fijas y otros que prefieren los objetivos zoom. Yo, a título particular, creo que las dos filosofías son complementarias y que cada una sirve bien para algo.

Podría pensarse que teniendo un 18-55, un 35 y un 50 lo siguiente que vendría necesariamente sería un teleobjetivo, pero no. Decidí substituir el objetivo de kit por algo más contundente. Me fijé en un 17-50 de Sigma con una apertura de F2.8 en toda la focal. Este es un objetivo muy diferente al de kit tanto en peso como en tamaño, y me refiero al diámetro (58mm frente a 77mm). El Sigma pesa muchísimo más, pero hace parecer mi cámara más grande, y eso para un hombre, quiero decir para un fotógrafo, lo es todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si, llegó el momento de comprar un teleobjetivo. Ya estaba preparado. Sin embargo, un teleobjetivo de cierta calidad nuevo se me escapaba totalmente del presupuesto por lo que tuve que mirar alternativas. Sin ninguna experiencia me metí en las subastas de Ebay y estuve indagando bastante sobre diferentes teleobjetivos. Me gustó el Tanrom SP 70-300 Di VC USD F4-5.6, me metí en una subasta y después 6 días esperando el final de dicha subasta mis estrategias surgieron efecto y conseguí ganar la puja por un sólo euro de diferencia. Ya tenía mi teleobjetivo de segunda mano, nuevo me hubiera costado casi 500 euros, en la subasta lo conseguí por menos de 200. Y funciona fenomenal, siempre que lo veo y lo uso no recuerdo que no es nuevo, porque está en perfecto estado.

En cuanto lo tuve en casa me puse como un loco a plasmar mundos lejanos. Fue una sensación extraña, previsible pero extraña de todas modos. Las focales que venía usando no acercaban la realidad más allá de lo que ven mis propios ojos, lo que tenía a mi disposición ahora era poder: el poder de acercar la realidad hasta mis ojos.

Empecé a trastear con él y a conocerlo. Y en 10 minutos ya estaba contento de no haber tirado por lo barato y haberme comprado un 55-200 de Nikon, por muy nuevo que fuera. Ahora tengo un teleobjetivo que cuando lo pongo en mi cámara parece que ésta se ha tomado anabolizantes. Me encantan las fotos que puedo conseguir con él. Hay que entrenarse un poco, es cierto, porque puedes hacer fotos a 1/500 y que te salgan un poco movidas si no te concentras y te estabilizas bien. La práctica hace al monje, ¿era así, no?

Tengo un teleobjetivo. Y con él no capto únicamente las cosas que quedan lejos, también hago retratos espectaculares que me encantan. Ha tardado pero ya está aquí.

 



 

[Cap. 22] Conociendo mi ciudad: Barrio de Adelfas (Retiro)

Vamos a recorrer un barrio pequeño, el de Adelfas, situado en el extremo suroriental del distrito de Retiro. Encontramos que el barrio de Adelfas está delimitado por la Avenida del Mediterráneo por el norte; por la autopista de circunvalación M-30 por el este; por la calle del Cerro de la Plata por el sur; y finalmente por la calle del Doctor Esquerdo por el oeste.

Al igual que sucede en el barrio de Pacífico que vimos en el capítulo anterior, la población del barrio de Adelfas es también muy joven. En 2006 la población del barrio era de poco menos de 17 mil personas.

Anticipo que este va a ser un capítulo bastante breve, ya que únicamente vamos a visitar 5 puntos de interés. Comenzamos el recorrido en el lugar donde terminamos el capítulo anterior, es decir, en el polideportivo Daoiz y Velarde, situado junto a la Avenida de la Ciudad de Barcelona. Salimos del lateral de dicho polideportivo dando con nuestros pies a la Calle del Alberche, que recorremos en dirección norte para volver a la Avenida de la Ciudad de Barcelona. Una vez allí nos dirigimos en dirección sureste hasta el cruce con la calle del Doctor Esquerdo. Es justamente ahí donde comienza el barrio de Adelfas.

Justo en ese punto hay un paso elevado, ya que la parte central de la calle del Doctor Esquerdo no tiene conexión con la Avenida de la Ciudad de Barcelona. El espacio que queda justo debajo del paso elevado está aprovechado para diferentes usos deportivos, ya que hay unas pistas deportivas siempre frecuentadas por jóvenes. Y al otro lado está nuestro primer punto de interés: la Sede Central de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT).

Sede central de la EMT – ©JMPhotographia

Como todos sabéis, la EMT es una empresa pública que gestiona el transporte público de superficie de la ciudad de Madrid y, como tal, pertenece al Ayuntamiento de Madrid. Su año de creación fue 1947, año en el que se finiquitó la antigua Empresa Mixta de Transportes. Actualmente presta servicios regulares de autobuses, si bien históricamente también fue la encargada de los servicios de trolebuses y de tranvías. Y si no estoy mal informado, próximamente operará un servicio que no es de superficie, concretamente el del teleférico de la ciudad.

Actualmente opera bajo la autoridad del Consorcio Regional de Transportes de Madrid, creado en 1985 para gestionar todos los medios de transporte público de la Comunidad de Madrid. La EMT tiene una flota de casi 2.100 autobuses y 209 líneas. En los últimos tiempos esta empresa se ha preocupado notablemente por el medio ambiente incorporando a sus líneas autobuses que emplean energías alternativas como el gas natural comprimido, el biodiésel, el hidrógeno, el bioetanol, etc.

La EMT cuenta con 5 centros de operaciones situados en Fuencarral -curiosamente a menos de 150 metros de mi casa-, en La Elipa, en Entrevías, en Carabanchel y en Sanchinarro. En cuanto a la sede central que nos ocupa, acaba o está a punto de cumplir 15 años. Fue diseñada por el estudio Cano Lasso con una estructura-puente apoyada sobre dos núcleos de hormigón dispuestos de forma asimétrica respecto al centro de gravedad del edificio y separados 53 metros entre sí. Los forjados se descuelgan de la estructura-puente gracias a esbeltas barras de acero traccionadas liberando completamente la planta baja y fomentando la permeabilidad del propio edificio.

Tras rodear el edificio por el sur y volver a la Avenida de la Ciudad de Barcelona por la calle del Cerro de la Plata, me dirigí de nuevo en dirección sureste hasta llegar a otro paso elevado sobre la calle, en esta ocasión es la M-30 la que cruza en forma de paso elevado la Avenida de la Ciudad de Barcelona, que al otro lado de la autopista cambia de nombre y pasa a llamarse Avenida de la Albufera.

Antes de cruzar la M-30, -cosa que no nos toca en este capítulo-, encontramos el Parque de Martin Luther King, un parque alargado hacia el norte entre la autopista y la calle de Arregui y Aruej. Este parque no tiene nada fuera de lo común de lo que puede tener cualquier otro parte, salvo que es el único lugar donde he visto campos de fútbol en miniatura, obviamente pensados para el desempeño de algo tan raro hoy en día como el fútbol-chapas. Cuando yo pasé por ahí se me hizo obvio que hacía muchísimo tiempo que ningún niño había jugado en esos campos a algo que se pueda parecer al fútbol-chapas. Una pena.

Campos de fútbol-chapas – ©JMPhotographia

Siguiendo en dirección norte llegamos en seguida al comienzo de una estructura que va subiendo hasta convertirse en una pasarela sobre la M-30, con bonitas vistas, por cierto.

Seguimos un poco más por la calle de Arregui y Aruaj en dirección norte hasta llegar a una calle que ya conocemos del capítulo anterior, la calle de Valdearribas, que usé para volver en dirección noreste hacia la calle del Doctor Esquerdo. Una calle antes está la calle de las Adelfas, que supongo que tiene algo que ver con el nombre del barrio, ¿no? En esa calle encontramos la Biblioteca Pública Elena Fortún.

Biblioteca Pública Elena Fortún – ©JMPhotographia

Esta biblioteca fue inaugurada en 1990 en un solar anteriormente destinado a usos industriales y pertenece a la Red de Bibliotecas Públicas de las Comunidad de Madrid. Fue diseñada por el arquitecto Miguel Ángel Verdaguer. No es una biblioteca precisamente pequeña, ya que tiene 175 puestos de lectura y 15 para el uso de internet. Además desarrolla muchas otras actividades a lo largo del año, como talleres, cursos, espectáculos de cuentacuentos, exposiciones, etc. Una particularidad de esta biblioteca es que cuenta con un horario bastante extenso que, en época de exámenes, se extiende todavía aún más.

El nombre de la biblioteca es un homenaje a la escritora madrileña Elena Fortún, cuyo nombre real era María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo, dedicada a la literatura infantil y juvenil y célebre sobre todo por ser autora del personaje de Celia.

A través de la calle de Garibay y después de la calle de Luis Mitjans llegué a una calle que no sé muy bien si tiene nombre, pero que es muy conocida y frecuentada por mi yo-conductor. Es concretamente la calle por la que los coches que salen de la M-30 acceden a la Plaza del Conde de Casal. Al otro lado de esta calle la continuación natural de nuestro camino se llama calle de Federico Moreno Torroba. Al final de esa calle está la sede del Organismo Autónomo Madrid Salud, un edificio muy característico por tener una especie de atalaya en su parte superior y que es una vista muy recurrente en los trayectos de muchos madrileños por la M-30.

Se trata de un organismo perteneciente al Ayuntamiento de Madrid que fue creado en 2005 para gestionar las políticas municipales relativas a la salud pública, la drogodependencia y otros trastornos adictivos. Este organismo también se encarga de la gestión del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Ayuntamiento de Madrid.

Sede del Organismo Autónomo Madrid Salud – ©JMPhotographia

Siguiendo por la continuación natural de la calle, que gira a la izquierda, llegamos a la Plaza del Conde de Casal, que será el fin de nuestro recorrido en el día de hoy. La Plaza del Conde de Casal se encuentra en el punto en el que se cruzan la Avenida del Mediterráneo y la calle del Doctor Esquerdo. Una tercera calle desemboca en la plaza, y ya hemos hablado de ella hace un momento. Hablo de la calle que sirve de acceso a la plaza a los coches que salen de la M-30 y que no estoy seguro de que tenga nombre, aunque mi suposición es que sí lo tiene. (Después de una dura investigación he sabido que se llama calle de Carlos y Guillermo Fernández Shaw).

Y ahora viene el despeje de mis dudas expresadas al final del capítulo anterior. ¿Quién era el Conde de Casal? Pues venga, a por ello. El Conde de Casal a quien se dedicó la plaza se llamaba Manuel Escrivá de Romaní y de la Quintana, nacido y muerto en Madrid. Vivió su vida entre 1871 y 1954 y fue académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y político. Fue el primer marqués de Alginet y el décimo conde de Casal. Fue senador en dos periodos, entre 1914 y 1915 y entre 1918 y 1923, por la provincia de Toledo. Por lo que respecta a Madrid, fue concejal y primer teniente de alcalde del ayuntamiento durante el franquismo entre 1946 y 1949. La plaza lleva su nombre desde el mismo año de su muerte, 1954, ya que anteriormente recibía el nombre de Plaza del Marqués de Cerralbo.

El edificio más emblemático del entorno de la plaza es el Hotel Claridge, que hace pocos años ha sido reacondicionado por completo. El edificio fue inaugurado en 1967 y no ganó su cuarta estrella hasta sufrir su reciente remodelación. El Claridge cuenta con un total de 15 plantas y unas vistas que son impresionantes, según cuenta Luis Celemín, actual director del hotel. El número de habitaciones ha disminuido, de 150 a 114, para lograr una mayor comodidad de los huéspedes. La remodelación costó 12 millones de euros y fue efectuada por el arquitecto Carlos Sánchez, que lo ha dotado de salones de convenciones y reuniones de empresa, convirtiendo al hotel en una referencia para ejecutivos de alto poder adquisitivo.

Hotel Claridge – ©JMPhotographia

Y aquí terminamos nuestro paseo por el barrio de Adelfas. Un recorrido corto, con pocos puntos de interés, pero necesario, si queremos hacer un paseo total y completo por la ciudad.

 


 

El barrio de Adelfas es la prolongación natural del barrio de Pacífico. Tanto es así que hace tiempo, juntos, formaban un único barrio llamado Pacífico y que llegaba desde la Estación de Atocha hasta Vallecas.

En nuestro siguiente capítulo visitaremos el barrio de la Estrella, situado justo al norte del barrio de Adelfas. En este barrio visitaremos el Parque de Roma, la Escuela Superior de Aeronáutica y otros puntos de interés.

 


 

 


 

Fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Adelfas:

Sede central de la EMT - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales:

 

 

[Cap. 21] Conociendo mi ciudad: Barrio de Pacífico (Retiro)

Ya hemos completado dos distritos de los 21 que tiene la ciudad de Madrid. Mientras el calor nos deje, vamos a seguir caminando por la ciudad y conociendo y fotografiando sus lugares más importantes. Vamos a adentrarnos en el distrito de Retiro o Distrito Tercero, situado al norte del distrito de Arganzuela y al este del distrito de Centro, del que le separa el Paseo del Prado; y dividido administrativamente en seis barrios, a saber: Pacífico, Adelfas, Estrella, Ibiza, Jerónimos y Niño Jesús.

El distrito de Retiro tiene, sobre todo, viviendas, aunque el espacio más grande que hay dentro de él es un parque, el de El Retiro, que da nombre al distrito.

Vamos a empezar nuestro recorrido por este distrito por el barrio de Pacífico, situado en la parte sur del distrito y pegado lado con lado al barrio de Atocha del distrito de Arganzuela. Empecemos por el principio, por el nombre del barrio. Este barrio recibe su nombre de la antigua calle del Pacífico que recorría el barrio por entero de noroeste a sureste. Esa calle recibe actualmente el nombre de Avenida de Ciudad de Barcelona, nombre que se le dio a la calle en la dictadura, cosa bastante curiosa, si tenemos en cuenta que el nombre de Pacífico hace referencia a expediciones de guerra realizadas por España precisamente en lugares de ese océano. A mí, particularmente, calle del Pacífico me resuena más a algo que le podría gustar al Franquismo que Avenida de la Ciudad de Barcelona.

Es un barrio con calles en forma de damero creado como cualquier zona de ensanche de cualquier ciudad y está habitado principalmente por gente joven de clase media. De hecho, es el barrio más densamente poblado de todo el distrito y el que tiene habitantes más jóvenes. Actualmente se encuentra delimitado por el Paseo de la Infanta Isabel, por el Paseo de la Reina Cristina, por la Plaza de Mariano de Cavia, por la Avenida del Mediterráneo y por la Plaza de Conde de Casal por el norte; por la calle del Doctor Esquerdo por el este; y por las vías del tren que llevan a la Estación de Atocha por el sur.

La zona que queda al norte de la Avenida de la Ciudad de Barcelona tiene una vocación marcadamente residencial mientras que la que queda al sur es visiblemente, -aunque ahora quizá menos-, terreno industrial. El barrio contaba con una población de casi 37 mil habitantes en 2006, por lo que, a falta de datos más actuales, y contando con datos históricos, podemos predecir que la población se mantiene más o menos en ese número.

Monumento al General Vara del Rey y a los Héroes del Caney – ©JMPhotographia

Pero vamos ya con el recorrido que hicieron mis pies y que voy a compartir con vosotros. Comencé mi viaje, como siempre, en la Estación de Chamartín, tomando la Linea 1 de Metro hasta la Estación de Atocha. Allí caminé en dirección sureste por la Avenida de la Ciudad de Barcelona contemplando a través de los patios de los edificios que quedan a la derecha las vías y los tejadillos de la estación de Puerta de Atocha -creo que esa foto la puse en el capítulo anterior-, hasta llegar a la altura en la que el parquecillo triangular que queda al otro lado de la calle termina y da paso al Colegio Virgen de Atocha. En ese punto crucé la calle y me acerqué al parquecillo, que es el lugar donde estaba mi primer punto de visita: el Monumento al General Vara del Rey y los Héroes de Caney.

Se trata de un grupo escultórico que representa al general Vara del Rey y un grupo de soldados que murieron en la guerra de 1898 defendiendo el poblado cubano de Caney. Fue instalado en 1915 y es obra en bronce del escultor Julio González Pola. Pero si os parece, un poco de historia.

Nos situamos en el fuerte español de El Caney, en Cuba, como se ha dicho. Casi 7 mil soldados estadounidenses bien armados y apoyados por cañones atacaron la posición defendida por menos de 600 soldados españoles que no tenían la suerte de estar tan bien acompañados de armas. Los estadounidenses se encontraron una resistencia que jamás se hubieran esperado, no hubo rendición sino muerte después de una batalla de más de diez días.

Cruzando el camino peatonal que media entre el parquecillo triangular y el colegio se llega al Paseo de la Reina Cristina y no hace falta andar mucho para llegar a la altura del Panteón de Hombres Ilustres. Este panteón sigue la tradición creada en otros países democráticos pero es muy poco conocido y escasamente visitado. Su función es la de guardar y exhibir monumentos funerarios de hombres importantes en la política española de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Estamos hablando de hombres tales como Cánovas del Castillo, Eduardo Dato, José Canalejas, Mateo Sagasta, etc.

En general, podemos decir que es un museo de arte escultórico, ya que las piezas que podemos contemplar están realizadas en mármol por los mejores escultores de la historia de España como Mariano Benlliure, del que ya hemos comentado en este proyecto algunas de sus obras; o Arturo Mélida. El edificio en sí es grandioso, de techos altos y de estilo neobizantino y fue construido en la última década del siglo XIX en el solar de la antigua basílica de Nuestra Señora de Atocha. Su arquitecto fue Fernando Arbós, quien al principio pensó que la construcción sirviese de claustro a la nueva basílica de Atocha, aunque finalmente la nueva basílica se construyó veinte años después con un proyecto distinto y en una ubicación unos metros más alejada.

Panteón de Hombres Ilustres – ©JMPhotographia

La entrada es gratuita de martes a sábado entre 10 h. y 14 h. y 16 h. y 18.30 h. y los domingos y festivos de 10 h. a 15 h. Yo no entré pero pienso visitar este compendio de escultura española en cuanto tenga la oportunidad.

Tras rodear el panteón por la calle de Julián Gayarre encontramos a nuestra izquierda la calle de Fuenterrabía y una de las esquinas de otro punto de interés: la Real Fábrica de Tapices. Estamos hablando de un lugar insigne y muy celebrado por la calidad de los tapices que a lo largo de varios siglos se han manufacturado ahí. Fue fundada en 1721 por Felipe V, copiando el modelo francés. La pretensión era implantar una industria patria que evitara tener que  importar tapices flamencos para decorar los palacios españoles.

Real Fábrica de Tapices – ©JMPhotographia

Para dirigir la Real Fabrica de Tapices, situada cerca de la Puerta de Santa Bárbara -y por ella también conocida como Casa de Santa Bárbara- se contó con los servicios de Jacobo Vandergoten, un flamenco de Amberes. Su hijo, del mismo nombre, estableció una segunda fábrica, llamada de Santa Isabel, que trabajaba con otro tipo de lienzos.

En 1882, reinando Alfonso XII, la sede de la Real Fábrica de Tapices abandonó su sitio junto al Portillo de Santa Bárbara y se mudó a un nuevo edificio en la zona del Olivar y Huerta del Convento de Atocha. Diez años después se unieron las dos fábricas bajo una sola con el patrocinio de la Casa Real y comenzó su periodo de mayor esplendor coincidiendo con la incorporación de nuevos pintores reales, entre los que destaca Francisco de Goya. Gracias a estos nuevos pintores el estilo de los tapices se desvincula del estilo flamenco de sus primeros días.

Durante el final del siglo XIX y el principio del siglo XX disminuyen los encargos de la Casa Real y aumentan los de casas privadas de buena posición, el gran tapiz va dando paso también a la alfombra. Con la República los encargos de la Casa Real, obviamente, se reducen a cero, si bien la fábrica se mantuvo con el nombre de Manufactura Nacional de Tapices y Alfombras. Tras la Guerra Civil y la dictadura de Franco la fábrica vuelve a tener el título de Real Fábrica en 1986 y diez años después se convierte en la Fundación Real Fábrica de Tapices, transformándose así en una entidad cultural cuyo cometido es transmitir los valores culturales de la propia fábrica.

La Real Fábrica de Tapices ha estado muchas veces a punto de ser cerrada por falta de encargos y de financiación y últimamente fue noticia por culpa Livinio Stuyck, descendiente de Jacobo Vandergoten, quien fue destituido como director de institución tras llevarla a la quiebra y posterior rescate en 1996 pero continuó viviendo en la Real Fábrica desde entonces con todos los gastos pagados hasta que el Ministerio de Cultura se dio cuenta, creo que el año pasado.

Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha – ©JMPhotographia

Volviendo a la calle de Julián Gayarre y caminando en dirección sur queda a nuestra derecha la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha, cuya entrada principal está en la esquina de esa calle con la Avenida de la Ciudad de Barcelona, a la que hemos vuelto en nuestro viaje hacia el sur. Estamos ante una de las seis basílicas que hay en Madrid, recordemos que las otras son la Basílica de Jesús de Medinaceli, la Basílica de San Francisco el Grande, la Basílica Pontificia de San Miguel, la Basílica Hispanoamericana de Nuestra Señora de la Merced y la Basílica de la Milagrosa.

La Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha se sitúa sobre un antiguo convento de la Orden de Predicadores que, a su vez, albergaba una primitiva ermita-santuario que daba culto a la Virgen de Atocha, tradicional patrona de la realea española. Hoy es también parroquia además de basílica y también convento gestionado por los dominicos.

Se tiene constancia de la existencia de una pequeña ermita de Atocha desde el año 1150. En el siglo XVI la ermita se encontraba en un estado de ruina casi total que obligó a reformarla para convertirla en un complejo de iglesia más convento.

En diciembre de 1808, con la entrada en Madrid de las tropas francesas, los religiosos fueron expulsados y el lugar quedó convertido en un cuartel. En el camino se produjeron atropellos, robos y destrucciones de muchas obras de arte. Tras la invasión los dominicos pudieron regresar al convento, pero sólo hasta 1834, año en el que se produjo su exclaustración. En 1863 el papa Pío IX le otorgó el rango de “basílica menor”, hecho que la convirtió en la primera basílica de este rango en la ciudad de Madrid.

En 1888, la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, ordenó la construcción de otro complejo y el derribo de los edificios dado el estado de deterioro en el que se encontraban. La idea era construir el nuevo complejo justo en el mismo lugar, pero sólo quedó construido lo que hoy es el Panteón de Hombres Ilustres, inspirado en el Camposanto de Pisa, por causa de problemas económicos. En 1924, dada la paralización de las obras, los dominicos se pusieron en marcha para poder restaurar el convento y la iglesia y los frailes pidieron auxilio a Alfonso XIII, que les concedió nuevos terrenos muy cercanos para que se pudieran proseguir las obras por cuenta de los propios frailes.

Al estallar la Guerra Civil el templo fue incendiado y todas las obras de arte que contenían se perdieron a excepción de la imagen de la Virgen de Atocha, que había sido ocultada en previsión. La inauguración oficial de la nueva iglesia se produjo en la Navidad de 1951.

Dejamos atrás la basílica y cruzamos la Avenida de la Ciudad de Barcelona para tomar la calle de Antonio de Nebrija y llegar a los terrenos donde actualmente está La Neomudejar, un centro artes de vanguardia y resistencia artística internacional, como así se define, situado en un antiguo almacén en las cercanías de la Estación de Atocha. Abrió sus puertas en 2013 cuando el videoartista Néstor Prieto y el cineasta Francisco Brives encontraron el lugar que estaban buscando durante mucho tiempo para el proyecto que tenían desde mucho tiempo atrás en sus cabezas.
El almacén de la Neomudéjar data de finales del siglo XIX, como muchos otros edificios de su entorno, y obviamente estaba destinado a usos del ferrocarril. Recibe su nombre del estilo arquitectónico en el que fue construido, el neomudéjar.
La calle de Téllez, tristemente famosa por los atentados del 11-M me lleva, en dirección sureste hasta la calle del Comercio, que tomé hacia el norte continuando después de cruzar de nuevo la Avenida de la Ciudad de Barcelona por la Avenida de Menéndez Pelayo, una de las calles más importantes de todo el distrito, ya que llega hasta la esquina noreste del Parque del Retiro, concretamente un poquito más allá, hasta encontrarse con la calle de Alcalá y confluir en su continuación natural, que es la calle del Príncipe de Vergara. Cuando llegamos de nuevo a la altura del Paseo de la Reina Cristina estamos en la Plaza de Mariano de Cavia.
Plaza de Mariano de Cavia y Fuente de las Gaviotas – ©JMPhotographia
Esta plaza de circulación circular, -valga la redundancia-, está situada en el punto donde se cruzan el Paseo de la Reina Cristina -que a partir de allí de llama Avenida del Mediterráneo – y la Avenida de Menéndez Pelayo. También sale de ella la calle de Cavanilles. Su primer nombre fue Glorieta de María Cristina, nombrada así por un cuartel cercano que recibía el mismo nombre. Su nombre actual es un homenaje a un ilustre cronista, periodista y literato, Mariano de Cavia (1855-1920), que murió en un sanatorio cercano. En el centro de la glorieta hay una fuente que se conoce como Fuente de las Gaviotas, obra del escultor Gerardo Martín Gallego, cuya característica más conocida es que las alas de las gaviotas se mueven cuando el agua fluye de la propia fuente.
La calle de Cavanilles primero y la de Narciso Serra después me condujeron a la calle de Valdearribas, que recorrí en sentido sureste. En esa calle hay dos puntos interesantes.
El primero es la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz, de la que, por desgracia, no puedo decir mucho, salvo que presenta una gran fachada moderna, sin mucho adorno, franqueada a su izquierda por una alta y muy esbelta torre que llama bastante la atención. Dentro de lo que suelen ser las parroquias modernas, -que me suelen pasar desapercibidas-, tengo que reconocer que esta consiguió llamar mi atención.
El segundo es una antigua central eléctrica del Metro de Madrid que albergó los enormes motores diésel que suministraban energía eléctrica a la red de Metro, el llamado Andén 0 de Metro de Madrid. Estamos hablando de uno de los dos centros de interpretación del Metro de Madrid -el otro es la estación de Chamberí- que se pueden visitar para conocer más la historia y las infraestructuras históricas de este servicio suburbano de transporte.
Uno de los edificio del complejo Andén 0 de Metro de Madrid – ©JMPhotographia
Las primeras tres líneas de metro se construyeron antes del estallido de la Guerra Civil y después de la contienda comenzó la construcción de la Línea 4. Desde los albores del nacimiento del suburbano, el servicio necesitó, como cualquier otro servicio ferroviario, de edificios auxiliares que facilitaran la tarea de hacer funcionar el sistema. En los primeros años la energía eléctrica que necesitaba el metro fue suministrada por tres compañías: Hidroeléctrica Santillana, Unión Eléctrica Madrileña e Hidroeléctica Española. La energía suministrada era sobre todo hidroeléctica, teniendo el río Manzanares un papel esencial en la producción de esta electricidad. En los primeros años 20 se vio la necesidad de cambiar el modelo de producción de energía y se pensó en el autoabastecimiento, ya que la bajada del caudal del río en los años 1921 y 1922 produjo graves deficiencias en el suministro eléctrico.
Debido esto se construyó este edificio, destinado a la producción de electridad a partir de combustible fósil. En noviembre de 1923 comenzaron a trabajar los tres gigantescos motores diésel que se instalaron en este lugar. La llamada Nave de Motores albergó estos motores, pero el complejo estaba formado por un total de cinco edificios diferentes: uno para la batería de acumuladores, otro más pequeño para albergar otros equipos eléctricos más modestos, otro para hacer las veces de oficina, taller y vivienda; y otro que estaba destinado a ser una vivienda unifamiliar para el responsable de todo el complejo.
A la hora de mi paso no estaba abierta la Nave de Motores, si lo hubiera estado tened por seguro de que tendríais aquí, ahora mismo, una foto de esos inmensos motores diésel. No obstante, en el futuro no dudéis que la tendréis.
Puerta de la Maestranza de Artillería – ©JMPhotographia

La calle de Sánchez Barcaiztegui conduce hacia el sur, -una vez más-, a la Avenida de la Ciudad de Barcelona, y a esa altura encontramos una puerta no muy grande que marca la entrada a un lugar con varios edificios de los que tenemos que hablar. El primero de ellos es la Junta Municipal del Distrito de Retiro, el segundo el Museo de la Policía Municipal de Madrid, el tercero el Polideportivo Daoiz y Velarde, y el cuarto el centro cultural que recibe el mismo nombre.

En la pequeña puerta de entrada está escrita la palabra MAESTRANZA en referencia a que por aquella puerta se entraba al antiguo cuartel de la Maestranza de Artillería. El primer edificio de los que hemos mentado es también el más moderno, el de la Junta del Distrito de Retiro. Se trata de un edificio de carácter modular con aires nórdicos que consta de cuatro plantas y fachada a base de vidrio y lamas de pizarra atornilladas.

El Museo de la Policía Municipal de Madrid queda justo a la izquierda de la puerta de entrada. Es un edificio que pasa muy desapercibido pero por dentro la cosa cambia. Como podéis estar imaginando en este museo se hace un recorrido por la historia de la policía de Madrid, desde los alguaciles medievales hasta nuestros días.

La historia comienza en 1561, bajo el reinado de Felipe II, cuando se dictó el primer bando de Policía de la Villa. Cuarenta años después, reinando Felipe III, se publicaron los primeros reglamentos y normas de los servicios relativos a los llamados Alcaldes de Barrio. En el siglo XVIII, en época de Carlos III, se formó la Milicia Urbana, formado con personal que había resultado inválido en guerra. La Policía de Madrid, tal como la conocemos (o casi) se creó en 1850, al aprobarse el Reglamento Orgánico de la Guardia Municipal de Madrid.

El polideportivo Daoiz y Velarde se levanta desde 2003 sobre unos antiguos cuarteles del mismo nombre que fueron un punto caliente durante la Guerra Civil y que pasaron bastante tiempo abandonados. Cuando el polideportivo no estaba todavía terminado resultó muy útil durante la crisis que produjeron los atentados del 11-M, ya que allí se instaló un hospital de campaña para atender a numerosos heridos del tren que hizo explosión en las vías que circulan de forma paralela a la calle de Téllez.

Centro Cultural (izquierda) y Polideportivo Daoiz y Velarde (derecha) – ©JMPhotographia

Y frente a este polideportivo con tanta y, a la vez, tan poca historia termina nuestro recorrido fotográfico por el barrio de Pacífico.

El Centro Cultural Daoiz y Velarde fue rehabilitado en 2015 y acoge todo tipo de actividades de carácter cultural y social. Es bastante grande, casi 7 mil metros cuadrados, y contiene dos salas de teatro, una a la italiana y otra en cruz. El espacio era una nace industrial que formaba parte del antiguo cuartel de Daoiz y Velarde.

 


 

El barrio de Pacífico es nuestra primera aproximación al distrito de Retiro. Es un barrio que prolonga, de alguna manera, el entorno de la Estación de Atocha hacia el sureste y que conecta este importante punto de transporte con la popular barriada de Vallecas. El barrio está estructurado en torno a dos vías principales que lo recorren de noroeste a sureste: el Paseo de la Reina Cristina y la Avenida de la Ciudad de Barcelona. Para contrarrestar estas dos vías otras dos las cruzan en dirección norte-sur: la Avenida de Menéndez Pelayo y la calle del Doctor Esquerdo.

En el siguiente capítulo visitaremos el barrio de Adelfas que media entre Pacífico y la autopista M-30. Es un barrio no muy grande y con quizá menos puntos de interés, pero no por ello vamos a dejar de visitarlo. Además contiene la Plaza del Conde de Casal que tantas veces frecuento. ¡A ver si tengo la suerte de saber quién fue el tal Conde de Casal!

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Pacífico:

Monumento al General Vara del Rey y a los Héroes del Caney - ©JMPhotographia

 

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Halogram: Una recopilación

Esta no va a ser una publicación fácil, pero tenía ganas de hacerla y considero que no pierdo nada haciéndola, sino que gano, aunque sea, liberación. Hoy quiero hablaros de fotos horribles. No, mentira, no voy a hablar de fotos horribles, voy a hablaros de ediciones horribles, de ediciones vagas, y de fenómenos relacionados con el criterio que últimamente me están escamando muchísimo.

Si, los más perspicaces habrán adivinado por el título “Halogram” que voy a hablar de algo relacionado con Instagram, esa red social que es usada de muchas maneras diferentes y por muchos perfiles diferentes. Creo que, precisamente, la parte buena de las redes sociales es esa, que pueden ser usadas de muy diversas formas, desde el profesional que quiere promocionar sus productos hasta el anónimo o la anónima que le gusta poner morritos, sacar la lengua y enseñar sus atributos delanteros y traseros.

Pero aquí no vamos a criticar ni a moralizar sobre los usos de una red social, si acaso, vamos a moralizar sobre ediciones fotográficas y si, más concretamente y especificando, sobre los halos. El concepto de “halo” se emplea en diferentes campos semánticos, pero el que más me interesa para ilustrar lo que estoy tratando de decir es el de la luz que aparece sobre la cabeza de personajes sagrados en cuadros, vidrieras y esculturas.

No, no me he vuelto loco. Hablamos de fotografía. Hablamos de edición.

¿Qué os ha parecido esta foto? ¿Veis algo raro en ella? ¿Algo que os parezca o pudiera parecer anómalo o inusual? Bien, la buena noticia es que no estáis ciegos, pero hay otra buena noticia: no le pasa nada malo a vuestras pantallas. Estáis contemplando en toda su expresión un halo que ha aparecido en la fotografía porque a la hora de editarla se ha producido un contraste excesivo que ha afectado a los bordes de los objetos.

Veamos otro ejemplo:

Estas dos fotografías tienen el mismo defecto en los bordes donde se produce la diferencia de contraste debido a que el editor ha intentado poner más luz en el objeto principal, en ambos casos los edificios. Seguramente, la principal causa de la aparición de estos halos es el formato usado, el formato .jpg y no el mucho más recomendable formato RAW, del cual hemos hablado ya en este blog más de una vez.

La aparición de este tipo de halos es producto de los ajustes de recuperación, es decir, de los intentos del editor por recuperar luz de objetos que han quedado oscuros en relación con la luz general de la fotografía. Hay que notar que si estos ajustes los realiza de un modo automatizado el programa de edición, -subiendo sombras, por ejemplo-, los halos serán finos y más uniformes, aunque también muy visibles; pero si los ajustes los realiza el editor con una herramienta de edición local manejada por la yema del dedo en un teléfono móvil, -como suele ser habitual-, los halos serán directamente proporcionales a la vaguería del editor para hacer zoom en la imagen y ser cuidadoso para no salirse de donde no tiene que salirse.

Sigamos viendo ejemplos:

Cómo podéis ver, todas las fotos con halos tienen orígenes casi idénticos: una mezcla de varias cosas:

  1. No usar el formato RAW, ya que éste permite mucha más ductilidad a la hora de realizar el postprocesado
  2. Usar programas de edición para teléfonos móviles que no interpretan los ajustes de una forma adecuada cuando el formato usado es .jgp.
  3. En algunos casos, desconocimiento de las posibilidades que proporcionan los flashes o imposibilidad de usarlos de un modo efectivo. Con un flash se puede iluminar los objetos que están cerca de la cámara al menos. Los edificios en el fondo no, jajaja.
  4. Vaguería propia del ser humano a la hora de hacer una edición lo más limpia posible.

Vamos a por otro ejemplo más:

En este caso se junta el problema de la aparición de halos y el gravísimo problema de no tener mesura a la hora de usar el parámetro HDR de los editores fotográficos. Es lamentable pero real que hay una cultura visual hoy popular que consiste, básicamente, en el emborronamiento o ensuciamiento de las imágenes. Ya he comprobado varias veces que esta cultura visual tiene sus defensores, cosa que no voy a criticar, ya que no debo meterme en opiniones ajenas sino únicamente defender las mías. Testimonio de la popularidad de este tipo de cultura visual es que hay muchas fotografías como ésta que reciben premios o menciones en muchos perfiles de Instagram. Para mí es una atrocidad, pero es lo que hay.

Veamos una última fotografía, paremos ahora, aunque podría enseñar muchas más:

Otra atrocidad premiada llena de halos, con abuso de HDR y del parámetro “claridad”, aunque en según que programas recibe otros nombres. Y un gran problema de criterio por parte de las personas que premian con menciones fotos con estas malas hechuras. Muchas veces me pregunto si no habría 100 o 200 fotos mejores a las que “premiar”. De verdad que no consigo entender el criterio que sigue alguien para destacar esta foto en un perfil de Instagram que se dedica a ello.

Pero como no me gusta hablar mal de la gente o de las cosas que hace la gente, -como veis he omitido los nombres de los autores-, vamos a tratar de dar soluciones para evitar la aparición de los halos. Por regla general es sencillo: hay que mirar la foto cuando se está editando y mirarla bien. No hay que sobrepasarse con ningún parámetro que podemos aplicar. A la primera señal de halos debemos parar, siempre que queramos tener una fotografía, -con el realismo que ello conlleva-, y no un cuadro abstracto o un icono religioso con su aura de santidad (véase la foto del ínclito barrendero).

Y en fin, esto fue todo sobre los halos. No es un texto que guste escribir, máxime si tenemos en cuenta que es posible que muchos de los que leáis esto tengáis muchos halos a vuestras espaldas. Yo también los tengo, no os quepa ninguna duda. Pero intento no tenerlos o disimularlos todo lo que se pueda. Sólo hay que ser un poco puntilloso y dedicar tiempo a hacer las cosas bien. En mi caso lo hago por satisfacción propia personal, ya que uno no encuentra ningún incentivo externo para hacerlo, ya que parece que casi todo el mundo acepta la presencia de esos malditos invitados: los halos.

 

 

[Cap. 20] Conociendo mi ciudad: Barrio de Atocha (Arganzuela)

El barrio de Atocha es el último barrio que vamos a recorrer en el distrito de Arganzuela. Recibe su nombre de la Estación de Atocha, que es la estación de ferrocarril más importante de España. El barrio de Atocha tiene sus límites en la Ronda de Atocha por el norte; en la calle de Méndez Álvaro por el oeste; en la Avenida de la Ciudad de Barcelona por el este; y en la autopista de circunvalación M-30 por el sur. Es, además, el más oriental de los barrios del distrito de Arganzuela.

Mi viaje comenzó exactamente en el lugar en el que terminó el capítulo anterior: en la Ronda de Atocha y caminando en dirección a la Plaza del Emperador Carlos V. Llegados al punto donde confluye la Ronda de Atocha con el Paseo de Santa María de la Cabeza ya podemos observar la majestuosa fachada de la estación. Sin embargo, cuando toda su historia comenzó todo era bastante más pequeño y sencillo.

Fachada de la Estación de Atocha – ©JMPhotographia

En 1851 no era más que un simple embarcadero de uso privado, ya que la segunda línea ferroviaria inaugurada en España -recordemos que la primera fue Barcelona-Mataró- iba desde Madrid hasta Aranjuez, dos localidades con palacios reales. Se trataba de una línea privada que únicamente disfrutaba la reina Isabel II. El Embarcadero de la Reina no era más que un simple templete de madera junto a la vía del tren, ya que las infraestructuras para la maquinaria ferroviaria y el mantenimiento y reparación se ubicaron en la otra punta de la línea, es decir, en Aranjuez.

Con el rápido desarrollo del ferrocarril, pronto surgieron promociones para llevar el tren a otras ciudades de España. Así se idearon los primeros proyectos de líneas que unían la capital con Alicante por un lado; con Zaragoza por otro lado; y con Valladolid en tercer lugar. En ese momento hubo que pensar si era conveniente centralizar todo ese futuro tráfico en un mismo lugar, y aunque se pensó en construir diferentes estaciones, al final se optó por centralizar todas las nuevas líneas ferroviarias en el Embarcadero de la Reina, hecho que motivó el nacimiento de la Estación Central de Madrid, que ya preveía la construcción de otra estación en el norte, la de Chamartín, que estuviera conectada de alguna manera con la Central para derivar todo el futuro tráfico hacia el norte de la península.

Jardín tropical de la Estación de Atocha – ©JMPhotographia

En 1882 se comienza a construir la Estación del Norte que será la cabecera de los trenes que viajan hasta Valladolid. Aparecen también los tranvías en Madrid y la Estación Central sufre constantes ampliaciones debido a que la afluencia de pasajeros supera con creces las expectativas iniciales de arquitectos e ingenieros. Se producen también algunos incendios en estructuras de madera que son cambiadas por estructuras de hierro para evitar futuros percances. Por aquella época también se inauguró la Estación de Delicias, con la intención de ser la cabecera de los trenes con destino a Extremadura y Portugal.

En 1890 comienza la construcción de la Estación del Mediodía. En realidad, más que una construcción nueva era una reestructuración de lo ya construido con objeto de ampliar, -otra vez más-, espacios y servicios. Se cambió el nombre a Estación del Mediodía porque ya no tenía sentido llamar Estación Central a una estación que no unificaba todos los servicios ferroviarios. Se optó por el nombre de Mediodía por estar ubicada más al sur que ninguna otra estación en la ciudad de Madrid. El nuevo edificio central está basado en el ladrillo español pero mezclado con tecnología belga, ya que las empresas europeas contaban con toda la experiencia en materia ferroviaria de la que carecía cualquier empresa española.

La nave central de la nueva estación, -la que podemos ver hoy en día convertida en invernadero-, superaba en anchura a muchas estaciones centrales europeas, ya que tiene 152 metros de ancho y 27 de alto. La cubierta de hierro fue construida en Bélgica y traída hasta Madrid, no me preguntéis cómo. La Estación del Mediodía ha estado casi siempre en construcción dada la siempre creciente demanda de transporte. Ya a principios de siglo su crecimiento se vio obstaculizado porque las zonas aledañas se encontraban muy urbanizadas, hecho que obligaba a la siempre costosa expropiación de terrenos. Debido a estas dificultades, se realiza otra gran obra, el Pasillo Verde Ferroviario, que conectó la Estación del Mediodía con la Estación del Norte (Príncipe Pío) en un primer momento y con la futura Estación de Chamartín tiempo después. Además, alrededor de la estación se van asentando espacios hoteleros, ya que este primer cuarto de siglo XX vio nacer a los hoteles Palace y Ritz, situados en las cercanías de la Estación del Mediodía.

Jardín tropical de la Estación de Atocha – ©JMPhotographia

A mediados de los sesenta comienza a funcionar la Estación de Chamartín para ser la cabecera de la línea ferroviaria que conduce a Burgos. A finales de los 60 la zona de Atocha sufrió una renovación muy impactante y muy criticada que consistió en la construcción de varios enlaces viarios con pasos a distinto nivel que tenía más de un kilómetro de longitud y que dejaba oculta la Estación de Atocha. No pasó mucho tiempo hasta que semejante “armatoste” fuera conocido como el “scalextric de Atocha”. Sin embargo, menos de veinte años después comenzó la obra para la retirada de esos pasos elevados que tapaban la estación. Por aquel tiempo, con la recién creada Comunidad de Madrid, surgió también la Red de Cercanías, un sistema ferroviario de proximidad vinculado a Madrid y a su entorno con el que la propia Estación de Atocha volvió a convertirse en un lugar central y clave, por lo menos en lo que toca a la parte sur de la región.

En 1979 se produjo el primer atentado terrorista sufrido por la estación cuando estalló una bomba colocada por ETA. Murieron cinco personas y hubo cuantiosos daños materiales. En 1988 se une también el Metro al conjunto con dos estaciones, Atocha y Atocha-Cercanías.

En 1985 se produjo una gran remodelación de la estación de Atocha con motivo de la llegada a España del tren de alta velocidad y su primera línea entre Madrid y Sevilla. El arquitecto Rafael Moneo fue el gran artífice y encargado de desarrollarla entre los años 1985 y 1992. Esta remodelación consistió en la construcción de dos nuevas estaciones, la de Puerta de Atocha, -contigua a la antigua estación-, para acoger los trenes de la nueva línea de alta velocidad; y la de Atocha-Cercanías, para acoger los trenes que continuarían su recorrido por el llamado “Túnel de la risa” que conectó Atocha con Chamartín. La naturaleza de la estación original cambió totalmente, ya que se eliminaron los andenes y las vías y a partir de ese momento se usó como vestíbulo para dar acceso a las otras estaciones. Además se construyó allí mismo un jardín tropical o invernadero que posee más de 7 mil plantas de más de 250 especies. Allí también solían ubicarse unos estanques con tortugas que recientemente han sido retirados debido a una renovación del interior.

Estación de Puerta de Atocha o de trenes de alta velocidad – ©JMPhotographia

El 11 de marzo de 2004 se produjeron en la estación de Atocha, la de El Pozo y la de Santa Eugenia los atentados del 11-M en los que murieron 191 personas. En 2007 se inauguró en la zona el monumento que recuerda a todas las víctimas y al que puede accederse desde la estación de cercanías y de metro. En el exterior, el monumento se presenta como un gran cilindro de cristal con 11 metros de altura y casi 10 de diámetro. Desde el interior, el monumento se presenta dentro de una sala diáfana con paredes de color azul cobalto. El visitante puede leer, -mirando hacia arriba-, mensajes en varios idiomas que se recogieron tras los atentados y que están impresos en una burbuja de plástico que se mantiene elevada contra el cilindro de cristal que se ve en el exterior.

Monumento Homenaje a las víctimas del 11-M – ©JMPhotographia

Tras dejar atrás el Monumento Homenaje a las víctimas del 11-M crucé la estación -a través del aparcamiento allí situado y de las paradas de taxis que esperan la salida de los viajeros para llevarles a sus respectivos hoteles- hasta llegar a la calle de Méndez Álvaro, que recorrí prácticamente entera en dirección sureste. Mi destino era el conjunto que conforman la estación de cercanías de Méndez Álvaro y la Estación Sur de Autobuses.

La Estación Sur de Autobuses es un gran centro que sirve como terminal de líneas interregionales y de largo recorrido de autocares. Esta estación substituye a otra más antigua situada en la calle de Canarias, en el barrio de Palos de Moguer, en pleno casco urbano, un lugar del todo inadecuado que causaba una severa congestión de tráfico. Este edificio fue inaugurado en junio de 1997 sobre una parcela triangular encajonada entre la calle de Méndez Álvaro y las vías del ferrocarril, junto a la estación de Cercanías de Méndez Álvaro con la que conforma un intercambiador de transportes.

Vestíbulo de la Estación Sur de Autobuses – ©JMPhotographia

El edificio en sí tiene forma de L, hecho que se nota a simple vista. Consta de tres niveles, ocupando el sótano un aparcamiento público, la planta a nivel de calle 65 dársenas para la carga y descarga de pasajeros, y la planta superior comercios de diferente naturaleza. En la parte corta de la L se encuentra el vestíbulo, las taquillas y los servicios de facturación, información y cafetería. Es característico del edificio el hormigón blanco que le da una apariencia limpia y simple.

Justo al lado de la terminal encontramos la Torre Ombú, situada en la calle del mismo nombre. Se trata de un edificio dedicado a facilitar reuniones ofreciendo salas por días y por horas en todas las épocas del año que se preparan como quiera cada cliente. Estas salas tienen todos los servicios que cualquier empresa o particular quisiera tener, tales como aire acondicionado, servicio de catering, parking, medios audiovisuales, etc. El edificio tiene un corte clásico pero llama la atención por su fino acabado y la calidad de sus materiales.

En la propia calle de Ombú encontramos nuestro último punto de interés en este barrio y en este distrito: una vieja fábrica de gas que recuerda los iniciales usos industriales del suelo del distrito de Arganzuela a comienzos del siglo XX. Los edificios que confirman esta fábrica se puede ver llegando en tren a la Estación de Atocha. Llaman la atención por el aspecto de fábrica antigua que desprenden con su estilo neomudéjar que recuerda a otros espacios de Madrid como las mismísimas naves del Matadero. Los edificios datan de 1903 y fueron ideados por los arquitectos Luis de Landecho y Jordán de Urríes para la Sociedad Gasificadora Industrial (S. G. I.). Hay que recordar que a principios de siglo el principal motor de la ciudad era el gas, como ya tuvimos la oportunidad de comprobar en un capítulo anterior al hablar del Parque del Gasómetro.

El conjunto está compuesto por varios edificios, uno de motores, otro de bombas, una fábrica de sulfato amónico, varios almacenes, un edificio de oficinas, varios edificios que servían de casas para los obreros, etc. Uno de ellos, concretamente un edificio que servía de central de transformación de energía eléctrica, fue derribado para la construcción de las salas de cine que hay justo en medio de todo ese complejo industrial para el que, por cierto, la existencia de las vías justo a lado era esencial, ya que por este medio recibía numerosas materias prima para la realización del gas que allí se facturaba.

 


 

Y ahora ya podemos decir que hemos terminado nuestro recorrido fotográfico por el distrito de Arganzuela. Hemos paseado por un distrito con mucha historia y que ha sufrido una reconversión de usos y espacios muy fuerte a partir de la década de los 70. Es evidente que, con todo, es un distrito muy diferente al distrito de Centro, pero que no carece, por todo lo que hemos contado, de identidad propia.

Nuestro siguiente objetivo será el Distrito Tercero o de Salamanca, un distrito donde el Parque del Retiro destaca como el campanario de una iglesia destaca sobre el resto de la iglesia. Un distrito que, como descubriremos, también tiene mucho que aportar a Madrid y que también respira con su propio ritmo. ¡Nos vemos muy pronto!

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Atocha:

Estación de Atocha - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 19] Conociendo mi ciudad: Barrio de Palos de Moguer (Arganzuela)

El barrio de Palos de Moguer está situado justo al norte del barrio de Delicias. Se encuentra delimitado por la Glorieta de Embajadores y la Ronda de Atocha al norte; por la calle de Méndez Álvaro al este; por las calles de Bustamante y Ferrocarril al sur; y por la calle de Embajadores al oeste.

Hay una historia muy curiosa respecto a la denominación de este barrio. Palos de Moguer es un topónimo erróneo, ya que reúne en uno solo dos nombres de municipios onubenses distintos e independientes que distan unos 9 o 10 kilómetros entre sí. Este topónimo erróneo surgió en tiempos de los primeros cronistas de Indias, ya que se esa zona de Huelva salían principalmente los barcos que se dirigían al Nuevo Continente. El topónimo erróneo se propagó a través de documentos oficiales, libros y otras publicaciones. Este error se ha ido subsanando a lo largo del siglo XX, pero como vemos aquí, todavía no se ha arreglado del todo. Ejemplo de esto es el hecho de que el nombre de este barrio procede de la estación de metro, cuyo nombre procede a su vez de una calle. Los nombres de la calle y de la estación de metro fueron cambiado a “Palos de la Frontera” en 1979 y 1986 respectivamente, pero por alguna razón que se me escapa a mí y a muchos otros el nombre del barrio ha continuado inalterado a pesar de las incesantes peticiones del ayuntamiento de Palos de la Frontera.

Comencé mi viaje en la Estación de Chamartín, como siempre, tomando el suburbano hasta la estación de Delicias. Desde allí, tomando el Paseo de las Delicias hacia arriba, es decir, en dirección hacia Atocha, y lo primero que encontramos es una plaza un poco extraña, llamada Plaza de Luca de Tena. En el plano o callejero nos parece una plaza cuadrada normal, pero en la práctica son cuadro plazas separadas por calles, ya que se encuentra en el punto exacto en donde se cruzan el Paseo de las Delicias y la calle de Canarias. Los cuatro espacios resultantes se llenan con parques infantiles, espacios abiernos con bancos para descansar, árboles y demás infraestructuras urbanas asociadas a este tipo de espacios. Si todas las plazas y glorietas son difíciles de fotografíar a ras de suelo, esta lo es especialmente.

Plaza de Luca de Tena – ©JMPhotographia

Siguiendo hacia arriba llega un momento en el que el Paseo de las Delicias se cruza con la calle de las Delicias. En ese punto giré a la derecha para tomar de nuevo hacia el norte la calle paralela, que recibe el nombre de Rafael de Riego. Allí está, como si tuviera un poco de miedo, como tratando de esconderse, la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias.

Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias – ©JMPhotographia

Esta parroquia no es objeto de fama ni posee grandes tesoros artísticos, pero tiene su historia. Fue construida a principios del siglo XVIII en los Jardines del Buen Retiro para que fuera usada por los servidores del Palacio. Era una iglesia pequeña, de una sola nave, y su emplazamiento estaba muy cercano al Estanque de las Campanillas. Sin embargo, con la reforma del Real Sitio del Buen Retiro en 1841, la iglesia desapareció y la parroquia se trasladó a San Jerónimo el Real, incluyendo la imagen de la Virgen de las Angustias, que posteriormente pasó a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha primero y a la Capilla del Cementerio de San Nicolás después.

Como aquella capilla no era el lugar más apropiado para una imagen de la Virgen, se realizó la compra de un solar cerca del Paseo de las Delicias, zona todavía no colonizada por edificios y construcciones, y se construyó una pequeña capilla en 1924. Tras la Guerra Civil tuvo que ser reconstruida, y en los años sesenta se amplió con la construicción de dos edificios contiguos. En su interior su arquitectura y su decoración son muy sencillos.

Una vez vista la fachada exterior de la iglesia tomé la siguiente calle que hay al norte de la manzana que es la calle de Murcia. Gracias a ella me desplacé de nuevo hacia el oeste pasando cruzando el Paseo de las Delicias hasta llegar al otro gran paseo del barrio: el de Santa María de la Cabeza. Justo al cruzar el Paseo de las Delicias me encontré con la fachada del Hotel Carlton, con una decoración muy curiosa y que me llamó bastante la atención.

Una vez en el Paseo de Santa María de la Cabeza nuestro recorrido se dirige en dirección suroeste hasta la glorieta del mismo nombre. Justo en mitad de este recorrido aparece a nuestra derecha el edificio de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS), que tiene toda la pinta de un hotel, o eso a mí me pareció. Esta empresa municipal resultó del fruto de dos empresas municipales, la de la vivienda y la del suelo. Entre sus objetivos está, evidentemente, facilitar el derecho a una vivienda adecuada de la población madrileña, contando con programas de adjudicación de viviendas y programas sociales para ayudar a personas en situaciones de vulnerabilidad. También fue la encargada de erradicar el chabolismo de Madrid

Sin embargo, su mayor fama se debe a las maniobras políticas de la alcaldesa Ana Botella, quien utilizó esta empresa para la venta de viviendas sociales a fondos buitre.

El final de este tramo en dirección suroeste es la Glorieta de Santa María de la Cabeza, la plaza vial circulatoria donde se cruzan en aspa el Paseo de Santa María de la Cabeza y la calle de Embajadores. Además de estas dos grandes vías, también acuden a su encuentro con la glorieta las calles del Ferrocarril por el este y el Paseo del Doctor Vallejo Nágera por el oeste, si bien este último es, a esa altura, un paseo peatonalizado que ya tuvimos la oportunidad de recorrer hace poco.

Glorieta de Santa María de la Cabeza – ©JMPhotographia

A partir de aquí subimos por la calle de Embajadores en dirección a la glorieta del mismo nombre, -esto es un déjà,,  vi-, la plaza circular más grande e importante de este barrio pero que, al ser también parte del barrio de Embajadores, ya tratamos en en el capítulo que dedicamos a ese barrio. Sin embargo, antes de llegar a la Glorieta de Embajadores hice un pequeño desvío para pasar por la calle de Bernardino Obregón y pasar por delante de la Sala Caracol.

Esta sala es una de las más carismáticas de Madrid, un lugar de encuentro con todo tipo de música donde se han realizado más de 4 mil conciertos desde hace más de 25 años.

Y terminamos el recorrido por el barrio de Palos de Moguer con un último tramo que va desde la Glorieta de Embajadores hacia Atocha por la Ronda de Atocha, donde vamos a encontrarnos con otra mítica sala de conciertos y con una iglesia.

La primera es el Teatro Circo Price, situado en el número 35 de la citada Ronda de Atocha. Este es un edificio nuevo que recuerda y, en cierto modo, homenajea, -aunque sea únicamente por el nombre-, a otro edificio o idea con mucha historia.

Teatro Circo Price – ©JMPhotographia

El Circo Price fue un circo creado en 1853 por un jinete irlandés llamado Thomas Price, -si, esto leédmelo como suena en inglés, por favor-, y quedó instalado en un primer momento en el Paseo de Recoletos, aunque fue unos años más tarde cambiada su ubicación a la Plaza del Rey como recambio a otro circo, el Circo Olímpico que se encontraba en esa ubicación, -y este a su vez había cogido el testigo de otro circo más, el Teatro del Circo.

En noviembre de 1962 las instalaciones del Circo Price comenzaron a ser utilizadas para otros ámbitos culturales. Nacieron así los llamados “Matinales del Price”, una serie de conciertos de música pop que se llevaban a cabo los domingos por la mañana. Fue una iniciativa pensada y ejecutada por Pepe Nieto y su hermano Miguel Ángel, el primero batería del grupo Los Pekenikes, el segundo periodista. Aquello matinales se hicieron famosos y aún son recordados por el gran éxito que supusieron, tanto de éxito entre los jovenes asistentes como de participación de grandes artistas como Miguel Ríos, -por aquel entonces Mike Ríos-, Albert Hammond, etc. La cancelación de estos matinales, -solo fueron 29-, propició el inicio del lento declive del circo, que falto de público tuvo que echar el cierra en 1970, por lo que fue vendido y derribado.

El edificio actual del que estamos hablando, es un mero recuerdo onomástico de aquel recordado Circo Price. Fue inaugurado en 2007 como una iniciativa del Ayuntamiento. Se trata de un circo estable que puede ser adaptado para teatro, sala de conciertos, taller y sala de exposiciones que cuenta con una capacidad para 2 mil espectadores.

Un poco más hacia la Plaza de Carlos V, -Atocha para enterdernos mejor-, está la Parroquia de María Auxiliadora, que será el punto final de nuestro recorrido por el barrio de Palos de Moguer. Esta iglesia, situada en el número 25, no parece en absoluto una iglesia, si no fuera por la imagen colgada en la fachada de un edificio colateral. En realidad, podría pasar por un edificio administrativo, por la sede de alguna corporación o incluso por un instituto de secundaria grande. No hay una gran cruz al alcance de la vista, y tampoco se ven campanas encerradas en torres, ya que en este caso sus torres no son más que dos pequeñas cornisas sin ninguna pretensión.

Parroquia de María Auxiliadora – ©JMPhotographia

 


 

Y hasta aquí nuestro recorrido fotográfico por el barrio de Palos de Moguer, un barrio no excesivamente grande pero si musical, con calles más bien rectas que confirman la transición que supone el barrio de Embajadores respecto a las calles desordenadas del centro más histórico de la ciudad.

Ya sólo nos queda un único barrio para terminar nuestro segundo distrito. Arganzuela se termina bajo nuestros pies y ante el objetivo de mi cámara. En el próximo capítulo estaré pateando el alargado barrio de Atocha, o lo que es lo mismo, -como diría el mismo Rajoy-, el barrio que está tras la línea que forma la calle de Méndez Álvaro, antigua calle del Sur, debido a su orientación. Nos espera la muy famosa Estación de Atocha, el espacio que se come todo el protagonismo del barrio, pero también la Estación Sur de Autobuses y otros edificios que están cerca pero a este lado del ramillete de vías de ferrocarril.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Delicias:

Plaza de Luca de Tena - ©JMPhotographia

 

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El contraste en la fotografía en blanco y negro

Todos sabemos que la fotografía recorrió sus primeros pasos en un mundo que era en blanco y negro. Fue este un mundo que llegó a hacerse mágico, a contar historias maravillosas, algunas incluso perfectas, que fueron contadas por fotógrafos que llegaron a hacerse expertos en ese recién creado lenguaje que era la fotografía en blanco y negro.

La fotografía se expresa a través de diferentes contrastes, en realidad, prácticamente cualquier tipo de contraste que se nos pueda ocurrir tiene su efecto en la fotografía. Si pensamos en la fotografía en color, la luz y las sombras conforman un contraste; lo saturado y lo no saturado forma otro contraste: lo que contiene líneas y lo que no contiene líneas forma otro contraste; el espacio lleno y el espacio vacío forma otro contraste; el mar y la tierra forman otro contraste; lo circular y lo no circular forma otro contraste, y así podríamos mencionar cualquier cosa que, mediante una oposición se diferencia con otra cosa genere contraste.

El contraste fija las formas – ©JMPhotographia
El contraste de tono a veces también coincide con un contraste de posición – ©JMPhotographia

En la fotografía en blanco y negro el más importante de todos los contrastes es el que se ocasiona con el blanco y el negro, aprovechando toda la amplia gama de grises intermedios que se generan entre los dos extremos.

Pero antes de entrar en materia, digamos alguna cosa más sobre la fotografía en blanco y negro. A pesar de que antes era el único tipo de fotografía que se podía hacer, hoy es casi como un género de fotografía dentro de un amplio abanico de géneros fotográficos. Evidentemente, esto no es realmente así, ya que podríamos tratar el blanco y negro como un código más que como un género fotográfico. El blanco y negro es un código en el que se expresan los fotógrafos, un código que contiene infinidad de géneros fotográficos, exactamente como ocurre con la fotografía en color.

La fotografía monocromática, donde realmente sólo hay un color, el gris, plasmado en múltiples intensidades variables; es atemporal, ya que nunca ha pasado ni pasará de moda. Siempre ha contado con ingentes cantidades de fotógrafos entusiastas que lo han amado, desarrollado y entendido como una forma íntima de expresarse, y muy versátil además, ya que podemos desarrollar la fotografía monocromática en retratos, paisajes, fotografía urbana, macro, fotografía social o de arquitectura.

El contraste marca las líneas y el ritmo (las repeticiones) – ©JMPhotographia
El contraste ayuda a modelar la cara y da fuerza a la mirada – ©JMPhotographia
El contraste puede ser un aliado de la fotografía artística e imaginativa… – ©JMPhotographia

La propia naturaleza de la fotografía del blanco y negro, donde no existen las distracciones propias del color, convierte a esta en algo más emocional y primitivo, donde hay otras prioridades para la vista y la percepción. Aquí la línea y las formas geométricas alcanzan un grado de pureza que es imposible percibir en color. Los retratos en blanco y negro tienen mayor fuerza porque aumentan la carga emocional que transmiten a quien los mira, refuerzan la nostalgia y el instinto animal que emana de la persona retratada y que llega sin perder un gramo de carácter a la persona que mira.

En blanco y negro el grano o ruido que se genera al subir el ISO de nuestra cámara se notará un poco más, pero eliminarlo o minimizarlo de nuestras fotografías no tiene que ser un quebradero de cabeza que nos traiga por el camino de la amargura, ya que el grano (ahora llamado ruido) es también más aceptable en este tipo de fotografía. Algo similar podríamos decir de los días nublados, que con ese aire tristón y melancólico resultan ser días muy buenos para hacer fotografía en blanco y negro.

Y, por último, por no alargar más esta publicación, otro elemento muy importante de la fotografía que se hace más grande en el tratamiento en blanco y negro de la imagen es la composición. Efectivamente, la ausencia del color debe servirnos para ahondar más en cómo y de qué manera fijamos nuestra atención a la hora de realizar nuestros encuadres. Consciente o inconscientemente, como fotógrafos de blanco y negro buscamos líneas, patrones repetitivos, texturas y si, el contraste de las cosas, de casi todas.

…y también para el mundo onírico y de las sombras – ©JMPhotographia
Incluso funciona bien en Carlos Moraleda – ©JMPhotographia

Me he decidido a escribir esta publicación dedicada al contraste en la fotografía en blanco y negro porque hoy en día veo muchas fotos monocromáticas que no usan para su propio beneficio el contraste. Evidentemente cada uno tiene su gusto y lo que yo cuento aquí es el mío. Seguramente no será difícil ponerse de acuerdo en qué cantidad mínima de contraste necesitan las fotos. Seguramente también yo siempre vaya un poco más allá de lo que puedan ir otros.

A mí me gustan las fotos contrastadas, y eso a pesar de que mayor contraste conlleva mayor pérdida de información en los negros. Sin embargo, considero que la naturaleza del blanco y negro es el contraste, incluso a veces hasta llegar a la silueta. Si hoy podemos hacer fotos en color y en blanco y negro, nada hay de malo en contrastar el blanco y negro incluso perdiendo información, “el blanco y negro es así” para mí.

Si a vosotros no os gusta este contraste y preferís fotos en las que haya mucha información tanto en las luces como en las sombras, no pasa absolutamente nada. No estáis haciendo nada mal, sólo estáis siendo fieles a la cultura visual que os agrada más y que, en mi opinión, es menos independiente de la cultura del color, pero no por ello mejor ni peor que el blanco y negro más tradicional.

Para mí, una foto en blanco y negro jamás será una foto en color pasada a blanco y negro. La fotografía le debe muchísimo al blanco y negro, y aunque a algunos no les guste por algún tiempo de aversión o modernismo mal entendido; creo que el blanco y negro tiene que conservar su propia identidad, ya que tiene capacidades exclusivas para contar verdades.

Fotografía con poco contraste – ©JMPhotographia
Fotografía con más contraste – ©JMPhotographia

 



 

[Cap. 18] Conociendo mi ciudad: Barrio de Delicias (Arganzuela)

Continuamos nuestro recorrido por Madrid adentrándonos en el barrio de Delicias. Este barrio está situado en el centro del distrito de Arganzuela y es el único barrio del distrito que no tiene límites con otro distrito distinto, sino únicamente con otros barrios de Arganzuela. Está delimitado por las calles de Bustamante y de Ferrocarril por el norte; por la calle de Méndez Álvaro al este; por las calles de Bolívar, del Bronce y por la Avenida del Planetario al sur; y por las calles de Embajadores y de Delicias al oeste.

La historia de este barrio está íntimamente ligada al del barrio de Legazpi, ya que se urbanizó al mismo tiempo pasando de ser un terreno rural a ser un terreno urbanizado hacia mediados del siglo XIX gracias a la inauguración de la estación de ferrocarril de las Delicias, sin olvidar la influencia de la otra gran estación de trenes de la ciudad, la de Atocha, que se inauguró unos treinta años antes.

Con la construcción de la Estación de Príncipe Pío, -anteriormente llamada Estación del Norte-, el barrio quedó en buena manera aislado del resto de la ciudad debido al tendido de las vías que atravesaban todo el sur de la ciudad y que no fueron soterradas hasta los años 80 del siglo pasado. Todo ello ocasionó que el desarrollo del barrio durante la segunda parte del siglo XX y la primera mitad del siglo XX fuera eminentemente industrial, colmado de fábricas e industrial metalúrgicas, químicas, de artes gráficas, de papel y cartón, madereras, etc.

El cierre de la Estación de Delicias en el final de los años 60 provocó un decaimiento de las actividades hoteleras e industriales de la zona, algo que se aceleró aún más en los años 80. Las fábricas e industrias dieron paso a una reconversión de la zona, ahora destinada a usos residenciales. Viven en el barrio de Delicias más de 27 mil personas.

Seguimos el recorrido en el punto donde terminamos el capítulo anterior, esto es, en el Planetario de Madrid, en pleno parque de Enrique Tierno Galván. Muy cerca de allí, hacia el norte, se encuentra el monumento a Enrique Tierno Galván, popular alcalde socialista de la ciudad de Madrid entre los años 1979 y 1986.

El monumento consta de una estatua en bronce con pedestal de granito inscrito en una construcción columnada semicircular que supongo que también será de granito. Fue erigido por subscripción popular el 15 de mayo de 1988, siendo promovido por la Federación Regional de Vecinos.

Monumento a Enrique Tierno Galván – ©JMPhotographia

La estatua es obra del escultor madrileño Francisco López. Se trata de una estatua realista en la que se representa al alcalde de pie, vestido con traje y en actitud de leer uno de sus conocidos bandos, con un papel en la mano derecha y usando el brazo izquierdo para la gesticulación.

A espaldas de este monumento se abre un espacio triangular a modo de parterre con flores, senderos geométricos, árboles y bancos que confluye al norte en una rotonda o plaza circular cuyo centro está ocupado por lo que parece una fuente con visos de no haber estado en funcionamiento desde hace bastante tiempo. En torno a esa plaza circular se cierne una pasarela que va aumentando de altura a medida que rodea el espacio circular y que conduce por un lateral del parque hacia la explanada donde está situado el Planetario.

Edificio Arnaiz&Partners – ©JMPhotographia

Al norte de la pasarela circular hay una pequeña porción del Parque de Enrique Tierno Galván que desemboca en la calle de las Nebulosas, que conduce más hacia el norte hasta una nueva pasarela peatonal circular que se bifurca en dos direcciones: bien al noreste bien al suroeste. Tomando la dirección noreste y girando a continuación a la derecha pasamos por detrás del nuevo edificio de Repsol. Girando a la izquierda por la calle de Oriana accedemos a la calle de Méndez Álvaro.

Caminando por la calle de Oriana queda a nuestra izquierda el edificio de Repsol y a la derecha un edificio bastante llamativo que parece algo así como un edificio coronado por un birrete de licenciado, de esos que nos ponen en las orlas tras aprobar todas las asignaturas de nuestras carreras universitarias. Se trata del edificio de Arnaiz&Partners, una empresa consultora de servicios técnicos. Un edificio muy moderno en cuanto a su diseño y que nadie que lo vea lo puede pasar por alto.

En la calle de Méndez Álvaro vemos la grandiosidad de la nueva sede central de Repsol, llamada Campus Repsol, diseñada por Rafael de la Hoz Castanys. Este edificio tiene la misma extensión que el Monasterio de El Escorial y un jardín interior central que equivale al espacio de un campo de fútbol.

El complejo está formado por cuatro edificios en torno a ese amplio jardín interior. Es un edificio bastante vistoso con fachadas de cristal dotado de las últimas tecnologías de optimización de recursos, algo que hace de él lo que se llama un “edificio inteligente“, pues fue diseñado con criterios de sostenibilidad y plena accesibilidad para personas con capacidades limitadas.

Campus Repsol – ©JMPhotographia

Un poco más al norte está la Plaza del Amanecer, espacio urbano que atravesamos para volver a recorrer la pasarela peatonal circular de la que hemos hablado hace unos momentos y tomar esta vez la dirección suroeste que nos lleva a las calles aledañas a la antigua Estación de Delicias. Cuando la pasarela, -ya recta-, toma tierra, atravesamos la única vía de tren que se ha dejado de todas las que antes conducían a la estación. Es una especie de pequeño homenaje que conduce nuestra mirada hacia el edificio del que antiguamente entraban y salían numerosos trenes que conducían a diversas personas a diferentes destinos.

Atravesé un par de calles hasta llegar a la calle de Tomás Bretón que, tomada en dirección norte, me acercó a la antigua estación, convertida desde hace un tiempo en Museo del Ferrocarril. Este museo, al cual no entré, ya que no estoy entrando a los museos que voy recorriendo, -algo que haré más adelante en algo así como un anexo a toda esta obra; fue inaugurado en 1984 y desde entonces está gestionado por la Fundación de Ferrocarriles Españoles. Pero antes de hablar del museo, hagamos un poquito de historia.

Museo del Ferrocarril – ©JMPhotographia

La Estación de Delicias fue la primera estación de tren construida con estructura metálica. Su arquitecto fue el francés Émile Cachelièvre. Fue construida en tan solo 11 meses para ser la estación término de la línea de Madrid a Ciudad Real, que después continuaba hacia el este hasta llegar a Badajoz y a la frontera portuguesa. Aquella línea quedó inaugurada en febrero de 1879, y la propia estación lo fue en marzo del año siguiente. La obra la llevó a cabo la Compañía de Caminos de Hierro de Ciudad Real a Badajoz, empresa que fue absorvida ese mismo año por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante. Esta compañía tenía su sede en la Estación de Atocha, por lo que quería deshacerse de la Estación de Delicias. Tras las negociaciones que se llevaron a cabo, la Estación de Delicias pasó a manos de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal.

La estación fue finalmente cerrada al tráfico de viajeros en 1969 y al tráfico de mercancías en 1971, año a partir del cual comenzaron a desaparecer algunos de los inmuebles que formaban parte de su patrimonio industrial. Sin embargo, desde los años 30 del siglo XX, las diversas compañías ferroviarias existentes en nuestro país habían comenzado a recopilar objetos relacionados con los trenes. En 1948, al producirse el centenario de la primera línea ferroviaria entre Barcelona y Mataró, se organizó una exposición conmemorativa que reunió locomotoras y otros objetos pertenecientes al mundo del ferrocarril y que precipitó el interés por crear un verdadero museo ferroviario. Esta idea comenzó a estudiarse seriamente en 1964 con motivo de otro centenario de los trenes: esta vez el de las líneas entre Madrid y Zaragoza y entre Madrid e Irún.

Antigua Estación de Delicias – ©JMPhotographia

El Museo del Ferrocarril se abrió finalmente en 1967, siendo el primer museo dedicado a los trenes de toda España, pero no estaba ubicado en la antigua Estación de Delicias, que todavía estaba en funcionamiento, aunque sólo le quedaban cuatro años de dejar de funcionar en aquella fecha. El Museo, que contaba con pequeños objetos, maquetas y grabados -no con locomotoras a tamaño real-, se trasladó del Palacio de Fernán Núñez a la Estación de Delicias en 1983. Este traslado, con toda lógica, permitió incluir entre los activos del museo la exhibición de trenes reales.

Al otro lado del Paseo de las Delicias y a través de la calle del General Palanca llegamos a la sede del ICAE, cuya fachada principal da a la calle de la Batalla del Salado. Las siglas ICAE significan “Intervención Central de Armas y Explosivos”. Y me hubiera gustado saber lo que significaban cuando fui a visitarlo. Lo había puesto en mi lista porque había leído por ahí que era un edificio bonito, pero llegué allí sin tener ni idea de que el edificio estaba relacionado directamente por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Estando allí tuve unas palabras con un joven guardia civil que me preguntó por qué estaba haciendo fotos.

Lo cierto es que me tomé un poco mal su actitud y casi termino en el cuartel identificándome y todo lo demás que me requiriesen, pero todo cambió cuando le dije a aquel guardia civil de paisano que estaba haciendo fotos para un blog en el que iba relatando mis recorridos por la ciudad que me vio nacer. Aquello, -y esto fue muy sorpresivo para mí-, cambió toda la situación y la conversación se suavizó tanto que al final los dos parecíamos casi viejos amigos.

Sé que hacer fotos a ciertos edificios es problemático si no está directamente prohibido. Ya he estado cerca del Cuartel General del Ejército y tengo aprendidas estas cosas. Evidentemente, mi error fue no haber estudiado antes de llegar allí la naturaleza del edificio. Aunque seguramente eso no me hubiera impedido llegar allí y hacer un par de fotos igualmente, y todo se habría desarrollado como se desarrolló.

Sede del ICAE – ©JMPhotographia

Si me está leyendo aquel joven guardia civil de paisano, quiero reiterarle mis disculpas si le respondí mal o desconfié de lo que me estaba diciendo. Entiendo perfectamente que la Guardia Civil tiene que hacer sus cosas y preservar su seguridad y la de todos nosotros. Confieso que yo, en aquel momento, también estaba velando por mi seguridad y por mi cámara, porque nunca sabe uno donde están los desaprensivos que quieren darte un disgusto.

Siguiendo la calle de la Batalla del Salado en dirección norte hasta dar con la calle del Ferrocarril y tomando ésta a la derecha, en dirección este, nos topamos casi de frente con la Estación de Cercanías de Delicias, que nunca deberíamos confundir con la antigua estación de la que hemos hablado hace un momento. La estación abrió sus puertas y sus vías en 1996, y en ella tienen parada los trenes que circulan por las líneas C-1, C-7 y C-10. Es una de las muy pocas estaciones del sistema de Cercanías de Madrid que no tienen enlace directo con una estación de Metro, y eso a pesar, -en este caso particular-, de que existe una estación del suburbano con el nombre de Delicias, cuyos accesos están a unos 120 metros de distancia.

La calle de Ramírez del Prado corre paralela a la fachada norte de la estación de Cercanías en dirección a la ya visitada Plaza del Amanecer. Mucho antes de llegar a esa plaza, -y mucho más cerca de la estación de Cercanías-, está el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, ubicado en una antigua fábrica de Cervezas El Águila.

Archivo Regional de la Comunidad de Madrid – ©JMPhotographia

El Archivo Regional de la Comunidad de Madrid guarda la documentación generada por la administración autonómica de la Comunidad de Madrid y también los documentos propios del archivo histórico de la antigua diputación de Madrid, desaparecida en 1983 al constituirse la Comunidad Autónoma. También es el custodio de otros archivos históricos de varios municipios de la región, entre ellos algunos de gran importancia histórica documental como el de Alcalá de Henares, el de Aranjuez, el de Chinchón o el de El Escorial. También hay archivos privados de carácter personal y empresarial y de antiguas instituciones religiosas y benéficas.

En los terrenos de la antigua fábrica de Cervezas El Águila se encuentra también la Biblioteca Regional Joaquín Leguina, abierta en 2002 conmemorando al primer presidente de la Comunidad de Madrid. Esta biblioteca es el primer centro bibliográfico de la Comunidad de Madrid, cuya misión es reunir, conservar y difundir el patrimonio en materia bibliográfica de Madrid, incluida toda la producción, impresa o producida por cualquier procedimiento o en cualquier soporte. También es el lugar donde se ubica el Depósito Legal de la Comunidad de Madrid, institución en la que se reciben con carácter obligatorio todos los ejemplares de publicaciones y producciones artísticas y de divulgación y de cualquiera otra índole que se producen en la Comunidad de Madrid.

Curiosamente, en esta última faceta, es un lugar que visité junto a mi hermano Carlos Moraleda hace no mucho tiempo con motivo de dejar un ejemplar del disco de El Jardín de María.

La fábrica de Cervezas El Águila fue inaugurada en 1914 bajo el diseño del arquitecto Eugenio Jiménez Correa, aunque posteriormente fue ampliada gracias a Luis Sáinz de los Terreros, que dotó al complejo de cocheras, diferentes módulos y una heladora. Estuvo en servicio hasta 1985, momento en el que cerró y quedó sin uso.

Antigua fábrica de Cervezas El Águila – ©JMPhotographia

El reacondicionamiento del espacio para albergar las instalaciones de la Comunidad de Madrid corrió a cargo de los arquitectos Emilio Tuñón Álvarez y Luis Moreno Mansilla. El complejo reabrió en 2002, fecha en la que comenzó el funcionamiento de la Biblioteca Regional. Un año después se inauguró el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid.

 


 

Y hasta aquí el recorrido por el barrio de Delicias. Al igual que el barrio de Legazpi, cuyo principal elemento caracterizador es el Parque de Enrique Tierno Galván, este barrio está muy vinculado a la antigua Estación de Delicias, actualmente convertida en Museo del Ferrocarril. Lo de este museo suena muy bien, ¿no? Creo que habría que hacer una visita dentro de poco.

Ya vamos terminando nuestro recorrido fotográfico por el distrito de Arganzuela. El siguiente capítulo se lo dedicaremos al barrio de Palos de Moguer y, tras visitarlo, únicamente nos quedará otro barrio para terminar con todo el distrito y poder encarar nuevos destinos.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Delicias:

Monumento a Enrique Tierno Galván - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 17] Conociendo mi ciudad: Barrio de Legazpi (Arganzuela)

El barrio de Legazpi está situado al sureste del distrito de Arganzuela configurándose en torno al “pico” que rodea al sur la autopista de circunvalación M-30. Debe su nombre, -como ya explicamos en el capítulo anterior en relación a la Plaza de Legazpi-, al conquistador vasco Miguel López de Legazpi. Su territorio está delimitado por las calle del Vado de Santa Catalina, la calle de Bolivar, la calle del Bronce, el límite norte del Parque de Enrique Tierno Galván y la Avenida del Planetario al norte; la calle de Méndez Álvaro al este; la autopista de circunvalación M-30 al sureste y el Río Manzanares y la propia M-30 al sureste.

El barrio de Legazpi fue una zona rural hasta casi el final del siglo XIX, momento en el que con la construcción de la Estación de Delicias -actualmente preservada como Museo del Ferrocarril-, la zona se fue llenando de fábricas y almacenes. La zona aledaña al río estuvo ocupada por huertas hasta 1970 y por una barriada que también desapareció con la construcción de la M-30. Desde los años treinta hasta los años ochenta del siglo XX estuvo en el barrio el Mercado Central de frutas y verduras, una instalación que, junto con el Matadero del vecino barrio de La Chopera, convirtió a esta zona sur de la ciudad como la principal despensa de la toda la ciudad. Este mercado desapareció en los años ochenta al construirse un poco más al sur la sede de Mercamadrid. Igual que ocurre en prácticamente todos los barrios del distrito de Arganzuela, toda la zona se reconvirtió desde usos industriales a usos residenciales a los largo de la segunda parte del siglo XX.

Una parte importante del barrio lo ocupa de Parque de Enrique Tierno Galván que fue construido sobre los terrenos del antiguo Cerro de la Plata en 1986. Cerca de 26 mil personas viven en el barrio de Legazpi.

El recorrido por el barrio de Legazpi comenzó en la Plaza de la Beata María Ana de Jesús, el lugar donde terminamos el capítulo anterior. Bajando por la calle de Embajadores y a la altura de su cruce por la Avenida del Planetario encontramos la Parroquia de los Santos Inocentes. Se trata de una iglesia de construcción moderna y, por tanto, ajena a los cánones clásicos en lo que respecta a su planta, que no es de cruz latina ni de cruz griega: es un templo circular, aunque con salientes en los costados para las salas auxiliares. Parece ser que hay un proyecto para ampliar el templo en altura. Los domingos a las 11.30 hay misa para niños y los primeros domingos de cada mes se realiza una bendición de embarazadas.

Parroquia de los Santos Inocentes – ©JMPhotographia

Andando un poquito más hacia el sur por la calle de Embajadores y cambiándonos de acera llegamos al Centro Deportivo Municipal Circuito BMX. Estamos ante un edificio parecido a un polideportivo que, en realidad, es un monodeportivo, ya que el único deporte que se puede practicar es el BMX. La pista, inaugurada en 2010 tras la inversión de unos 4 millones de euros fue cerrada el 1 de julio de 2017 para realizar unas obras de reacondicionamiento y mejoras, sin embargo, no comenzaron a realzarse estas obras hasta el mes de octubre ante el estupor de los amantes de este deporte, que hicieron la presión necesaria para que se aceleraran los trabajos y pudiera reabrirse el complejo.

Este centro no es un centro cualquiera, es la pista de BMX más grande de Europa y sirve para entrenamiento de los profesionales que tenemos en nuestro país y que aspiran a ir a las Olimpiadas de Tokio en 2020. La construcción se llevó a cabo sobre un descampado que era propiedad del Ayuntamiento y que venía siendo utilizado como aparcamiento ilegal. La pista tiene 8 carriles, cuestas, curvas y todo lo que necesitan los practicantes del BMX. También hay vestuarios, oficinas, control de acceso y un pequeño graderío para 800 personas que se podría ampliar hasta casi duplicar este número. Está previsto que el Ayuntamiento ceda la gestión del complejo a la Federación Madrileña de Ciclismo para que pueda usarse para organizar torneos regionales, nacionales e incluso internacionales. Actualmente, pude comprobar que ya está en marcha una escuela para introducir en este deporte a los más jóvenes.

Circuito BMX Arganzuela – ©JMPhotographia

Cruzando la calle de Embajadores y tomando la calle de Puerto Serrano llegamos hasta una de las entradas del Parque de Enrique Tierno Galván, del que ya no saldremos en todo lo que resta de este capítulo. Estamos hablando de un parque urbano de un tamaño considerable en relación con el barrio del que estamos hablando, y el barrio de Legazpi es uno de los más grandes de todo el distrito de Arganzuela. Tiene un total de 45 hectáreas. Recibe su nombre de Enrique Tierno Galván que fue el alcalde bajo el mandato de quien, en 1986, comenzó su construcción.

Como parque de considerable tamaño, cuenta en su interior con varios ambientes y paisajes, además de importantes edificios como el antiguo cine del sistema IMAX, un teatro al aire libre y el planetario de la ciudad. Está situado en un cerro que antiguamente recibía el nombre de Cerro de la Plata, según parece por contraposición a la carbonilla que salía procedente de las locomotoras de los trenes de vapor que salían y entraban en las estaciones circundantes de Atocha y Delicias.

En el parque, además de paseos entre árboles y pájaros, se pueden encontrar otros entretenimientos como un carril bici, pistas de volleyball, zonas de juegos infantiles y hasta un pequeño campo de minigolf.

Zona de las lagunas del Parque de Enrique Tierno Galván

De todas las zonas que ofrece el parque la primera que visité fueron las lagunas. Están ubicadas junto al trazado de la M-30 y son un total de cuatro estanques artificiales que cuentan cada uno con un elegante chorro de agua. Además, estos cuatro estanques forman un todo ya que están unidos entre sí por medio de unas pequeñas cascadas. Todo el espacio está rodeado de césped y árboles, lo que convierte a este lugar en un sitio idóneo para pasar tiempo con la familia, tomando el sol y descansando, aunque desconozco si está permitido hacer picnics. En las lagunas es habitual la práctica del modelismo naval.

Las lagunas están en la parte de abajo del parque, pero éste cuenta también con una parte alta, la del antiguo Cerro de la Plata, en la que hay dos o tres puntos establecidos como miradores, ya que disponen de tomavistas, en los que podemos divisar desde lo alto toda la parte Sureste de Madrid transcircunvalación (neologismo, jajaja).

En esta parte alta se suele ver mucha gente entrenando, corriendo y haciendo estiramientos con la ayuda de los árboles que hay allí, -y que no se mueven-, que son principalmente coníferas, álamo, algún enebro y algunas moreras

Auditorio al aire libre del Parque de Enrique Tierno Galván – ©JMPhotographia

Aprovechando el declive del terreno por el otro lado, es decir, por la ladera noroeste del cerro, se construyó un auditorio al aire libre al más puro estilo de un teatro griego. Este Epidauro madrileño, teatro que no anfiteatro como veo escrito aquí y allí -recordemos que un anfiteatro es un edificio cerrado, pues se forma al oponer dos teatros uno frente a otro, de ahí el nombre-, tiene unas gradas de hormigón coronadas por el verdor del césped bien cuidado que dan una capacidad de 5.000 personas. No se ha utilizado mucho, pero si se han realizado allí eventos ocasionalmente y festivales como el Brunch in the Park, así como para la realización de actos políticos y de otro tipo.

Después del teatro y dirigiéndome hacia el sur este, hacia la calle de Méndez Álvaro, me encontré con el viejo cine IMAX, un edificio que llama la atención de cualquier por su aspecto modernista y atractivo. IMAX es un acrónimo de las palabras inglesas image y maximum que denomina a un formato de cinta de video y estándar de proyección cinematográfica que fue creado por la compañía canadiense IMAX Corporation. Su característica principal es que ofrece imágenes de mucho más tamaño y resolución que los sistemas de reproducción convencionales.

Cine IMAX de Madrid – ©JMPhotographia

En el caso del Cine IMAX de Madrid hay que decir que lleva cerrado desde 2014 debido a la caída en picado de espectadores, caso que ha acontecido también en la sala de Barcelona. De todos los cines con esta tecnología que se instalaron en España solamente quedan dos salas, una ubicada en Leganés y otra en Palma de Mallorca. Una de las causas de que la tecnología IMAX esté decayendo en todo el mundo es que no ha habido ningún avance tecnológico en los proyectores, cosa que si se ha producido con otro tipo de representaciones cinematográficas más convencionales. En otros países la tecnología IMAX tiene mejores cifras de espectadores y de beneficios, particularmente en China, pero en general y a nivel mundial, IMAX está dejando de dar un beneficio que nunca logró obtener en España.

El futuro del edificio del cine IMAX del Parque de Enrique Tierno Galván está en el aire. Se han pensado en algunos usos para él, principalmente el de un espacio polivalente para celebrar eventos para empresas o conciertos.

Volviendo a las entrañas del parque y caminando en dirección noreste llegamos quizá al edificio más paradigmático del Parque de Enrique Tierno Galván: el Planetario de Madrid. Tanto es así que muchos conocen al parque como Parque del Planetario. Y nada es más característico que ese iglú gigante de blanco radiante a los ojos de madrileños y visitantes.

El Planetario de Madrid es obra del arquitecto Salvador Pérez Arroyo. Ofrece sesiones individuales y grupales sobre aspectos de divulgación de la astronomía.  El Planetario fue inaugurado en 1986, por lo que tiene la misma antigüedad que el propio parque en el que está inscrito. Tiene varias salas dedicadas a la astronomía, siendo la sala principal la sala esférica que es utilizada para la proyección de las estrellas en su techo abovedado y que vemos por fuera con forma de gran iglú blanco.

Planetario de Madrid – ©JMPhotographia

Además, el Planetario ofrece a sus visitantes diferentes exposiciones de contenido científico. Por lo que sé, el acceso es gratuito, lo que implica que el visitante puede recorrer con total libertad las exposiciones de imágenes astronómicas y las maquetas que allí se muestran durante el horario en el que está abierto.

Durante los años 2016 y 2017 fue renovado y actualizado gracias a un compromiso entre el Ayuntamiento y la Obra Social “La Caixa”. La sala principal tiene un techo semiesférico de 17,5 metros de diámetro que sirve de pantalla para el proyector de estrellas y una capacidad para 245 personas en su interior. Además, hay una torre de 28 metros de altura con una cúpula de 3 metros de diámetro donde se sitúa un telescopio de 150mm de abertura y una distancia focal de 2.25 metros.

 


 

Y con estos datos técnicos terminamos aquí este capítulo dedicado al barrio de Legazpi. Un barrio dominado por un parque con muchos atractivos y muchos usos. Un barrio grande y diferente, el final de muchas cosas y el principio de alguna otra como el Parque Lineal del Manzanares.

En el siguiente capítulo visitaremos el barrio de Delicias y dentro de él el Museo del Ferrocarril, situado en la antigua Estación de Delicias, la sede de REPSOL en la calle de Méndez Álvaro, la sede del ICAE (Intervención Central de Armas y Explosivos) y el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, entre otros sitios.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Legazpi:

Parroquia de los Santos Inocentes - ©JMPhotographia

 

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[Cap. 16] Conociendo mi ciudad: Barrio de La Chopera (Arganzuela)

El barrio de La Chopera supone la prolongación del barrio de Las Acacias a lo largo de la ribera norte del río Manzanares. Sus límites son la Glorieta de Santa María de Cabeza al norte; la calle de Embajadores, la Plaza de la Beata María Ana de Jesús y el Paseo de las Delicias al este; la Plaza de Legazpi, la calle del Vado de Santa Catalina y el río Manzanares por el sur; y el Puente de Praga y el Paseo de Santa María de la Cabeza por el oeste.

Es curioso y, a la vez, algo que muchos madrileños no saben, que gran parte de los que hoy es el barrio de La Chopera lo ocupaba una isla dentro del río Manzanares. Esto es, de hecho, algo inimaginable en la mente de muchísimos madrileños que tenemos una imagen de nuestro río como de algo débil y flacucho. Sin embargo, Carlos III pensó en el río Manzanares como una vía de transporte muy útil para el comercio y por ello aprobó un plan para construir un canal en el Manzanares que hiciera navegable el río hasta el Tajo y de allí hasta Sevilla y después hasta el Océano Atlántico. De todo ese proyecto sólo se realizó obra hasta Rivas-Vaciamadrid y poco a poco, -sobre todo tras la llegada del ferrocarril-, se fue poniendo todo eso en el olvido.

El río Manzanares a su paso por La Chopera – ©JMPhotographia

En 1910 comenzó la construcción de matadero municipal en los terrenos de la antigua Dehesa de la Arganzuela que llegó a constituirse casi como una microciudad dentro de otra ciudad y que, hoy día, ocupa casi el 40% de todos los terrenos del barrio de La Chopera.

Comenzamos el recorrido tomando el metro en la Estación de Chamartín, como viene siendo habitual; y saliendo del suburbano por la Estación de Legapzi, que nos pone directamente en el primer punto de nuestro recorrido: la Plaza de Legazpi.

La Plaza de Legazpi es el remate en forma circular en el que termina el Paseo de las Delicias, que a su vez arranca en la Glorieta de Carlos V o Plaza de Atocha, para entendernos. La Plaza de Legazpi podría ser tratada en el capítulo siguiente, que es el que dedicaremos al barrio de Legazpi, pero parecía conveniente adelantarlo a este capítulo, ya que es el inicio del recorrido y porque constituye la puerta de entrada a los terrenos del Matadero. El nombre de la plaza se debe al conquistador Miguel López de Legazpi, que estuvo en tierras mexicanas y, sobre todo, filipinas.

Plaza de Legazpi – ©JMPhotographia

 

El espacio de la plaza existió tiempo antes de recibir su nombre, pues el lugar donde se encontraban el Paseo de las Delicias y el Paseo de la Chopera estuvo sin nombre durante un tiempo. Fue la construcción del Puente de la Princesa, en 1909, sobre la calle del Vado de Santa Catalina y que suponía un obra de infrastructura vital para el camino entre Madrid y Cádiz lo que hizo que el tránsito de aquel lugar aumentara bastante y creara la necesidad de reconocer con un nombre dicho lugar.

Lo más reconocible de la plaza es la escultura de un pegaso que corona el centro de la glorieta. En realidad, deberían ser dos pegasos, pero actualmente solo hay uno, que fue apodado “La momia” por estar totalmente tapado con una lona durante ocho años, concretamente hasta 2014. El otro pegaso, de momento, permanece en un solar de la calle Áncora desde 2005.

En la misma Plaza de Legazpi hay un acceso al Matadero Madrid, que recibe este nombre “comercial” desde que se transformó en un centro cultural y de creación artistica. Sin embargo, ningún centro de arte se llama a sí mismo “Matadero” si no ha sido un matadero antes. Como ya hemos dicho antes, entre 1910 y 1925 se construyó en su actual localización el Matadero y Mercado Municipal de Ganados, también conocido como Matadero de Legazpi o Matadero Municipal de la Arganzuela. Como todos estamos entendiendo, fue un matadero industrial y mercado de ganado entre los años de 1925 y 1996.

En la misma entrada por la plaza hay un depósito de agua que se hace muy visible por lo alto de su construcción. Este depósito se hacía vital para el buen funcionamiento del matadero, ya que el agua era muy necesaria para la limpieza de las instalaciones, como se puede imaginar. Cuando estaba en uso, tenía una capacidad de 800 m³ y se llenaba siempre por la noche para abastener al complejo desde por la mañana gracias a unas obras que hubo que realizar para que el agua del Canal de Isabel II pudiera llegar hasta el Matadero.

Depósito de agua del Matadero – ©JMPhotographia

Arquitectónicamente hablando, el Matadero era un complejo formado de varios edificios, en concreto 48 edificios construidos en estilo neomudéjar, siendo el responsable de su diseño el arquitecto municipal Luis Bellido y González y de su construcción el ingeniero José Eugenio Ribera. Todo el complejo fue diseñado como un conjunto abierto, con espacio para la construcción de nuevas instalaciones y con la capacidad de cambiar la especialización de los diferentes edificios.

Entre los años 1996 y 2003 las instalaciones del matadero quedaron sin uso, pero esto cambió cuando se transformó todo el complejo para ser usado como un espacio cultural y de creación artística que fue llamado Matadero Madrid, que abrió sus puertas en 2007.

Cuando se cerró el antiguo matadero se hicieron muchas propuestas para un nuevo uso de las instalaciones: se planteó ubicar un Museo de Arquitectura, unos multicines, un centro comercial (muy original esta idea); también se pensó en ubicar allí la sede de Telemadrid o aulas de enseñanza de la Univerdidad Nacional de Educacion a Distancia (UNED).

Matadero Madrid – ©JMPhotographia

Dentro de Matadero Madrid, el espacio cultural más importante es seguramente el de las Naves del Español, un espacio escénico dedicado de lleno a la representación de obras de teatro contemporáneo en lengua española. Estas naves son tres que además están conectadas entre sí, si bien cada una es independiente de la otra y opera de manera aislada. Su nombre le viene por su relación con el Teatro Español, cosa que muchos de vosotros o bien sabíais o bien sospechábais.

Intermediae y Vestíbulo son espacios de interacción abierta y de diálogo cultural entre el propio matadero y sus actividades y los ciudadanos. Son centros experimentales de creación financiados por la Comunidad de Madrid.

La Casa del Lector es un centro internacional para la investigación, el desarrollo y la innovación de la lectura. Es un espacio de la Fundación Sánchez Ruipérez que está ubicado en dos naves de degüello de vacas.

La Cineteca y la Nave de Música son espacios dedicados al cine y a la música. El primero cuenta con dos salas de cine, un plató de rodaje, una hemeroteca visual y una cantina; la segunda está ubicada en los espacios de estabulación y contiene un estudio de radio, un estudio de grabación, un escenario para conciertos y nueve salas de ensayo.

Matadero Madrid – ©JMPhotographia

Abierto x obras se encuentra en la antigua cámara frigorífica y es un espacio para exposiciones especiales dedicado tanto a artistas españoles como internacionales. Central de Diseño se dedica a la difusión y promoción de proyectos de diseño gráfico, industrial y de interiores. Es un espacio gestionado por la fundación Diseño Madrid. Factoria Cultural es un espacio dedicado a las nuevas empresas, un vivero de industrias culturales y creativas, un espacio para crear y desarrollar iniciativas de emprendimiento creativo. En su esencia debe ser algo parecido al Campus de Google del que hablamos en el capítulo dedicado al barrio de Imperial.

Puente del Matadero – ©JMPhotographia

Tras curiosear por las diferentes dependencias de Matadero Madrid me dirigí hacia el río para ver los dos puentes peatonales que hay en la zona. Son estos dos puentes gemelos, uno frente al Matadero y otro frente al Palacio de Cristal de la Arganzuela, que únicamente difieren en la decoración interior. Ambos conectan los distritos de Arganzuela y Usera y tienen una apariencia curiosa, ya que al ser cubiertos y tener formas redondeadas a algunas les recuerdan a cáscaras, por lo que algunos los han llamado “puentes cáscara”. Los puentes fueron construidos durante las obras de soterración de la M-30 y de acondicionamiento de la zona de la ribera del Manzanares. El artista Daniel Canogar realizó los mosaicos con los que están decoradas las bóvedas de los techos, y para dicha decoración representó a 50 vecinos de los barrios que unen las pasarelas, La Chopera y Moscardó.

Dejando atrás los puentes volví al meollo del Matadero y de ahí pasé a la Casa del Reloj, que antiguamente era el Pabellón de Servicios Centrales del Matadero y Mercado Municipal de Ganados de Madrid y que en la actualidad es tanto la sede de la Junta del Distrito de Arganzuela como el Centro Cultural Casa del Reloj.

Al lado de la Casa del Reloj está el Palacio de Cristal de la Arganzuela, que en la época en la que funcionaba el matadero era la Nave de patatas. Actualmente es un museo botánico que cuenta con plantas de todas las partes del mundo divididas en cuatro zonas que crean microclimas, dos de ellas están dedicadas al clima tropical, otra al clima subtropical y la última al clima desértico. Fue inaugurado como invernadero en 1992 por el alcalde José María Álvarez del Manzano.

Un paso más hacia el noreste nos lleva a una nave alargada donde se ubica la Compañía Nacional de Danza y la sede del Ballet Nacional de España. La Compañía Nacional de Danza fue fundada en 1979 como entidad de titularidad pública dependiente del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música. Su objetivo, como se podrá imaginar, es fomentar y difundir el arte de la danza de un modo abierto a todos los estilos y sensibilidades. Su primer director fue Víctor Ullate y, tras él, todos sus directores han sido o bien bailarines o bien coreógrafos.

El Ballet Nacional de España fue fundado un año antes, en 1978, y también es una entidad pública bajo el paraguas del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música y también comparte objetivos y preocupaciones con la Compañía Nacional de Danza. Aunque ambas entidades son de fundación reciente, la idea de establecer compañías nacionales de danza y ballet viene de lejos, desde mediados del siglo XIX.

Edificio de la Compañía Nacional de Danza y del Ballet Nacional de España – ©JMPhotographia

Justo en el extremo del barrio, junto al Puente de Praga encontramos un sitio muy animado y con gran presencia de jóvenes amantes del patinaje. El nombre de Skate Park es muy moderno, pero quizá no haya nombre en castellano para designar lo que realmente encontramos en aquel lugar. El Skate Park tiene una superficie de 2.300 m² y consta de dos bowls, uno cerrado y otro abierto, sets de escalones, planos inclinados, rainbows, dunas, hubbas, planter, cajones, barandilla curva, rails en bajada, etc. A los skaters les encanta, y a los niños también, y eso no sé si les gustará mucho a los propios skaters.

Skate Park Arganzuela – ©JMPhotographia

Desde el Skate Park de la Arganzuela volví sobre mis pasos hasta ganar el Paseo de la Chopera y poder dirigirme al final del recorrido, la Plaza de la Beata María Ana de Jesús. Por el camino pasé por la Plaza del General Maroto, el espacio viario que está justo delante de la puerta ubicada delante de la Casa del Reloj; y la Parroquia de la Beata María Ana de Jesús. Esta parroquia fue inaugurada en 1952.

Y finalmente llegamos al final del recorrido y del capítulo. La Plaza de la Beata María Ana de Jesús es el lugar donde se unen el Paseo de las Delicias y la calle de Embajadores, además de la calle de Guillermo de Osma por la que accedí caminando; y la calle de Alicante, justo al otro extremo de la plaza. Esta plaza, como la parroquia del mismo nombre, recibe el nombre de la beata madrileña Mariana de Jesús (1565-1624), cuyo cuerpo incorrupto se halla en el Convento de Don Juan de Alarcón, en el barrio de Universidad.

Plaza de la Beata María Ana de Jesús – ©JMPhotographia

 


 

Hemos terminado nuestro recorrido por el barrio de La Chopera. Si hemos de ser justos, esencialmente este barrio son los terrenos del Matadero Madrid y el llamado Parque del Matadero que ocupa los terrenos entre el matadero y el río. Es un lugar agradable de pasear y siempre frecuentado por gente joven y con ambiciones artísticas. Para muchos puede ser un lugar por descubrir, para otros un lugar que paladear.

La semana que viene nos adentraremos en el barrio de Legazpi, donde cobra principal relevancia el Parque Enrique Tierno Galván, también llamado Parque del Planetario. ¿Os ha gustado este capítulo? ¿Conocíais esta parte de Madrid? Dejad algún comentario y compartid vuestra esperiencia. Es gratis.

 


 

 


 

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Las Acacias:

Plaza de Legazpi - ©JMPhotographia

 

Todos los días una nueva foto en color del proyecto en Instagram. JMPhotographia en las redes sociales: