[Cap. 1] Conociendo mi ciudad: Barrio de Palacio (Centro) 1ª parte

Comienza aquí y ahora mismo el proyecto fotográfico “Conociendo mi ciudad” con el que iré recorriendo pacientemente todos y cada uno de los barrios de Madrid contenidos en todos y cada uno de los distritos de la ciudad empezando por el primero, el distrito de Centro; y terminando por el vigésimo primero, el distrito de Barajas.
El barrio de Palacio es el barrio más grande del distrito de Centro. Contiene unos 22 mil habitantes con una densidad de casi 155 habitantes por kilómetro cuadrado. Se trata de la parte más antigua de la ciudad, conocida como “El Madrid de los Austrias”. Contiene edificios emblemáticos como el Palacio Real o el Teatro Real, lugares castizos como las Cavas, la antigua Morería y la famosa Plaza de la Villa.
Comencé mi recorrido en metro, haciendo un viaje desde la estación de Chamartín hasta la estación de Príncipe Pío, curiosamente dos estaciones de metro inscritas en estaciones ferroviarias y muy relacionadas entre sí. La estación de Príncipe Pío pertenece barrio de Casa de Campo, en el distrito de Moncloa-Aravaca, por lo que hablaré sobre ella, -al igual que sobre la Glorieta de San Vicente-, en otro momento. En este caso sólo fue el punto de partida de mi andadura por el barrio de Palacio.

Vista del Palacio Real desde la entrada a los jardines - ©JMPhotographia.

El primer punto marcado para la visita eran los Jardines del Campo del Moro. Se trata de un lugar de Madrid que nunca antes había visitado; es más, pensaba que era algo así como un lugar privado o que al menos costaba dinero su entrada. Nada más lejos de la realidad, la entrada a los Jardines del Campo del Moro es gratuita y sólo se puede hacer por la puerta del Paseo de la Virgen de Puerto.
El nombre de este lugar procede del siglo XIX, cuando los promotores de la obra recurrieron a un hecho histórico para nombrarla.
El “moro” en cuestión es Alí Ben Yusuf, caudillo moro que tras la muerte de Alfonso VI hizo un intento de reconquistar la ciudad y para tal fin, con el objetivo de tomar el antiguo Alcázar de Madrid, -que ocupaba el sitio en el que hoy se alza el Palacio Real-, acampó en los terrenos de los que estamos hablando. Corría el año 1109.
El campo que estaba entre el Real Alcázar y el río Manzanares siempre fue un terreno difícil, con un gran desnivel y siempre estuvo en los planes de los reyes su transformación o urbanización, pero varios proyectos no pudieron llevarse a cabo por estas dificultades y por la escasez de dinero. Felipe IV, que lo usaba como coto de caza, fue el primero que comenzó a cambiar su aspecto al ordenar la plantación de un buen número de olmos.
Pero fue el arquitecto Juan de Villanueva quien llevó a término un diseño que conectaba por debajo el Real Alcazar con la Casa de Campo con un pasadizo subterráneo sobre el cual se construyeron los jardines. Medio siglo más tarde el diseño de los jardines fue completado por Narciso Pascual y Colomer, arquitecto mayor de palacio. El nuevo diseño consistía en una avenida peatonal que unía la fachada oriental del ya construido Palacio Real con el Paseo del Puerto con dos fuentes, una traída de Boadilla del Monte y otra desde el Real Sitio de Aranjuez. Para salvar el enorme desnivel existente en esa zona se usaron los escombros procedentes de la remodelación de la Puerta del Sol.

Fuente de las Conchas, diseñada por Ventura Rodriguez - JMPhotographia

En mi cabeza tenía la idea de que por allí se paseaban libremente los pavos reales del mismo modo que sucede en el Jardín del Príncipe de Aranjuez. La verdad es que los vi de casualidad, llevado por mi curiosidad sobre las cosas, cerca de lo que se llama el Chalé del Corcho, en unas jaulas edificadas para ellos, aunque algunos estaban placidamente acomodados encima de la propia jaula, en libertad.
En líneas generales, creo que los jardines del Campo del Moro no están precisamente en un período de mucho lustre. Se trata de unos jardines muy plácidos, poco concurridos y muy tranquilos y agradables para pasear, pero el Chalé del Corcho y el Chalecito de la Reina los encontré cerrados y en estado semi-ruinoso. Sin embargo, es obvio que es una visita obligada de Madrid y que he tardado demasiado tiempo en visitar, como tantos otros lugares de mi ciudad.
Tras dejar atrás estos jardines, -usando la misma puerta por la que los conocí-, me dirigí por el Paseo de la Virgen del Puerto hasta la Ermita de la Virgen del Puerto. Esta iglesia es obra de Pedro de Ribera y fue construida entre 1716 y 1718 por decisión de Antonio de Salcado y Aguirre, primer marqués de Vadillo, corregidor -o lo que es lo mismo, alcalde-, de Madrid de la época. La ermita, junto con la talla de la Virgen que se guardaba en su interior, fue destruida en la Guerra Civil, por lo que lo que podemos ver hoy es una reconstrucción que se hizo en 1945.
Desde la Ermita de la Virgen del Puerto continué por el paseo hasta llegar a la calle Segovia y al Puente de Segovia, y giré a la izquierda para atravesar el parque de Atenas y subir la Cuesta de la Vega en dirección a la calle Bailén y su viaducto.
El viaducto de la calle de Bailén sobre la calle de Segovia es el tercer puente que se construye en el lugar, substituyendo a otro anterior que fue construido en la década de los años 30 del siglo pasado y éste a su vez fue el relevo del viaducto original de hierro erigido en 1874. La misión de todos estos puentes es la de prolongar la calle de Bailén en dirección sur salvando el desnivel de la calle de Segovia y uniendo las zonas del Palacio Real y de Las Vistillas. Desde muy temprano recibió de los madrileños el nombre de "Puente de los Suicidios" por el gran número de muertes por suicidio que acontecieron por precipitación desde aquel punto.

El Viaducto de la calle Bailén - ©JMPhotographia

Este tercer viaducto se construyó para sostener el tráfico de vehículos de gran peso en ambas direcciones. Salva un desnivel máximo del 23 metros. Su tablero se sustenta sobre tres arcos de bóveda de 35 metros de luz repetidos cuatro veces, ya que hay cuatro arcos adjuntos por cada ojo del puente. Está hecho de hormigón armado pulido y tiene en su base sillares de granito.
Muy cerca del Viaducto están los restos de la muralla árabe de Madrid, en lo que hoy en día es el Parque Emir Mohamed I. Se trata de un parque de marcado estilo andalusí inaugurado en 2010 y dedicado a la figura de Muhammad I de Córdoba, considerado el fundador de Mayrit como enclave militar en el siglo IX. Dentro del parque cobra especial preponderancia una fuente diseñada con forma de estrella de seis puntas, pero sobre todo, los restos de la muralla árabe de la ciudad, concretamente un lienzo de unos 120 metras de longitud y una altura de casi 12 metros.

Restos de la muralla árabe junto a la Catedral de la Almudena - ©JMPhotographia.

El siguiente punto del recorrido, pasado el Viaducto y el Parque del Emir Mohamed I, eran los Jardines de las Vistillas. Estos jardines son en realidad dos plazas bien diferenciadas, -o una plaza en dos partes, si se prefiere-, situadas en un entorno elevado sobre el antiguo cerro del Campo de las Vistillas. Su nombre, como se puede adivinar, indica la bonanza de las vistas sobre la parte oeste de la ciudad que ofrecen.
Las dos plazas reciben los nombres de Plaza de Gabriel Miró y Parque de la Cornisa, llamado así por estar al borde del barranco.
La calle de San Buenaventura une Las Vistillas con la Real Basílica de San Francisco el Grande. Este templo destaca por su cúpula, la tercera más grande de todas las iglesias cristianas, y también por su pinacoteca, que incluye pintores como Goya o Zurbarán. Fue edificado sobre un convento franciscano que, según una leyenda, fue fundado por San Francisco de Asís en el siglo XIII. En 1706 los franciscanos decidieron derribar la ermita para construir un templo más grande.  En 1836 los propios franciscanos fueron expulsados del templo por la Desamortización de Mendizábal, pasando el templo a titularidad del Estado.  Años más tarde se consideró convertirlo en lugar de descanso de personajes ilustres, llegando a llevarse allí los cuerpos de Calderón de la Barca, Quevedo, Garcilaso o de El Gran Capitán, aunque más tarde los cuerpos fueron devueltos a sus lugares de origen y se recuperó el culto religioso. En 1962 fue nombrada por el papa Juan XXIII basílica menor.

Real Basílica de San Francisco el Grande, la tercera cúpula en tamaño de la Cristiandad - ©JMPhotographia.

Bajando por la Gran Vía de San Francisco hacia el sur y girando a la derecha para llegar a la Ronda de Segovia llegué a la llamada Cerca de Felipe IV. Esta cerca, usada para usos administrativos y de control de entradas y salidas y no como construcción defensiva, substituyó a la más antigua Cerca de Felipe II que en tiempos de Felipe IV, -nieto de éste-, ya se había quedado pequeña. Como cerca que era, con toda lógica, rodeaba la ciudad, aunque hoy sólo puede verse un pequeño fragmento en la Ronda de Segovia, cerca (jajaja) de la Puerta de Toledo.
La Puerta de Toledo formaba parte de la Cerca de Felipe IV, y curiosamente, la que hoy podemos ver, es la cuarta Puerta de Toledo que existe en Madrid, ya que hubo tres anteriores situadas en lugares más interiores sobre el antiguo camino que iba hasta Toledo. La actual data del siglo XIX, erigida en honor de Fernando VII a modo de arco triunfal para conmemorar la victoria final contra los franceses en la Guerra de la Independencia.

Puerta de Toledo - ©JMPhotographia

Para finalizar esta primera parte del recorrido sobre este barrio de Palacio, -tendrá 3-, tomé la calle de la Paloma hasta la Plaza de la Paloma, donde se sitúa la Iglesia de la Paloma.
Habría que comenzar por decir que la iglesia no se llama así, sino Iglesia de la Parroquia de San Pedro el Real. El nombre por el que es conocida esta iglesia es un nombre popular. Dentro de ella se encuentra el cuadro “Nuestra señora de la Soledad“, conocido como “Virgen de la Paloma”.

Iglesia de la Paloma - ©JMPhotographia

Según una tradición, el cuadro en cuestión fue hallado por unos niños que jugaban en un corral situado en la calle de la Paloma y entregado a una vecina, llamada Isabel Tintero, que lo limpió y decidió enmarcarlo y exhibirlo en el portal de su casa. A partir de ahí el cuadro comenzó a ser venerado por los vecinos de la zona y luego por toda la ciudad, incluidos miembros de la realeza.
La calle recibió el nombre de calle de la Paloma por otra leyenda que decía que una paloma se había críado allí mismo y que voló sobre la Virgen de las Maravillas cuando la trasladaron al convento de la calle de la Palma.
En 1796 se decidió erigir una pequeña capilla para albergar el cuadro, y esa pequeña capilla fue el germen de la actual iglesia, construida justo 100 años después, en 1896. La nueva iglesia es de estilo neomudéjar con elementos neogóticos, y curiosamente fue inaugurada el día de mi cumpleaños, concretamente el 23 de marzo de 1912.

Hasta aquí la primera parte de nuestro recorrido por el barrio de Palacio. Ha sido una toma de contacto interesante. Confieso que me ha encantado ver pavos reales y moverme por los lugares que vieron los primeros años de existencia de la ciudad donde nací: espacios de reyes y cortesanos.

En la segunda parte seguiré mi recorrido por el barrio de Palacio de Madrid. Subiremos hacia el norte para visitar lugares tan castizos como las plazas de los Carros y de la Paja, las Cavas Alta y Baja, el Mercado de San Miguel, las plazas de Puerta Cerrada y de la Cruz Verde, y también la Plaza de la Villa, donde se asentó durante tantos años el ayuntamiento de la ciudad; y terminaremos en la Plaza de Isabel II, también conocida como Plaza de Ópera.

Todas las fotos del recorrido fotográfico por el barrio de Palacio (1ª parte):

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